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18 mayo 2013 6 18 /05 /mayo /2013 01:38

 

¿CÓMO ANDAS DE PAPEL HIGIÉNICO?

 

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Desde hace unos días esta es la pregunta del millón en mi facebook. Mis contactos, venezolanos y no venezolanos, me la han formulado de mil y una maneras. Al principio no entendía ¿papel higiénico? “Bien, tengo ¿por qué?” “Porque ha salido en las noticias que hay problemas de papel higiénico en Venezuela y que están importando cincuenta millones de rollos”.

A renglón seguido me dijeron que en Venezuela andábamos con la libreta de racionamiento y haciendo largas colas para comprar comida. Después del primer momento de perplejidad, logré preguntar ¿pero en dónde sale esa información? En los periódicos, contestan; en las noticias de España, en México, Chile…

Tranquilicé a mis contactos: no tengo problemas con el papel higiénico, tampoco hago largas colas, a pesar de que en todos los supermercados hay siempre mucha cola (y en los bancos, y en las farmacias, porque es lo que tiene una capital de cinco millones de habitantes, que hay que hacer cola para todo), pero yo compro al por mayor en donde lo hacen las pequeñas tiendas.

Esto quiere decir que tengo en mi casa de todo. Y me he acostumbrado tanto a esta dinámica de comprar cada mes y medio o dos meses  que mi preocupación es que cuando llegue a España no voy a contar con esta facilidad. Pero ¿escasez? No, siento desilusionar a los que nos quieren ver con una libreta de racionamiento, pero no sufro, ni conozco a nadie que sufra de escasez (conste que he preguntado profusamente sobre el tema).

El siguiente comentario que me han hecho, después de hablar sobre el racionamiento en Venezuela, es que Colombia es un país maravilloso, especialmente si lo comparamos con Venezuela. En mi cabeza no se forman más que interrogantes: si Colombia es un país maravilloso ¿por qué están los paramilitares colombianos, coloquialmente conocidos como paracos, cobrando vacuna (impuesto) en nuestra frontera a hacendados venezolanos?

Y si Colombia es un país maravilloso, donde todo funciona mejor que en Venezuela, ¿por qué tenemos a Venezuela llena de colombianos que están trabajando como buhoneros ya sea vendiendo medias (calcetines) en la calle, café, bollitos, comida, película pirateadas…? ¿No será porque Colombia no produce suficientes puestos de trabajo a pesar de ser un país industrioso y maravilloso? ¿No será por qué en Colombia no se pueden ganar la vida ni vendiendo medias en la calle?

Y para terminar: si Colombia es un país maravilloso, donde todo el mundo vive tan bien  y donde no hay libreta de racionamiento, como en Venezuela, ¿por qué salen y salen toneladas de comida de Venezuela por la frontera hacia  Colombia? Por no  mencionar el contrabando de gasolina.

Y si Venezuela es un país tan depauperado, y Colombia tan exuberante, ¿por qué los pueblos colombianos de la frontera se están muriendo de mengua desde que el bolívar se devaluó? Comercios que vivían de lo que compraban los venezolanos, por una moneda que favorecía a Colombia, cierran sus puertas, despiden empleados…

Menos mal que Colombia es un país de maravilla y Venezuela una nación depauperada, con libretas de racionamiento, porque a esta tierra depauperada y con libretas de racionamiento siguen llegando y llegando, haitianos, senegaleses, árabes… ¿Qué pasaría si estuviésemos muy bien y tuviésemos mucho petróleo? ¿Pensaría invadirnos Estados Unidos como a Irak o Libia?

Pero la marca Venezuela, para utilizar una palabra favorita de los peperos españoles,  está en decadencia según los medios internacionales y no tiene el problema de que USA la quiera invadir por su petróleo. Y miren por donde yo le veo la ventaja a todo esto, porque si siguen dando estas noticias de Venezuela lograrán que el país solucione un problema que tiene desde la década de los cuarenta del siglo XX: la afluencia masiva de emigrantes provenientes de todos los puntos cardinales del mundo que buscan tener un medio de vida que no encuentran en sus países. Pero según los medios internacionales ¿para qué van a venir a una Venezuela depauperada con libretas de racionamiento y sin un triste rollo de papel higiénico? Se me antoja que esta es la solución a la emigración ilegal. Y uno sin saberlo. El presidente Maduro debería tomar nota.

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25 marzo 2013 1 25 /03 /marzo /2013 19:35

EDITH, UNA MÁCULA EN EXPEDIENTE IMPECABLE

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Todos los que hayan visitado mi blog podrán comprobar que tengo varios artículos dedicados a la Consulta del pie diabético que el Ministerio del Poder Popular para la Salud de Venezuela tiene en el Centro de Diagnóstico Ibis Pino del 23 de enero. Sin embargo, hoy voy a tratar una irregularidad que veo en dicho centro.

Tengo que decir, antes que nada, que me encanta el ambiente que se respira en todos los CDIs, especialmente entre todo el personal cubano (médicos, enfermeras, técnicos de diagnóstico, personal de laboratorio) y  los enfermos. Me siento especialmente orgullosa como ciudadana del ambiente que se respira por parte de los pacientes que es el punto que, en todo caso, como venezolana, me toca.

Nunca he visto en ningún otro servicio de Venezuela una actitud tan receptiva, humana y cálida como la que exhiben los  usuarios de dichos centros caraqueños tanto entre sí como con el personal de la institución. Y mi impresión es que los usuarios responden a los que los sirven con las mismas formas que los tratan.

Pero, sin embargo, en este ambiente cálido entre pacientes y personal sanitario, hay una manzana de la discordia. La recepción, la primera imagen el centro ante los usuarios, está en manos de dos compatriotas del género femenino. Para desempañar esa labor no se necesita una formación demasiado cualificada, sólo buena voluntad y mejor carácter. En todo caso lo que debe ser requisito imprescindible es una actitud receptiva y servicial ante el enfermo que llega al centro sanitario, adolorido, en busca de ayuda, muchas veces con problemas familiares y sociales de difícil solución.

Evidentemente, como dice Edith, una de las recepcionistas, los problemas sociales que puedan tener los que al centro acuden no son “su problema”. Pero entiendo que sí es “su problema” atenderlos bien, ponerles cara agradable y recibirlos en actitud de servicio y eso no lo hace. Y ese sí es su “problema” y me temo que no lo sabe.

Edith y compañía tienen  como principal tarea recoger el listado de los que llegan por orden, y a partir de este alzado de datos “tienen” que  estar pendientes de pasarlos a la consulta uno por uno. Pero desde que llevo acudiendo a la consulta del pie diabético, este sencillo cometido es una fuente de conflicto. Y la pregunta es ¿por qué? ¿Por qué una tarea tan sencilla se convierte en un problema?

Cuando Edith  llega ya suelen estar esperando entre tres, cinco, siete, diez o doce pacientes. Lo que desean, algo muy sencillo, es que los anoten según su orden de llegada como está establecido. Pero Edith llega, se mete en las instalaciones del CDI y va a su aire. Cuando la buscan, para que cumpla su función, contesta que ya lo hará, pues en ese momento tiene otras cosas que hacer.

Ante esta respuesta,  los pacientes, diligentemente, se les ocurrió, en una ocasión, conseguir un papel y un  bolígrafo  para hacer la lista ellos mismos. En todo caso una ayuda. Pero la ayuda se convirtió también en fuente de conflicto. Fue mal recibida. No era “su problema” si los pacientes diabéticos, adoloridos con sus úlceras, se sentían en tensión por estar pendiente de no perder su lugar.

La cabeza de Edith no da para percibir estos detalles. Y si tiene alguna otra cosa que hacer parece que su cabeza tampoco le da para decir a otro compañero: “mira ocúpate tú de esto mientras yo realizó esto otro” o, simplemente, antes de hacer lo que tenga que hacer,  perder cinco minuto, o diez,  para anotar a las personas que esperan,  tarea ésta que no parece titánica.

Luego, a reglón seguido, una vez realizada la lista, cuando a bien se le ocurre, la deja por ahí” y ella se va, no se sabe a dónde, pero la lista queda “arrumbada” en algún lugar, normalmente la antesala del quirófano, y cuando llegan los pacientes para ser anotados no hay nadie que los anote. Cuando me ha tocado, yo misma he anotado a mi madre de 80 años, con problemas de movilidad, bastante delicada y la cual le importa muy poco a Edith: tampoco ese es “su problema”. 

Pero esta colaboración mía, espontánea, que abarca incluso a anotar a los que llegan conmigo, no gusta a Edith: me entrometo en su trabajo. Esta señora obra en el CDI como si fuese la dueña, como si no tuviese un jefe,  y parece que se siente, incluso, que está por encima de los médicos, enfermeras y personal técnico.  Esta imagen que proyecta resulta desagradable y chocante. La impresión que da es que el CDI no tiene jerarquías, que no hay un coordinador que ponga orden y que este eslabón, el primero de la cadena, anda suelto sin estar conectado con otro.

La primera pregunta que surge es: ¿de quién depende el personal de recepción? ¿Quién tendría que recordarle a Edith que anotar debidamente a los pacientes SÍ ES SU PROBLEMA? ¿Quién tendría que recordarle a esta trabajadora que su actitud en la recepción del CDI no es la más adecuada porque es la primera imagen que los pacientes reciben del CENTRO y la que ella ofrece es muy, pero que muy deficiente? ¿Quién tendría que decirle a Edith que ese cometido SÍ ES SU OBLIGACIÓN y que si no la desempeña con alegría, cordialidad, y actitud de servicio hacia el paciente está en un lugar que no le corresponde porque no posee las cualidades necesarias?

Lamentablemente la falta de “profesionalidad” de Edith no habla mal de ella sola, pues cuando un empleado se equivoca tanto,  habla mal también  de toda la organización. Y aunque me consta que el personal del CDI hace lo indecible por cubrir este fallo, Edith es una mancha en este expediente impecable. Y alguien tendría que decírselo, para que no obre de forma tan personalista y soberbia como si ella fuese la única a tener derechos dentro y fuera del CDI, por encima del personal sanitario y de los pacientes. Un empleado se puede equivocar, pero tanto, no es posible…

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16 marzo 2013 6 16 /03 /marzo /2013 20:06

LA VIOLENCIA QUE AZOTA A VENEZUELA

SE COMBATE HUMANIZANDO EL  ENTORNO SOCIAL

 

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En las fotos se puede apreciar la entrada del CDI Ibis Pino de Sierra Maestra, en el 23 de enero y el quirófano donde los doctores realizan las curas a los pies de los pacientes diabéticos.   

 

Ilustre Señora:

 

Me dirijo a usted con la finalidad de hacerle saber lo beneficioso que está siendo la Consulta del pie diabético, que su ministerio tiene implementado en la capital de Caracas, para mi anciana madre, quien padece una úlcera por insuficiencia venosa en uno de sus tobillos.

Después de haber permanecido varios años en el extranjero tuve que regresar al país para encargarme de mi madre tras sufrir mi padre un ACV. Venía con todas las aprehensiones que poseía sobre el sistema de salud público venezolano. Como periodista, me tocó en su día cubrir crisis hospitalaria, y tengo que decir que mis aprehensiones tenían un buen fundamento dadas las numerosas denuncias realizadas por usuarios y profesionales de la medicina que oportunamente recabé y publiqué en el vespertino El Mundo a finales de la década de los años ochenta.

Para mí ha sido, sin embargo,  una muy agradable sorpresa ver la respuesta que ha dado su ministerio  a la necesidad  de asistencia sanitaria de la población más desfavorecida e incluso, a la de la clase media. La presencia de los Centros de Diagnóstico Integral, CDIS, y la  respuesta que dan a las necesidades sanitarias de la  población venezolana van en dirección, entiendo, de dinamitar esa inhumanidad que  rodea a ese estatus quo propiciado, en parte, por el crecimiento de la medicina privada que ha convertido la salud de los venezolanos en un producto más de lucro.

La Consulta del pie diabético me parece especialmente beneficiosa por la carga de humanidad que conlleva. A él acuden personas que corren el riesgo de perder sus miembros inferiores, en un marco además, de gran dolor físico ocasionado por las mismas úlceras. El esfuerzo humano y material que se realiza para  atender a esta población hay que valorarlo más allá de su costo material pues el mismo alcanza cuotas de humanización en la atención al paciente que son sumamente beneficiosas  para la comunidad en general.

Soy consciente de  que la violencia que azota nuestro país, en el ámbito de la delincuencia común, no se combate sólo con más efectivos policiales en la calle o mayor represión. Se combate también humanizando nuestro entorno social y desde el Poder irradiando humanidad a través de iniciativas que hagan sentir a las personas que su bienestar es el eje fundamental a través del cual se toman las decisiones políticas.

Este eje debe ser, sin duda, y a mi entender, el instrumento a través del cual deben girar el resto de toma de decisiones. Y mi favorable impresión es que la Consulta del pie diabético y la atención integral a través de los CDIS giran en torno a este eje. Por ello mi calurosa enhorabuena por esta exitosa acción y desde esta humilde carta de usuaria agradecida le insto a seguir y a profundizar en este itinerario cuyos resultados serán, sin duda, a corto y a largo plazo, altamente beneficiosos para el conjunto de la sociedad venezolana.

Por otra parte, me permito remitirle la dirección de algunos artículo de mi blog donde recojo mi experiencia e impresiones  sobre la Consulta del pié diabético como usuaria, como ciudadana  y profesional del periodismo, con conciencia  y responsabilidad ética de dar a conocer los aspectos valiosos de un programa de salud como al que hago referencia y que posee un significativo  compromiso con el enfermo diabético, con su familia y el entorno social.

 Por medio de esta serie de artículos paso a reseñar los beneficios individuales para el enfermo, y los sociales para la comunidad, que yo, personalmente, he apreciado; los comentarios de los usuarios que he podido recoger y, en conjunto, mi impresión general sobre esta acción concreta con el objetivo de darlo a conocer tanto a mis allegados como a todos los que tengan a bien leerme. También deseo señora ministra que estos humildes trabajos la estimulen a usted, a su equipo y, en general, a su gobierno para que  sigan en esta senda.

Los artículos en mi blog son los siguientes: Médicos cubanos en Venezuela y Mundos paralelos en la Venezuela de Chávez.

Sin más a que hacer referencia, y reiterando nuevamente mi agradecimiento, me despido de usted.

 

Lic. Mercedes Fuentes.  

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8 marzo 2013 5 08 /03 /marzo /2013 15:42

EL ESTADO PATERNALISTA

 

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En estos días me hacía eco de la publicación en twitter de la página de Erich Honecker, el que fue  jefe de estado de la República Democrática Alemana entre 1976 y 1989, y que murió en Santiago de Chile en 1994. Los que llevan su página en Twitter publicaron lo siguiente: “Chávez compraba votos de los venezolanos pobres con trabajo y vivienda digna. Yo voto a los que me los quitan, porque soy europeo y listo”.

Un amigo comentó: los ranchos siguieron creciendo. Sin duda esto es un dato totalmente irrefutable. Pero, sin embargo, en los dos años que llevo en Venezuela he visto, con perplejidad, como  la construcción de viviendas de interés social se ha convertido en una actividad prácticamente de carácter casi masivo.

De tal manera que le respondí: como se nota que no has estado en Caracas o Maiquetía últimamente; la avenida Bolívar, de lado a lado, está llena de edificios de la Misión Vivienda, lo mismo ocurre en Bellas Artes, Avenida Libertador, Andrés Bello, entrada de San Benardino, Avenida Nueva Granada, San Agustín del Sur y del Norte, Quinta Crespo, Avenida Baralt...y en Maiquetía, cuando vas para Naiguatá llega un momento que pasas por una línea continua de este tipo de viviendas...sin contar Ciudad Fuerte Tiuna,  Guarenas, Guatire...en el estado Nueva Esparta (isla Margarita)...

Mi información hizo que se integrasen  a los comentarios otros venezolanos y uno de ellos decía: “(…) es verdad que este proceso político le ha dado al pueblo, marginado por muchos años, lo necesario para vivir ....eso es innegable....pero este proyecto paternalista basado en el modelo anacrónico cubano también ha dañado nuestra nación ..... no podemos surgir hacia una nación libre y próspera mientras estamos esperando que “papa gobierno” nos solucione todo...”.

 Mi respuesta a esta intervención fue: (…) la clase media venezolana(…) crítica con este "estado paternalista" no es crítica,  sin embargo, con la ingente cantidad de recursos económicos que el gobierno le dio, en su día, a los bancos para "rescatarlos". Y, por cierto, tampoco se preocupa por querer saber si ese dinero fue devuelto, si ese dinero fue invertido en el país o salió fuera... ni tampoco parece preocuparse por la forma cómo llegó a esa situación el sistema financiero venezolano ¿Por qué esa preocupación por lo que se "gasta" en los pobres y esa nula crítica a lo que se dio a los bancos? ¿No será que la clase media venezolana tiene una visión "parcializada" de la realidad por, justamente, falta de información?

Y es que en las últimas décadas en Venezuela se han producido las dos más importantes crisis financieras que se han registrado a nivel mundial. Voy a referirme a una de las más importantes, la de enero de 1994, la primera de ellas. En aquel momento el segundo banco en importancia del país -el Banco Latino- salió del sistema  financiero  por lo que pareció en principio un problema circunstancial de liquidez. Como en un efecto dominó, otros bancos, grandes y pequeños, empezaron a sufrir las consecuencias de lo que ya se perfilaba como una crisis de "insolvencia estructural" que se extendía por todo el sector financiero venezolano.

En realidad de que algo pasaba en los bancos venezolanos se intuyó años antes, desde el mismo momento en que el público comenzó a recibir intereses por sus ahorros de hasta un 80% en diferentes instrumentos financieros. Mientras, el problema crecía silenciosamente, muchos venezolanos llegaron a vender su vivienda principal, dividían el dinero en varias instituciones financieras y planificaban un cómodo futuro "viviendo de las rentas" que les generaban los generosos beneficios.

Pero el caso es que la bomba de tiempo que era el sistema financiero venezolano estalló finalmente y afectó a un tercio de la población, a casi la mitad de las instituciones financieras y el costó para el estado venezolano se elevó al 10% del PIB (Producto Interno Bruto). Como resultado de este rescate ese año el PIB del país cerró con una caída del 3,3% y millones de personas terminaron con sus fondos congelados en la banca intervenida.

Los economistas que analizaron la situación indicaron que antes del  crash se había registrado  una falta de control sobre la banca y, como consecuencia,  una actitud irresponsable y delictiva por parte de los banqueros que, según Luis Fernando Egaña, ministro de Comunicación del presidente Rafael Caldera, al frente de la magistratura en aquel momento, “en muchos casos dejaron a un lado su función fundamental de intermediación financiera para convertirse en instrumento de negocios con mucha osadía,  comprometiendo con su conducta los recursos del sistema financiero venezolano".

Según Egaña los sistemas de vigilancia del estado no detectaron, o no prestaron suficiente atención, a algunas malas prácticas bancarias, como la de contratar préstamos con sectores conexos: los banqueros se prestaban dinero a sí mismos. A esto hay que añadir que se  registró una combinación peligrosa e insana entre sectores políticos y sectores financieros que ayudó a crear aquella burbuja debido a que en parte los recursos se desviaban a actividades de los propios accionistas y directivos de las instituciones financieras. Muchas de estas actividades eran altamente riesgosas.

El rescate se realizó, además, en un marco  económico muy malo para el país por la caída del precio del crudo en el mercado internacional (llegó a cotizarse en US$ 8). Todo ello provocó que se  agudizara una inédita inestabilidad política que ya había empezado en 1989 con el estallido social conocido como el Caracazo, reacción de la población ante las medidas impuestas por el FMI durante el inicio del segundo mandato de Carlos Andrés Pérez.

Tras el crash, y la intervención estatal,  el sistema financiero estaba saneado a los 18 meses y a los 36 muchas de las entidades intervenidas, y nacionalizadas, fueron privatizadas nuevamente. Por todo esto hoy en día me sorprende escuchar a los venezolanos criticar al estado “paternalista” por su actitud de ayuda a los más desfavorecidos, al mismo tiempo que no escucho que ningún ciudadano critique la actuación “paternalista” del estado que auxilió a los bancos durante una de las peores crisis que, por concepto de ingresos,  sufrió el país.

La clase media venezolana ni siquiera se pregunta si aquel dinero fue recuperado, que por suepuesto, no lo fue. Les da igual que los ingresos por concepto del petróleo, patrimonio de todos, hayan terminado subsanando una conducta delictiva de los dueños y los altos dirigentes de los bancos en un momento en que la población estaba sufriendo las consecuencias de la baja de ingresos procedente de la venta del petróleo y por el pago de intereses de una cuantiosa deuda externa.

¡Qué diferente esta clase media venezolana, por ejemplo, con la clase media de los  países del sur de Europa! Mientras la clase media de Venezuela se desentiende de las necesidades de los más desfavorecidos de su entorno,  las clases medias europeas, en un gesto de lucidez sin precedentes, reclaman solidaridad para los más afectados por la crisis y castigo para los que la causaron. Cuidar la cohesión social de un país trae sus efectos favorables. No en vano durante el siglo XX esta sociedad consiguió conquistar un bienestar para la mayoría nunca antes visto. Esperemos que no lo pierdan y , al mismo tiempo, esperemos que la clase media venezolana despierte de su largo letargo y tome conciencia de que el bienestar general y común forma parte de su bienestar.

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6 marzo 2013 3 06 /03 /marzo /2013 23:15

¿A QUIÉN ESCUCHARÁ DIOS?

 

 

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Ha muerto el presidente Hugo Chávez Frías. Ha muerto el hombre venezolano que le puso un pie de tranca en la puerta de Venezuela a los intereses de las grandes corporaciones y  las trasnacionales y, en general, a los intereses privados foráneos en Venezuela. En el país que él gobernó no había resquicio para la injerencia de los poderes económicos en las decisiones políticas. El poder económico ha tenido que someterse al aparato del estado venezolano  y acatar sus decisiones.

El presidente Hugo Chávez no se dejó deslumbrar ni seducir por los faustos del poder; asumió lo que era: un hombre mestizo, salido del mundo pobre y marginal de  la Venezuela actual. Y lo hizo con orgullo y dignidad. Esto es en concreto lo que se desprende de sus desplantes a Bush (en el libro Chávez sin uniforme,  Cristina Marcano y Alberto Barrera cuentan como el ex presidente de USA lo invitó a una reunión a la cual jamás asistió)  o de su reacción frente al planteamiento que el mismo Aznar le hizo cuando le dijo que Venezuela era un país digno de estar entre los invitados al Club  Bildelberg: ¿Y Haití no? Pues no le interesaba.

Presumió, desde su Aló presidente de niño pobre, el arañero, el que vendía arañas, y logró que todo un pueblo se identificase con él. Podía presumir de pobre, pues aquel niño pobre que un día anduvo descalzo porque no tenía zapatos que ponerse, llegó a la primera magistratura de su país y desafió a los más poderosos hombres del mundo. ¿Quién puede decir lo mismo? Muy pocos.

Tras él quedan hombres y mujeres llorando. Como Rocío, una buhonera ecuatoriana que tiene muy claro quién es ella y quien era “su comandante” como ella lo llamaba. “Yo voy a votar por mi comandante señora Mary, porque mi comandante está con los pobres. ¿Qué hace una mujer insignificante como yo votando a un Radonski a quien los de mi clase no le importan ni poco ni mucho? Yo voy  a votar a un hombre que sabe lo que es ser pobre, que piensa en los pobres, no a un niño de cuna que se lo han dado todo y no sabe lo que es pasar trabajos”.

Mientras escuchaba a Rocío pensaba: ¿y estos son los que la clase media señala como ignorantes por votar a Chávez? ¿Quiénes son en esta historia los ignorantes? ¿No serán los que “ignoran”, nunca mejor dicho, la realidad ajena?  

Cuando se conoció el resultado de las elecciones generales celebradas el 7 de octubre del 2012, al día siguiente, pasé felicitando a todos los que me habían confesado que  eran afines al comandante y estos fueron algunos de los comentarios que me hicieron: hemos votado porque sigan los cubanos en Venezuela, hemos votado por los Pedeval y los Mercal, hemos votado porque los viejecitos sigan recibiendo las pensiones, hemos votado por la Fundafarmacia donde se venden las medicinas más baratas, por la Misión Vivienda, por Negra Hipolita…

Sé, porque ellos mismos me lo han dicho, que todos ellos rezaron a su diosito en el cielo porque su presidente comandante recuperase la salud. Pero también sé que muchos de la clase media opositora rezaron porque el mismo presidente comandante desapareciese, la forma no la especificaron. Querían que dejase el poder. En esta Venezuela que tanto se invoca a dios, yo me pregunto ¿a quién escuchó ese dios? Ahora la misma gente que rezó pidiendo por su salud, rezan pidiendo que los proteja, que siga cobijando su proyecto revolucionario. Ahora si no tengo datos, pero me imagino que la clase media opositora va a rezar por lo contrario. ¿A quién escuchará dios esta vez?   

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27 octubre 2012 6 27 /10 /octubre /2012 02:06

LAS ENCUESTAS ESTÁN SESGADAS


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Entre las experiencias más notables de esta estadía prolongada en Venezuela ha sido  vivir el proceso electoral. De mis antiguos recuerdos, que se remontan a la primera victoria de Rafael Caldera, ya no queda nada. Uno de los contrastes más evidentes con las contiendas electorales que guardo en mi memoria, es el grado de emotividad extrema con la que participan, no sólo los candidatos, sino también sus seguidores más cercanos y  el resto  de votantes en la Venezuela de hoy.

Mientras realizo todo el trámite legal necesario en Venezuela atiendo el negocio de mis padres, alrededor del cual hay gran cantidad de comerciantes con los que mis progenitores han  mantenido una relación cordial de muchos años. Uno de los temas de conversación recurrentes durante la campaña ha sido sobre las preferencias por el candidato a votar.  Observé, en un primer momento, que estaban niveladas. Esta nivelación, a simple vista, alcanza a las familias que en ocasiones suelen estar enfrentadas por sus preferencias políticas. Algo que ya es frecuente en esta Venezuela de “mundos paralelos”.

También observé que dado el calor con que se defienden las opciones particulares, existen personas, de ambos bandos, que tienden a permanecer en el armario. Estas personas evitan, con esta estrategia, los enfrentamientos desagradables tan frecuentes dada la división que existe en  la concepción del tipo  sociedad  que cada ciudadano quiere. Esto trae cono resultado que las encuestas de intención de voto, previas a la contienda,  lancen como resultado un porcentaje bastante alto de indecisos, no definidos  o ni nis (ni con uno ni con el otro).

Por supuesto, me identifico con los que buscan la convivencia y, por tanto, evito hacer proselitismo o manifestaciones públicas en favor de una de las partes. De tal manera que dado mi mutismo todos los comerciantes conocidos de mis padres procuraron discernir   por cuál  de los dos candidatos me inclinaba. Dada mi negativa a expresarme los opositores dedujeron que en la medida que no estaba de acuerdo en que el ganador sería Capriles  me estaba decantando por Chávez. Y ellos mismo me declararon como una “chavista” con la que sí se podía hablar.

Por su parte, el grupo chavista expresó  claramente que me percibían como una escuálida (opositora), pero  una escuálida con la que  sí se podía hablar porque escuchaba. Total que con esta percepción de los que me rodeaban, en tanto yo era una “opositora” o “chavista”  "buena escucha”, me convertí  en la confidente de anhelos, esperanzas y desesperanzas en el terreno de la política de ambos grupos.

El caso es que en la medida que se acercaba la contienda electoral me fijé que los ánimos se iban exaltando cada vez un poco más, especialmente entre el grupo de comerciantes opositores. Por el contrario los declarados del bando del presidente en campaña mantenían silencio, posiblemente por el temor de que su candidato perdiese. Un temor que el mismo presidente alimentó desde sus alocuciones con el país llamando a sus seguidores a no confiarse ni a caer en el triunfalismo.

Pero en el caso de la oposición se necesitaba inyectar ánimo entre sus filas dado que desde que Chávez apareció en escena no saben lo que es estar al frente del gobierno en catorce años, hecho éste totalmente insólito en el pasado reciente de la democracia venezolana.

En este ambiente uno de los negociantes más cercanos, opositor a Chávez, me decía todos los días tan pronto abría el negocio:

      -        Señora Mercedes el hombre está perdido. Claramente perdido.

Al principio no entendía a qué hombre se refería:

-         ¿Quién? ¿Quién está perdido?- pregunté en aquella ocasión.

-          Hugo Chávez Frías, el presidente, señora Mercedes.

-        ¿Y por qué está perdido?- tras esta pregunta venía toda una información que hablaba de la decadencia y la pérdida de adeptos del presidente. Como los datos no coincidía con los que yo poseía, le pregunté  por las fuentes de información.  Como respuesta procedió a mostrarme El País, periódico opositor de un famoso periodista venezolano, Poleo y su hija Patricia.

-         ¡Ay! Lo siento. No me sirve. Esa información no me es válida; para mí no es válida.

-          Pero ¿por qué señora Mercedes? ¿Por qué no es válida?

-       Porque está sesgada. Los Poleo, padre e hija, odian a Chávez y en su medio publican lo que desean que suceda, no lo que sucede; confunden la realidad con el deseo, le dije. En estos casos mi amigo comerciante opositor buscaba otras fuentes:

-       También lo dice Nelsón Bocaranda -  se refería a otro famoso periodista de la televisión.

-       Estamos igual- le respondí- Lo que ese hombre diga sobre este  tema está exento de toda imparcialidad.

Atacaba de nuevo:

-     También lo dice Globovisión …- un canal de televisión conocido por sus posturas de oposición acérrimas.

-      En las mismas estamos Edgar. No me sirve. Cada vez me lo pones peor.

-     ¡Ay! ¿Y a usted qué le sirve! ¿De dónde saca usted que Chávez va aganar? ¿Por qué está tan segura?

-      Bueno, primero porque lo dicen las encuestas- le respondí.

-     ¡Ah! No señora Mercedes. Esas encuestas si es verdad que le digo que no sirven.

-     ¿Cómo que no? Ahí tienes Hinterenlaces, Datanálisis…

-     No siga señora Mercedes, esas encuestas están sesgadas como dice usted.

Fue inútil tratar de convencer a Edgar del buen hacer de estas encuestadoras a pesar de que sus dueños son personas afines a la oposición. El dueño de Datanálisis posee además una columna de opinión en uno de los periódicos capitalino menos sospechosos de ser pro Chávez, el conservador El Universal. Pero para todos aquellos opositores viscerales era impensable creer que el líder de la revolución bolivariana de Venezuela pudiese ganar limpiamente las elecciones. Era tal el extremo fervor triunfalista  que existía que se comenzó a gestar un ambiente competitivo y proclive a las apuestas.

Para una personal neutral, que ve los toros desde la barrera, todo esto era poco menos que una especie de locura colectiva y había momentos que me sentía francamente preocupada por aquellas personas con las que tengo relación y que tenían una postura radical frente a los resultados de las elecciones; mayor era mi inquietud en la medida que se veía que claramente su juicio no estaba bien enfocado. Además, a mayor relación afectiva con la persona opositora mayor intranquilidad por el ánimo futuro de la persona, especialmente tomando en cuenta que se enfrentaría con una realidad que había estado negando una y otra vez.

Como una especie de cruzada personal en pro de mis más cercanos y queridos opositores viscerales, traté de hacerles llegar alguna información que les condujese a plantar firmemente sus pies sobre tierra firme. Con algunos de ellos he realizado este trabajo en anteriores ocasiones y tengo que decir que me produjo satisfacción ver que frente al posible resultado de la contienda electoral algunos sí estaban ubicados aunque su animadversión por el presidente reelecto y sus seguidores no había disminuido ni un ápice a pesar de sus esfuerzos por  evitarlo. Es asombroso ver cómo estos esfuerzos provocan, en ocasiones, manifestaciones racionales contradictorias con otras claramente pasionales que desdicen las primeras.

Uno de los comerciantes cercanos a Edgar llegó a proponerme una apuesta sobre el negocio de mis padres: si ganaba Capriles él se quedaría con el negocio de mis padres y si ganaba Chávez yo me quedaría con el suyo. No. Yo no podía apostar lo que no era mío y  aunque yo ganase la apuesta nunca tendría el valor necesario para quitarle  el negocio a otra persona, le dije. Además hablar de ese tema en serio me parecía escandaloso.

Por supuesto, nadie tomó en cuenta  mis palabras y  seguí escuchando montos exorbitantes en apuestas a favor de uno y otro. En un primer momento pensé que todas estas apuestas que se estaban generando a mi alrededor -donde se arriesgaban hasta dos, tres mil o cuatro mil euros- eran algo así como un chiste o una broma.  Era tal mi estado de incredulidad que sólo llegue a aceptar su veracidad cuando después de las elecciones se supo que un ciudadano opositor mató a tiros primero a dos personas y luego arrolló a un grupo de simpatizantes de Chávez, causando la muerte a cinco más e hiriendo a otras cuatro tras perder una fuerte suma de dinero a favor del candidato de la oposición  Henrique Capriles Radonski.

El estado de no aceptación del triunfo del presidente venezolano cruzó fronteras. Una persona perteneciente a la colonia española llegó a decirme que  el mandatario venezolano tenía que haber hecho trampa o haber manipulado los votos dado que durante gran parte de la tarde el periódico español ABC daba como ganador a Capriles. No, le expliqué,  ABC daba como ganador a Capriles en la primera parte de la tarde porque en ABC el periodismo que se hace es muy malo: estaban obrando tal cual lo podía hacer cualquier opositor acérrimo venezolano; daba como ganador a su favorito y si alguien estaba haciendo trampa era el propio ABC que está muy lejos de hacer lo que se llama un periodismo serio.

De hecho yo ya sabía  que ABC había estado dando, durante gran parte de la tarde esta noticia, pues un amigo que le encanta descubrir los  fraudes noticiosos de ABC, estuvo pendiente del periódico durante todo el domingo siete de octubre con la finalidad de ver cómo, una vez más, obraban de forma fraudulenta. Y por supuesto no quedó decepcionado.

Pero ABC no se quedó ahí. Al día siguiente me enteré, por las redes sociales, que la noticia del ciudadano venezolano opositor -que  en un momento de locura había matado a siete personas- ABC la había tergiversado, y el agresor fue transformado  en chavista mientras las víctimas eran de la oposición. Un periodismo de altura; a la altura del estiércol.    

Este amigo, aficionado a “pescar” infraganti a ciertos medios,  me recomendó leer BBC Mundo, la única fuente de información internacional que en esos momentos estaba demostrando cierta honestidad en el tratamiento  informativo de las elecciones venezolanas. Tengo que decir que la propuesta fue acertada y, muy especialmente, me gustó el artículo dedicado al día después, Venezuela y el manual para enfrentar la derrota, que en un principio, dos días antes de las elecciones, estaba dirigido a los perdedores de ambos bandos y más tarde, una vez conocidos los resultados, estaba personalizado en los opositores a Chávez.  Si duda concordaba totalmente con mis observaciones sobre el estado de ánimo de los votantes.

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21 abril 2012 6 21 /04 /abril /2012 02:01

 

FÁBULA DE LA VIOLENCIA VENEZOLANA

DEL SIGLO XXI  EN BUSCA DE AUTOR

 

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 Este año que llevo en Venezuela ha servido, entre otras cosas, para llevarme al pasado de la mano del  Festival Internacional de Teatro de Caracas. En concreto a 1988. Aquel año fue el último  Festival Internacional de Teatro[1] al que asistí en Venezuela. Recuerdo que entonces cerré la temporada como en esta ocasión, con la obra de teatro española, en aquel momento ¡Ay, Carmela![2] y en este 2012 con Calisto.

En 1988 el Festival comenzó un 22 de marzo y terminó un 3 de abril; prácticamente fueron dos semanas de intensa actividad teatral. En este 2012, el FIT comenzó el 29 de marzo y terminó el domingo 8 de abril. Muy poco tiempo para alguien como yo que se encuentra en Venezuela realizando una actividad frenética que no me ha permitido programar mi agenda para asistir a un número determinado de funciones que me hubiese gustado disfrutar.

No obstante, sí estuve presente en Cuando quiero llorar no lloro [3] la violenta “fábula de  tres muchachos venezolanos -Victorino malandro, Victorino guerrillero y Victorino burgués- convertida en la metáfora de un país en construcción donde la continuidad de los procesos sociales siempre se cortan de súbito; la violencia es el arma de los individuos que continuamente tratan de buscar su pasado heroico, el de la independencia, y una constelación de mártires anónimos siempre traicionados por las generaciones siguientes”[4].

Como bien dice Lilia Boscán de Lombardi en su ensayo  “Identidad y literatura venezolana”[5]  la narrativa de Miguel Otero Silva es una unidad histórica que sigue un proceso continuo de la Venezuela del siglo XX y cada relato se sitúa en momentos fundamentales  del discurrir político del país. Ese continuo devenir refleja la sociedad venezolana dando testimonio de momentos cruciales de la historia venezolana.

En Cuando quiero llorar no lloro, Miguel Otero refleja  los años de la guerrilla vividos durante la etapa democrática de los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera. Para el momento en que Miguel Otero edita esta novela ya había escrito Fiebre, publicada en 1939, y cuya trama gira alrededor de la generación del 28. En Fiebre el escritor narra la lucha, la rebelión y las experiencias vividas por él y su generación en las cárceles gomecistas.

En Casas Muertas, Miguel Otero refleja el país rural y atrasado que era Venezuela hasta la aparición del petróleo y Oficina Nº 1, publicada la primera edición en 1961, es la novela del comienzo de otro tiempo, el de la transición entre una sociedad rural y agrícola y la sociedad minera en que se convertirá Venezuela con la explotación petrolera.

Por otra parte, en La muerte de Honorio (1963) trata el caso de cinco detenidos y los vejámenes y torturas en las cárceles durante la dictadura de Pérez Jiménez y, finalmente, en Cuando quiero llorar no lloro, publicada en 1970,  se adentra en la violencia de la década del periodo  democrático en el marco de la IV República.

En esa misma  década  el grupo venezolano de teatro, Rajatabla, bajo la batuta del director argentino Carlos Giménez[6], adaptó para las tablas  Fiebre (1973), Casas Muertas (1987)  y Oficina N° 1 (1992).  

En la primera década del siglo XXI, en concreto en el 2009, Pepe Domínguez B. escenificó Cuando quiero llorar no lloro y los que asistieron a su puesta en escena señalan que la obra no cuajó. La pieza acusaba una falta de teatralidad evidente. Pero, en palabras del crítico de teatro E. A. Moreno Uribe, en este 2012 el director Pepe Domínguez : “con esa  valiosa y plausible tozudez  hispana[7], ha superado de principio a fin las fallas anotadas: hay más y mejores acciones dramáticas, menos narrativa, y la violencia verbal y la física, aunadas a la música y el  baile, se toman la escena de la sede rajatablina para magnificar el discurso escénico y hacer llorar ante la tragedia de esos tres muchachos criollos, quienes son consumidos porque una sociedad que no se apiadó de ellos y los sacrificó”[8].

Lo cierto es que viendo la obra no pude dejar de pensar que la violencia es un hecho que cruza trasnversalmente la historia venezolana. Mientras veía plasmada en escena  la novela de Miguel Otero Silva me preguntaba cómo sería la fábula que se pudiese escribir narrando la violencia que azota a esta  Venezuela de principios de siglo XXI.

Y es que este país, puerta de entrada en el norte del continente suraméricano,   se encuentra en plenos siglo XXI sufriendo día a día el flagelo de la violencia que, aunque es un fenómeno que viene de lejos, ha adquirido un cariz especialmente virulento en el contexto de la Venezuela revolucionaria y polarizada.

Las invasiones perpetradas a la propiedad privada, con total impunidad, parecen estar dirigidas por mafias bien organizadas que semejan tener conexión con diferentes vertientes de la delincuencia común, tales como el narcotráfico o los secuestros exprés. Esto es lo que parece desprenderse  de las noticias de sucesos que plagan las páginas de los diarios.

Esta violencia, reflejada en los medios de comunicación, o la que recorre el país de boca en boca, deja atónitos a los que escuchamos o la leemos; la saña de un ser humano perpetrada contra otro ciudadano es inusitada: cuerpos que aparecen decapitados o simplemente “cosidos” a balazos. Algo que nunca se había visto.

Y lo cierto es que en el  marco de esta revolución bolivariana semeja que un protagonista irrumpió en escena, el lumpemproletariado, masa anónima formada por individuos procedentes de la periferia marginal de la sociedad que bordea la delincuencia y que no tiene nada que perder. Esta figura de la revolución francesa, estudiada por el marxismo,  parece haberse adueñado de las calles y del día a día de los venezolanos, mezclándose con el submundo de la delincuencia, la droga y, con una actitud que raya en la desfachatez, muestra que se pasea por el país con absoluta arbitrariedad e impunidad.

Los más leales seguidores de Chávez reconocen que el líder fracasó en el control de este submundo que amenaza la estabilidad de la población. En vano parecen haber sido las misiones lanzadas para controlar esta ola de intimidación que tiene a la población confinada en sus casas después de las seis de la tarde. Este ambiente de terror espanta y esparce a la clase media que huye en busca de un presente y un futuro más seguro allende la fronteras de su país.

Y mientras Venezuela sigue siendo el destino preferido de los desheredados del mundo civilizado, de aquellos que buscan fortuna al amparo de la bonanza económica petrolera, la clase media criolla huye, cambiando ingresos por mayor seguridad, en pos de una calidad de vida que la actual situación del país no les ofrece. Seguridad ciudadana y  seguridad jurídica es uno de los anhelos de los venezolanos de esta Venezuela del siglo XXI. Y Miguel Otero Silva, ya no está para vivirla, aprehenderla y dejarla plasmada en una novela que sería la continuación de su obra narrativa. Por tanto, se puede decir que la fábula de la violencia venezolana del siglo XXI  anda en busca de autor.

 



[1] El Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITC) es un evento cultural multinacional realizado en la capital de Venezuela  y otras ciudades desde 1973. Fue creado por el director de teatro Carlos Giménez con el apoyo del Ateneo de Caracas. Oficialmente se considera bienal, pero su programación ha sido alterada en varias ocasiones. En las dos semanas que  usualmente dura el festival, los grupos musicales, de teatro, danza y circenses invitados se presentan en instalaciones o sitios al aire libre seleccionados para el evento y cuyo eje es el Complejo Cultural Teresa Carreño. Desde su creación, el FITC se ha convertido en uno de los festivales más importantes del teatro mundial.

[2] ¡Ay Carmela! es una obra de teatro con dos actores de José  Sanchis  Sinisterra.  En 1988 fueron encarnados  por Verónica Forqué y José Luis Gómez.

[3] La novelística de Miguel Otero Silva fascinó a Carlos Giménez y este optó por teatralizar con su grupon Rajatabla. Giménez decía que ningún otro escritor criollo había logrado captar las claves de la Venezuela moderna y la esencia de su irredento pueblo.

[4].Moreno-Uribe,E.A, El espectador Venezolano, marzo abril,2012:http://elespectadorvenezolano.blogspot.com/

[5] Revista de Artes y Humanidades UNICA / Año 9 Nº 21 Enero-Abril 2008.

[6] Carlos Jiménez creía que ningún otro escritor criollo había logrado captar las claves de la Venezuela moderna y la esencia de su irredento pueblo como sí lo había conseguido Miguel Otero Silva.

[7] En realidad Uribe debería haber dicho: “con esa  valiosa y plausible tozudez  gallega…” ya que José Domínguez, nombre por el cual  lo conozco de los años de universidad, es nacido en Caballiño, un pueblo de Orense, en Galicia.

[8] Moreno-Uribe,E.A, Ob. Cit.

[9]

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15 marzo 2012 4 15 /03 /marzo /2012 01:08

 

 

HABLANDO DE CORRUPCIÓN EN LOS

  ORGANISMOS PÚBLICOS VENEZOLANOS

 

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Desde que estoy en Venezuela por doquier escucho señalar que los organismos públicos venezolanos son corruptos e incompetentes en grado extremo. Dado que ya llevo en el país nueve meses, la mayoría de los cuales me he visto inmersa en el papeleo de los organismos públicos me siento capacitada para emitir mi propia opinión. Todo ello con el objetivo de seguir en la línea de “AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR”.

Dado que por doquier existe ese rumor de la ineficacia de los organismos públicos venezolanos algunos amigos, con las mejores intenciones, me imagino, me remitieron a uno que otro “gestor” de trámites con la administración pública. Como quería ahorrar tiempo y trabajo, acepté la oferta.

Por ello y a pesar de que mis alarmas comenzaron a funcionar sino al primer golpe de vista, si al segundo, ofrecí, como siempre, la oportunidad a aquellos que se me habían acercado tal como me enseñaron. Pero dadas mis sospechas sometí a verificación cada una de las explicaciones de estos "gestores", lo que terminó de confirmar mis primeras ideas.

El tiempo me desmotró que estás personas que se dedican a esta labor de "gestores" entre particulares y los entes públicos venezolanos tienden a inventar historias y desprestigiar a los organismos estatales con el único objetivo de ver cómo consiguen sacarle más dinero al cliente que tienen delante de ellos.

Una vez constatada mis primeras impresiones decidí dirigirme personalmente a las organismos competentes y deshacerme de dichos “gestores” de la forma más prudente y correcta posible (confieso que no siempre).

El resultado fue que al apersonarme en las entidades correspondientes me he encontrado, en más de una ocasión, gratamente sorprendida: hay que hacer algunas veces largas colas, desde las primeras horas de la mañana, a veces desde las cinco o las seis, pero tengo que admitir que se ve, en todas partes, un esfuerzo por mejorar el servicio al ciudadano. Además, muchos de los empleados que están atendiendo a los usuarios me han disipado una creencia que tenía desde hacía veinte años y que estaba fehacientemente aceptada por toda la población que conocí en aquel momento: los venezolanos no saben ser serviciales.

Me he sentido no solamente bien tratada por muchas de las personas que me han atendido. Debo especificar que especialmente mujeres, tanto en la Prefectura de San Juan, que queda en San Martín, como en El Registro General que queda en la avenida Urdaneta o en las oficinas de FOGADE, tanto las que se encuentran en el centro cerca de la Plaza Bolívar como las que quedan en La Castellana; lo mismo tengo que decir de las dependencias del Seguro Social ubicadas en Parque Central. Igualmente me ocurrió en los servicios de Extranjería que se ubicados en el Centro Simón Bolívar.

Por ello, tras mi experiencia durante estos nueve meses, tengo admitir que he percibido una acción destinada a luchar contra la corrupción que no sólo viene desde dentro de dichos organismos sino que es impulsada desde afuera por desaprensivos que desean encontrar cualquier oportunidad para conseguir dinero fácil. Y es que los que buscan el dinero fácil en Venezuela, son, lamentablemente, muchos.

En la medida que se les siga impidiendo actuar de esa manera, en esa medida irán disminuyendo. Aunque hay que destacar que no sólo es responsabilidad de la administración luchar contra este tipo de actuaciones sino que también es deber de los ciudadanos no alimentarla creyendo a estos estafadores que se hacen llamar gestores.

También es cierto que me he encontrado con irregularidades evidentes, como, por ejemplo, la desaparición de más de 180 registros de nacimiento del año 1962, tanto del Registro General como del especifico, en este caso de la Parroquia San Juan. O por ejemplo, que la cédula de mi madre aparece registrada en el SAIME con otro nombre totalmente diferente al de ella, el de una señora procedente de Italia. ¿Desde cuándo? Ni idea. ¿Y cómo ha podido ocurrir esto? Tampoco se sabe. En estos momentos están investigando esta circunstancia.

Recientemente, un amigo viendo por todos los sinsabores que estoy pasando con el arreglo de estas tramitaciones legales me decía: necesitas ayuda. Y yo, casi a gritos, le dije: ¡NO, POR FAVOR! Te lo agradezco, pero no, MUCHAS GRACIAS. Deja que siga por mi cuenta. Y es que, sinceramente, aquellos amigos que me han querido ayudar recomendándome a alguien como gestor no han hecho más que, con sus buenas intenciones, meterme en enredos sin fin de "personajes" inescrupulosos.

Sin duda estos individuos obran de esta manera porque existen personas que les creen sus mentiras y les alimentan a seguir en este camino. Pero para creer a estos "señores" no sólo hay que ser persona de mucha fe, sino que, además, es necesario tener una cartera dispuesta a ser muy generosa. Confieso adolezco de ambas cosas.

 

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5 agosto 2009 3 05 /08 /agosto /2009 08:04

 

 

 

 

Los invisibles de la sociedad venezolana

 

 

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 Manifestaciones en Caracas de la oposición

 

Cuando llegué a Venezuela me reuní  con muchos amigos, todos ellos profesionales de la comunicación y la formación, ya por su trabajo como periodistas, escritores o profesores universitarios. Todos ellos, por supuesto, forman parte de esa oposición que enfrenta a Chávez, pero alejados, en su mayoría de esa oposición  encerrada en su cerrazón de visión unidimensional e histérica.  

Es gente que tiene una visión diferente y que, al mismo tiempo, mientras trabaja haciendo oposición a ciertas decisiones de Chávez, critica, sufre y padece a esa oposición ciega e inmersa en una ignorancia tan grave como la que atribuyen a los chavistas. Una de estas personas es Argelia. 

Argelia, periodista, de una familia adeca de toda la vida, decidió en su día ser seguidora del partido Movimiento al Socialismo (MAS) y para más señas, ferviente seguidora de José Vicente Rangel, su fundador. Fue su admiradora hasta que José Vicente le dio su apoyo a Chávez…

Argelia, sorprendida, a sus 55 años, se encuentra inmersa en una lucha que jamás imaginó; después de pasar su juventud participando en marchas por lograr una mayor igualdad social, de escribir y denunciar durante décadas, en la medida de sus posibilidades, lo que ella creía que era injusto, se encuentra nuevamente participando en marchas contra el gobierno actual de su país a pesar de que este se declara de izquierdas, la ideología que ha esgrimido toda su vida.

Pero Argelia está muy enfadada y su enfado no está sólo provocado por el gobierno de Chávez, a quien le reprocha muchísimas cosas entre las que están seguir los lineamientos de unos asesores que ignoran la caída del Muro de Berlin, los cambios producidos en la Unión Soviética, en la misma China y el fracaso de un modelo comunista que demostró que no funciona. Su enfado está provocado también por la oposición: su ceguera, su torpeza le asombran, le abruman  y le preocupan profundamente.

Argelia ve, como esta oposición aún hoy en día, sigue ciega ante esas necesidades del pueblo que ella tantas veces denunció y, sí creía que en el pasado el país había cometido errores, ahora ve que esos errores se  profundizan: para ella la oposición desconoce al pueblo y sus deseos, y como ella misma dice, “estos carajos nos van a condenar a soportar largamente a Chávez o, o lo que es peor, van a conseguir que el odio entre estas dos Venezuela, que ahora se ve claramente que existe, se enquiste y dure décadas y décadas como ha ocurrido en otros países”.

Comenta que la clase media y alta venezolana siguen ya no sólo desconociendo al 80% del país conformados por los desposeídos y marginales, los invisibles de la sociedad venezolana, que le han dado su apoyo a Chávez”.  Cuando le ha tocado hablar delante de un grupo de amigos sobre “una clase oculta”, término por ella escuchado por primera vez en una conferencia, a las que suele asistir para comprender mejor lo que pasa en el país, una de sus amigas cercanas ha saltado gritando: esa clase oculta son todos los extranjeros que ha traído Chávez a este país, dejando a Argelia con la boca abierta y haciendo que repita una y otra vez en sus comentarios esta experiencia. ¡Imagínense lo ciega que está nuestra oposición en Venezuela!  ¿Esta es nuestra oposición? ¿Esta gente es la que forma la oposición? ¿Esta cantidad de necios e ignorantes que son capaces de creerse las mentiras más inverosímiles con tal de no ver la realidad?  Su consternación y tristeza es inmensa. ¿A dónde vamos a ir por este camino? , se pregunta. ¡Al desastre seguro! 

 
A pesar de esto sigue participando en cuanta marcha se presenta de la oposición. Cuenta como en una ocasión participó en una que se iba a encontrar con otra del gobierno. La del gobierno siguió a sus anchas mientras la de la oposición fue dispersada con bombas lacrimógenas. Recordando cuando en su época de liceo sufría las mismas consecuencias, en las manifestaciones estudiantiles, Argelia, se salió de esta marcha, diciéndose, que ya no estaba para estos trotes.

 

De regreso vio como muchos compañeros de marcha hacían lo propio, mientras en el camino se veía un grupo de chavistas rezagados, sentados, hablando tranquilamente entre ellos. Y ahí fue cuando, nuevamente, Argelia sintió que la sangre se le agolpaba de rabia en la cara: el grupo de desertores de las bombas lacrimógenas de la marcha de la oposición daba un rodeo para evitar a este grupo de rezagados de la marcha pro gubernamental. ¡Son el colmo, pensó!

Ella siguió su camino, pasando al lado del grupo de rezagados de la marcha contraria, lo que hizo que éstos se animaran a preguntarle qué había pasado, cómo iban las marchas: nos están dispersando, le dijo ella. El grupo se sintió  con el deber de disculparse con Argelia: "perdone señora, nosotros sabíamos que estos iba a pasar y por eso nos quedamos rezagados, no queríamos enfrentamientos". "No, si no hay enfrentamiento entre las dos marchas", les aclaro Argelia; "la de ustedes sigue tranquilamente su camino, pero la de la oposición, la nuestra, es la que está siendo dispersada con   bombas lacrimógenas".

Nuevamente el grupo se sintió en la necesidad de disculparse o justificarse; entonces Argelia sintió la necesidad también de justificarse y explicarse: "tranquilos. Yo no los condeno por su posición. Ustedes tienen la libertad de estar en el bando que consideren. Eso fue lo que aprendí en la Venezuela que yo defiendo. Pero recuerden, a lo mejor dentro de unos años ni ustedes ni sus hijos van a tener esa libertad que yo tuve cuando era joven. ¡Ojalá me equivoque! Pero lo que está pasando hoy no dice eso. No olvidemos que lo que nos jugamos en esta actual Venezuela es mucho: ¡la libertad de cada venezolano de pensar lo que quiera y de posicionarse con las ideas  que considere! ".  

Con esto último Argelia se alejó, pensando, que, posiblemente, parecía ser la única que recordaba a esa Venezuela. La actitud de  sus compañeros de manifestación no parecían  tomar esta máxima en cuenta mientras condenaban a los que apoyaban al gobierno y, por su parte, el gobierno, al dispersar la manifestación de la oposición, tampoco.  Tantos años de esfuerzo para descubrir que la final parecían inútiles: todo se ha quedado en palabras; retórica pura. "¡Qué lástima!", piensa, mientras se aleja.

 

 

 

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