Monday 23 january 2012 1 23 /01 /Ene /2012 14:01

 

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR

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Quizás todas aquellas personas que han leído “Un nido de ratas del derecho”        se pregunten cómo está el estado de mis trámites legales en Venezuela. Por ello para aquellos que tengan curiosidad se lo cuento: un mes más tarde todavía están en la línea cero. Y procedo a contar por qué.

Tras, supuestamente finalizar los documentos a redactar por los cuales ya habían cobrado más del 50% del costo total, los abogados procedieron a entregármelos para introducirlos en los organismos correspondientes. De eso ya hace un mes. El problema es que lo que me entregaron no estaba completo: por una parte faltaba  anexar al conjunto total de documentos una fotocopia de su cédula de identidad (DNI en España) y otra fotocopia de su carnet de  inpreabogado del letrado asistente. Pero no lo hizo. ¿Ignorancia? ¿Mala intención?

El caso es que si no hubiese entregado esos documentos a tiempo, caso muy probable, habría incurrido en una infracción que hubiese ameritado una multa. Quizás este punto pueda hacernos pensar en mala intención y en una revancha por parte de los abogados tras los desacuerdos surgidos entre cliente y agente que oferta un servicio.     Afortunadamente logré sortear este escollo y simplemente conseguí  un papel de requerimiento que me instaba a presentar dichas fotocopias en un plazo de 20 días hábiles. Con este cometido procedí  a  llamar a los susodichos juristas para solicitarlas. Después de un tiempo me hicieron saber que no podían entregármelas porque estaban de vacaciones. En total  tendría que esperar once días hábiles. Mientras mis trámites estarían paralizados.  

Bien procedí a realizar una segunda gestión con dicha  documentación y entonces el organismo público competente al que me dirigí me informó que dicha documentación estaba incompleta  y que tenía que retornar con los abogados asistentes  para solicitarles que la completasen. Cuando revisé detenidamente la parte de la documentación que me señalaban me percate de que, efectivamente, no sólo no estaba completa dicha diligencia sino que, además, había quedado fuera un apartado por el cual estos abogados me habían cobrado el equivalente a un salario mínimo venezolano, siempre fuera de los honorarios pactados en un principio, por redactar tres cartas para gestionarlo. De cobrar el estipendio no se olvidaron ¡faltaba más!, pero de incluirla en la redacción final, eso sí, lo dejaron totalmente de lado.

Dado que no contestaban al teléfono celular (móvil en España) mandé un mensaje al hermano que había redactado el documento, informándole de que faltaba este punto y recordándole también que si de su inclusión no se habían acordado, del cobro por la redacción de las cartas necesarias no se les había quedado en el tintero. La respuesta fue la misma: cuando regresase de vacaciones solucionaría el problema. Evidentemente no tenían prisa ninguna. Ellos ya habían cobrado el 100 por cien de sus honorarios, ¿qué les importaba?  

Seguí esperando con paciencia. Cuando finalmente el hermano encargado me da  las fotocopias de su cédula, del carnet y la corrección necesaria para entregarla en el organismo correspondiente, me enteró que dicha corrección no servía. Y ahí fue donde constaté que los abogados que me recomendó  el hermano de mi amiga desconocía sino todos los procedimientos para realizar dicho trámite, sí algunos de ellos debido que el Código que los rige habían sido modificados en el 2001 con la redacción de uno nuevo y ambos desconocían, once años más tarde, la legislación respectiva al respecto. Si estos abogados no estaban debidamente preparados para asesorar en el tema, si lo estaban para cobrar. Yo creo que  equivalente a diecisiete salarios  mínimos venezolanos es demasiado para pagar a  unos principiantes.  Evidentemente, estos abogados sobreestiman en  mucho su capacidad de ejecución.

Pero la cosa no se queda ahí: una vez que les digo que tienen que rehacer el documento, de nuevo, de principio a fin, el hermano responsable de hacerlo, Alfredo González, me pide que yo, personalmente,  busque las planillas necesarias para ello. En esta ocasión me quedé atónita con su desfachatez. Nuevamente no sabía que pensar. Me sentí, una vez más, inmersa en el ambiente de realismo mágico de las obras de García Márquez: ¿tras cobrar lo que cobraron, aún tenía que buscarles la planilla? ¿Estaba ante unos desvergonzados? ¿Unos ineptos? ¿Ante quién estaba yo?

Tengo que decir que cuando redacté el anterior artículo sobre este tema, una amiga española me solicitó que no dijese que estos ya no tan  jóvenes abogados (estarán cerca de los 40 años), eran hijos de españoles por la vergüenza ajena que le causaban. Y aquí tengo que explicarle a mi amiga que sí tengo que decirlo, una y otra vez; a ella y a todos los españoles, tengo que aclararles  que entre emigrantes y refugiados de la guerra civil llegaron a Venezuela gente de diferentes partes de España que hicieron una gran contribución a Venezuela, con su trabajo honesto, duro, constante y bien hecho. A estas personas no sólo el estado venezolano, representando por los diferentes partidos tanto  de la anterior república, como del actual régimen,  sino también los venezolanos de a pie, le han reconocido su labor y la han alabado gratamente.

Pero de igual modo tengo que decir que entre los miles de españoles que llegaron a este país también estaban aquellos que sólo pensaban en  hacer dinero rápido y fácil; lamento decir que los abogados que me recomendaron mis amigos parecen ser la rémora de aquellos emigrantes y mucho me temo que si ellos son así ya nos podemos imaginar cómo pueden haber sido sus antecesores.

Toda la situación en Venezuela me ha causado un enorme  estrés y la misma  me obligó a recurrir a un médico para que me mantuviese bajo control  mis constantes por cuanto mi tensión se disparó. De hecho la situación de abuso y menosprecio de estos señores hacia mi persona, como cliente y como ser humano (no puedo entenderlo de otra manera) ha conseguido que mi tensión alcanzase picos muy peligrosos que pudieron poner en peligro mi salud.

Buscando remedio a mi situación he tenido interesantes conversaciones con el galeno que me atiende, Eduardo Jhan, quien, como venezolano,  no puede asimilar que estos señores hayan obrado de tal manera. Cuando lo hemos comentado, barajando todas las posibilidades que tenían (por ejemplo, con el carnet o la cédula, enviarla escaneada o por una fotografía sacada con el teléfono) nos preguntábamos entre otras cosas: ¿es que son retrasados? ¿No saben resolver un problema tan simple? O con el caso de las planillas necesarias para rellenar: ¿no las pueden bajar de internet? ¿Mandar a un motorizado que les cobraría unos cien bolívares? Y la conclusión fue: no se trata sólo de que no sean profesionales competentes, no se trata sólo de que sean ineptos para resolver problemas sencillos; no, simplemente la respuesta es que lo “único” que les interesa en esta vida a estos dos hermanos abogados es el dinero fácil. Conseguir mucho dinero de la forma más fácil posible.

Es la única explicación. No les interesa el trabajo bien hecho. Tampoco desean quedar bien con los amigos comunes que los recomendaron. No se preocupan por el daño que esto pueda ocasionar al “honor” y el “buen hacer” de aquellas personas que me aconsejaron recurrir a sus servicios. No les preocupa tampoco por dejar una buena imagen en el cliente que tienen delante de ellos, aunque sea por amor propio. Y, sin duda, es evidente que no tienen orgullo profesional ni tampoco un mínimo de dignidad. Y todo esto llevó a Eduardo, mi médico, decir algo que ya yo había pensado: ¡parecen retrasados!

Por ello mi querida amiga, te podrá doler mucho, pero lamentablemente, por el cuerpo de estos señores corre sangre española. Son la viva representación de la parte menos digna que ha quedado del paso de una generación venida a estas tierras de la península ibérica. Sí, es esa parte que nos avergüenza, pero que, lamentablemente también existe. Y al César, lo que es del César. Y sí estos españoles y sus ancestros fueron movidos sólo por el ansia de dinero fácil, hay que decirlo claramente. Hay que separarlos de aquellos otros que contribuyeron, y todavía contribuyen,  a levantar esta nación que es Venezuela con trabajo honesto y con el amor al buen hacer. Pero, lamentablemente, estos señores no están entre ellos.

 

Por Mercedes Fuentes - Publicado en: Personal
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Saturday 24 december 2011 6 24 /12 /Dic /2011 00:55

 

 

 EL PARABRISAS TRASERO DEL CARRO

 ROTO POR UN MOTORIZADO.

  

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Este 23 de diciembre de 2011 un motorizado de las calles caraqueñas me “obsequió” con un regalo de Navidad al tirarme el casco del compañero que portaba en su moto al  parabrisas trasero de mi carro. El hecho se debió a que se enfadó porque estuvimos a punto de chocar, sin querer, al no verlo por estar pendiente de una camioneta de pasajeros que se me venía encima.

Hasta los momentos los motorizados caraqueños, que parece que se sienten dueños de las calles en el denso tráfico de la ciudad, me habían insultado o me habían golpeado el carro cuando consideraban que no les dejaba el espacio debido para que ellos circulasen. Y es que carros y motos se disputan las abarrotadas calles de la capital venezolana en un frenesí  que parece no tener fin.

Tras ver cómo había estallado mi parabrisas trasero, haciéndose añicos, sólo me quedaba seguir, pues ¿qué le iba a reclamar a un motorizado que trabaja con su vehículo como moto taxi? Y, en todo caso, en esta capital más vale perder que intentar ganar nada. Seguí adelante rumbo a realizar una de las tantas tareas pendientes, y que se me acumulan desde que estoy en Venezuela, dando gracias a que  este hombre de fácil  enfado me hubiese tirado al parabrisas un casco en lugar de sacar una pistola y tirarme un tiro a la cabeza, supuesto éste último que se ha dado en más de una ocasión en estas calles caraqueñas.

Iba camino de una notaría para buscar solucionar el problema de un poder que necesitaba y que tras  la disputa  con los abogados Rafael y Alfredo González había quedado aparcado a pesar de estar ya pagado. Solucionar el problema se convirtió en un asunto de ida y retorno: según Alfredo González el  papel redactado estaba en la notaría, pero luego resultó que no era así, tuve que ir a buscarlo de nuevo al despacho de los abogados, tras “recordarles” que ya estaba pagado, buscar los timbres, pagar en el banco correspondiente, todo ello inmersa en el tráfico de la ciudad estresante y contra reloj  debido a los tiempos de oficina que se manejan en el país.

A todo esto se sumó que  tuve que hacer estos trámites con el parabrisas roto, y con  mi madre, que tiene problemas locomotores, cuidando el carro  porque no podía dejarlo solo. Con los nervios de punta se me escapó decirle a María Guillén, funcionaría de la Notaría Pública 43 de Municipio Libertador que queda en la avenida Universidad,  que había vivido muy tranquila  los últimos años en España y que desde que me había venido para Venezuela mi tranquilidad se había ido para el “carajo”.

María se disgustó profundamente y cuando entró lo comentó con la administradora  de dicha notaría quien en voz suficientemente alta para que yo la escuchase, me imagino, dijo que no entendía porque los extranjeros tenían  que hablar mal siempre del país después que les había dado de comer; que eso era morder la mano del que les había alimentado y que en todo caso lo que tenían que hacer era regresarse para su tierra.

Le dije a María y su compañera que hacía tiempo yo no “comía” a expensas de Venezuela pues en su día había decidido irme, - sin mencionar que, además, no me siento extranjera aunque todo mi aspecto si lo diga a gritos- que tampoco había escogido nacer en Venezuela,  ni vivir en Venezuela y cuando tuve la oportunidad de tomar la decisión de irme me fui hasta que no tuve  más remedio que regresar.

Lo  que no le dije  a María ni a su compañera es las muchas  y buenas razones   por las que estoy tan contenta de haber tomado la decisión de irme. Entre otros muchos motivos,  porque con muchísimo menos me fue más fácil vivir, queriendo con ello decir: tener mi casa, mi pan y el de mi familia, la salud cubierta, la seguridad ciudadana y la educación de mis hijos. Pero de todos, quizás es el último punto es el  que mayor satisfacción me da.

Y es que María y sus compañeras se sintieron ofendidas por mi comentario, porque juzgaron que ofendí a su patria, su país, y me dijeron que eso les dolía. La pregunta que me hacía de regreso a casa es si acaso estas dos mujeres tienen hijos. Y es que, recientemente, esperando en una oficina pública, sentada -porque en algunas oficinas de la capital venezolana ahora las “colas”, como se les llama en Venezuela, o   “ filas”, como se les dice en España,   se  hacen cómodamente sentados en sillas,  una mujer joven que no había llegado a la cincuentena y que me antecedía,  me comentó que estaba pasando por  una época especialmente triste para ella, pues acababa de perder a dos sobrinos a manos del hampa: los dos habían fallecido con un intervalo de quince días.

Pero ahí no se quedaban las desgracias.  A continuación me informó que mientras se encontraba  acompañando a una de sus hermanas, con el objetivo de consolarla por la muerte de su único hijo, un conocido de su hija pequeña había entrado en la casa, la había amarrado y la había violado. Ante tal sucesión de acontecimientos, esta joven madre divorciada, había decidido vender su casa y trasladarse a  otro lugar para vivir con el objetivo de proteger a sus tres hijos, dos chicas y un chico, por los cuales temía. Y es que los acontecimientos parecían hablar de algún tipo de represalia, hecho éste muy común en Venezuela en los últimos tiempos, según reseña, frecuentemente, la prensa venezolana, especialmente  el diario Últimas Noticias[i].

Por todo ello, lamento volver a decir a María Guillén y a sus compañeros de oficina que reitero lo dicho: ¡que tranquila viví en Logroño, España, durante los últimos veinte años! Y repito: desde que llegué a Caracas mi tranquilidad se fue “pal carajo” y sueño con recuperarla. Y si algún daño le he hecho a Venezuela fue el darle mi esfuerzo y formación   –pagado parcialmente por el gobierno venezolano, si es que asistir a centros de educación privados es formarse a costa del estado-  a España.

Pero no olvidemos que, con todos  los refugiados españoles que llegaron a Venezuela después de la guerra civil, y los emigrantes de la década de los 50, Venezuela también percibió el esfuerzo laborioso de gente formada por el estado español en las diferentes áreas del quehacer humano: desde la artesana -pasando por la albañilería, fontanería, carpintería, entre otras- hasta la académica.

En este último apartado hay que reseñar que muchas de las instituciones más notables del país son el resultado del esfuerzo de exiliados españoles que contribuyeron en su fundación,  como es el caso de  la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela,  que contó con la presencia del filósofo español exiliado, Juan David García Bacca.

Su contribucción ha sido reconocida en Venezuela con la creación de la Fundación Juan David García Bacca, dedicada a la divulgación del su pensamiento filosófico.  En el caso   de la Universidad Simón Bolívar un concurso anual que premia el mejor trabajo escrito de final de Estudios Generales,   lleva el nombre de uno de los escritores del exilio español que realizó una labor destacada en esa casa de estudios: Segundo Serrano Poncela.

 Para finalizar, recordando lo que me dijo una de las compañeras de María Guillén: cuando los venezolanos emigran o viajan a otros países no hablan mal de ellos. Y desde aqui le digo a esa funcionaria que, efectivamente, los que conozco no lo hacen; están demasiado ocupados haciendo el recuento de las razones por las que se fueron de Venezuela, algunas de las cuales mencionó aquí y, en todo caso, me temo que si María y sus compañeros los escuchasen también se disgustarían mucho.

¡Qué se puede hacer!  Mientras la realidad de Venezuela no sea otra, y el sonido de las balas silbando de noche y en la madrugada, más el recuento de muertos por el hampa, ya sea por la prensa  o por el boca a boca de los ciudadanos, nos recuerden que se está mejor fuera que dentro del territorio venezolano, creo que María y sus compañeras tendrán que seguir aguantando el chaparrón de críticas de paisanos y extraños. Yo de momento hace mucho que hice lo que ellas sugieren: me fui.



[i]No es necesario leer estos casos en los diarios. Desde que estoy en Caracas me he enterado ya de varios casos similares. Además en el avión de regreso a Venezuela me encontré con un joven criollo, ex funcionario de unos de los cuerpos de seguridad del estado,  que regresaba furioso y preocupado porque, me decía, temía por su vida: regresaba porque no le quedaba más remedio, pero estaba consciente que en Venezuela lo podían matar como consecuencia de una represalia.

Por Mercedes Fuentes - Publicado en: Personal
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Wednesday 14 december 2011 3 14 /12 /Dic /2011 08:57

 

 

UN NIDO DE RATAS DEL DERECHO

 

 

Desde que he llegado a Venezuela estoy escuchando como todo el mundo insiste que los problemas del país son de tipo político y que el responsable de todos los males es el chavismo. Personalmente siempre he insistido que el problema de Venezuela no es un problema político sino un problema de personas, un problema de formación y mala formación, un problema de falta, en muchos casos, de la más elemental vergüenza.

Una de las formas que he tenido de comprobarlo,  una vez más, es con lo que  ha sido la “gestión”, o podríamos decir, con la mala gestión de unos abogados que me recomendó el hermano de una  amiga y excompañera de trabajo. Una recomendación que yo pienso que el hermano de mi amiga realizó con buena fe, pero que le ha creado a él, y sobre todo a mí, muchos problemas.

El hermano de mi amiga me recomendó a dos abogados conocidos, con los cuales ya él había trabajado, Rafael González y Alfredo González, ambos alrededor de los 40 años,  hijos de españoles, y conocidos suyos del Club Catalán de Caracas, al cual suelen acudir y en cuyas instalaciones se encuentran  habitualmente. 

Yo estaba recién llegada a Caracas por una emergencia y tenía prisa por agilizar los trámites a realizar pues quería regresar con mis hijos cuanto antes. Por ello ni reparé en los honorarios que me presentaron dichos abogados, los cuales, me enteré más tarde por la información de amigos, y algunos abogados,  que son exhorbitantes: “te vieron pinta de española recién llegada y quisieron exprimirte” fue el comentario general. En  particular un amigo de universidad  me dijo, textualmente: “para ellos tú eres la vaca lechera que quieren ordeñar”. En opinión de un abogado que me ha estado asesorando y apoyando con estos jóvenes abogados  comentó: estos colegas son unos “mercantilistas” que me imagino es una forma eufemística de decir que son otra cosa menos honorable.

El caso es que en su día estos abogados me dijeron que cobraban un 25% de coste total por adelantado y el cual yo entregué. Al poco tiempo yo no había podido recaudar todos los documentos necesarios para seguir adelante, pero con motivo de que teníamos una cita pautada aprovecharon para decirme que ya habían introducido en Tribunales  la solicitud del documento requerido (posteriormente me enteré de que necesitaban todos los papeles que todavía no teníamos, por tanto, era imposible que hubiesen comenzado dicha gestión) para cobrarme un 25% más. Cuando conté este detalle entre mis amigos venezolanos me solicitaron, encarecidamente, que no se me ocurriese darle ni un céntimo más a estos señores porque me iba a quedar sin dinero y sin los trámites realizados.

Estando ya avisada, pues me esperaba una segunda jugada parecida,  esperé que se volviese a repetir la operación, como efectivamente ocurrió: me solicitaron el equivalente a otro 25% más, pero en esta ocasión era por trámites varios, pero sin presentar ninguna tipo de factura ni siquiera  una  relación de dichos trámites. Por supuesto, dije qué quería conocer a qué trámites se referían con esa frase de “trámites varios”. Les dije que ya les había abonado el 50% del costo total de la gestión que había contratado y que todavía no había visto ni un 25% de dicha gestión terminada.

Al día siguiente se comunicó conmigo Rafael González, pues la solicitud del 25% adicional, la había realizado su hermano Alfredo González.  El señor Rafael González quería saber  qué   pasaba, porque no había pagado los honorarios requeridos y le volví a repetir lo mismo que a su hermano. Ante lo cual me planteó que existían una serie de gestiones adicionales que ellos tenían que cobrar: ¿dónde está la relación de esas gestiones adicionales? ¿Dónde está la factura?, les pregunté. El caso es que el señor Rafael González consideró que mi tono era inapropiado para pedirle la relación de dichos trámites y la factura correspondiente, y por ello me colgó el teléfono.

Claro, pensé que lo inapropiado para él era que yo le exigiese la presentación de una factura que a partir de ese momento tenía que ponerse a desglosar. Independientemente, parecía que el  colgar el teléfono a una clienta, que era yo, era una forma de dar por concluida la conversación y, por tanto, la relación. El caso es que a esas alturas estos señores tenían ya todos mis documentos originales en sus manos más un poder firmado por mi para realizar dichas gestiones.

En el desglose que me presentaron –tras solicitar la intermediación de  nuestro conocido común, el hermano de mi amiga y excompañera de trabajo- aparecía el cobro de la solicitud de partida de nacimiento de mi hermano, una gestión que un principio pensé que sería el equivalente a más de un cuarto de un sueldo mínimo en Venezuela que fue lo que estos señores me solicitaron en un principio. Pero no, la cosa no se quedaba ahí, me estaban cobrando un sueldo mínimo completo adicional por una gestión que insistieron ellos en hacer y con la cual yo no estaba de acuerdo.

Lo cierto es que, me habían dicho que la partida de nacimiento de mi hermano no la habían podido tramitar en el Registro General porque no estaba y que habían tenido que recurrir a la prefectura correspondiente. Como todo esto me resultaba cuando menos extraño procedí yendo primero al Registro General  y después a la Prefectura para informarme personalmente de que, efectivamente, lo que decían estos “señores” era cierto.

Por supuesto, me negué a pagar el trámite irrisorio relacionado por la partida de nacimiento de mi hermano y seguí yo con dicha gestión tras acordar que no podía pagar lo que ellos me habían solicitado, más a mayores quedamos en que parte de la gestión la terminaría por mi cuenta y en todo caso aquellos trámites que ellos me estaban exigiendo serían a cuenta de aquellos otros que ya ellos no harían.

Solicité asistencia a un abogado amigo, Rafael Peraza Manzanares, en cuyo encuentro y conversación, me hizo sentir que estaba frente al abogado que necesitaba, pero que lamentablemente no podía contratar por haberme quedado sin dinero  al haber sido esquilmada por estos otros “personajes”. No obstante, Rafael Peraza, como un  amigo y caballero, haciendo alarde de los valores que los otros profesionales carecen, me acompañó, perplejo en todo este periplo, mientras me solicitaba que por favor me calmase porque dada la situación que tenía me podía pasar algo.

Gestionando la  partida de nacimiento de mi hermano me enteré que iba a pagar por adelantado un trámite imposible de realizar pues dicha partida de nacimiento ha desparecido con alrededor de más de 280 registros similares de las actas de 1962, todas ellas localizadas en la Prefectura  de San Juan en San Martín y  del Registro General de Caracas ubicado en la avenida Urdaneta.

Mientras me daban dicha información en la Prefectura de San Juan recibí nuevamente una llamada del abogado Alfredo González solicitando dicho documento para introducir la solicitud de  uno de los trámites.[i] Le dije que era imposible que le entregase la partida por cuanto ésta no existía y había que solicitar una reconstrucción de acta: “pues usted tiene que pagarnos lo que nos adeuda”, me dijo el letrado Alfredo González. Pero, letrado, contesté  ¿cómo les voy a pagar lo que les adeudo, si el trabajo no está terminado y en todo caso ya he pagado el 50% por un trabajo que ustedes todavía no han comenzado? Me colgó el teléfono en ese momento  y me quedé sin respuesta y pensando que, una vez más se repetía la urgencia de estos señores para el cobro. Claro, reflexioné, estamos a últimos de mes.

Sin salir de la oficina de la secretaria del director de la Prefectura San Juan en San Martín, el señor Antonio Márquez,  recibí de nuevo una llamada del la misma oficina de los abogados, en este caso era su empleado, el señor Peña, quien me dijo que al día siguiente le iban a dar la partida de nacimiento  y que todo estaría solucionado. Sintiendo que estaba viviendo  una situación irreal – el realismo mágico de Gabriel García Márquez-  le inquirí qué cómo era eso posible  si esa partida de nacimiento no existía: “es que había sido nombrado el nuevo Registrador”, me respondió y con la misma colgó.

Tras esto entro en la oficina de la  secretaria del  señor Antonio Márquez,  y le cuento lo de la llamada. La secretaria del director de la oficina negó que hubiese sido nombrado ningún Registrador y que si ello fuese cierto dicho nombramiento habría salido publicado en  la Gaceta Oficial. Para despejar mis dudas me permitió constatar en los libros de actas que la partida no podía ser entregada por cuanto estaba desaparecida. Al mismo tiempo me instó a solicitar una constancia  de la inexistencia de dicha partida, como primer paso para solicitar una reconstrucción de acta, y además me sugirió tener cuidado con la entrega de una partida de nacimiento falsa por parte de estos abogados.  La  constancia de que no existe la partida de nacimiento en el registro correspondiente ya está en mis manos y también conservo la relación  de gastos pasados por estos abogados donde aparece el correspondiente cobro por su tramitación.

Al día siguiente me llama el abogado Alfredo González  y me pregunta cómo íbamos a proceder. Lógicamente yo le digo: bueno, tu empleado me llamó para decirme que ustedes no iban a tener problemas con los trámites porque hoy le entregaban la partida de nacimiento. “No sé señora Fuentes, no entiendo cómo el señor Peña pudo haber dicho esto, porque ya habíamos quedado que usted misma la   tramitaría”. Se pueden imaginar mi desconcierto una vez más ante la retahíla de mentiras que se venían sucediendo y es que  la llamada del señor Peña, el día anterior, había sido realizada desde el propio teléfono de la oficina de los abogados, pues dicho número aparecías en pantalla durante la llamada.

Les dije que  como no teníamos partida de nacimiento me habían dicho que se podía realizar con los datos filiatorios de mi hermano recogidos en el SAIME (y aquí hay que acotar que ya tiene inri que esté pagando un dineral a estos “profesionales” por resolver un asunto y tenga que ser yo la que encuentre la forma de solucionar el problema porque ellos de lo único que parecen estar pendientes es de cobrar a últimos y quincena esté o no esté el trabajo realizado). En este caso tuve que decirles cuál era el procedimiento a seguir para culminar la labor. 

Pero, por supuesto, aquí no han terminado los problemas, pues todavía no tengo ninguno  de los trámites a realizar finalizados. Incluso no sé si tendré que buscar un o unos abogados para defenderme de las malas acciones de estos "abogados". E incluso, no sé si tendré que terminar demandándolos como delincuentes.

No obstante, para finalizar y no hacer este artículo más largo, yo no hago más que recordar que en una de las primeras citas el abogado Rafael González, quien se muestra inconforme con la marcha del país bajo el actual régimen del presidente Hugo Chávez, me había dicho que un recién licenciado en derecho había preferido irse a trabajar a una oficina pública en lugar de permanecer en su despacho de abogados. Claro en su mente relacionaba oficina pública venezolana con desorden y corrupción, por lo que entendí.

Y yo me pregunto, ¿es que este hombre no se da cuenta de que tal cómo gestiona su oficina, ésta parece más un nido de ratas del derecho que un lugar de  profesionales serios? ¿Es que piensa que una oficina pública es menos seria que su despacho?  Personalmente no sé si es mejor  que su despacho, pero peor lo dudo.

Como me decía mi médico: tranquila Tu salud no se puede resentir porque en tu cabeza no entre que pueda  existir gente que obre sin ética y sin honestidad. Tienes que aceptar que estos seres humanos existen. Que sí, que te están robando y que han tenido éxito robándote, porque ellos son exitosos en eso. Tienes que aceptar que te han atracado, porque eso es lo que han hecho, legalmente, pero eso es lo que han hecho porque eso es lo que mejor saben hacer. Pero tienes que darte cuenta de que entre ellos y tú hay una gran diferencia: ellos son unos marginales y jamás podrán entender que exista gente con ética y honestidad. En su mente es incomprensible. Esto es así y no puedes dejar que tu salud se deteriore por su culpa.

Mi amigo el abogado, me apuntaba: la palabra para calificar a esos señores no es “marginales”, la palabra es  “malandros”; son unos “malandros” del derecho, los cuales, lamentablemente, hay muchos en esta profesión. Y puntualizaba: ¡y me extraña! ¿Por qué? le pregunté. ¿Porque son hijos de españoles? Sí, me contestó. “Si sus padres no lograron inculcarle valores  y los que tienen los adquirieron en las calles caraqueñas, son mucho peores que mucha gente de los barrios marginales que ellos tanto parecen despreciar, porque, puedes estar seguro, que muchas personas de barrio tienen los valores que a ellos les falta y ni cuenta se dan de eso. Y para eso amigo, no tiene nada que ver con quien sean o de donde sean originarios sus padres, aunque España, o cualquier otro país europeo, se le relacione preferentemente con los valores humanos ” le respondí.

El hermano de mi amiga decía: última vez que recomiendo a nadie. Última vez. La verdad que esta experiencia le deja a él, y a mí, la seguridad de que si de verdad no se conoce a alguien bien, mejor es no recomendarlo. Eso sin ninguna duda,  en cualquier latitud, pero especialmente en Venezuela.

Finalmente señalar que como decían mis dos amigos, el abogado y el médico, estos  señores son “malandros”[ii], unos “malandros” del derecho. Pero son  también marginales, unos marginales de los valores porque son incapaces de tenerlos, de vivir de acuerdo con ellos y lo que es más: son incapaces de reconocer su existencia o inexistencia. Por tanto, sí, también son unos marginales, porque se encuentran en el margen de los valores que existen al no poder vivir de acuerdo con ellos  y no poder reconocerlos. De ahí que sean, unos “malandros” y su oficina un nido de “ratas” del derecho, posicionándose, de esta manera en el lado marginal de la sociedad.




[i] Cosa rara porque cuando dije que cancelaba lo que había realizado hasta los momentos y no más  me dijo que ya estaba introducido, además de que cuando me cobraron el 25% restante también supuestamente ya habían realizado dicho trámite.

[ii] Término coloquial venezolano que significa delincuente.

Por Mercedes Fuentes
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Saturday 19 november 2011 6 19 /11 /Nov /2011 23:52

  

    

SI LOS ALUMNOS NO FUESEN IGNORANTES

NO SERÍAN NECESARIOS LOS PROFESORES  

 

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Este 16 de noviembre publicó El País  una entrevista con Jordi Llovet, catedrático prejubilado de Literatura comparada, de la Universidad de Barcelona,  titulada“La mala hora de las humanidades”. La entrevista se centra en el libro Adiós a la universidad. El eclipse de las humanidades que el profesor Llovet  publica actualmente  con Galaxia Gutermberg y el Círculo de Lectores.

En este libro Jordi Llovet recorre cuatro décadas de docencia y ocho siglos de historia intelectual, que abarcan desde la fundación en Bolonia de la primera universidad europea en el siglo XII hasta la declaración del  Plan Bolonia en 1998 que el autor describe como "meter la mano neoliberal en la organización de la enseñanza superior".

Pero no es este punto el que me obliga a escribir sobre la entrevista, a pesar de que el tema es extremadamente oportuno en la actual situación por la que atraviesa Europa. No, lo que me  instó a sentarme delante del ordenador es la parte de la entrevista donde   el profesor Llovet afirma que volverá a dar clases sin cobrar en febrero de este año; al mismo tiempo declara que los estudiantes son para él lo más digno de la universidad. Y a continuación se pregunta: "¿Que son ignorantes?” para luego afirmar que ese punto es lo que le anima a trabajar.

Y es que, efectivamente,  un buen profesor, que ame enseñar, de lo último que se puede quejar es de la ignorancia o de la falta de interés de sus alumnos. Los buenos profesores, con verdadera vocación, y conocimiento amplio del tema que imparten, normalmente saben que cuando el interés de un alumno falla el fracaso es del docente al no conseguir la estrategia adecuada para guiarlos a través de los conocimientos que les desea transmitir. Por otra parte, para el buen profesor el desconocimiento de sus alumnos no es un problema porque considera que para subsanarlo está él.

La convicción del profesor Llovet  me remite a experiencias no tan lejanas con profesores a los que observé  mostrar disgusto por la falta de ciertos conocimientos de sus alumnos. Tengo que decir que cuando escuché a estos profesores  pensé que aún cuando se lamentaban  de la ignorancia  de sus alumnos en realidad estaban admitiendo sus propias carencias  en la misma materia. Por tanto, el problema no era la falta de conocimiento de sus discípulos sino su falta de dominio del tema que le impedía guiarlos acertadamente.

Lo peor del caso es que dichas carencias del  profesor remiten  a una falta de estudio y trabajo, el cual ya se sabe que es solitario y duro, pero imprescindible para poder enseñar adecuadamente. Estas carencias convierten al profesor en egoísta y ciego frente a las necesidades de sus educandos, al mismo tiempo que  se revela como un profesional muy mediocre.

Y es que lamentablemente  “la mano neoliberal” y el “mercantilismo de la enseñanza” no se siente sólo en los “planes y su reorganización” sino también  en la forma como asumen ciertos pedagogos su misión, los que se centran más en el prestigio social que les da su cargo o en los ingresos económicos (sin duda muy necesarios para vivir dignamente) que en su vocación. Lo que es más, de estos profesores dudo, y mucho, que tengan verdadera vocación.

Recientemente una amiga, psicóloga clínica, que imparte una materia en un postgrado  de la Universidad Central de Venezuela me comentaba que el semestre que imparte dicha clase se siente tan satisfecha  que cuando concluye el período lectivo se olvida de cobrar el estipendio que  percibe al  final del mismo.

Personalmente he vivido la experiencia de estar recientemente frente a dos grupos de cuarto y quinto semestre de Comunicación Social en  la Universidad Santa María de Caracas. Una ex compañera de trabajo, hoy en día profesora en esa universidad, me invitó a dar una charla sobre El periodismo en la era digital. Al finalizar dicha charla  me encontré reflexionando, no sin cierta sorpresa,   sobre la maravillosa inocencia y candor que percibí en los alumnos; jóvenes de más de 20 años ansiosos de saber y conocer y todavía moldeables. No pude dejar de mirar hacia el pasado y verme junto a mis compañeros en la misma situación. Sin duda estos jóvenes se merecen no sólo buenos profesores que amen transmitir sus conocimientos   sino también una universidad que no sea una mera empresa.

Pero, lamentablemente, nos encontramos en una fase de la historia donde el capitalismo vuelve a mostrar su peor faz, con su despiadada lógica y su carencia absoluta de moral como bien apunta el profesor LLovet.  Y  esta es la razón por la cual "los jóvenes más tecnológicamente avanzados ya no creen en el progreso” porque saben que su futuro es más precario que el de sus padres. Esto ha sido así desde la década de los 80. Cada nueva generación se ha enfrentado a un futuro menos promisor que  el de sus progenitores y parece que este lineamiento se está a profundizando en este principio de la segunda década del siglo XXI. ¿Podrán los jóvenes de hoy en día recuperar el camino perdido?  Mi generación, que es la de sus padres, conscientes del futuro que les espera, está a su lado en esa lucha. Al menos que no se diga que no la hemos librado aunque en el camino terminemos derrotados.

No olvidemos que no es solamente el futuro laboral y la calidad de vida de estos jóvenes lo que está en juego. Es también la formación de sus hijos, nuestros nietos, la cual promete verse disminuida notablemente. Lamentablemente, una vez más los intereses bastardos vuelven a prevalecer. A ver si en esta ocasión la población sabe enfrentarse a sus abanderados y se les  corta el paso. Desde aquí expreso mi adhesión al movimiento global de los indignados, esperando que perdure en el tiempo y se convierta en el faro a seguir en medio de esta “costa da morte” que dejan a su paso el poder financiero encarnado por los organismos internacionales y apoyado por el poder político que día a día va perdiendo legitimidad  frente a los ciudadanos.  

 



Por Mercedes Fuentes - Publicado en: Personal
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Sunday 30 october 2011 7 30 /10 /Oct /2011 22:30

 

 

SIGNIFICADO DE PERSONA SENSATA.

 

 

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Hace algún tiempo que le debo a una amiga un artículo sobre lo que personalmente considero que es ser sensata o sensato. Y es que en una ocasión hablando sobre ella con otra persona conocida por ambas, mencione que una de sus virtudes destacadas era la sensatez. No había terminado de decir esto cuando se me ocurrió pensar que este adjetivo, que según la RAE significa prudente, cuerdo, de buen juicio, se puede asociar con  valores  diferentes según el marco de referencia de quien lo interprete.  Por tanto me consideré en la obligación de aclarar cuál es el significado que para mi tiene esta palabra y cuál es el marco de referencia del cual parto.

Para poder explicarlo necesito remitirme primero a la clase de Psicología Social, impartida por el profesor Marcos Brito, en la Escuela de Comunicación de La Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, Venezuela en la década de los 80. En esta cátedra los alumnos realizamos un análisis de contenido de una obra según las teorías de la motivación desarrolladas por el investigador estadounidense David MacClelland durante las primeras décadas del siglo xx.

En mi caso analicé, junto con dos compañeros de clase, la obra de teatro La quema de Judas del escritor venezolano Román Chalbaud. En dicho análisis había que señalar los indicios de las tres motivaciones principales del ser humano según McClelland: la del logro (necesidad de realización), la de poder y la de afiliación.

Según este estudioso del comportamiento humano, cuando la motivación al poder predomina sobre las otras dos  se entra en un proceso destructivo con consecuencias negativas para el individuo y su entorno. Un equilibrio sano requiere el predominio de la motivación al logro y la de afiliación.

La motivación al poder está representada por la urgencia que tiene una persona de poseer gran cantidad de recursos económicos, muy por encima de sus necesidades, y  acumular bienes materiales. Adicionalmente se caracteriza por la disposición de dominar el entorno según sus deseos y se identifica por el apremio de reconocimiento y prestigio.

Cuando esta motivación prevalece la persona es capaz de involucrarse en negocios poco claros, incluso delictivos, tales como el narcotráfico, tan difundido en nuestros días, con el objetivo de  conseguir dinero para poder mantener una vida de gasto y lujo. En el caso de los seudo intelectuales que adolecen de un exceso de esta motivación son proclives a robar las ideas de otros con el objetivo de obtener prestigio y visibilidad social o mantener su posición. Otra característica de estos sujetos, de todas las profesiones y clases sociales, es la predisposición para trepar posiciones socialmente a costa de pisar a los que están a su lado o de corromperse y corromper a otros.

Este tipo de personajes  suelen ignorar la elección de auto realización que no tiene nada que ver con la búsqueda de prestigio, mayores bienes económico o reconocimiento social: un político busca la auto realización cuando su objetivo es ejecutar una obra en beneficio de la comunidad o en el caso de un profesor cuando observa que ha conseguido enseñar a sus alumnos. En el caso de un médico cuando logra curar a sus enfermos…

Por el contrario cuando un político, o hombre de negocios, sólo está motivado por el poder que da el cargo, por el dinero  y el deseo de visibilidad que le da su posición será fácil que caiga en la corrupción dado que para conseguir lo que desean no importan los medios sino los fines. En el supuesto de un profesor impulsado por la motivación al poder le interesará más el dinero, su imagen como tal o el prestigio que le reporta su posición en lugar de la propia  labor educativa o el respecto a la ideas de sus compañeros y alumnos. Para el médico no sólo será más importante el prestigio sino también estará más ávido por el dinero que en conseguir el bienestar y la salud de sus pacientes. Esto sólo por mencionar cuatro de las profesiones de más actualidad en estos momentos.

Como señala el investigador estadounidense David MacClelland, cuando una persona actúa impulsada por la motivación de auto realización,  genera felicidad  no solo para sí misma sino que además contribuye  forjando mayor bienestar en su entorno. Cuando actúa por motivación al poder el resultado  es el inverso.

McClelland afirma además, que la motivación de auto realización, deja al individuo satisfecho internamente  y le crea relaciones armoniosas con su medio. Cuando por el contrario el individuo actúa por la motivación de poder, crea malestar a su alrededor e infelicidad para sí mismo: no consigue nunca la satisfacción buscada porque entra en un bucle interminable donde la necesidad de  poder se incrementa paulatinamente sin que llegue a tener fin.

Es ya muy conocido, y tratado exhaustivamente por expertos diferentes, el hecho de que en nuestra sociedad occidental predomina la motivación al poder en detrimento de  la motivación al logro. Esta última suele estar en la antípoda de lo que los individuos buscan.   Y es que, como dice Erich Fromm en su obra Psicoanálisis de la  Sociedad Contemporánea y en Tener y Ser[1], en la actual sociedad el ser humano sufre un proceso de alienación que lo llevan a confundir el “tener” con el “ser” causando a los que le rodean y a sí mismo infelicidad.

Para finalizar con toda esta disgregación, e ir al punto central de mi artículo, tengo que decir  que considero que una persona es sensata cuando logra un equilibrio entre  la necesidad de auto realización,  la de afiliación y la de poder. Por tanto, cuando dije que la cualidad que más me gustaba de mi amiga era la sensatez quise decir que ella ha conseguido este logro tan poco propagado en la sociedad actual: la de ser una persona altamente motivada por una profunda necesidad de auto realización y de establecer relaciones sanas con su entorno humano, ya sean amigos o familiares. Sin duda antepone el “ser” al “tener”. Considero que mi amiga es una de esos pocos seres humanos privilegiados que ha escapado al padecimiento de  esa enfermedad tan generalizada como es la de la ansiedad inconmensurable de poder de nuestra sociedad y que tan claramente ha quedado al descubierto en la actual crisis que sacude a occidente.  

Y es que desde luego no me puedo imaginar a los causantes de la presente falta de liquidez del sector financiero como seres humanos sensatos[2]. Ni tampoco a los líderes que son incapaces de gobernar a favor de las mayorías. Tampoco puedo considerar sensatos a aquellos hombres de negocios que se están aprovechando de la miseria de los demás, y sea comerciando drogas o  especulando con el problema de la deuda de los países europeos sin importarles si por el camino cae un ser humano, un sistema educativo más igualitario o un sistema de salud que garantice el bienestar de los ciudadanos. Todo lo contrario: son el símbolo máximo de la insensatez y de la alienación en esta sociedad enferma de necesidad de poder, prestigio, protagonismo y visibilidad. Estos sujetos no hacen más que dejar a su paso dolor y destrucción. Todo esto es el símbolo de una enorme insensatez.



[1] Erich Fromm señala en su obra Tener y Ser que la orientación de tener es característica de la sociedad industrial occidental, en que el afán de lucro, fama y poder se han convertido en el problema dominante de la vida. Indica que  LA ALTERNATIVA entre tener que se opone a ser, no atrae al sentido común: “Parece que tener es una función normal de la vida: para vivir, debemos tener cosas.  Además, debemos tenerlas para gozarlas.  En una cultura cuya meta suprema es tener (cada vez más), y en la que se puede decir de alguien que "vale un millón de dólares", (En inglés de los Estados Unidos, es la manera común de decir que tiene un millón de dólares. [T.]) ¿cómo puede haber una alternativa entre tener y ser?  Al contrario, parece que la misma esencia de ser consiste en tener; y si el individuo no tiene nada, no es nadie”.  

[2] En su obra ya citada Erich Fromm señala  que el egoísmo que genera el sistema hace que los gobernantes antepongan su éxito personal a su responsabilidad social:“Ya no nos  sorprende cuando los dirigentes políticos y los "ejecutivos" de los negocios toman decisiones que parecen beneficiarlos, y que al mismo tiempo son nocivas y peligrosas para la comunidad.  Desde luego, si el egoísmo es un pilar de la ética práctica contemporánea, ¿por qué habrían de  actuar de otra manera?  No parecen saber que la avaricia (como la sumisión) vuelve a la gente estúpida aun en lo que atañe a su verdadero interés, al interés de sus propias vidas y de las vidas de sus esposas y sus hijos (cf.  J. Piaget, El juicio moral del niño).  Al mismo tiempo, el público en general está tan egoístamente preocupado  por sus asuntos particulares que presta muy poca atención a los problemas que trascienden el terreno personal”.

 

Por Mercedes Fuentes - Publicado en: Personal
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