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28 diciembre 2012 5 28 /12 /diciembre /2012 01:03

JUANSITO:

HUMILDE MÚSICO DE FIGURA DIFUMINADA

 

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               Dos momentos diferentes de reuniones con la familia política en el pueblo.


En estos días ha surgido un intercambio de  comentarios e ideas, a propósito de mi blog, con un amigo de la red social de facebook que es profesor de literatura. Todo afloró a partir de una serie de observaciones sobre las relaciones que solemos mantener con nuestra familia política y, muy especialmente, con los cuñados y cuñadas.

Algunas acotaciones aisladas hicieron que mi interlocutor visualizase una veta humorística en mi relato, el cual versaba sobre el silencio impuesto y autoimpuesto por la imposibilidad de tratar ciertos temas en el ámbito doméstico, relacionados sesgadamente con la faceta profesional de la cual uno se siente incapaz de detraerse totalmente  y que, sin proponérselo, salpica nuestra cotidianidad.

Este es por ejemplo mi caso en el cual resalta el hecho de que, según me han comentado, plago, sin querer, la conversación de vocablos poco usuales en el lenguaje coloquial. Si se añade que además leo mucho sobre múltiples temas, pero muy especialmente sobre economía, la situación adquiere visos de un muro que se interpone en la comunicación con el común de muchas personas.

Esta ha sido la situación con mi familia política, especialmente, con las cuñadas, con algunas de las madres de los amigos de mis hijos, e, incluso, con primas hermanas, tíos y tías. Por supuesto, la consecuencia es que, en la medida que es posible, estas personas me evitan. También tengo que admitir que por mi parte, siempre que puedo, soslayo los encuentros.

Sin embargo, mientras esto es fácil de realizar con personas que forman parte del ámbito social normal, no lo es cuando uno se encuentra en el entorno familiar. Siendo el roce obligatorio, por convenciones sociales que fuerzan a asistir a ciertas reuniones o ser el anfitrión  en determinados momentos, los choques surgen sin querer. En estos contextos las diferencias se agrandan, creando un ambiente difícil que alguna de las partes tiene que sobrellevar, ya sea por mayor comprensión de la situación, ya sea por cierta experticia en el manejo de encuentros incómodos.

La capacidad de adaptación, me imagino que adquirida a fuerza de uno verse obligado a encajar en países diferentes, ambientes diferentes, me han procurado una adecuada soltura en el manejo de semejantes situaciones: el sentido común indica que escuchar mucho y hablar poco es una estrategia muy efectiva. Y cuando el lado contrario no tiene ninguna tendencia a escuchar es muy, pero que muy fácil de aplicar.

Esta ha sido mi experiencia en la mayoría de mis relaciones, en algunas circunstancias con familiares directos y en otras con familiares políticos. Es fácil imaginarse que los encuentros con familiares políticos son los más usuales por ineludible cumplimiento. En mi caso, como en el de la mayoría, ha sido así. El choque de puntos de vista, la confrontación de estilos y modos de vida ha sido una constante en mis relaciones con mis cuñados y resto de familiares políticos.

Por ello siempre me ha acompañado, en estas situaciones, un silencio sepulcral aún cuando tengo que reconocer que más bien soy una persona bastante locuaz. Esto ha provocado que en mi memoria quedasen registrados ciertos recuerdos donde los que me rodean mantienen un diálogo a viva voz que lo acompaña, por mi parte, un monólogo  interior.

Esto fue lo que sucedió en una reunión con mis cuñados a principio de los años noventa. Era la época de la Expo de Sevilla. La hermana mayor de mi marido, ex monja y enfermera de profesión, había acudido a visitar la exposición. A mi cuñada, que es soltera, le encanta viajar y en ese momento había regresado, como es fácil suponer,  encantada con la Exposición Universal de Sevilla.

No recuerdo con qué motivo se realizó el encuentro, pero el caso es que estábamos todos alrededor de la mesa. Hoy en día no soy capaz de visualizar a los comensales en su totalidad, pero sin embargo, la imagen de las dos cuñadas intercambiando impresiones sobre el viaje es totalmente nítida como también lo es el recuerdo de los sentimientos que me  provocó dicho  diálogo.

Debo aclarar que la cuñada mayor es una persona muy impresionable por los altos cargos públicos y personajes de relevancia. La otra hermana, la menor, posee un carácter sumamente pragmático, tanto que a pesar de haber estado ella también en el noviciado lo abandonó por cuanto, según me confesó, no llegó a enterarse de que iba eso de la vocación religiosa. Y es que para el tema vocacional es necesario aplicar una cierta dosis de imaginación, mucho más si la vocación está relacionada con el tema religioso. Pero lo cierto es que una de las características de   mi cuñada no es precisamente la de ser especialmente imaginativa.

Su paso por el noviciado le dejó más bien una sensación de desarraigo de la tierra chica que la siguió el resto de su vida. A pesar de que su desarraigo luego se combinó con  una cierta sensación de no puedo vivir en mi pueblo pero tampoco sin él, siguió apegada a su tierra, sus hombres y mujeres, así como su paisaje y sus casas. Esto provoca que cada vez que puede realiza una escapada con su familia para estar en ese entorno alrededor del cual giran sus intereses.

En el caso de la hermana mayor, el desarraigo es mucho más tenue. Esta hermana que sí posee una vívida imaginación, la concentró, sin embargo, en su interés por los grandes eventos y escenarios, así como por sus personajes, especialmente individuos de la nobleza, autoridades políticas y religiosas.

En concreto el día de la comida en común la cuñada que había visitado la expo  comenzó el relato de su visita a tenor de las preguntas que le hacían los presentes. Tengo que admitir que todos estábamos expectantes ante su narración, por cuanto ninguno había tenido, a esas alturas,  oportunidad de visitar la exposición.

Lo que recuerdo es que el relato de la cuñada encalló muy pronto en la apertura del pabellón de  la autonomía de Navarra, tierra en la que estábamos; en dicha apertura habían estado, por supuesto, los representantes políticos y religiosos de esta comunidad autónoma. Sin duda, el evento captó toda su atención por cuanto la descripción era prolífica en el recuento de personajes asistentes, sus respectivas vestimentas, así como sus actuaciones.

Mi primigenia curiosidad se tornó, repentinamente, en terror: “¡Oh, no! ¿Íbamos a tener que escuchar pacientemente el recuento de ese nutrido grupo de personajes  con todos los detalles de sus vestimentas y gestos?” Súbitamente, mi imaginación, que tengo que admitir que tiende a ser muy fértil, se llenó de orondas figuras masculinas, muchas de ellas vestidas con  ropajes púrpura y faldones. Sus cabezas estaban coronadas por diversos sombreros puntiagudos, y llegué hasta a visualizar sus regordetas manos sosteniendo algún libro sagrado o misal, mientras blandían un incensario bendiciendo el pabellón navarro. A su alrededor otras actores vestidos de traje negro o azul marino, no menos orondos, terminaban de enmarcar la escena.

Lo cierto es que el fructífero cuadro que provocaban las descripciones de mi cuñada   me sumieron en un pavor indescriptible: “¿cuánto tiempo duraría aquel relato?” Afortunadamente la cuñada menor tenía la confianza y la asertividad suficiente para interrumpir a su hermana y decirle:

-  ¿Nos vas a tener aquí toda la comida contándonos la inauguración del pabellón de Navarra y describiéndonos los gestos y vestidos de unas personas que no nos interesan lo más mínimo?

Recuerdo haber exhalado un suspiro de alivio. Y de repente mi imaginación se vio sacudida por otra intervención de la hermana menor:

-    ¿No tienes nada más interesante qué contarnos? ¿No viste a Juansito?

-   ¿Juansito? – repitió con expresión contrariada y aburrida la hermana mayor.   

“¡Oh, sí, sí!”, me decía mentalmente:“Juansito,sí, Juansito” mientras aquella escena llena de rollizos personajes con vestiduras púrpuras se desvanecía y era  sustituida por la silueta de un hombre delgado, con  pantalón negro, chaleco del mismo color sobre una camisa blanca y con una gorrita al estilo vasco. Esperaba yo detalles de aquel nuevo ejecutante introducido por mi cuñada: “¿era Juansito un vecino del pueblo?" El nombre ya arrojaba algunos datos en esta dirección. Evidentemente estas aclaraciones no eran necesarias para la hermana mayor quién las obvió totalmente:

-         ¿Viajó a la expo Juansito? - preguntó.    

-        Sí, estaba en la comitiva del gobierno navarro. Formaba parte de uno de los grupos de música que iba a participar en la apertura del pabellón de Navarra- le explicó la enterada hermana menor.           

-        Pues no, no me lo encontré.           

-      Pero ¿cómo puedes estar presente en la apertura del pabellón navarro y no encontrarte con Juansito?

Inesperadamente mi afán de conocer más detalles sobre el nuevo tema de conversación se transformó en perplejidad: “¿tan difícil era imaginar que no coincidieron?  ¿Qué pregunta era aquella?”

-    Pues chica, no, no me lo encontré – replicaba la hermana mayor.                    

-    Entonces ¿a qué fuiste?

“¡De visita turística! ¿Era necesaria la aclaración del objetivo del viaje?”, encontré preguntándome mentalmente.

-         Deja a Juansito tranquilo ¿o acaso Juansito era lo único que se podía ver en la expo? - replicó enfadada  la hermana turista.

Buena observación, pensé. Pero la verdad,  entre los obispos y compañía, de escoger, me quedaba con Juansito. ¿En algún momento podía yo enterarme de quién era? ¿Qué instrumento tocaba? ¿Cómo es que se encontraba en la comitiva de la inauguración del pabellón Navarro? ¿Era músico profesional o amateur? ¿Era estudiado o autodidacta? Las preguntas se acumulaban en mi mente sin ver salida y mucho menos respuesta.

El caso es que la conversación sobre la exposición de Sevilla quedó truncada. Me admiré de no enterarme de nada, excepto del boato de la inauguración del pabellón de Navarra y la sorpresiva presencia de un Juansito fantasma que la hermana mayor jamás vio. Lo curioso, además, era el giro que había adquirido el tema entre las dos hermanas suscitando una discusión tonta por motivos aún más tontos.

Recuerdo que le comenté el evento con sorpresa a mi marido: “¡Bah! Cosas que pasan en familia”, me dijo. “¡Ah!”, pensé, “debe ser eso. Debe ser que no estoy acostumbrada a estos encuentros familiares multitudinarios. Sí, posiblemente era eso: había crecido en una familia mononuclear, lejos de tíos y primos,  y por ello no tenía yo experiencia de esos intercambios comunicacionales absurdos y sorpresivos que no llevaban a ninguna parte excepto a un dique seco con peligro de explosionar por un petardo tirado sin intención. Sí, eso debía ser”.

El caso es que todavía hoy en día el personaje de Juansito, como el de aquel Juan Panadero, de las coplas del poeta gaditano Rafael Alberti, repiquetea en mi imaginación con todas las interrogantes que le rodean. Veinte años, prácticamente, acudiendo de visita al pueblo, y participando en reuniones familiares, no fueron capaces de despejar las preguntas que en torno a este personaje surgieron en aquella extraña conversación de sobremesa en familia.

Es tal el alo de misterio que rodea a este humilde personaje en mi imaginación, que no dejo de relacionarlo  con coplas y poetas, como representante genuino del pueblo: Juansito el músico, quizás autodidacta, que tuvo la ventura de estar en representación de todo su pueblo en uno de sus más importantes eventos. Posiblemente olvidado y poco reconocido; lástima de no poseer voz de poeta para dar a este humilde músico forma a su difuminada figura que un día irrumpió en mis pensamientos para quedarse en ellos. ¡Lástima!

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27 diciembre 2012 4 27 /12 /diciembre /2012 00:17

 

EL FACTOR SUERTE O  PUNTO DE PARTIDO


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En estos días de Navidad, previos a la Nochebuena, un amigo de la red social Facebook comenzó a percatarse de una nueva modalidad de esta herramienta de comunicación en el nivel del estado personal. Dicha modalidad consistía en preguntar ¿cómo te encuentras? en lugar del acostumbrado ¿qué estás pensando?

Dicha pregunta le provocó cosquillas en la imaginación al  amigo, el cual le contestó literalmente: “¡Bien, gracias! (salao, que estás que te sales preguntón). Todo ello llevó a la consabida retahíla de comentarios del resto de participantes de su red que llamaron mi atención.

Mientras en twitter  una de las personas que sigo, y me sigue, una mujer española, posiblemente navarra o vasca, por su nombre, Izaskun, y por la ciudad del premio, publicaba la siguiente entrada: “Al primero que consiga no discutir con sus cuñados esta noche, le regalo un finde en Pamplonalo que provocó que yo participase en Facebook con el siguiente párrafo: (el facebook) “Debería preguntar cómo están tus cuñados esta noche y respondería Izaskun Martinez...que parece que la Nochebuena no es buena para sus relaciones con familiares políticos”.

Todo ello dio pie para que el que abrió la cadena  de manifestaciones  y yo nos enzarzásemos en una serie de observaciones a propósito de los cuñados, donde salió a relucir mi sempiterna incomunicación con mi familia política por “problemas” de comprensión lingüística: vocablos muy rebuscados, propios de una periodista acostumbrada a hablar de temas ajenos al común de los mortales.

Mi interlocutor  se sintió aludido y mostró su acuerdo en referencia al tema de vocablos, señalando que posiblemente mi experiencia podría traer a colación una nueva entrada de mi blog con esta curiosa vivencia familiar. Ello me reconvino a meditar sobre el tema, y a colación de cómo anda el patio de la mujeres políticas del PP (y hombres también) últimamente, vino a mi mente un recuerdo familiar no con mis cuñadas pero sí con una de sus primas hermanas.

Era tiempo en que no había nacido todavía mi segundo hijo; teníamos mi marido y yo una hipoteca y el primero de nuestros vástagos. Solíamos ir a su pueblo los días festivos  y fines de semana largos donde se encontraba la familia al completo.

En aquella época unos primos hermanos de mi marido se encontraban en el difícil trance de velar por su madre enferma de alzheimer, para lo cual solían turnarse. Ello ocasionaba que cada vez que llegábamos estaba uno o dos  primos diferentes a la última vez.

En una de las ocasiones se encontraba una de las primas, enfermera de profesión, casada con el dueño de  una empresa mediana de unos treinta empleados, presidente de la Cámara de Comercio de su localidad y militante activo del PP. Ella por su profesión era funcionaria y además militante del PSOE y, en aquel momento, concejala en el ayuntamiento de su localidad.

Para enmarcar el contexto político tengo que decir que estábamos en el inicio de la legislatura del PP con José María Aznar como presidente de España. Recuerdo de aquel tiempo que su gobierno  había congelado el aumento anual según el IPC del salario de los funcionarios, al mismo tiempo que la entrada en el euro había permitido un descenso en los tipos de interés desde un 13% (que era el de la hipoteca de mi casa) hasta más de la mitad. Ello significó, en términos reales, un ahorro de más del 50% del dinero destinado a pagar la hipoteca, lo que vino a ser como una especie de ingreso inesperado.

El caso es que la prima de mis cuñadas se encontraba en aquel fin de semana en la tesitura de encargarse de su madre enferma. Una de las tareas rutinarias de los hermanos en estos días era la de hacer caminar a su madre para evitar que engordase demasiado por la excesiva ingesta de alimentos, uno de los problemas de este tipo de enfermos.

Para ello, cuando se encontraban a su cuidado, solían salir desde el pueblo caminando hacía una ermita que se encuentra al pie de una montaña justo enfrente de la villa. Creo recordar que el paseo es de más o menos unos tres kilómetros. contando la ida y el regreso. Y en esta ocasión la prima enfermera de mis cuñadas se aprestaba a iniciar la ascensión con su madre cuando yo me ofrecí para acompañarla.

Durante  el trayecto esta prima comenzó a hablar del pésimo gobierno de José María Aznar, de su discutible decisión de congelación del aumento de los salarios a los funcionarios y el encarecimiento de la vida. La verdad es que yo no coincidía en aquel momento con su visión a pesar de ser contraria al PP y, más aún, al propio Aznar; me encontraba demasiado contenta por la bajada de los intereses de la hipoteca de mi casa y por ende, del monto mensual destinado a estos efectos. Para mi familia había sido como si nos hubiesen realizado un aumento de salario más que generoso.

En estas circunstancias tampoco me sentía particularmente afectada por el aumento de ningún insumo, lo que me llevó, dentro de mi sorpresa por la radical diferencia en la visión del escenario circundante, a preguntarle cuál o cuáles eran los aumentos de costos a los que se refería. No recuerdo claramente cuáles fueron los que mencionó en detalle, pero sí tengo presente uno de ellos muy nítidamente: el de la peluquería. “¡Ah!”, recuerdo que respondí escuetamente. Mi lacónica respuesta fue acompañada del ligero parpadeo que se acostumbra en estas situaciones.

Desde luego no era la peluquería un bien esencial que yo considerase digno de tomar en cuenta por su costo. Pensé que en todo caso que éste debía ser preocupación de una persona que estaba acostumbrada a recurrir a estos servicios regularmente, hecho que se me antojaba no compartía en ese momento, menos ahora, la mayoría de la población femenina española.

Lo cierto es que, como ya dije, la tesitura normal en el devenir de mis relaciones con mi familia política estaba caracterizada por el mutismo con el que asistía a las reuniones y este paseo no fue una excepción. Mi acompañamiento se tradujo en una activa y pasiva escucha donde intervenía para obtener ciertas aclaraciones a mis perplejas reacciones.

El caso es que el contexto total de la situación de la prima política me quedó totalmente claro cuando regresamos a casa y nos encontramos con su hermano, abogado de profesión, militante del PSOE, funcionario y también político activo dentro de la formación en la que militaba.

Durante la comida mencionamos algunos de los temas tratados durante el paseo y nuevamente la prima sacó a colación sus quejas por la situación económica con el nuevo gobierno, la congelación del aumento de salarios de los funcionarios y los altos costos de algunos bienes y servicios. Ante todos estos comentarios la respuesta de su hermano fue:

-          Cómo se nota que no tienes hipoteca.

 Ante esta respuesta su hermana le interrogo:

-          ¿Pues?

-        Si tuvieses hipoteca ahora habrías visto como se te ha reducido a la mitad y cómo éste es un ingreso adicional inesperado. ¡Qué me importa  como funcionario que me congelen el salario si este ingreso inesperado me aporta un poder adquisitivo que no tenía!

Y ahí fue donde quedó claro el por qué de la particular visión de la prima política: no tenía hipoteca y ni sabía lo qué era.

Posteriormente, en casa a solas, recordando este paseo, no podía dejar de pensar en la mala suerte de la prima; sin duda y a mi parecer,  si en el poder en lugar del PP estuviese el PSOE y en lugar de ella ser militante activa del PSOE fuese del PP, hubiese tenido a toda una ristra de señoras y señoronas acompañándola en  su reivindicación por unos precios más justos para los servicios de peluquería.

Pero ete aquí que parecía estar en el lugar equivocado, en la situación errónea y el momento menos propicio…La verdad es que yo me reía sola imaginándome a un grupo numeroso de señoras de pelo rubio y moño protestando por el costo de los servicios de peluquería por las calles de Logroño o Pamplona.

Y este recuerdo me aclara que, sin duda, la superficialidad en política no es característica única de los señores y señoras del PP de Rajoy en esta legislatura. Como bien lo dejó demostrado primero la prima política, y recientemente la socialista María Antonia Trujillo con su aportación al debate sobre el drama de los desahucios y la necesidad de modificar la legislación hipotecaria para proteger a los deudores de los bancos.

Trujillo, que fue ministra de Vivienda en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero (entre 2004 y 2007) y diputada del PSOE hasta hace un año, expresó su teoría en la red social Twitter: “"El que tenga deudas, que las pague. Que no se hubiera endeudado". Y es que muy posiblemente Trujillo, profesora de Derecho Constitucional, y militante del PSOE comparte con la prima de mis cuñadas que nunca tuvo hipoteca y no sabe qué es eso.

Por ello, me imagino, tampoco entienden lo que es la “mala o buena suerte” en un determinado momento económico como si bien la percibe quien la vive, como fue  mi caso personal y el del primo abogado de mis cuñados. Sin duda ambos tuvimos la enorme fortuna de vivir un buen momento para pasar esta etapa de la vida. No quisiera saber lo que sería estar viviendo aquel momento en la actual situación económica. Como decía Woody Allen en su película Match Point: a veces el factor suerte consiste en qué lado de la red cae la pelota. En nuestro caso, y de todos los que estaban en esta situación en aquel momento,  el descenso de los intereses hipotecarios fue un punto de partido, sin ninguna duda.

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24 diciembre 2012 1 24 /12 /diciembre /2012 22:14

 

¡CUIDADO CON EL CUENTO DE LA HORMIGUITA!

      
     
  

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Hace unos meses un excompañero de bachillerato, odontólogo de profesión, con una situación personal más que holgada según entiendo, me envió a mi correo el cuento de la hormiguita en versión española. Los lectores recordarán  este cuento clásico que relata cómo la hormiga trabaja a brazo partido todo el verano bajo un calor aplastante, construye su casa y se aprovisiona de víveres para el invierno, mientras la cigarra piensa que es tonta y se pasa el verano de fiesta, bailando y cantando.
 Mi excompañero me pasaba un correo masivo con la versión revisada del cuento a “la española”, me imagino que a tenor de que algún español o española se lo hizo llegar, puesto que mi excompañero es de origen sueco, vive en Venezuela y su única vinculación con España, que yo sepa, es que estudió en un colegio en Venezuela dirigido por profesoras españolas y donde se impartía también bachillerato español.

En este caso la nueva versión era como sigue: “cuando llega el invierno, la hormiga se refugia en su casita donde tiene todo lo que le hace falta hasta la primavera. Un día, tiritando a la salida de un bar de copas, la cigarra organiza con la Sexta una rueda de prensa en la que se pregunta ¿por qué la hormiga tiene derecho a vivienda y comida cuando quiere, mientras ella tiene frío y hambre?”

La  verdad que no merece la pena reseñar el resto del cuento. Yo misma en aquel momento tampoco lo seguí leyendo. La verdad es que lo que había leído era suficiente para que pudiese visualizar que la historia  era una interpretación bastante simple de la actual crisis económica mundial debido a la falta de conocimientos necesarios, en este caso de economía, para poder entenderla en toda su dramática dimensión financiera y humana.

Mi excompañero no es el único profesional universitario que se encuentra en esta situación. Entiendo que tener un nivel académico alto puede acarrear que se exija a la persona que lo detenta un nivel cultural suficiente incluso para entender de economía. Pero la realidad es que, aún cuando los ciudadanos deberíamos estar más informados en temas de economía, lo cierto es que no es así independientemente del nivel académico que se tenga.

Dicen algunos economistas que muchos de sus colegas se empeñan en difundir que la economía es una ciencia exacta y que tratan de hacer de ella un galimatías con el objetivo de poder engañar mejor a los ciudadanos en virtud de cumplir con unos objetivos inconfesables y poco trasparentes por lo que en sí conllevan de engaño y latrocinio de las arcas privadas y públicas.  Y sin duda tienen razón los que esto afirman. Por su parte los  que perpetran el engaño con fines avariciosos  de enriquecer a unos pocos  descollan, sin duda, por su exitosa gestión.

Lo cierto es que en el momento que recibí el correo de mi excompañero de bachillerato  le contesté con una “versión revisada” de la actualización del cuento de la hormiguita. En este caso la “versión revisada” era producto de mi cosecha personal. Y decía así:

“La verdadera actualización de este cuento nos dice que la hormiga guarda sus granitos en una entidad bancaria que juega con ellos a la ruleta rusa con productos financieros estructurados como los hedge funds en los que pululan productos tóxicos, tales como los que compran créditos sub-prime estadounidenses, o los de las compañías de seguros que emiten derivados de crédito para cubrir riesgos financieros faraónicos que no tienen medio de asumir, pero que les permite quedarse con comisiones jugosas. Hay que añadir las  acciones en bolsa de valores de alto riego y otros productos que la pobre hormiga desconoce tales como  los “pagarés” de un banco o las “preferentes”.

Estos "almacenes entidades financieras" en ese juego pierden todos los granos de la hormiga y muchas otros y por esa razón tienen que pedir a los gobiernos que les reponga los granos "perdidos" en los "productos tóxicos". Una vez que los gobiernos le han "prestado los granos" a las entidades financieras con un 1% de interés, (un grano de devolución, tal como hace el BCE al resto de los bancos europeos en crisis ), las entidades financieras le prestan a su vez a los gobiernos para financiar su propio préstamo de granos con un interés del 5 y 7% (los gobiernos deben darle a las entidades financieras entre 5 y 7 granos más por el préstamo necesario para socorrerles en su apuro).

Por su parte los bancos y  los gestores de los hedge funds y acciones en bolsa siguen invirtiendo esos granos en sus productos de alta rentabilidad. Los que obtienen las ganancias, unos pocos entendidos, mandan esos granos a los paraísos fiscales tales como la Islas Caimán, Seychelles, Andorra, Malta Mónaco, etc... Pero en el caso de la pobre hormiga, que sólo conoce de depósitos garantizados, pierde todos sus granos en virtud de que el asesor de turno de su "entidad financiera almacén" la engaño.

Ahora, para colmo, la hormiga ya no tiene donde recoger más granos porque el gobierno tiene que recortar en servicios básicos e inversión pública para poder pagar los granos dados a los  bancos para cubrir el agujero negro provocado por sus directivos  en su gestión de almacenamiento de los granos de maíz y abaratar el despido según dice  "y que para relanzar la economía".

En tanto las "entidades financieras almacenes" ni retornan ni prestan sus granos para cultivar y producir más granos, situación que provoca que la hormiguita ya no tenga dónde recoger más granos y por esta razón se queda sin  casita pues la desahuician por no  pagar los granitos de maíz que debe. La hormiguita ve con asombro  como para colmos el gerente de la entidad almacén que perdió sus granos recibe una compensación  cuantiosa por su "brillante" gestión del "almacén entidad financiera".
Yo le espetaba a mi ex compañero: ¡Qué felicidad vivir en la ignorancia! ¿Verdad? Al menos la hormiguita llega un momento que pierde sus granos y no tiene posibilidad de  encontrar más granos pero no sabe por qué...No se ha dado cuenta de que unos ladronzuelos se llevaron sus granos con la complicidad de los políticos y todo su esfuerzo se convirtió en humo gracias a la avaricia de unos personajes inescrupulosos.

El caso es que el recuerdo de este evento con mi excompañero viene a colación debido a que recientemente leía  Las tres edades de la piratería financiera. El autor menciona varios libros que se deberían leer, entre ellos  El Casino que nos Gobierna de Juan Hernández Vigueras, “tan completo y esclarecedor de lo que realmente está pasando en la economía mundial, que todo el mundo debería conocerlo”.

El artículo al completo versa sobre la recomendación de otros  tres artículos recogidos en el libro El Estado del mundo 2010, aunque su autor aclara que el libro entero era muy recomendable. Según parece EL Estado del mundo…   se repite todos los años desde 1984  y el autor de la reseña indica que personalmente sigue todas las ediciones intermitentemente desde su primera aparición por sus comparativas estadísticas y los resúmenes históricos y de actualidad por países.[1]

Mientras leía esta información, me repetía, una vez más, que sí, que es muy recomendable para cualquier ciudadano leer estos libros sobre economía, tan ilustrativos sobre lo que está ocurriendo, sobre la estafa, la decadencia de valores y la delincuencia de cuello blanco que  alcanza a   los altos directivos de las entidades financieras más encumbradas del mundo y que son Demasiado poderosos para ir a la cárcel, y de esa manera ver dónde reside el verdadero problema de esta crisis.

Y es que en los tiempos recientes  no pasa una semana sin que tengamos alguna noticia de crímenes financieros cometidos por los bancos o de la impunidad con que siguen actuando sus responsables tal como  afirma Max Keiser de Keiser Report  debido a que no existe voluntad política para poner coto a estos desmanes. Lo que es más, aquellas personas que los denuncian están en las cárceles, mientras que los verdaderos delincuentes  siguen en la cumbre de esta sociedad funcionando como seres privilegiados e intocables. 

Por ello es necesario repetir y recordar que como los ciudadanos no nos informemos y formemos  en lo que a temas económicos financieros se refiere, puede venir por ahí un desaprensivo, como ya está ocurriendo,  que retome el viejo cuento de la hormiguita y nos haga creer no sólo que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que, además, nos hemos pasado el verano haraganeando. Todo ello con la ayuda de La Razón que nos cuenta el ABC que deletrea la COPE y promociona Intereconomía. Esto en España, que en otros ámbitos tienen también sus homólogos.

Mientras, los verdaderos delincuentes siguen viviendo a nuestra costa y en esta ocasión sí, por encima de nuestras posibilidades, que, como bien decía una pancarta de los indignados, “ya no queda pan para tanto chorizo” y tal como está dejando el panorama la furia privatizadora y de austeridad del gobierno de Mariano Rajoy, bajo la batuta de Merkel, el pueblo español se va a dejar la piel hecha jirones. En cuanto a las arcas del estado, como no busquen los granos de maíz de los paraísos fiscales, también se van a quedar vacías.

Y lo mismo se puede decir de Portugal, Irlanda, Grecia o Italia. A lo mejor todavía se le ocurre a Merkel, al BCE, al BM, al FMI y al Bundesbank, tal  como al mercader de Venecia, que esa piel hecha jirones servirá para pagar las deudas. Y es que Sheaspeare fue muy premonitor, o simplemente un observador de una realidad que se repite. Tengo que confesar que El mercader de Venecia es una pieza de teatro que hasta hace muy poco se me antojaba antisemita y que se ha convertido en furioso escenario real de nuestra cruda actualidad.

Sin duda, Goldman Sachs, con eso de que es la entidad financiera que está al frente de esta inmensa estafa, y cuyos dueños son de origen judío como el mercader de Venecia, hace que aprecie mejor la pieza del dramaturgo británico, sin olvidar el papel que cumple en este escenario la City. Y es que dos mil años más tarde se hace cierto aquello de que es necesario sacar a los mercaderes del templo tal como en su día hizo Jesús o más bien, en su forma actualizada, del dominio que ejercen sobre los gobiernos y la sociedad en general. Quizás por ello algunos indignados escogieron esa gráfica actualizada para convertirla en su postal de navidad y algunos más se dedicaron a actualizar algún que otro villancico. Y es que estamos en tiempos de actualizaciones porque los cuentos y las canciones tradicionales de navidad necesitan también su revisión.



[1] Aclaraba que en la actualidad comparando la versión de 2012, se tiene  acceso por un año a las bases de datos on-line que hay en www.akal.com y que posee todas las ediciones anteriores.

 

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29 octubre 2012 1 29 /10 /octubre /2012 02:14

 

EN UNA TRANQUILA NOCHE CARAQUEÑA

 

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 Me encuentro ante el ordenador en este atardecer- noche caraqueño, con esta tranquilidad que rodea la casa de mis padres, sin un viento fresco en este calor tropical y escuchando  The first time Ever I saw your face de Roberta Flack que a bien tuvo mi ex compañero de universidad, el periodista deportivo afincado en Michigan,  Fernando Conde, de publicar en Facebook. A él tengo que agradecer recordar esta bella canción.

Mientras Bobby, un perrito herido encontrado abandonado cerca de la autopista que rodea a Caracas, La Cota Mil, yace espaturrado en el suelo mirándome agradecido por el baño que le he dado para adecentar su blanco pelo. Su tranquilo aspecto y sus ojos confiados me hacen sentir bien en esta distancia que me separa de mis hijos, los dos tesoros de mi vida.

Atrás quedan las elecciones venezolanas, los engorrosos trámites legales, la lucha diaria con los achaques de mi anciana madre y las peleas con clientes y proveedores por causa del incremento de precios de la mercancía debido a la devaluación del dólar. Problema de esta Venezuela petrolera donde devaluación e inflación son una pesadilla en este eterno sin vivir de la población.

Una avería eléctrica dejó en la tarde sin luz a una parte de la urbanización. Mi madre preocupada por si no había pagado el recibo de electricidad me hizo ver si éramos la única casa sin luz. Con el propósito de averiguarlo salí a la calle con la excusa, además, de comprar algo en la panadería de la esquina. Las sombras de un cálido día se estaban dejando caer sobre Caracas y las farolas y casas sin luz gritaban que la avería afectaba a toda la manzana.

De repente el graznido de los guacamayos volando sobre los frondosos árboles me hizo sentir que sin duda Caracas, como urbe superpoblada, es una maravilla de la naturaleza. En más de una ocasión al salir nos hemos encontrado los vecinos viendo como estas aves comían los frutos que colgaban de las ramas de los árboles que se suceden a los largo de la calzada. En una de las ocasiones alguien sugirió poner pegamento en  algún tallo con la finalidad de  cazar a uno de  estos animales; aproveché para decirle que me parecía una barbaridad. Mejor dejarlos en libertad. ¿Con qué finalidad coartársela?

De regreso, las sombras se tornaron aún más acentuadas. Me imaginé que si me viese mi vecina, la señora Gisela, me diría: ¡Ah! ¡Pero qué guapa[1] es usted! ¡Mire qué es temeraria andar sola por estas calles a estas horas! Pensándolo me sonreía pues no sería la primera vez que la señora Gisela me abordaría con estas palabras. Pero esta tarde no estaba ella, y en su lugar  dos de los vecinos de enfrente a mi casa bromean con un tercero, el señor Giovanni, de origen italiano. Como chufla me ofrecen en venta velas, velones… ¡Ah!, les dije, ¡ustedes sí que aprovechan cualquier circunstancia para hacer negocio!

Y mientras entraba en el jardín de mi casa, dejando a mis espaldas las chanzas de los vecinos, los sonidos de las guacamayos surcando de un lado a otro el cielo, la calidez de la noche, pensaba que es increíble que en esta Caracas de tráfico pesado, de mil y una disputas entre motoristas y conductores de carro[2], de noticias de robos y asesinatos, se pudiese disfrutar de una atardecer tan silencioso, tan calmado, tan lleno de esa sensación de paz que da el buen vivir…¡Increíble!  Y Boby, desde su postura yacente en el suelo, propia de quien aprovecha el frescor de la cerámica, una vez más me lo atestigua. En esta noche suave y tranquila de Caracas, gracias Fernando por recordarme The first Time Ever I saw your face. Y gracias Boby por mirarme con eso ojitos de agradecimiento.



[1] En Venezuela se utiliza la palabra guapa como sinónimo de valiente.

[2] Más de un espejo retrovisor termina roto por la mano de uno de estos motorizados, como fue el caso del mío.

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27 octubre 2012 6 27 /10 /octubre /2012 01:06

LAS ENCUESTAS ESTÁN SESGADAS


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Entre las experiencias más notables de esta estadía prolongada en Venezuela ha sido  vivir el proceso electoral. De mis antiguos recuerdos, que se remontan a la primera victoria de Rafael Caldera, ya no queda nada. Uno de los contrastes más evidentes con las contiendas electorales que guardo en mi memoria, es el grado de emotividad extrema con la que participan, no sólo los candidatos, sino también sus seguidores más cercanos y  el resto  de votantes en la Venezuela de hoy.

Mientras realizo todo el trámite legal necesario en Venezuela atiendo el negocio de mis padres, alrededor del cual hay gran cantidad de comerciantes con los que mis progenitores han  mantenido una relación cordial de muchos años. Uno de los temas de conversación recurrentes durante la campaña ha sido sobre las preferencias por el candidato a votar.  Observé, en un primer momento, que estaban niveladas. Esta nivelación, a simple vista, alcanza a las familias que en ocasiones suelen estar enfrentadas por sus preferencias políticas. Algo que ya es frecuente en esta Venezuela de “mundos paralelos”.

También observé que dado el calor con que se defienden las opciones particulares, existen personas, de ambos bandos, que tienden a permanecer en el armario. Estas personas evitan, con esta estrategia, los enfrentamientos desagradables tan frecuentes dada la división que existe en  la concepción del tipo  sociedad  que cada ciudadano quiere. Esto trae cono resultado que las encuestas de intención de voto, previas a la contienda,  lancen como resultado un porcentaje bastante alto de indecisos, no definidos  o ni nis (ni con uno ni con el otro).

Por supuesto, me identifico con los que buscan la convivencia y, por tanto, evito hacer proselitismo o manifestaciones públicas en favor de una de las partes. De tal manera que dado mi mutismo todos los comerciantes conocidos de mis padres procuraron discernir   por cuál  de los dos candidatos me inclinaba. Dada mi negativa a expresarme los opositores dedujeron que en la medida que no estaba de acuerdo en que el ganador sería Capriles  me estaba decantando por Chávez. Y ellos mismo me declararon como una “chavista” con la que sí se podía hablar.

Por su parte, el grupo chavista expresó  claramente que me percibían como una escuálida (opositora), pero  una escuálida con la que  sí se podía hablar porque escuchaba. Total que con esta percepción de los que me rodeaban, en tanto yo era una “opositora” o “chavista”  "buena escucha”, me convertí  en la confidente de anhelos, esperanzas y desesperanzas en el terreno de la política de ambos grupos.

El caso es que en la medida que se acercaba la contienda electoral me fijé que los ánimos se iban exaltando cada vez un poco más, especialmente entre el grupo de comerciantes opositores. Por el contrario los declarados del bando del presidente en campaña mantenían silencio, posiblemente por el temor de que su candidato perdiese. Un temor que el mismo presidente alimentó desde sus alocuciones con el país llamando a sus seguidores a no confiarse ni a caer en el triunfalismo.

Pero en el caso de la oposición se necesitaba inyectar ánimo entre sus filas dado que desde que Chávez apareció en escena no saben lo que es estar al frente del gobierno en catorce años, hecho éste totalmente insólito en el pasado reciente de la democracia venezolana.

En este ambiente uno de los negociantes más cercanos, opositor a Chávez, me decía todos los días tan pronto abría el negocio:

      -        Señora Mercedes el hombre está perdido. Claramente perdido.

Al principio no entendía a qué hombre se refería:

-         ¿Quién? ¿Quién está perdido?- pregunté en aquella ocasión.

-          Hugo Chávez Frías, el presidente, señora Mercedes.

-        ¿Y por qué está perdido?- tras esta pregunta venía toda una información que hablaba de la decadencia y la pérdida de adeptos del presidente. Como los datos no coincidía con los que yo poseía, le pregunté  por las fuentes de información.  Como respuesta procedió a mostrarme El País, periódico opositor de un famoso periodista venezolano, Poleo y su hija Patricia.

-         ¡Ay! Lo siento. No me sirve. Esa información no me es válida; para mí no es válida.

-          Pero ¿por qué señora Mercedes? ¿Por qué no es válida?

-       Porque está sesgada. Los Poleo, padre e hija, odian a Chávez y en su medio publican lo que desean que suceda, no lo que sucede; confunden la realidad con el deseo, le dije. En estos casos mi amigo comerciante opositor buscaba otras fuentes:

-       También lo dice Nelsón Bocaranda -  se refería a otro famoso periodista de la televisión.

-       Estamos igual- le respondí- Lo que ese hombre diga sobre este  tema está exento de toda imparcialidad.

Atacaba de nuevo:

-     También lo dice Globovisión …- un canal de televisión conocido por sus posturas de oposición acérrimas.

-      En las mismas estamos Edgar. No me sirve. Cada vez me lo pones peor.

-     ¡Ay! ¿Y a usted qué le sirve! ¿De dónde saca usted que Chávez va aganar? ¿Por qué está tan segura?

-      Bueno, primero porque lo dicen las encuestas- le respondí.

-     ¡Ah! No señora Mercedes. Esas encuestas si es verdad que le digo que no sirven.

-     ¿Cómo que no? Ahí tienes Hinterenlaces, Datanálisis…

-     No siga señora Mercedes, esas encuestas están sesgadas como dice usted.

Fue inútil tratar de convencer a Edgar del buen hacer de estas encuestadoras a pesar de que sus dueños son personas afines a la oposición. El dueño de Datanálisis posee además una columna de opinión en uno de los periódicos capitalino menos sospechosos de ser pro Chávez, el conservador El Universal. Pero para todos aquellos opositores viscerales era impensable creer que el líder de la revolución bolivariana de Venezuela pudiese ganar limpiamente las elecciones. Era tal el extremo fervor triunfalista  que existía que se comenzó a gestar un ambiente competitivo y proclive a las apuestas.

Para una personal neutral, que ve los toros desde la barrera, todo esto era poco menos que una especie de locura colectiva y había momentos que me sentía francamente preocupada por aquellas personas con las que tengo relación y que tenían una postura radical frente a los resultados de las elecciones; mayor era mi inquietud en la medida que se veía que claramente su juicio no estaba bien enfocado. Además, a mayor relación afectiva con la persona opositora mayor intranquilidad por el ánimo futuro de la persona, especialmente tomando en cuenta que se enfrentaría con una realidad que había estado negando una y otra vez.

Como una especie de cruzada personal en pro de mis más cercanos y queridos opositores viscerales, traté de hacerles llegar alguna información que les condujese a plantar firmemente sus pies sobre tierra firme. Con algunos de ellos he realizado este trabajo en anteriores ocasiones y tengo que decir que me produjo satisfacción ver que frente al posible resultado de la contienda electoral algunos sí estaban ubicados aunque su animadversión por el presidente reelecto y sus seguidores no había disminuido ni un ápice a pesar de sus esfuerzos por  evitarlo. Es asombroso ver cómo estos esfuerzos provocan, en ocasiones, manifestaciones racionales contradictorias con otras claramente pasionales que desdicen las primeras.

Uno de los comerciantes cercanos a Edgar llegó a proponerme una apuesta sobre el negocio de mis padres: si ganaba Capriles él se quedaría con el negocio de mis padres y si ganaba Chávez yo me quedaría con el suyo. No. Yo no podía apostar lo que no era mío y  aunque yo ganase la apuesta nunca tendría el valor necesario para quitarle  el negocio a otra persona, le dije. Además hablar de ese tema en serio me parecía escandaloso.

Por supuesto, nadie tomó en cuenta  mis palabras y  seguí escuchando montos exorbitantes en apuestas a favor de uno y otro. En un primer momento pensé que todas estas apuestas que se estaban generando a mi alrededor -donde se arriesgaban hasta dos, tres mil o cuatro mil euros- eran algo así como un chiste o una broma.  Era tal mi estado de incredulidad que sólo llegue a aceptar su veracidad cuando después de las elecciones se supo que un ciudadano opositor mató a tiros primero a dos personas y luego arrolló a un grupo de simpatizantes de Chávez, causando la muerte a cinco más e hiriendo a otras cuatro tras perder una fuerte suma de dinero a favor del candidato de la oposición  Henrique Capriles Radonski.

El estado de no aceptación del triunfo del presidente venezolano cruzó fronteras. Una persona perteneciente a la colonia española llegó a decirme que  el mandatario venezolano tenía que haber hecho trampa o haber manipulado los votos dado que durante gran parte de la tarde el periódico español ABC daba como ganador a Capriles. No, le expliqué,  ABC daba como ganador a Capriles en la primera parte de la tarde porque en ABC el periodismo que se hace es muy malo: estaban obrando tal cual lo podía hacer cualquier opositor acérrimo venezolano; daba como ganador a su favorito y si alguien estaba haciendo trampa era el propio ABC que está muy lejos de hacer lo que se llama un periodismo serio.

De hecho yo ya sabía  que ABC había estado dando, durante gran parte de la tarde esta noticia, pues un amigo que le encanta descubrir los  fraudes noticiosos de ABC, estuvo pendiente del periódico durante todo el domingo siete de octubre con la finalidad de ver cómo, una vez más, obraban de forma fraudulenta. Y por supuesto no quedó decepcionado.

Pero ABC no se quedó ahí. Al día siguiente me enteré, por las redes sociales, que la noticia del ciudadano venezolano opositor -que  en un momento de locura había matado a siete personas- ABC la había tergiversado, y el agresor fue transformado  en chavista mientras las víctimas eran de la oposición. Un periodismo de altura; a la altura del estiércol.    

Este amigo, aficionado a “pescar” infraganti a ciertos medios,  me recomendó leer BBC Mundo, la única fuente de información internacional que en esos momentos estaba demostrando cierta honestidad en el tratamiento  informativo de las elecciones venezolanas. Tengo que decir que la propuesta fue acertada y, muy especialmente, me gustó el artículo dedicado al día después, Venezuela y el manual para enfrentar la derrota, que en un principio, dos días antes de las elecciones, estaba dirigido a los perdedores de ambos bandos y más tarde, una vez conocidos los resultados, estaba personalizado en los opositores a Chávez.  Si duda concordaba totalmente con mis observaciones sobre el estado de ánimo de los votantes.

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13 octubre 2012 6 13 /10 /octubre /2012 22:43

 

 

ACLARANDO MALOS ENTENDIDOS


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En la primera  foto la profesora Jacqueline con sus ex alumnos durante un encuentro el año pasado. En la segunda durante el acto de  graduación  como bachilleres de mi curso en el Colegio Arauca.

 

 

Después de publicar el artículo Polarización de una sociedad: mundos paralelos en la Venezuela de Chávez  lo mandé a diversos conocidos y amigos por correo electrónico  y a través de las redes sociales facebook y twitter, tanto para aquellos que son opositores como los que no. Debo reconocer que titubee un poco ante la perspectiva de mandarlo a aquellos que son visceralmente de la oposición,  pues pensé que posiblemente lo único que iba a conseguir era molestarlos y no era esa mi intención.

Posteriormente lo reconsideré pues pensé que merecía la pena que recibiesen el escrito simplemente como una forma de compartir con ellos una experiencia personal de un mundo que rechazan. Me dije, en la vida nada es absoluto y lo que hoy es blanco mañana pasa a ser negro y cuando uno menos se lo espera una información, que en su día se desdeñó, pasa a ser útil.

Entre las personas opositoras viscerales al chavismo, y a las que les envié el escrito, está mi profesora de bachillerato, Jacqueline Robledo, con quien confieso que nunca tuve buenas relaciones cuando era estudiante. A pesar de ello también debo reconocer que nunca tuvimos problemas importantes, creo yo, y por tanto no le guardo ningún tipo de resabio ni nada que se le parezca.

Por el contrario,  ahora, cuando la recuerdo en la distancia, en el colegio, muy joven, quizás unos 26 año, me doy cuenta que parecía que ella se había lanzado sobre sus jóvenes espaldas la enorme tarea de mantener la disciplina del centro escolar del que, además de profesora, era también directora. Por ello, en la actualidad,  comprendo el por qué de la mala cara que tenía muchas veces cuando me la cruzaba por los pasillos.

A pesar de ser la profesora Jacqueline, por decisión personal -pienso yo- el gendarme que mantenía la disciplina, recuerdo que también tenía muy buenas relaciones con la mayoría de los alumnos del plantel, con quienes todavía hoy en día mantiene contacto gracias a facebook. Hecho que me parece destacable, pues sin ninguna duda tiene que ser muy difícil mantener la disciplina y buenas relaciones  al mismo tiempo.

El caso es que este reconocimiento público que le estoy haciendo a mi profesora de bachillerato surge del hecho de que  me escribió un correo diciendo textualmente: “Decir que los (centros venezolanos) privados funcionan mal, que los médicos son antipáticos, que la medicina pública sí funciona es de una subjetividad impresionante y como tu periodismo parece ser de opinión no me queda más remedio que aceptar lo que dices pero muy lejos de compartirlo”.

La verdad es que hay una enorme subjetividad en ese artículo que, efectivamente, es de opinión. Y en realidad, en lugar de enfadarme, me hizo recapacitar y recordé la situación que me provocó semejantes juicios; y debo reconocerle a la profesora que no eran situaciones para inspirar simpatía ninguna. Y me pareció oportuno aclararlas. Como siempre para ello hay que retomar, una vez más, la historia previa que me condujo a estas conclusiones.

A los pocos días de mi estadía en Venezuela tuve que acudir a urgencias con mi madre. Fui al Centro Médico de Caracas. Tras una noche muy fría en el aire acondicionado, y muchas pruebas, se le diagnosticó piedras en la vesícula. Era necesario operarla urgentemente porque parecía que la cosa se estaba complicando, según me dijeron los médicos; pero primero tenía que cancelar todas las pruebas realizadas más la estancia en urgencias, cosa que hice inmediatamente. Aparte me presentaron un presupuesto de más de 60 mil bolívares por la cirugía. En total todo el coste se iba a unos 70 mil bolívares que en el momento al cambio de 12 bolívares por euro daba un total de 5 mil euros.

Tengo que reconocer que fue un duro golpe al bolsillo. Jamás en España yo había tenido que pagar por una intervención. En La Rioja, desde que llegué, disfruté de la excelente atención sanitaria pública de esta comunidad autónoma en el centro que, en un primer momento se llamaba   Residencia  San Millán y, posteriormente, Hospital San Pedro.

Mis amigas más cercanas, la periodista Nelly Ramírez y  la doctora Nancy Cazares Franco, estuvieron muy pendientes de los acontecimientos. Por ejemplo, Nelly, con una amiga doctora del Centro Médico recabó informes sobre los doctores involucrados para saber si mi madre estaba en buenas manos. Tras confirmar que así era procedí a dar mi visto bueno, pero, claro, antes tenía que cancelar  el costo en administración. Y ahí surgió el contratiempo: uno de los médicos, el número tres, dijo que no estaban contemplados sus honorarios en el presupuesto. Un error de la clínica.

El caso es que,  mientras el galeno me informaba de la no inclusión de sus honorarios, yo expresé  mi disgusto por el coste de la intervención: cómo era posible que sus honorarios estuviesen fuera si realmente a mi me parecía que el presupuesto que me habían presentado era muy alto. “¿Cómo?”, me contestó él. “En España sería mucho más alto”. “Disculpe”, le contesté, “en España no pagaría nada”. "Cómo le decía eso, me increpó, si un amigo de él, venezolano, que estaba en Madrid, le había hablado de los presupuestos de las clínicas y eran claramente superiores".

Yo le dije que en España yo, personalmente, y la mayoría de las personas que conocía, no utilizábamos los servicios de las clínicas privadas. Pero el galeno, un muchacho joven sobre la treintena, no me escuchaba e insistía en su idea. Claramente, decía, en España estos servicios eran más costosos. Como observé que era inútil intercambiar ideas con él  le pregunté, simplemente,  por el nombre de la clínica a la que se refería, esa donde trabajaba su amigo: “La Ruber de Madrid”, me dijo. “¿La Ruber? Que yo sepa a esa van el rey y las infantas, pero ni yo ni  ninguna de las personas que me rodean en España utilizamos los servicios de una clínica privada y mucho menos la Ruber u otra similar”,  le dije. Por supuesto, ni me escuchó, pero me dejó su presupuesto particular para que lo considerase. Uno 20 mil bolívares más, unos 1666 euros de incremento al cambio de 12 bolívares por euro en ese momento. En total el costo ascendía a unos 6666 euros de forma definitiva.

Llamé a mi amiga la doctora Nancy Cazares y le expuse la situación: “mira amiga la clínica te presentó un presupuesto y lo cancelaste. ¿No?” me interrogó mi amiga. “Sí, así es” le contesté. “Pues si los honorarios de ese médico quedaron fuera es su problema y el de la clínica, no tuyo. Que se arreglen ellos”.  De tal manera que cuando regresé a hablar con el médico le dije tal cual  me aconsejó mi amiga: era su problema y el de la clínica, no mío. Se pueden imaginar el clima tan poco agradable que se suscitó entre ese médico, todo el equipo, mi madre y mi persona. Desde luego nada agradable, y no me quedaron ganas de regresar con él ni con sus compañeros.

La segunda oportunidad fue en la clínica La Arboleda, donde ya conté En una sala de urgencias de una clínica venezolana,  que el médico de urgencias se negó a atender un hombre que se accidentó justamente enfrente de la puerta del centro sanitario.  El que haya leído el artículo recordará que se presentó la policía bolivariana obligando al centro sanitario a atender al accidentado y  que, ante la acusación de no auxiliar a un ciudadano herido, la gerencia de la clínica  buscó testigos de la conducta del galeno de urgencias. También recordarán  que yo fui una de las dos únicas personas que aceptaron testificar, entre las varias que allí había.

Por tanto, tengo que admitir que ante los médicos de los centros privados venezolanos no actué  para triunfar ganándome sus simpatías. Es lógico que el ambiente fuese justo el contrario; el de antipatía. Y me pareció oportuno aclarar este hecho a tenor de lo comentado por mi persona en el trabajo Polarización de una sociedad: mundos paralelos en la Venezuela de Chávez.

En el comentario que hacía mi profesora estaba también que no podía creer que en clínicas como “Hospital de Clínicas Caracas, Centro Médico, Diagnóstico, Metropolitana, Aguerrevere, por nombrar algunas, con excelentes médicos muchos con post- grados en el exterior, no supieran qué tenía el padre de mi amiga”. Evidentemente,  si no fue sometido a las prueba necesarias, siempre sospechando que pudiese ser un aneurisma, no podían diagnosticarlo. Eso puede suceder en cualquier hospital, ya fuese español o clínica de Venezuela[1].

De hecho, el padre de mi amiga venía de España, por tanto, al médico de cabecera, al menos, no se le ocurrió que el señor pudiese tener un aneurisma. Y me consta que tuvo que ser así porque todos los que vivimos en España tenemos un médico de cabecera por la seguridad social al cual se acude con más o menos frecuencia, siendo joven, cuanto más una persona mayor.

Y lo del frío de la sala de urgencias es simplemente un hecho. Lo conocemos todos los que hemos pasado por ellas: en mi caso tanto en el Centro Médico como en La Arboleda. El caso es que la profesora decía no reconocer el país del que hablaba. Luego me acusaba de mencionar el CDI de Chuao, que efectivamente, como bien decía ella, está muy  lejos de los barrios humildes. Hay que decir que está más bien en el sector de la clase alta y media alta, pero en esa zona vive mi amiga y era el que ella conocía.

Posteriormente yo me enteré que hay uno en la Avenida Andrés Bello, otro junto a la maternidad Concepción Palacios, otro en Cotiza, dos en el 23 de enero, uno más en la avenida Sucre…y no tengo información de cuántos más aunque alguien me dijo que en total son unos 600 en Venezuela. Pero hasta ahí, yo no puedo afirmar que esa cifra sea cierta.

Tras mencionar  otras cosas como lo que parecía un poco de historia de la medicina cubana relacionada con sus nexos políticos con Rusia, punto que en mi opinión no tiene  interés, y en el cual la profesora tampoco fue muy prolífica, me dijo que no tenía ánimos de discutir conmigo dado que presumía que, textualmente, “cuando leas esto te revolcarás en la silla pues creo que te conozco muy bien desde hace años , la conclusión de que el servicio médico público en la Venezuela de Chávez sí funciona sacada de esa muestra tan pequeña pienso que no es válida”.

En este párrafo la profesora suponía mal: me imagino que su presunción estaba basada en que yo estaba realizando una defensa emocional a ultranza del servicio médico de los cubanos y por tanto de Chávez y el chavismo. Nada más lejos de mi intención. Simplemente compartí una experiencia personal y también, cómo no, mi opinión al respeto. Sin más. Sin ánimo de polemizar sino más bien de compartir  un trozo de mi cotidianidad por si a alguien le puede resultar útil, además de hablar de los "mundos paralelos" de esta Venezuela del siglo XXI. 

 En ese mismo párrafo la profesora decía textualmente: “Espero que si algún médico tanto (del sector ) privado como (del) público que te lea pueda aclararte algunas cosas. Cantidad de hospitales con tremendas Infraestructuras, con excelentes médicos venezolanos que trabajan en condiciones infrahumanas, con sueldos de miseria en donde no se consigue ni algodón porque todos los recursos se los dan a los cubanos abandonando a su suerte a los venezolanos para ayudar a sacar adelante a los cubanos y a Fidel Castro”.

Sobre este apartado tengo que decir que no conozco los entresijos de la relación gobierno- sector público hospitalario, o con el gobierno cubano o los médicos cubanos. Sólo conozco la información que hace años  recabé para una serie de reportajes que fueron publicados en su día en el vespertino El Mundo, en el cual hablé, tras investigar con el fotógrafo asignado, Trejo, más tarde yerno del también fotógrafo de El Mundo, Ángel Navas, de la desaparición de equipos, en ocasiones  y del no mantenimiento de los mismos en otras oportunidades, además de la ausencia de los galenos a su puesto de trabajo por estar atendiendo su consulta privada, etc. Aunado a esto se añade los  comentarios de los usuarios de los CDIs y de gente de la calle que, después de muchos años, hablan de problemas tratados por mi en aquellos reportajes.

Como en su día me tocó investigar y escribir sobre estos problemas, ocurre que los actuales emisores de estos mensajes encuentran en mi una receptividad muy alta; siempre en consonancia con el círculo de la comunicación, en el cual se enfatiza que el grado satisfactorio de comprensión del que escucha se basa en las experiencias compartidas con el emisor.  

Para mi es evidente, tras su comentario, que mi profesora no comparte ni mis experiencias ni las de la personas con las que he hablado ultimamente. No pasa nada. Eso ocurre todos los días y  eso, desde luego, no es motivo de enfado. Si lo fuese no tendría ni la mitad de amigos que tengo y con los cuales no comparto muchas veces ni ideas, ni creencias, en la mayoría de los casos sólo, y no es poco, una relación humana cálida, de solidaridad  y  respeto mutuo.

De hecho tengo que añadir que muchos de mis más queridos amigos opinan de forma parecida a la profesora. En muchos casos ya lo he comprobado cuando he comentado personalmente la experiencia con ellos, pero también entra en la normalidad de mis relaciones cotidianas. Siempre fue igual: si después de muchos años somos amigos, es  porque las diferencias de opinión nunca nos han separado.

Otros contactos no me conocen tanto. Pero, por supuesto, no estoy ni he estado nunca de acuerdo en no ser quien soy por agradar a otros; por ello considero que en base al respeto mutuo mis relaciones con personas que no conozco tanto crecerán en la medida que sea posible  o no. Y esto también siempre ha sido así y lo seguirá siendo.

Por tanto profesora ¿revolcarme en la silla? No. En todo caso ¿por qué supone tanta vehemencia? En verdad no creo que  merezca la pena. Pero seguramente, si sigue en contacto conmigo, volverá a enfadarse porque esta soy yo: sin tapujos ni disfraces. Usted misma lo ha dicho: me conoce, pero, sin embargo,  mi vehemencia me la guardo para mejores ocasiones. No creo que esta sea una de ellas. No creo que posicionarme en un lado u otro de los "mundos paralelos"  de esta nuestra Venezuela  amerite tanta pasión. Lo dejo para quienes creen que eso debe ser así. En todo caso profesora Jacqueline, dentro de la discrepancia que existe entre nosotras, en este punto u otros, un fuerte abrazo para usted.



[1] En España, durante 8 años, trabajé en el Colegio de Médicos de  La Rioja. En mi relación con los facultativos aprendí que  uno de los procesos más difíciles de la medicina es el diagnóstico. Ello es debido a que una enfermedad puede presentarse con diferente síntomas según sea el paciente  y también porque muchas veces lo síntomas se solapan, dado que pueden tener relación con dolencias diversas.  Por tanto, fallar en el diagnóstico no es tan raro como pueda parecer. De hecho en una clínica privada en España,  al que era marido de mi jefe,  en el trabajo que desempeñaba en el Colegio de Médicos de La Rioja,  le diagnosticaron piedras en el riñón cuando era apendicitis. Cuando se dieron cuenta y fueron a operarlo ya era tarde; se había convertido en peritonitis, por tanto falleció. Y un caso parecido a éste me contaron que sucedió en Venezuela. Diferentes clínicas: Diagnóstico, Hospital de Clínicas Caracas, entre otros, no le diagnosticaron al compadre de unos conocidos una apendicitis porque nunca lo sometieron a la prueba correspondiente. En este caso era  porque el hombre, de 46 años, era muy gordo y temían que rompiese la camilla del aparato con el que lo podían diagnosticar. Al final lo hicieron ya tarde, cuando una amiga médico del  paciente se ofreció como responsable del equipo si le pasaba algo por su peso. El compadre de mis amigos murió al convertirse la apendicitis en peritonitis.

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12 octubre 2012 5 12 /10 /octubre /2012 20:01

 

El OPERATIVO DEL PIE DIABÉTICO

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En las imágenes pacientes esperando en la sala de urgencias del CDI Salvador Allende de Chuao y una ambulancia parada frente al CDI de Sierra Maestra Ibis Pino, de la parroquia 23 de enero.


Para seguir con el tema de Mundos paralelos en la Venezuela de Chávez retomo hoy el apartado del Operativo del pie diabético realizado por los médicos cubanos. Como dije en el anterior artículo a  mi madre la remitieron a este servicio en el CDI Salvador Allende de Chuao. En un principio este operativo se llevaba cabo en el Hospital Militar, pero posteriormente derivaron el servicio al CDI Sierra Maestra de la barriada popular caraqueña del 23 de enero.

Lo importante de este trabajo es poder describir el mundo alrededor del cual gira este operativo. Por ello es necesario, para quienes no lo sepan, que lo que se conoce como el “pie diabético” es una infección, ulceración o destrucción de los tejidos profundos relacionados con alteraciones neurológicas y distintos grados de enfermedad vascular periférica en las extremidades inferiores que afecta a pacientes con diabetes mellitu.

Las úlceras del “pie diabético” requieren todos los cuidados podológicos y médicos que estén al alcance del paciente. Y es que además de que  no se resuelven espontáneamente,  tienden a agravarse, llegando en muchos casos a gangrenarse el miembro, lo que obliga a ejecutar amputaciones parciales o incluso totales de las zonas afectadas[1].

Como se pueden imaginar este operativo está repleto de personas que ya han sufrido amputación del pie total o parcial, y, en algunos casos, hasta de una de las piernas o incluso los dos pies. Según me han comentado los mismos pacientes que acuden a este servicio este tipo de curas tienen un costo, en una clínica privada de Caracas, de unos 500 bolívares en el rango más bajo. Tomando en cuenta que suelen ser necesarias unas tres curas a la semana, hablaríamos de  un total de 1500 bolívares por semana y 6000 bolívares por mes. Sin embargo, una vecina que suele llevar a su madre para este tipo de curas me comento que ella ha llegado a pagar, por una sola cura de estas, unos 1200 bolívares lo que daría como resultado unos 3600 bolívares a la semana, unos 7200 a la quincena y unos 14.400 al mes.

En todos estos casos estaríamos hablando de un salario profesional muy bien remunerado en Venezuela, si contemplamos que un médico en la sanidad pública cobra 6000 bolívares mensuales (428 euros a un cambio de 14 bolívares por euro)  y si tomamos como base la cura más económica de 500 bolívares. Si tomamos como base la cura más costosa, la de los 1200 bolívares este servicio equivaldría a mil euros mensuales, equivalente a un salario generoso en esta Venezuela y del cual disfrutan muy pocos profesionales.

Todas las personas que acuden a este servicio tienen una historia personal de amputaciones previas, y la mayoría de las veces se han acercado al operativo tratando de impedir una amputación más. Este no es el caso de un señor diabético de mediana edad, jubilado de IBM de Venezuela, cuya hija trabaja en hemodinamia del hospital Pérez Carreño y que mantiene sus miembros inferiores. Entró en el operativo a raíz de que recibió un diagnóstico de amputación de dos dedos de uno de sus pies en el  hospital público donde trabaja su hija.

“Quise buscar una opinión diferente y con este motivo llegué a  donde los médicos cubanos. Ellos desestimaron este procedimiento y me dijeron que con tratamiento podía curar los dedos. Desde entonces estoy aquí”, me dijo. Este paciente me confesó que como muchos profesionales sanitarios venezolanos, su hija, tenía reservas en contra de  los médicos cubanos a los cuales rechazaba visceralmente. “Sin embargo, me dijo, en mi tiene la prueba viviente del servicio que prestan al país. Ella misma es testigo de que mantengo todos mis dedos del pie afectado”.

Historias similares cuentan el resto de los enfermos acompañados por familiares, en la mayoría de las ocasiones hijas, hijos o esposas preocupadas por la evolución de su familiar. Este es el caso, por ejemplo, de un señor de más de 90 años u otro de menos edad. Estas úlceras son muy dolorosas para los pacientes y en alguno de los casos se sienten desanimados. Esto fue lo que le pasó a uno de los pacientes de más edad que asiste en silla de ruedas acompañado de su hija; permaneció varios días sin querer comer hasta que se descompensó y fue ingresado en uno de los Centros de Diagnóstico Integral, en este caso el más cercano a su casa.

Pero también existen los casos en los que la persona está sola. Esto es lo que ocurre con un señor de origen trinitario o haitiano que en una de las oportunidades no había desayunado  y llegó un momento que no reaccionaba cuando lo llamaron para la consulta. Rápidamente salió una doctora cubana que  ordenó su ingreso hospitalario en el mismo centro.

Lo cierto es que en este mundo paralelo de los Centros de Diagnóstico Integral el servicio sanitario funciona sin tropiezos cosa que no ocurre con la red hospitalaria pública del país. Y la pregunta es: si existe la voluntad política de prestar este servicio, y se presta de forma impecable con los CDIs ¿por qué  los hospitales públicos venezolanos no funcionan?

 Según comentan los mismos pacientes que acuden a este operativo, la razón estriba en que no existe vocación de servicio entre los profesionales sanitarios venezolanos y por el contrario sí existe la vocación mercantilista. Por supuesto, en esta aseveración no se puede incluir a todos los profesionales sanitarios de Venezuela, pero no cabe duda de que si deben ser una gran mayoría porque resulta inexplicable que una red paralela a los hospitales públicos funcione con personal cubano y sin embargo los hospitales  públicos estén en franco deterioro.

Las personas que acuden a estos CDIs reconocen que este servicio funciona porque están gerenciados por personal cubano y no venezolano. Resulta triste ver la autocrítica tan dura que estos pacientes arrojan sobre sus paisanos, pero mucha más dura es su  realidad diaria al no poder contar con un servicio sanitario público de calidad dirigido y atendido por su propia gente. Por tanto, mientras los CDIs crecen en reputación entre los venezolanos de este mundo paralelo, las otras alternativas parecen que entran en franco desprestigio entre estos mismos ciudadanos. Y la pregunta final es: ¿podrán los venezolanos algún día disfrutar de un servicio sanitario de prestigio atendido por sus nacionales? Esta es una pregunta que, de momento, se queda en el aire pendiente de respuesta.



[1] Se estima que las complicaciones derivadas de la diabetes son la principal causa de amputación no traumática en el mundo. La suma de falta de riego sanguíneo con la acumulación de toxinas derivadas del metabolismo infeccioso pueden facilitar la aparición de fenómenos necróticos; dicho de otro modo, pueden provocar que determinadas zonas de tejido mueran. Si ese tejido muerto no es eliminando correctamente puede provocar la liberación de toxinas en sangre que acaben por ocasionar una gangrena del miembro. La gangrena es subsidiaria de un único tratamiento posible: la amputación o la muerte (si es que alcanza el sistema circulatorio a niveles superiores).

 

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10 octubre 2012 3 10 /10 /octubre /2012 01:23

 

MUNDOS PARALELOS

EN LA VENEZUELA DE CHÁVEZ

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Como dije en el artículo  El día después mi ex compañera de educación secundaria, María Fernanda Alonso, publicó en la red social facebook un comentario que pretendía ser irónico  tras el triunfo del presidente de Venezuela Hugo Chávez en la recién finalizada contienda electoral que decía así: “vivimos en un mundo paralelo...no entiendo nada, lo que estoy empezando a pensar es que la culpa es nuestra porque vemos problemas donde no los hay, tal vez quienes eligieron nuevamente a Chavez sí van a hospitales donde no faltan médicos ni medicinas. Nosotros, quienes aún queremos un cambio no sabemos dónde están esos hospitales…”.

Aclaraba yo que al publicar esta nota sin embargo María Fernanda estaba tocando el punto sensible de lo que pasa en Venezuela donde, efectivamente, existen mundos paralelos. Al menos es lo que yo he concluido tras mi experiencia de más de año y medio después de veinte años de ausencia del país.

Para explicar cómo he llegado a esta conclusión es inevitable que cuente mis experiencias. Como ya en un anterior artículo dije, desde que llegué a Venezuela una de mis responsabilidades es estar pendiente de mi anciana madre que me hace correr para un centro sanitario un día sí y otro también. Como expliqué En una sala de urgencias de una clínica venezolana, el acudir a estos servicios privados en Venezuela  no sólo es necesario tener una cartera repleta, o un buen seguro (que de nada sirven en caso de una enfermedad crónica) sino también una dosis de mucha paciencia.

Hablando de todos estos problemas con una buena amiga, me dijo un día: “te recomiendo que cuando tengas una urgencia lleves a tu mamá a un Centro de Diagnóstico Integral, CDI. En especial te recomiendo el de Chuao. En ese centro una médico cubana le salvó la vida a mi papá”. A continuación me explicó que tras la muerte de su madre en España, de forma repentina, sin saber exactamente por qué, y tras ir al médico de cabecera que no le diagnosticó ninguna anomalía, ella y su hermano estaban sumamente aprehensivos con la salud de su padre.

Tras traérselo desde España ambos hermanos acudieron en más de una oportunidad, por unas molestias que su progenitor tenía, a la sala de urgencias de las clínicas caraqueñas. Ninguno de los hermanos tenía problemas en el aspecto económico por cuanto ambos poseen una buena póliza privada de la empresa que los respalda. No obstante, fueron tantas las oportunidades que acudieron a urgencias de estas clínicas  sin conseguir un diagnóstico definitivo, que su padre llegó un momento que se negó a regresar.

Al padre de mi amiga no sólo le molestaba el hecho de que no le encontrasen nada, sino que a este contratiempo había que añadir la desagradable experiencia de pasar la noche bajo un aire acondicionado que mantiene el recinto a unos niveles de frío muy alto. Para colmos, el paso por estos servicios se alargaba desde la noche hasta el mediodía del día siguiente. Por tanto su negativa a ir la última vez era muy firme.

Pero mis amigos, con la aprehensión lógica tras la pérdida inexplicable de su madre, no querían quedarse con los brazos cruzados. Por tanto decidieron llevar a su progenitor al CDI más cercano que, en su caso, era el de Chuao. En este centro funcionan durante todo el día y la noche varias consultas de emergencia que derivan a los enfermos, según la necesidad, a servicios específicos en el mismo centro o en otros, siempre administrados y gestionados por personal médico cubano.    

En el caso del padre de mi amiga la doctora de urgencias, una chica cubana muy joven, ordenó una serie de pruebas y analíticas tras cuyo resultado llamó aparte a ambos hermanos para decirles que su padre tenía un aneurisma cerebral. Les explicó la gravedad de la situación, indicándoles que era necesario que fuese sometido a una operación delicada, donde corría peligro de morir, pero que en caso de no ser intervenido podía fallecer en cualquier momento inesperado. Agrego la joven médico que en el CDI no podían realizar esta delicada intervención por cuanto no estaba el centro acondicionado para ello por lo que les aconsejaba buscar en Caracas un equipo especialista que pudiese acometer la labor.

Los hermanos quedaron en estado de shock sin saber qué camino seguir, pues en cualquiera de los dos casos planteados corrían el peligro de perder a su padre. Afortunadamente para ellos intervino un amigo común que había vivido una situación familiar parecida  y les aconsejó acometer la intervención por muy delicada que fuese. En su caso su madre había recibido el mismo diagnóstico y no había querido correr el riesgo de la intervención, lo que ocasionó que muriese en sus brazos sin poder hacer nada.

Con este empujón ambos hermanos iniciaron una odisea por las clínicas de Caracas, una odisea que amerita un artículo aparte y que acometeré en su momento. Pero el caso es que para el presente trabajo lo que importa es que  me quedó claro que el CDI de Chuao era un recurso a tener cuenta en caso de una emergencia con mi madre. Pensar que podía correr con ella a una sala de urgencias de una clínica y que, además de esperar durante un lapso de 24  horas, podía perder unos cuatro mil bolívares por nada, me animó a tomarlo en cuenta.

Adicionalmente está el hecho de que los médicos de estos centros privados tienden a ser muy antipáticos, lo que agrava el dolor de bolsillo que suele quedar tras el paso por ellos. Uno se queda con menos dinero, desairado y amargado por la impotencia ante lo que asemeja ser un abuso descarado.

De tal manera que en la primera oportunidad que mi madre dijo sentirse mal me fui al CDI de Chuao. En realidad yo iba con un objetivo claro, independientemente del malestar de mi madre, y es que  había observado una herida en una pierna que me hacía pensar en un pronóstico delicado; pensé que posiblemente era una úlcera difícil de que curase sola.

Cuando llegué al CDI el personal del mismo le dio prioridad a mi madre por la edad. En el mismo había una larga cola de ciudadanos caraqueños, de todos los extractos sociales, esperando ser vistos. Como supuse la joven doctora reparó en la herida e inmediatamente mandó a que le hicieran a mi madre un análisis de glicemia. Quería descartar o confirmar si era diabética.

El resultado fue negativo como yo me esperaba y dedujo que el caso era debido a la insuficiencia venosa. Inmediatamente la derivó a un operativo que mantienen los cubanos en Caracas que trata los casos del pie diabético. Como no era esta la situación  de mi madre habló directamente con el jefe del operativo para que la admitiese en el mismo. Este operativo estaba en ese momento funcionando en el Hospital Militar.

Tengo que decir que el hecho de que el operativo funcionase en el Hospital Militar me dio cierta tranquilidad, pues daba la casualidad que hacía poco tiempo una de mis vecinas me había contado el caso de su hermana discapacitada, la cual había tenido un problema de insuficiencia venosa. La chica fue operada en la clínica La Arboleda y la operación resultó un fracaso, tras lo cual los médicos de dicha clínica ya no daban ninguna solución. Ello provocó que los familiares la trasladasen, a través de un pariente militar, a este hospital donde funcionaba el operativo del pie diabético. El resultado fue que cuando llegó a este centro la hermana discapacitada de mi vecina tenía la pierna grangrenada y tuvieron que amputársela con las consecuentes secuelas y el doble sufrimiento físico y emocional. Así que me dije: para terminar en el Hospital Militar, mejor empezar en él.    

A partir de aquí comienza mi experiencia  con el operativo del pie diabético  que trataré en una segunda parte de este trabajo. Pero lo que viene al caso,  para este artículo, es el hecho de que en este CDI de Chuao yo entré, en esta Venezuela de Chávez, en un mundo paralelo: el de un servicio médico público que sí funciona en Venezuela. No me lo podía creer.

Tuve que regresar una y otra vez a este centro por analíticas y exámenes que le mandaban a mi madre. Y cada vez que entraba en estas instalaciones me sentía como si estuviese en un Centro de Atención primaria en España, pero con una enorme ventaja: los médicos cuentan con los recursos, sin ningún tipo de cortapisa, para realizar los diagnósticos necesarios. Y no solamente eso, funcionan como mini centros hospitalarios donde  aquellos pacientes que lo necesiten son ingresados, total y absolutamente gratis.

Todo esto está en un entorno caraqueño privilegiado, donde la belleza del paisaje natural se combina con las hermosas formas arquitectónicas de edificios modernos empresariales de esta urbe cosmopolita que es Caracas.  Aquí además del bello paisaje, la hermosa arquitectura de edificios que hablan de una Venezuela petrolera rica y próspera, encontré algo que le ha faltado y le falta a esta metropoli: un rincón de humanidad.

Y para otra ocasión Fernanda, mi experiencia con el operativo del pie diabético, para seguir con estos mundos paralelos de la Venezuela chavista. 

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8 octubre 2012 1 08 /10 /octubre /2012 23:22

EL DÍA DESPUÉS


 capriles.jpgChavez Venezuela

 

El proceso electoral en Venezuela ha terminado. Este 7 de octubre los venezolanos acudieron a las urnas para refrendar su apoyo al actual gobierno de Hugo Chávez o quitárselo. Con más de un millón de votos sus seguidores le reiteraron, una vez más, su apoyo incondicional.

Eran las 10 de la noche del domingo, mis primeras elecciones en la Venezuela chavista y, por supuesto, no esperaba que los resultados fuesen conocidos hasta el día siguiente. De hecho recuerdo haberme despedido el viernes de una amiga que vive en España diciéndole que cuando despertase el lunes sabría ella antes que nosotros los resultados. Sin embargo no fue así. A las 10 de la noche comencé a escuchar cohetazos en Caracas y me dije: deben ser los primeros avances del resultado de los escrutinios.

Como estaba delante del ordenador una amiga venezolana que vive en Nueva York se comunicó por el chat para saber si yo sabía algo sobre los resultados electorales. No, no sé nada, le dije. En realidad estoy aquí resolviendo mis problemas en España; es lo que tiene vivir entre dos países.

Al rato mi amiga se comunicó por el chat y en broma me dijo: “te jodiste”.  Esta afirmación estaba directamente relacionada con una conversación que habíamos mantenido el día anterior en la que yo le había afirmado que si Capriles ganaba me beneficiaría a la hora de vender las propiedades de mi familia pues presumía que se desataría un euforia compradora, a lo que ella había respondida: “pues te voy a joder porque voy a votar por Chávez”, comentario que recibió por mi parte una sonrisa. De tal manera que a su frase de “te jodiste” entendí que significaba que Chávez había ganado.

Efectivamente los medios de comunicación, incluyendo los extranjeros, estaban en esos momentos  dando el resultado de las elecciones. Chávez volvía a ganar por tercera vez consecutiva, en este caso con un 10% de ventaja tal como lo había pronosticado la empresa venezolana de investigación de mercado Datanalisis con su última encuesta cerrada el 6 de septiembre.

Encontré una información del periódico español ABC que citaba a la agencia de noticias inglesa Reuters donde se afirmaba que en el comando de campaña de Capriles sus seguidores estaban llorando. Inmediatamente comencé a ver en el muro de facebook expresiones de muchos  amigos que decían: no entiendo, no entiendo…Ninguna sorpresa pues durante toda la campaña les había visto con una euforia fuera de toda razón lógica, lo que me había llevado vaticinar semejante  desilusión.

De hecho, de forma un tanto irónica, publiqué en mi muro de la red social Facebook el artículo de BBC Mundo sobre las elecciones venezolanas, El manual para enfrentar la derrota, unos días antes las elecciones (ahora por lo que he visto el mismo artículo está actualizado). Se me antojó que el periodista redactor del trabajo había observado la inmensa emoción con la que los venezolanos  había vivido el proceso y, como muchos de nosotros, preveía el enorme batacazo al que uno de los bandos se iba a enfrentar, en este caso, con los resultados sobre la mesa, el sector opositor.

A las 10 de la noche en las redes sociales esto ya era más que visible. Los comentarios vertidos por muchos de los votantes opositores me hizo llegar una andanada de mensajes por parte de muchos de mis conocidos, dentro y fuera de Venezuela, refiriéndose  con tristeza  a dichas expresiones: “qué triste leer los comentarios de los de oposición...todavía creen que 6 millones de votantes morirán de pie...pero 7 millones morirán de rodillas.... ¿puedes creer esto? ¡Increíble!” Otra persona me decía que no sabía si comenzar a borrar a estas personas de sus contactos: “qué poca sensibilidad, sólo ven su punto de vista. No entiendo como en algún momento pudimos ser amigos”. De la misma manera se expresaba otra persona, pero añadía la acotación final, con una sonrisa: “quisiera borrarlos a todos pero me quedaría sin contactos en facebook”.

En mi caso me llevé más de una grata sorpresa ante comentarios como el siguiente: “¿Qué pasa? ¿Por qué esta experiencia? ¿No comprendo nada del por qué de todo esto? ¿Será que no vemos lo que nos quiere aportar como lección de vida? Tendremos que ser mas unidos y ayudar juntos con ellos(los votantes chavistas)  a edificar una mejor Venezuela para el bien de todos, (ayudando) a mejorar su gobierno y no a criticarlo y (dejar de) lamentarnos quejándonos todo el tiempo; creo es la hora de ayudarnos unos a los otros por el bien de nuestra nación”. A este párrafo publicado por Marisol Marcano en el muro de Isaac Nahon en facebook le coloqué un me gusta.

Y es que justo en esos momentos tenía como sonido de fondo unas declaraciones en la televisión sobre el mismo punto. Para mi sorpresa alguien de la oposición se estaba expresando en la misma dirección, algo que no deja de ser sorprendente ante la cantidad de descalificaciones que el sector opositor le ha dedicado al gobierno de Chávez y sus seguidores. Y lo cierto es que en Venezuela existen en la actualidad, como bien apuntó en la misma red social mi ex compañera de instituto Fernanda  Blanco Alonso, dos mundos paralelos.

El comentario de Fernanda estaba plasmado en forma  irónica. Decía Fernanda, textualmente: 

“vivimos en un mundo paralelo...no entiendo nada, lo que estoy empezando a pensar es que la culpa es nuestra porque vemos problemas donde no los hay, tal vez quienes eligieron nuevamente a Chavez sí van a hospitales donde no faltan médicos ni medicinas. Nosotros, quienes aún queremos un cambio no sabemos dónde están esos hospitales. Vivimos en zonas donde la inseguridad es muy alta, nos hemos empeñado en leer los diarios equivocados, nuestros amigos y familiares son los que se enfrentan a la delincuencia, somos nosotros los que vemos que no hay variedad de alimentos en los supermercados y somos nosotros quienes sufrimos el racionamiento eléctrico... La mayoría que decidió vive en un país donde estos problemas no existen. ¿Pueden decirnos por favor cómo hacemos para disfrutar de la maravilla de gobierno del que ustedes se sienten tan orgullosos? Ya sé, la respuesta es simple...miro hacia otro lado y pretendo que nada sucede”.

El caso es que cuando lo leía pensé que Fernanda, creyendo exponer una ironía, estaba dando en el clavo. Y es que en mi experiencia personal en Venezuela me ha dado cuenta de que sí existen mundos paralelos: dos nóminas paralelas en los entes públicos, dos servicios sanitarios (o tres si contamos el sector privado) paralelos, visiones de la vida paralelas, descalificativos que confluyen pero que al mismo tiempo son paralelos... Porque en la Venezuela de Chávez parece que todo ha tenido que terminar siendo paralelo. Pero para no alargarme hablaré en otro momento de esos mundos paralelos de la Venezuela de Chávez. Y es que se lo prometí a María Fernanda y lo prometido es deuda.   

 

 

 

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8 octubre 2012 1 08 /10 /octubre /2012 02:14

UNION FENOSA ESTÁ ESTAFANDO A SUS CLIENTES

EN LA PROVINCIA DE LA CORUÑA

            union-fenosa-y-gas-natural      La-Coruña-1

 

En mi último trabajo de este blog Con licencia para estafar contaba cómo los ciudadanos españoles  están sufriendo en sus propias carnes la privatización de ciertos servicios públicos y de qué manera esa privatización ha terminado siendo una estafa consentida desde las más altas instancias del gobierno[1]. Hoy retomo el tema para contar una experiencia personal que he tenido recientemente.

 En la provincia de La Coruña mi familia posee una vivienda en un pueblo de playa  que en los últimos años se ha  tenido alquilada de forma intermitente. El caso es que en el año 2012 la inmobiliaria que tenía la vivienda alquilada informó que en el mes de enero, a principio de ese mes, uno de los inquilinos dejó el inmueble. Posteriormente entró otro inquilino a mediados de febrero.

El caso es que el 2 de febrero  pasaron al cobró por el banco un recibo de 121 euros supuestamente correspondiente al consumo del mes de enero. Como siempre el inquilino pagaba la electricidad consumida no nos preocupamos, pensando que ese sería otro recibo a cancelar por el inquilino que estaba en la vivienda. No obstante no fue así. El recibo no se le cobró al inquilino que se fue porque el piso estaba vacío. La pregunta era, entonces ¿cómo ha llegado ese recibo por 121 euros al banco por consumo de electricidad? La empleada de la inmobiliaria  señaló que Unión Fenosa, la operadora eléctrica  con la que se tiene contratado el servicio, decidió prescindir de personal para revisar los contadores de la luz y por esta razón suele cobrar un estimado según el consumo del mes del año anterior. Y este parecía ser el caso. Según ella la compañía devolvía, con una posterior lectura, el dinero no consumido. Pero no siempre es así.

Ante esta información de la empleada de la inmobiliaria surge la duda de que esté diciendo una mentira y se decide llamar a otros familiares que también tienen vivienda en la zona. Estos familiares me confirman lo que la empleada dice: efectivamente, así es. A uno de estos familiares le cobraron 60 euros en un mes en el que  la vivienda había estado vacía e interpuso una reclamación en las oficinas de Fenosa;  le dijeron que le devolverían el dinero no consumido, pero de los 60 euros le devolvieron tan solo  cinco.

A continuación  en la cuenta se recibió otro cobro por 55 euros en un mes que tampoco estaba alquilado, según la inmobiliaria, y uno posterior de 46 euros. En todo momento la inmobiliaria afirma que no estaba el piso alquilado y por tanto los cobros corresponden a los estimados del mes del año anterior. Ante esta andanada de recibos a cobrar, sin que exista ningún consumo de luz, y ante la imposibilidad de proceder a dar de baja el servicio por no encontrarse nadie de la familia autorizado para ello,  se decide devolver los recibos con la idea de que la eléctrica termine cortando el servicio, dejando la vivienda sin luz y, por supuesto, sin posibilidades de alquilarla. Gracias a esta práctica la inmobiliaria perdió un cliente y por supuesto la eléctrica también.

Según me cuenta uno de mis familiares las colas de reclamación en esa operadora son masivas. Los propietarios de las viviendas están recibiendo cobros de recibos de luz que no se han consumido. De tal manera que al incremento del coste del recibo de electricidad que, según   FACUA  asciende hasta el 81% en diez años, hay que añadir a que, en este caso Fenosa, está cobrando por servicios no prestados, al menos que yo sepa de primera mano en la provincia de La Coruña. Por tanto, la estafa va más allá.

Esta forma de prestar el servicio de esta operadora me recordó el documental  Catastroika[2]  que recomendé en el trabajo El mundo en el que vivimos donde se mencionaba que en la privatización de los servicios públicos  los gestores  privados para maximizar los beneficios solían prescindir, por ejemplo, en el caso del servicio ferroviario, de los técnicos de   mantenimiento redundando en el incremento de numerosos accidentes.

En el caso de Unión Fenosa lo que ha quedado a la vista es que ha prescindido de personal que pueda ver los contadores de la  luz y de esta forma sigue cobrando, en muchos casos, un servicio por consumo que no existe. No hay peligro de vidas que se puedan perder, como sí es en el caso del servicio ferroviario, pero si hay un claro robo a los bolsillos de los consumidores. Y además un robo en una época de crisis como la que está pasando España. Una estafa más consentida desde las altas instancias del estado. Y en este caso en mi familia se ha vivido en primera persona la perpetración de esta estafa.  

 



[1] El argumento que se utilizó para dejar en manos privadas la comercialización del servicio de  electricidad era el de crear un marco de  mayor competitividad entre los diferentes operadores para que, de esta forma, se ofreciesen a los ciudadanos españoles  tarifas más económicas. A la final se ha visto que esta ha sido una gran mentira. En relación con este tema ver el siguiente blog: La estafa del recibo de la luz.

 

 

[2] Los creadores de Debtocracy, un documental visto por dos millones de personas y transmitido desde Japón hasta América Latina, analizan la privatización de los activos del estado. Viajan por el mundo recogiendo información sobre la privatización en países desarrollados y buscando las claves al día siguiente después del programa de privatización masiva en Grecia. Catastroika es un documental de financiación colectiva con Licencias Creative Commons.

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