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16 septiembre 2012 7 16 /09 /septiembre /2012 00:49

 

 

CON LICENCIA PARA ESTAFAR

  casa contruida-copia-2

 

He pasado los últimos veinte años en España. De estos veinte años recuerdo los primeros especialmente. Fue tiempo de cambio, no sólo en lo personal, sino también en el mundo. En una primera etapa estuve dedicada a ver crecer a mis hijos al mismo tiempo que me enfrentaba al reencuentro con el país donde había transcurrido mi primera infancia.

Evoco este lapso de tiempo como poco boyante para España. A pesar de que el país había entrado en la UE el ambiente que reinaba estaba lejos de ser próspero; no se dejaba de hablar de una  Europa de primera vía, entre los que estaban los países del norte, y una Europa conformada por países del sur, de segunda vía.

Lo cierto es que en aquellos tiempos,  donde la peseta era todavía reina y señora en suelo español, los intereses hipotecarios estaban al 13% y las viviendas tenían colgados cartelitos de “se vende” por todas partes. Y es que había muchas casas para vender y pocos compradores.

Las informaciones de corrupción caían día a día sobre el PSOE, partido en el poder con Felipe González al frente. Junto con los escándalos de corrupción surgían fuertes acusaciones contra el partido socialista y su líder por su incapacidad para llevar a España a ocupar un sitio de preeminencia en el privilegiado club que sería la Comunidad Económica Europea de la primera vía. Sus medidas socialistas y proteccionistas eran las responsables se decía en algunos medios.

Personalmente había abandonado una América Latina lacerada por el peso de la deuda y la imposición de unas políticas neoliberales que llevaron a estas sociedades, ya empobrecidas,  a hundirse aún más en la miseria: los que recuerdan aquella década, llamada la década perdida también, recuerdan como muchas personas llegaron a comer perrarina, la comida de perros. Estos cuentos los he escuchado especialmente en Venezuela, país petrolero, y por tanto con una gran parte de la población incompresiblemente en estado de miseria.

 Dejé aquel barco zozobrando a mi espalda y me trasladé a un  nuevo espacio físico, en el norte de la península ibérica, desde donde presencié, con gran asombro, la caída del Muro de Berlín, hecho que no me había podido imaginar ni en mis mejores sueños de primera juventud; el fin de la etapa de la guerra fría parecía abrirse paso sin ningún tipo de obstáculo en el camino. ¡Impensable!

Por otra parte, mis remembranzas de finales de los ochenta en Venezuela me llevan a recordar cómo Estados Unidos se preparaba para competir con una Europa más fuerte. Especialmente nítidos son los recuerdos de los seminarios de IBM dirigidos a los empleados a finales de esa década y principios de la siguiente: ¡ojo, que surge la Europa Unida, con un mercado tan grande como el de USA y una fuerza empresarial, en mucho sentidos, más eficiente y fuerte que la nuestra! Estas observaciones se hacían en todos los seminarios, preparando a una plantilla para enfrentarse a un mercado altamente competitivo. Claro que estas advertencias iban acompañadas de importantes recortes en todas las divisiones de IBM a nivel mundial: la empresa, que tenía en aquel momento 360 mil empleados, comenzó a aplicar una política de despidos y  jubilación anticipada. Eran aquellos malos tiempos para trabajar en IBM.

Estas proclamas de alerta se hacían independientemente de la fuerza que había demostrado Estados Unidos a lo largo de todo el siglo XX y, muy en especial Big Blue, el Gigante Azul, como es conocida IBM en el mundo de la computación[1].

Con toda esta experiencia vivida en IBM, enfrentarse con optimismo a la España de inicio de los 90 era lógico: el futuro no podía presentarse más promisor. Los artículos que hablaban sobre el futuro brillante del país inmerso en Europa se prodigaban. Pero la España de aquellos años seguía luchando contra un fantasma sempiterno: el del paro. No conseguía el país cuotas de paro menores a las del 10% por muchos esfuerzos que hiciese.

La década socialista terminó tras catorce años de gobierno e irrumpió repentinamente el partido de la oposición, el Partido Popular con una nueva forma de hacer política: en la primera etapa el PP tuvo que buscar negociar  con los nacionalistas  vascos, catalanes y canarios para poder formar gobierno lo que suavizó sus formas en el tema del nacionalismo estatal a favor de los nacionalismo regionales. Pero el caso es que en esta etapa del PP España terminó de hacer sus “deberes” para formar parte de los países fundadores del euro. Finalizaba la década de los 90.

De este lapso recuerdo hoy en día, con especial resentimiento, la letanía que se escuchaba sobre las compañías estatales, tanto de la electricidad como de telefonía de España, conocidas las "joyas de la corona". Entre ellas  ENDESA, Tabacalera, REPSOL, Telefónica y Argentaria. Su valor se calculaba  en más de seis billones de pesetas. La privatización de parte de ellas ha sido la mayor partida dentro del capítulo de las privatizaciones en España y  era una de las exigencias para la “convergencia con Europa” porque, según se decía, había que tener tarifas más competitivas. De ahí la necesidad de abrirlas al capital privado.

Lo cierto es que con el paso de los años los ciudadanos consumidores de los servicios de dichas empresas lo que hemos visto es cómo se ha estado y se están vulnerando nuestros  derechos en el cobro por sobreprecio de las tarifas eléctricas o en las diferentes modalidades de “estafa” que se le está aplicando al consumidor. Para no extenderme dejo aquí un par de artículos que se refiere a este tipo de estafas, tanto de las compañías de electricidad, de las entidades financieras o de las perpetradas por ciertas compañías telefónicas: Seguimos indefensos ante otro gran tsunami financiero, Vodafone y su puta madre, Ha perdido lo que tenía en preferentes, se lo canjeamos por acciones de Bankia, La estafa de las compañías de luz, Soria quitará la tarifa protegida de la luz a millones de hogares y La luz subirá el domingo un 4%.

Finalmente, tras ver cómo los servicios, tanto de suministro de energía como de comunicación, han ido a peor tras las privatizaciones,  y después de ver el sonado “robo descarado” perpetrado por los bancos con las preferentes, hay que llegar a la conclusión que los requisitos de convergencia exigidos por la Comunidad Económica Europea para entrar en el euro, no eran otros que el dar a las compañías privadas licencia para estafar. Y eso es lo que ahora se está constatando dolorosamente, a pesar de los cual se habla de más y más privatizaciones; lo que ya entienden los desengañados ciudadanos es:  más y más licencias para seguir estafando en los diferentes ámbitos de los servicios públicos.  

La conclusión es que las compañías estatales de la España que no convergía con el euro eran más fiables y honestas. El mundo de la convergencia europea es un mundo construido para la empresa privada, pero igual que a un hogar no lo conforman los ladrillos de una casa, a un país no lo conforman los intereses privados, especialmente los intereses del gran capital. Una nación está conformada por los ladrillos de los valores sobre los que se asienta una sociedad. Y hoy en día esos valores no existen; en su lugar se ha abierto paso un mundo sin ley y regido por estafadores. ¿Durante cuánto tiempo más se podrá seguir así? Esta no es la Europa que soñaron los ciudadanos; esta es la Europa soñada de los grandes capitalistas. Y la Europa de los grandes capitales es un gran fraude para los ciudadanos.



[1] El Gigante Azul venía en esos años constatando cómo paulatinamente iba perdiendo mercado compartido en ciertos productos (market share) lo que la llevaba a dejar de controlar el 70% de ese mercado en concreto a nivel mundial. En esta crisis IBM pasaba a dominar entre un 60 y un 65% del mismo mercado, pero la caída era paulatina. A pesar de todo esto, en aquel  momento la compañía siguiente más grande que le pisaba los talones a IBM era cinco veces más pequeña en tamaño.

 

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1 junio 2012 5 01 /06 /junio /2012 23:41

NO ESTAMOS ANTE UNA CRISIS,

SINO ANTE UN CAMBIO HISTÓRICO

 

 

 En la nueva edición del programa 'Diálogos con Julian Assange' el fundador de WikiLeaks conversa con los participantes del movimiento Ocupa que se ha extendido por varios países del mundo.

 

 

Ya van dos años seguidos que una amiga me invita a dar una charla a sus alumnos de cuarto semestre de la licenciatura de Comunicación Social (Ciencias de la Información en España) de la Universidad Santa María de Caracas. 

La charla versa sobre el periodismo en la era digital. Uno de los puntos  en los que se sustenta la disertación es en cómo la era digital está modificando la forma de hacer periodismo. Al mismo tiempo se reflexiona sobre la transformación de los elementos de la comunicación y de cómo el esquema tradicional de esta disciplina -el emisor, el medio, el mensaje y el receptor- están cambiando sus roles de forma drástica.

En este nuevo marco de relaciones, auspiciado por la aparición de lo que se conoce como la Web 2.0, donde el  receptor se convierte, muchas veces, en emisor y viceversa, tiene como consecuencia una  profunda democratización de la comunicación y de las relaciones humanas. Estamos en la etapa que Rosental Alves, director del Knight Center for  Journalism in The Americas y profesor de periodismo en la Universidad de Texas  llama la sociedad del prosumer, o sea, del productor-consumidor de contenidos.  El receptor ya no es un ser pasivo que recibe la información empaquetada por otros, entre otras razones porque  no circula en paquetes cerrados, sino en unidades abiertas, en flujos que se distribuyen por la Red.

Estamos ante lo que se denomina “un público cazador de información”. Lo que busca  este público, mejor formado e informado,  no está en la prensa escrita y ante estas carencias de los medios impresos tradicionales la audiencia se vuelca más en los medios interactivos.  Esta  audiencia practica la verificación por corroboración, es decir,  tienen sus sistemas (los buscadores) para confirmar las informaciones, y exige se las muestren, se las enseñen.

Por tanto, el  público de la era de la Web 2.0 es un público más exigente y  espera aprender a través de la experiencia.  Esta audiencia que ha nacido y crecido con los juegos de simulación, no se conforma con cualquier cosa ni tampoco aceptan ser sujetos pasivos consumidores de información o entretenimiento.

Es por esta razón que muchos estudiosos del tema afirman que no estamos ante una crisis, en este caso la de los medios de comunicación, sino ante un cambio histórico en el cual se está haciendo patente que las multitudes se pueden comportar de forma inteligente compartiendo conocimiento y colaborando entre sí.

Y sobre esta base es que surgen movimientos  como El 15M en España, Ocupa Wall Street en Estados Unidos, o Ocupa London, Austria o  Israel. En incluso, fenómenos de comunicación y filtración de información como es el de Wikileaks, del australiano Julian Assange. Ello es debido a que en este nuevo marco de relaciones y comunicación interpersonal, todas las instituciones de la sociedad - medios de comunicación, universidades, corporaciones, gobiernos,  sistema de salud, sistema educativo y redes de energía-  son modelos de la era industrial  y  están fallando. Los nuevos tiempos exigen que las instituciones se adapten al nuevo ciudadano y a su nueva forma de relacionarse.

Todo esto ha llevado a Howard Rheingold,  autor del libro, La multitudes inteligentes (Smart Mobs: The Next Social Revolution), a afirmar que los medios digitales, en manos de miles de millones de personas, están cambiando las instituciones y la práctica profesional del periodismo y, por tanto, también la propia naturaleza de la democracia.

Este nuevo ciudadano que aparece en los albores del siglo XXI  exige que las  estructuras  de las instituciones a su servicio se adapten a un nuevo  marco laboral, a una nueva forma de producción, y, sobre todo, a nuevas reglas y principios tales como: la colaboración, la apertura y transparencia, la interdependencia, compartir la propiedad intelectual y la integridad.[1]

En este contexto los gobiernos están demostrando que afrontan las exigencias de la ciudadanía a partir de puntos de referencia que ya no sirven. Buena muestra son los intentos de  controlar la circulación de información en internet o la represión policial con que son contestadas las manifestaciones pacíficas de descontento de los movimientos Ocupa. Nada como estas reacciones por parte del poder para saber que están descontextualizadas y que ya no sirven para dar respuesta a las necesidades de la nueva sociedad. Por ello, no importa cuál o cuanto sea su esfuerzo, el mismo está destinado a fracasar.

Aún cuando hay muchos que critican a los movimientos ciudadanos de Ocupa, o los Indignados,  porque no le ven un objetivo político claro, la verdad es que lo que están viendo, y criticando es simplemente la punta del iceberg. Este movimiento tiene mucho más calado de lo que a simple vista se  percibe. Y, en realidad, el fenómeno no ha hecho más que comenzar.



[1] En este apartado recomiendo el blog No le digas a mi madre que trabajo en bolsa, de Francisco Alvárez, que fue vicepresidente de la Bolsa de París. Si se fijan, en el artículo A contracorriente,  publicado el 1 del julio el 2012, se apoyan ideas propias de los movimientos Ocupa: “Esta semana entrante se presentará la edición española del libro La economía del bien común de Christian Felber. Hemos hablado de las ideas centrales que propone esta alternativa a la economía realmente existente. De hecho, nos hemos comprometido públicamente en su difusión y desarrollo... y lo seguiremos haciendo. Algunos nos llamarán idealistas, para intentar desacreditarnos, pero no importa: día tras días, son más las empresas de más países los que se suman a la misma. Cada día somos más los que estamos convencidos en cambiar los parámetros rentabilidad-competencia por bienestar-cooperación como ejes de la actividad empresarial, tanto pública como privada”.

 

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28 mayo 2012 1 28 /05 /mayo /2012 00:12

EL MUNDO EN EL QUE VIVIMOS.

 

 

 

 

    

Durante años se ha escuchado como los defensores del neoliberalismo han atacado a las instituciones públicas como ineficientes y mal gestionadas, primero en América Latina, donde la gente lo creyó y lo cree fácilmente y ahora en Europa donde la mentira ya no cuela.

En el documental Catastroika, se  refleja de forma muy clara cuál es el modus operandi y cuáles son los resultados. Pero adicionalmente, por si nos quedaba alguna duda, el programa sobre la crisis europea  en Salvados de Jordi Evole  terminó de despejarlas. En ese espacio Jordi Evole puso un ejemplo muy claro de lo que ha significado la gestión privada de los entes públicos, en este caso la banca islandesa.

La banca islandesa  había permanecido siendo pública hasta el 2001 año en que se privatiza. Una vez en manos privadas siguió el normal modus operandi en estas situaciones: los nuevos dueños despidieron a los empleados tradicionales de dichos bancos, que tenían una media de cuarenta y cinco y cincuenta  años en estas instituciones y contrataron  a jóvenes universitarios.

Normalmente, los gestores  privados  han justificado este tipo de despidos como una forma de ahorrar en salarios, entre  otras razones  porque los empleados veteranos suelen tener ingresos más altos a causa de acumulación de beneficios durante los años pasados en la empresa. Otro argumento que han esgrimido en estas situaciones  es que los empleados de más edad son menos proclives al cambio y  son reacios a las nuevas formas de trabajar.

Lo que normalmente no se dice es que las personas  experimentadas son menos propensas a ser manipuladas, por tener el conocimiento y experiencia que le falta a la gente joven.  Y esto es lo que queda claro cuando Jordi entrevista a Elvira Méndez, catedrática de Derecho Europeo,  y le dice que los recién licenciados contratados por los gestores privados de la banca islandesa, en muchas ocasiones con no más de tres años de carrera,  cobraban salarios de seis y siete mil euros mensuales. Jordi comenta: mucho para un recién egresado de la facultad; y a continuación pregunta: ¿Qué había que hacer para ganar esos salarios? Elvira Méndez contesta con total seguridad: firmar sin enterarse.

Y  ete aquí la verdadera razón por la que la gestión privada suele cambiar los puestos de veteranos por gente más joven, sin experiencia y escasa conocimiento práctico; lo que suelen buscar estos gestores es empleados dóciles y  manipulables que permitan a las cúpulas obrar con total impunidad. Los veteranos, en caso de ver decisiones erradas las discutirían. Los jóvenes sin conocimiento ni experiencia no pueden discutir lo que no saben. Se creen todo lo que les dicen aunque algunos espabilados puedan percibir rápidamente que las decisiones no son acertadas.

Por tanto, en el caso de la banca islandesa,  una institución pública  que habían permanecido sin problemas,  al ser privatizada llegó a tener una deuda impagable. Eso sucedió en tan sólo diez años. La gestión privada, sin los empleados veteranos molestando,  llevó a  la banca islandesa a crear una burbuja financiera que la hizo crecer el equivalente a diez veces el producto interior bruto de Islandia. Todo ello en base a crear capital artificialmente, solicitando crédito en los mercados internacionales  aprovechando la burbuja financiera y especulando con los ahorros de sus clientes en operaciones de alto riesgo. Todo esto lleva a estas entidades a adquirir  una deuda impagable que hundió en la absoluta miseria a los islandeses en tan sólo una década.

Si estudiásemos todos los casos, que es algo que se hace en el documental que estoy recomendando, Catastroika,  se podrán fijar detenidamente cómo más o menos la gestión privada va hundiendo en la ineficacia a la mayoría de las empresas públicas que comienza a gestionar en un plazo de tiempo similar: diez años. El mismo tiempo que tiene la moneda única funcionando desde que en 1999 fue creado el euro.

Y pregúntense ustedes: ¿en manos de quien está la dirección de Europa? Y la respuesta es:¡en manos de los bancos privados!; (vean la entrevista de Jordi Evole a Francisco Álvarez, ex presidente de la Bolsa de París en Salvados) y como en Islandia, Europa vivió una burbuja financiera que ayudó a crear una burbuja de créditos para la construcción y, ¿qué han conseguido en diez años? Hundir en la miseria a cinco de los países miembros de la UE. ¿Cuánto tardarán en hacer lo mismo con el resto? En base a las experiencias vividas será cosa de tiempo, pero no debe faltar mucho para que comencemos a ver esa sucesión de quiebras.

Dentro de toda la trama de creación de dinero de la nada, especulación en el marco de los mercados financieros sin ningún tipo de regulación ni control, (en este punto recomiendo el  trabajo de Max Keiser, en Max Keiser Report), créditos impagables,  la especulación de de  los intereses de la deuda, los engaños a los pequeños inversores, se oculta un objetivo claro: empobrecer a miles de personas mientras los gobiernos y las instituciones encargadas de hacer cumplir la justicia miran para otra parte, como si nada de esto estuviese ocurriendo. Y la pregunta es: ¿esto permanecerá así hasta cuándo?

Como le decía Francisco Álvarez ex vicepresidente de la Bolsa de París a Jordi Evole, en su programa Salvados, “si no se dan unas herramientas básica para entender de economía a los ciudadanos lo que va a ocurrir es que le van a tomar el pelo; y esto es lo que está ocurriendo”. Sí, efectivamente, estos terroristas financieros como los llama Max Keiser  están hundiendo a las clases medias, empobreciendo más a los más desfavorecidos con la absoluta anuencia de los gobiernos y la complicidad de los grandes medios de comunicación. Y este es, lamentablemente, el mundo en el  vivimos.

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25 mayo 2012 5 25 /05 /mayo /2012 02:06

¿PODEMOS ACTUALMENTE CONFIAR EN LOS BANCOS?

 

 

 

   
 

 

El otro día en el artículo ¡CUIDADO CON LOS FAVORES  DE LOS EMPLEADOS BANCARIOS!, explicaba como la subdirectora de la sucursal del Bankinter en la calle Estambrera de Logroño,  María del Carmen  Sánchez San Pedro, me ofreció, como ahorrador pequeño, pagarés para los ahorros que les confié. Como ya expliqué los pagarés no están respaldados por el Fondo de  Garantía de Depósitos, y si el banco quiebra se puede perder el dinero –como ha ocurrido con los famosos pagarés de Rumasa– y el Estado no se responsabilizaría de los ahorros.

Eso, como primer y fundamental argumento para que un ahorrista pequeño, como somos la mayoría, no ponga en un producto de estos sus ahorros, máximo cuando existe tanto peligro con la actual crisis de una posible quiebra bancaria. Además, dije en ese mismo artículo, que ya estaba avisada, por cuanto había trasladado mis ahorros de otro banco por una operación parecida.

Cuando María del Carmen  Sánchez San Pedro me propone semejante operación y se realiza el intercambio de correos electrónicos que mencioné, llegó un momento en que la llamaba por teléfono y se negaba a contestar. Como consecuencia de su falta de seriedad en el tratamiento hacia mi persona como cliente llamé a un abogado para que fuese él el que le pidiese a ella los requisitos necesarios para retirar el dinero de esa entidad bancaria y al mismo tiempo avisarla, de esta forma, de que tuviese mucho cuidado con lo que hacía.

Yo le advertí al abogado que dado que estaba en Venezuela quería asegurarme de que la subdirectora no colocaba, sin mi autorización, el dinero en ningún producto de riesgo. Tras un intercambio de correos electrónicos el abogado me solicitó que me quedase tranquila, pues la entidad, me dijo, “es una entidad seria”. Y en ese momento yo me pregunté: ¡Ah! ¿Pero es que a estas alturas existen entidades financieras serias?

El lema de los indignados Esto no es una crisis, esto es una estafa, está relacionado perfectamente con la situación real de lo que ha pasado. Además de numerosas voces de economistas autorizados que por diversas vías y formas lo han explicado, en estos días   una voz infantil canadiense se hacía eco de las sesudas voces de una forma muy sencilla. La niña explicaba lo que está ocurriendo, tanto en Canadá como en Europa: los gobiernos, al transferir las competencias propias de los bancos centrales a los bancos privados, por un lado la de crear dinero y por otro la de prestar dinero al propio gobierno, están permitiendo que un sector minoritario de la sociedad se enriquezca a costa de los impuestos de la gran mayoría provocando que la deuda pública se disparé.

En resumidas cuentas, al incrementarse la deuda para pagar unos intereses a la banca privada por un dinero que el propio gobierno puede crear y pedir a su propio banco se está ahogando a los ciudadanos con más impuestos y menos servicios. La niña concluía con el mismo lema de los indignados: el gobierno y la banca están robando a los ciudadanos.

Adicionalmente, al crear dinero que no existe y que prestan una y otra vez,  los bancos llegan a la situación de no tener las reservas necesarias para hacer frente a los préstamos que han concedido, creando una crisis de solvencia que en última instancia pasa a ser costeada, nuevamente, por el erario público. A ello hay que sumarle que los impuestos a los grandes capitales se han reducido paulatinamente de tal manera que los que terminamos pagando los platos rotos somos la gran mayoría de los trabajadores y trabajadoras con un incremento de impuesto -que se traduce en dinero contante y sonante- sobre unos salarios reducidos y trabajos precarios, aunado todo ello a una disminución en la calidad de la educación y de la sanidad.

De tal manera que cuando la niña canadiense dice, primero frente a los 600 miembros del Rotary Club y más tarde en una reunión de Public Banking Institute en Philadelphia, entre el 27 y 28 de abril de este año,  que las entidades financieras y el gobierno le están robando a los ciudadanos- no está diciendo más que la pura verdad. Pero lo que llama la atención es que pareciese que todavía muchas personas adultas no comprenden esto  que como dice la niña canadiense hasta para ella, con sólo 12 años, es evidente. Y la pregunta a hacerse es ¿Por qué?

España está como Canadá, y como Estados Unidos y Alemania,  con la diferencia que Estados Unidos y Alemania son países refugio de divisas en estos momentos de crisis. De tal manera que los países menos fuertes incluso  tienen que enfrentarse a una fuga de divisas y constante incremento de la deuda por esta misma razón.

Pero el caso es que dentro de la misma crisis, los bancos siguen echando balones fuera del campo y cuando se enfrentan a nuevos problemas recurren a resolverlos con los pequeños ahorristas: ¿no tenemos grandes inversores para las  preferentes? Vamos a por los ahorros de los discapacitados, las personas mayores, los ingenuos…esto es lo que parece que se deduce del engaño  de las participaciones  preferentes; para cerciorarse, revisen el vídeo que está en este artículo titulado Mi dinero ya no es mío. El escándalo de las preferentes.

Para quienes no lo sepan las participaciones preferentes son emisiones de deuda sin un plazo definido. La entidad paga una rentabilidad según sus resultados, e incluso puede no dar nada. Por ello, los altos intereses cobrados ofrecidos durante los años de bonanza se han convertido en cero euros en muchos casos durante la crisis. Caja Madrid y Banesto ofrecían rentabilidades cercanas al 7% durante cinco años antes de la crisis, según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU). Sin embargo, esta oferta estaba condicionada a sus beneficios: no había ninguna garantía de cobrarlos.

Pero lo que es del interés del pequeño ahorrista es que el  capital no está garantizado. Una vez se quiere recuperar la inversión hay que poner las preferentes en venta en un mercado secundario. Esto significa que su valor está sometido a cotización, por lo tanto cuando se recupere el dinero puede existir una pérdida  considerable. Otro dato para los pequeños inversionistas es que el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) no cubre las participaciones preferentes. Por tanto, si quiebra el banco, pierdes tu inversión (a no ser que haya rescate del FROB, como sucedió con la CAM). Además tienen muy baja liquidez. Como son a perpetuidad, el proceso para recuperar la inversión depende de una compra-venta, así que es engorroso y puede demorarse incluso meses. Si tienes una urgencia, puede significar un problema.

Y la pregunta, a propósito de este artículo, es ¿qué entidades españolas han engañado a los  pequeños ahorristas con el tema de las preferentes, ofreciéndoles el producto como un plazo fijo y sin explicarlo (y muchas veces sin que se llegase a firmar un contrato)? Según explicaba  el 21 de febrero de este año la publicación Infobae.10 años, a esa fecha se calculaba que un millón de pequeños ahorristas podrían estar afectados, algunos de ellos aún sin saberlo hasta esos momentos.  A esas fechas ya 20.000 ahorristas habían descubierto la situación en la que estaban con sus ahorros.

En el artículo  de Infobae.10 años titulado Ahorristas españoles denuncian la creación de un "corralito"se señalaba en esa fecha que el fraude había sido cometido “por prácticamente la totalidad de los bancos y cajas de ahorro del país  y el monto del mismo  fue estimado por Santiago Pérez, encargado del caso en ADICAE (Asociación de Usuarios de Bancos, Cajas y Seguros)[1] en 30.000 millones en ese momento.

Con el tema de los pagarés Expansión señalaba, el 31 de octubre del 2011, en el artículo ¿Quién gana en la guerra por colocar pagarés de la banca española? que desde que el Gobierno decidió penalizar los depósitos de alta remuneración en julio del 2011, "varias entidades han decidido ofrecer este producto en sus sucursales como alternativa al pasivo tradicional”.

Y a partir de ahí pasaba a hablar de las diferentes rentabilidades y de cuánto había sido el ahorro captado por cada una de las entidades  mencionadas: a esas fechas se calculaba que desde el comienzo de la campaña de los pagarés que sólo tres de las entidades (BBVA, SANTANDER y BANESTO) habían colocado ya 9.900 millones en pagarés. En el mismo artículo se hablaba de las características de dichos pagarés.

El 23 de mayo de este año, un mes más tarde de mi comunicación telefónica y por correo con la subdirectora de Bankinter en la publicación digital Tucapital.es se señalaba que la Comisión Nacional del Mercado de Valores veía con malos ojos  que la banca comercializase pagarés entre sus clientes tradicionales porque carecían del respaldo del Fondo de Garantía de Depósitos del Estado. Pero la CNMV dijo esto cuando ya estaban colocados ¡46.000 millones de euros en pagarés entre los pequeños inversores!, aprovechando su escasa cultura financiera y valiéndose del poder que sobre sus clientes tienen los bancos y cajas gracias a su inmensa red de oficinas. Y la pregunta que se hacía Tucapital.es era: ¿a que han esperado para sacar este aviso? ¿Y sólo ven con malos ojos? ¿Acaso no están para controlar estas malas prácticas? Malas prácticas que, además, estaban siendo denunciadas por canales alternativos, entre ellos el mismo Tucapital.es.

Por tanto, tras lo escrito aquí, y visto lo visto, la pregunta que cabe hacerse uno, y que se la hago a mi abogado: ¿todavía es posible creer que existe una entidad financiera seria?  No obstante, concluyo con la misma sentencia que le dije a él por correo: en todo caso ofrecer pagarés como un depósito me parece muy poco serio, tanto por parte de la entidad, como de su empleada. Y si existe una entidad seria, y un empleado bancario serio,  dudo que entre ellos estén    María del Carmen  Sánchez San Pedro y la entidad a la que representa, Bankinter.

 

 



[1] Esta asociación de consumidores lleva desde el mes de noviembre denunciando ante la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) la actuación fraudulenta de 52 entidades financieras, que mediante engaño comercializaron productos considerados "tóxicos".

 

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22 mayo 2012 2 22 /05 /mayo /2012 00:10

 

¡CUIDADO CON LOS FAVORES  DE LOS EMPLEADOS BANCARIOS!

 

 

              4010970995_14a115d6fe.jpg            Bankinter-hipotecas

 

Hace poco tuve una experiencia memorable con la empleada de uno de la sucursal de  Bankinter de Logroño. Tenía en esa entidad un depósito a plazo que estaba punto de vencerse y de repente se comunicó por correo electrónico la subdirectora de esa oficina, María del Carmen  Sánchez San Pedro, para saber qué iba a hacer: simplemente dejar que el dinero siguiese en el mismo lugar a ser posible, le contesté. Me sorprendió que no recibí acuse de recibo a mi correo ni respuesta alguna.

La llamé por teléfono y le pregunté por qué no había contestado. Nada, solamente que como habían cambiado las leyes en España quería ofrecerme  otro producto que ya me comentaría. Me quedé sorprendida, pero cuando colgué me sonaron las alarmas: no quiero producto ninguno; quiero que el dinero siga donde está, me dije y tal cual le escribí diciendo esto en el correo.

Contestó señalando que sólo quería ofrecerme mayor rentabilidad y que por ello me ofrecía  pagarés del banco. Nuevamente le escribí diciendo que NO quería  ningún otro producto sino que deseaba que el dinero se quedase en donde estaba.

Lo cierto es que busqué  por internet información sobre dichos  producto y me encontré que los pagarés son un producto financiero  donde sí se ofrece más rentabilidad que el tradicional depósito bancario, pero es mucho menos líquido y tiene más riesgos, al igual que ocurría con las preferentes. Los pagarés son títulos de renta fija que hasta ahora iban dirigidos a clientes institucionales, pero que los bancos españoles han empezado a comercializar entre el gran público.

A fecha de hoy, mediados de mayo, las entidades españolas han colocado ya 46.000 millones de euros en pagarés aprovechando la escasa cultura financiera del pequeño inversor y valiéndose del poder que sobre sus clientes tienen los bancos y cajas gracias a su inmensa red de oficinas.  Hay que señalar que los pagarés son más seguros que las participaciones preferentes, pero mucho menos que los depósitos.

Los pagarés –cuyos plazos oscilan entre los 3 y los 18 meses– funcionan de forma similar a las Letras del Tesoro, sólo que en los pagarés el garante es un emisor privado (el banco de turno) y no público (el Estado). Por tanto, Lo que no cuentan los comerciales es que el riesgo de los pagarés está vinculado al banco emisor, ya que no están cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos, que sí asegura los depósitos.

Es decir, que si el banco quiebra se puede perder el dinero –como ha ocurrido con los famosos pagarés de Rumasa– y el Estado no se responsabilizaría de los ahorros. No basta con fijarse en la rentabilidad, sino que hay que conocer la salud financiera del banco o caja emisores. Los pagarés son menos líquidos que los depósitos. Y en estos  momentos es recomendable que todos nosotros, pequeños inversores estemos muy alertas con estas disposiciones por cuanto la salud del sistema bancario español está en entredicho.

Además,  si se quiere recuperar el dinero invertido en un depósito a plazo fijo lo único que hay que hacer es notificarlo a la entidad y, en todo caso, se perderían parte de los intereses por cancelación anticipada, pero nunca el capital. Pero si se necesita el dinero invertido en un pagaré antes de su vencimiento tendremos que venderlo en un mercado secundario, que es muy poco líquido, y seguramente se perderán los intereses y parte del capital.

A bancos y cajas les resulta ahora más barato ofrecer pagarés que depósitos para captar ahorro. Los depósitos que ofrecen un interés por encima de la media están penalizados por la conocida como normativa Salgado, que obliga a las entidades adheridas al Fondo de Garantía de Depósitos a aportar un extra si sus depósitos superan un determinado tipo de interés. No ocurre lo mismo con los pagarés, que no tienen limitada la competencia en rentabilidad. Por eso, están ofreciendo intereses que superan el 4% anual.

Miles de modestos inversores han sufrido en los últimos años importantes pérdidas en productos que los comerciales bancarios les vendieron en su día como  muy seguros y que lo único que les ha provocado son quebraderos de cabeza. Y ya no sólo hablamos de preferentes o de cuotas participativas, sino que a algunos pequeños inversores les llegaron a colocar productos emitidos en Islandia o bonos de Lehman Brothers.

De tal manera que le envié a esta subdirectora de la entidad de Logroño unos correos calientitos y mucho más después de que ella apelase a un sentimiento de gratitud por mi parte debido a que no sé qué servicios.  Esto era lo que ella escribía en el correo:

“Lo que estamos haciendo a los clientes a la renovación de sus plazos es contratar pagarés del banco a plazo (6 meses por ejemplo) que es como hacer un plazo fijo pero del banco y podemos pagar un 3,25%. Recordarte que desde Bankinter únicamente se te está  haciendo un favor”.

Si se fijan, además de colocar en riesgo los  ahorros que confié en un momento a la entidad,  debido MUY ESPECIALMENTE  al momento por el que atraviesa el sector financiero español,  encima me estaba haciendo un “favor”. Un “favor” que podía salir muy caro, pero un “favor”. No utilizó la palabra “contraprestación”, que en todo caso es el tipo de relación que hay entre un banco y un cliente. No. Un “favor” es el que me estaban haciendo al colocar un dinero en un producto de mayor riesgo, menor liquidez  y que no está respaldado por el  Fondo de Garantía de Depósitos y en caso de quiebra bancaria la única garantía es la solvencia del banco en cuestión.

Por tanto sugiero a los lectores de este artículo que cuando escuchen estas palabras en boca de un  empleado bancario: “Es un producto buenísimo y superseguro. Mucho mejor que un depósito porque ofrece más rentabilidad. Es usted un privilegiado porque sólo se lo ofrecemos a nuestros clientes más fieles”. Será mejor que piensen como el periodista Manuel del Pozo de Expansión que se lo ofrecen “a sus mejores clientes o a los más imbéciles”. Y en estos momentos, de seguro, a los más imbéciles. Gracias María del Carmen, por el favor, pero mejor no, MUCHAS GRACIAS. No quiero tus favores ni los de Bankinter, especialmente si tienen un precio tan alto.

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14 mayo 2012 1 14 /05 /mayo /2012 03:05

 

  GERMEN DESTRUCTOR DEL SISTEMA CAPITALISTA

 

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Una vista de la manifestación de los indignados en Barcelona este 12 de mayo; a continuación dos imágenes de las pancartas portadas por los inidgnados madrileños. 

 

Desde el ordenador de mi casa, a miles de kilómetros de distancia de Europa, asisto asombrada  a la escalada de represión ciudadana que se está registrado en los países periféricos de este continente, tales como España, Italia o Grecia y de otros, no tan periféricos, como Inglaterra.

Esta escalada de represión en países democráticos, y no tan democráticos, no es nada nuevo. Como bien se señala en el  documental  Catastroika[1], desde el inicio del experimento de la implantación de las medidas neoliberales,  propugnadas por  lo que se conoce como La Escuela de los Chicago Boys[2], siempre ha  estado acompañado de una escalada represiva muy importante por parte del estado.

Estas medidas neoliberales de los Chicago Boys propugnan un estricto control del déficit presupuestario, a costa de realizar importantes recortes en los servicios  públicos tales como educación y sanidad y privatizar muchos otros servicios básicos como los de suministro de electricidad, agua, gas, telefonía o transporte. Estas iniciativas se venían impulsando en toda Europa desde hace tiempo, sin embargo, la crisis se convierte en una excelente excusa para profundizarlas utilizando para ello el chantaje de la deuda.

Lo cierto es que resulta inútil que se les recuerde, por activa o por pasiva, a los adalides de las medidas de los Chicago Boys  que  sus teorías lo que han traído, en los países donde se implantaron, fue, en un primer momento, un horroroso  shock económico,  seguido del sacrificio de una generación en aras de dicho experimento y, finalmente, el giro de la balanza hacia  el otro extremo del péndulo.

A pesar de que numerosos economistas, entre ellos el hoy en día famoso Paul Kruggman, Premio Nobel de Economía, advierten del peligro que entrañan dichas políticas, los líderes europeos actuales, como antes los  estadounidenses Reagan,  George Busch padre y más tarde su hijo, o los ingleses Margaret Thachert o John Major,  no escuchan dichas advertencias.

Para los que ya vivimos este momento de “euforia” privatizadora y recortadora de servicios básicos en otros contextos, resulta absolutamente asombroso ver como personas   que deberían tener más conciencia y juicio sobre las posibles consecuencias de sus actos, simplemente hacen alarde de no tener dicho sentido común o de no querer tenerlo.

Como desde el norte siempre se ha insistido que parte de los problemas de los países del sur eran en gran medida gracias a la enorme corrupción de sus líderes políticos parecía imposible pensar que lo mismo pudiese ocurrir en los países industrializados. Pero dicha ceguera sólo  puede ser comprendida  desde el punto de vista de que estos líderes europeos están inmersos en un entorno de corrupción tan grande que son incapaces de ver otra realidad que no sea aquella que desean ver.

Esto es grave. Profundamente grave. Estos señores se están auto engañando y al mismo tiempo, están tratando de engatusar a los ciudadanos para que crean que dichas medidas son por el bienestar común. Todo iría muy bien si la gran mayoría de la población, sobre la que cae todo el peso de la crisis, aceptase estas directrices dócilmente. Pero esto se ha demostrado que es imposible, incluso en países donde los ciudadanos tienen muchísimo menos conocimiento y formación política, como, por ejemplo, todos los países de América Latina.

El caso concreto que mejor conozco es el de Venezuela donde dichas medidas terminaron siendo  impulsadas por el líder social demócrata de mayor carisma que tuvo el país en su momento: Carlos Andrés Pérez. Amén de recordar el famoso Caracazo, explosión social que tuvo lugar en el momento en que se inicia la gran embestida neoliberal a estilo de los Chicago Boys,  hay que mencionar los siguientes periodos gubernamentales que fueron de descalabro en descalabro  en la medida que el descontento se generalizaba.

La gran coronación del fatídico experimento iniciado en el segundo mandato de Carlos Andrés Pérez, vino con la destrucción total del bipartidismo que había sobrevivido durante más de 30 años de democracia y el surgimiento de un gobierno dispuesto a dar un giro de timón violento, enfrentando, incluso de malos modos, las directrices de los adalides de las medidas neoliberales.

Como consecuencia, desde ese momento, la polarización social ha mantenido dividido al país, creando un profundo divorcio entre los ciudadanos de los diferentes extractos sociales y un ambiente revolucionario permanente donde la tensión entre los diversos frentes, tanto entre sus representantes, como entre sus seguidores, se mantiene a lo largo del  tiempo.

Como se sabe no es Venezuela el único caso en donde una gran mayoría de los ciudadanos han sabido inclinar la balanza hacia el extremo que les permite combatir unas medidas sumamente dañinas para ellos. Por todos es conocido que esta experiencia, con mayor o menor crudeza se ha vivido en la mayoría de los países suramericanos.  Por tanto, tras la experiencia de América Latina, parece increíble que todavía hoy en día, 30 años más tarde, los seguidores de los Chicago Boys insistan en una dirección cuyo camino es ya bastante conocido.

Para muestra un botón: ahí tenemos ya a Grecia. Las últimas elecciones le han lanzado un torpedo a la línea de flotación del bipartidismo. Su mapa político ha quedado totalmente fragmentado y los polos han adquirido un especial poder; por un lado la extrema derecha y por el otro la izquierda. Una vez más la realidad de la historia nos constata que cuando nos movemos en un extremo, la tendencia es ir hacia el contrario. Y es justo lo que está ocurriendo en Europa.

Seguramente las medidas represivas de los actuales gobiernos son un elemento catalizador que va a causar justo el efecto que no desean. Por eso, la idea que cunde entre los observadores imparciales y con conocimiento,  es que el sistema capitalista tiene en sí mismo su propio germen de destrucción. Sin duda, dicho germen, parece ser La Escuela de los Chicago Boys.  Me temo que este no era el objetivo que perseguían Friedman y Harberger. Pero sin embargo, sin proponérselo, ¡qué bien lo hicieron!



[1] Realizado por los creadores de Debtocracy, un documental visto por dos millones de personas y transmitido desde Japón hasta América Latina, y donde  analizan la privatización de los activos del estado.

[2] Chicago Boys es un término aparecido en la década de 1970 para denominar a los economistas educados en la Universidad de Chicago, bajo la dirección de los estadounidenses Milton Friedman y de Arnold Harberger. Los Chicago Boys tuvieron influencia decisiva en el régimen militar de Augusto Pinochet en Chile, siendo artífices de reformas económicas y sociales que llevaron a la creación de una política económica  referenciada en la de orientación neoclásica y monetarista, y a la descentralización del control de la economía. Milton Friedman acuñó el término el  “milagro de Chile” (The miracle of Chile), para referirse a la obra de sus discípulos en ese país.

 

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21 abril 2012 6 21 /04 /abril /2012 01:01

 

FÁBULA DE LA VIOLENCIA VENEZOLANA

DEL SIGLO XXI  EN BUSCA DE AUTOR

 

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 Este año que llevo en Venezuela ha servido, entre otras cosas, para llevarme al pasado de la mano del  Festival Internacional de Teatro de Caracas. En concreto a 1988. Aquel año fue el último  Festival Internacional de Teatro[1] al que asistí en Venezuela. Recuerdo que entonces cerré la temporada como en esta ocasión, con la obra de teatro española, en aquel momento ¡Ay, Carmela![2] y en este 2012 con Calisto.

En 1988 el Festival comenzó un 22 de marzo y terminó un 3 de abril; prácticamente fueron dos semanas de intensa actividad teatral. En este 2012, el FIT comenzó el 29 de marzo y terminó el domingo 8 de abril. Muy poco tiempo para alguien como yo que se encuentra en Venezuela realizando una actividad frenética que no me ha permitido programar mi agenda para asistir a un número determinado de funciones que me hubiese gustado disfrutar.

No obstante, sí estuve presente en Cuando quiero llorar no lloro [3] la violenta “fábula de  tres muchachos venezolanos -Victorino malandro, Victorino guerrillero y Victorino burgués- convertida en la metáfora de un país en construcción donde la continuidad de los procesos sociales siempre se cortan de súbito; la violencia es el arma de los individuos que continuamente tratan de buscar su pasado heroico, el de la independencia, y una constelación de mártires anónimos siempre traicionados por las generaciones siguientes”[4].

Como bien dice Lilia Boscán de Lombardi en su ensayo  “Identidad y literatura venezolana”[5]  la narrativa de Miguel Otero Silva es una unidad histórica que sigue un proceso continuo de la Venezuela del siglo XX y cada relato se sitúa en momentos fundamentales  del discurrir político del país. Ese continuo devenir refleja la sociedad venezolana dando testimonio de momentos cruciales de la historia venezolana.

En Cuando quiero llorar no lloro, Miguel Otero refleja  los años de la guerrilla vividos durante la etapa democrática de los gobiernos de Betancourt, Leoni y Caldera. Para el momento en que Miguel Otero edita esta novela ya había escrito Fiebre, publicada en 1939, y cuya trama gira alrededor de la generación del 28. En Fiebre el escritor narra la lucha, la rebelión y las experiencias vividas por él y su generación en las cárceles gomecistas.

En Casas Muertas, Miguel Otero refleja el país rural y atrasado que era Venezuela hasta la aparición del petróleo y Oficina Nº 1, publicada la primera edición en 1961, es la novela del comienzo de otro tiempo, el de la transición entre una sociedad rural y agrícola y la sociedad minera en que se convertirá Venezuela con la explotación petrolera.

Por otra parte, en La muerte de Honorio (1963) trata el caso de cinco detenidos y los vejámenes y torturas en las cárceles durante la dictadura de Pérez Jiménez y, finalmente, en Cuando quiero llorar no lloro, publicada en 1970,  se adentra en la violencia de la década del periodo  democrático en el marco de la IV República.

En esa misma  década  el grupo venezolano de teatro, Rajatabla, bajo la batuta del director argentino Carlos Giménez[6], adaptó para las tablas  Fiebre (1973), Casas Muertas (1987)  y Oficina N° 1 (1992).  

En la primera década del siglo XXI, en concreto en el 2009, Pepe Domínguez B. escenificó Cuando quiero llorar no lloro y los que asistieron a su puesta en escena señalan que la obra no cuajó. La pieza acusaba una falta de teatralidad evidente. Pero, en palabras del crítico de teatro E. A. Moreno Uribe, en este 2012 el director Pepe Domínguez : “con esa  valiosa y plausible tozudez  hispana[7], ha superado de principio a fin las fallas anotadas: hay más y mejores acciones dramáticas, menos narrativa, y la violencia verbal y la física, aunadas a la música y el  baile, se toman la escena de la sede rajatablina para magnificar el discurso escénico y hacer llorar ante la tragedia de esos tres muchachos criollos, quienes son consumidos porque una sociedad que no se apiadó de ellos y los sacrificó”[8].

Lo cierto es que viendo la obra no pude dejar de pensar que la violencia es un hecho que cruza trasnversalmente la historia venezolana. Mientras veía plasmada en escena  la novela de Miguel Otero Silva me preguntaba cómo sería la fábula que se pudiese escribir narrando la violencia que azota a esta  Venezuela de principios de siglo XXI.

Y es que este país, puerta de entrada en el norte del continente suraméricano,   se encuentra en plenos siglo XXI sufriendo día a día el flagelo de la violencia que, aunque es un fenómeno que viene de lejos, ha adquirido un cariz especialmente virulento en el contexto de la Venezuela revolucionaria y polarizada.

Las invasiones perpetradas a la propiedad privada, con total impunidad, parecen estar dirigidas por mafias bien organizadas que semejan tener conexión con diferentes vertientes de la delincuencia común, tales como el narcotráfico o los secuestros exprés. Esto es lo que parece desprenderse  de las noticias de sucesos que plagan las páginas de los diarios.

Esta violencia, reflejada en los medios de comunicación, o la que recorre el país de boca en boca, deja atónitos a los que escuchamos o la leemos; la saña de un ser humano perpetrada contra otro ciudadano es inusitada: cuerpos que aparecen decapitados o simplemente “cosidos” a balazos. Algo que nunca se había visto.

Y lo cierto es que en el  marco de esta revolución bolivariana semeja que un protagonista irrumpió en escena, el lumpemproletariado, masa anónima formada por individuos procedentes de la periferia marginal de la sociedad que bordea la delincuencia y que no tiene nada que perder. Esta figura de la revolución francesa, estudiada por el marxismo,  parece haberse adueñado de las calles y del día a día de los venezolanos, mezclándose con el submundo de la delincuencia, la droga y, con una actitud que raya en la desfachatez, muestra que se pasea por el país con absoluta arbitrariedad e impunidad.

Los más leales seguidores de Chávez reconocen que el líder fracasó en el control de este submundo que amenaza la estabilidad de la población. En vano parecen haber sido las misiones lanzadas para controlar esta ola de intimidación que tiene a la población confinada en sus casas después de las seis de la tarde. Este ambiente de terror espanta y esparce a la clase media que huye en busca de un presente y un futuro más seguro allende la fronteras de su país.

Y mientras Venezuela sigue siendo el destino preferido de los desheredados del mundo civilizado, de aquellos que buscan fortuna al amparo de la bonanza económica petrolera, la clase media criolla huye, cambiando ingresos por mayor seguridad, en pos de una calidad de vida que la actual situación del país no les ofrece. Seguridad ciudadana y  seguridad jurídica es uno de los anhelos de los venezolanos de esta Venezuela del siglo XXI. Y Miguel Otero Silva, ya no está para vivirla, aprehenderla y dejarla plasmada en una novela que sería la continuación de su obra narrativa. Por tanto, se puede decir que la fábula de la violencia venezolana del siglo XXI  anda en busca de autor.

 



[1] El Festival Internacional de Teatro de Caracas (FITC) es un evento cultural multinacional realizado en la capital de Venezuela  y otras ciudades desde 1973. Fue creado por el director de teatro Carlos Giménez con el apoyo del Ateneo de Caracas. Oficialmente se considera bienal, pero su programación ha sido alterada en varias ocasiones. En las dos semanas que  usualmente dura el festival, los grupos musicales, de teatro, danza y circenses invitados se presentan en instalaciones o sitios al aire libre seleccionados para el evento y cuyo eje es el Complejo Cultural Teresa Carreño. Desde su creación, el FITC se ha convertido en uno de los festivales más importantes del teatro mundial.

[2] ¡Ay Carmela! es una obra de teatro con dos actores de José  Sanchis  Sinisterra.  En 1988 fueron encarnados  por Verónica Forqué y José Luis Gómez.

[3] La novelística de Miguel Otero Silva fascinó a Carlos Giménez y este optó por teatralizar con su grupon Rajatabla. Giménez decía que ningún otro escritor criollo había logrado captar las claves de la Venezuela moderna y la esencia de su irredento pueblo.

[4].Moreno-Uribe,E.A, El espectador Venezolano, marzo abril,2012:http://elespectadorvenezolano.blogspot.com/

[5] Revista de Artes y Humanidades UNICA / Año 9 Nº 21 Enero-Abril 2008.

[6] Carlos Jiménez creía que ningún otro escritor criollo había logrado captar las claves de la Venezuela moderna y la esencia de su irredento pueblo como sí lo había conseguido Miguel Otero Silva.

[7] En realidad Uribe debería haber dicho: “con esa  valiosa y plausible tozudez  gallega…” ya que José Domínguez, nombre por el cual  lo conozco de los años de universidad, es nacido en Caballiño, un pueblo de Orense, en Galicia.

[8] Moreno-Uribe,E.A, Ob. Cit.

[9]

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28 marzo 2012 3 28 /03 /marzo /2012 00:51

VISIÓN DE FELICIDAD DE

DOS HUMILDES CIUDADANOS

 

 

 

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Recientemente un amigo, Isaac Nahon, comentó en Facebook la siguiente noticia: Encuesta privada de Datanálisis: Chávez aventaja a Capriles en 13 puntos. Isaac señalaba lo siguiente:

<<Póngamos estos datos en perspectiva. ¿Se acuerdan de la “encuesta de la felicidad”? ¿Aquélla que decía que los venezolanos éramos de los seres humanos que se declaraban más felices en el planeta? Que después de 13 años de esta tragedia, un 44 o 48 por ciento de venezolanos diga que va a votar por Chávez, es consistente con el “país de la felicidad” que somos. Es chocante, pero no sorprendente. Hay muchas maneras de explicar esto (clientelismo, autoestima, revanchismo, etc.). No hay duda que el virus de la “felicidad” que nos han contagiado ha calado en el “pueblo”. Es un milagro que todavía un 30 o 35 por ciento sigamos resistiéndonos a ser felices>>.

El comentario de Isaac, su incapacidad para ver esa felicidad de la cual hablaba la susodicha encuesta, me remitió a una conversación que escuché entre dos buhoneros que se ganan la vida vendiendo medias (calcetines en España) y bóxers (interiores) en las calles caraqueñas, justamente esa misma mañana.

Estaba sentada esperando encontrarme con alguien, distraída, cerca de donde ellos se pararon a hablar en una de las calles céntricas y populares de Caracas. Lo que había sido un sonido de fondo pasó a primer plano. En ese momento los dos humildes comerciantes hablaban sobre unos determinados grupos de música que se habían presentado en no sé qué lugar y cuya representación habían disfrutado de forma totalmente gratuita. En medio de su charla surgió la siguiente frase: ¡gracias a la revolución!

Tras esta expresión mi interés se tornó participativo e intervine en la conversación preguntando detalles, pues a ellos no parecía molestarles ni mi presencia ni mi escucha activa: “¿Dónde había sido el espectáculo?”, les interrogué. En la Plaza Bolívar, contestó el más joven. Se había presentado el Gran Combo de Puerto Rico y había interpretado lo mejor de su repertorio con motivo de la celebración de fin de año. A las once de la noche, comentó, había salido de su casa, en Caño Amarillo, con su familia y se había reunido con otros familiares y amigos en la Plaza Bolívar donde el Gran Combo estaba interpretando sus mejores canciones para los que quisieran asistir al evento totalmente abierto al público y gratuito.

Con mesas, explicó el joven buhonero favorablemente impresionado. “Nos llevamos nuestras cavitas (neveras portátiles), con la cerveza y la suegra llevó las hallacas”[1], le comentó a su compañero. “Los que tenían niños pequeños extendieron en el suelo una manta y los colocaron a dormir; pasamos la noche bailando, en ambiente familiar, bromeando con los amigos mientras los alrededores estaban custodiados por la Guardia Nacional. ¿Y tú sabes lo que es disfrutar del Gran Combo gratiñán?”, volvió a inquirir el joven dirigiéndose al otro buhonero y añadió: “¿Sabes cuánto cuesta una representación de ese grupo?” “Es costosa”, dijo el mayor, mirándome directamente mientras asentía con la cabeza en sentido de impresionada admiración.

A continuación el joven se dirigió a mi persona: “señora, yo no sé si usted es de aquí, si vive en Caracas o está de visita[2], pero para que sepa, en este país nunca habíamos podido disfrutar de este tipo de espectáculos a menos que “soltásemos” nuestros buenos “riales”. Hace algún tiempo vino al país los muñecos de Jurassic Park al Sambil[3], yo quise llevar a mi hija, pero las entradas costaban para los niños 300 bolívares y para los mayores 400. Yo desistí, pero un amigo llevó a su pequeña para darle ese gusto. Entró con ella y dejó fuera a su mujer. Entró por una puerta y salió por otra y de esa manera dejó 700[4] bolos en ese día por complacer a su niña. Prácticamente por nada”.

“El año pasado el gobierno trajo el mismo espectáculo y lo presentó en El Parque Los Caobos. Estuvo toda la semana. Yo pude llevar a mi hija y disfrutamos todos de un día domingo en familia sin gastar un dinero que no tenemos. Señora: finalmente se hacen cosas para que los pobres las disfruten. Antes solo la gente con “rial” podía. Y eso, gracias a la revolución. Disculpe, ¿cuánto tiempo tiene en Caracas?, si no es de aquí"

“Las dos cosas: soy de aquí y no soy”, respondí con la ambigüedad que acostumbro dadas mis circunstancias. "Soy de Caracas, porque nací en Caracas, pero sí estoy de paso porque vivo fuera. ¿Por qué?”, pregunté. “Para invitarla a que vaya a un espectáculo de esos cuando tenga oportunidad”. “Bueno, respondí, estuve en la Feria Internacional del Libro en El Teresa Carreño”. “Se fija, otras instalaciones que eran para la élite y ahora las puede disfrutar todo el mundo”, comentó. “¿Y le gustó?”, preguntó a continuación.

Antes de que pudiese contestar me sorprendió la intervención del mayor que le dijo al más joven: “¿sabes un libro que quiero leer? De Yare a Miraflores, el libro que escribió el amigo de Chávez, ese… ¿cómo se llama?... José Vicente Rangel”[5]. Al escuchar el nombre del libro, yo recordé que estaba entre los ejemplares que estuve escudriñando en la feria: El poder, la mentira y la muerte. De El Amparo al Caracazo, de Miguel Izard y otro referente a la misma explosión social de 1989 titulado El Caracazo, de varios autores cuyo costo rondaba entre los quince y veinte bolívares. Por ello procedí a informar del precio al interesado buhonero.

"Veinte bolos, te fijas, regalado”, exclamó dirigiéndose a su compañero. “Lo puedes conseguir en las Librerías del Sur”, le expliqué. “Tienes una cerca de la Plaza Bolívar, bajando por la calle que pasa frente a La Catedral o sino la misma que está en el Teresa Carreño”.

Tras darme las gracias por la información, y verse sorprendidos por los datos que les suministré, los dos humildes vendedores de interiores y medias se despidieron con la siguiente frase: “por todo esto señora, viviremos y venceremos” Y mirando a su compañero: “y por ello ¡no volverán!”.

Me quedé observándolos en su marcha, sorprendida de ver cómo el último eslogan de Chávez, ¡viviremos y venceremos!, ha calado en ellos, y al mismo tiempo sin dejar de pensar que ese ¡no volverán! me recordaba el grito que dirigió la legendaria Dolores Ibarruri, "La Pasionaria" a las masas en el Asedio de Madrid durante la Guerra Civil Española: ¡No pasarán!

Dentro de todo el contexto que me rodea también me quedé preguntándome cómo es posible que ese mundo, esa visión de esos dos humildes ciudadanos venezolanos, esté tan lejos de muchos de mis amigos y conocidos; tengo que reconocer que el mundo en el que vivo, en esta ciudad capital, está muy lejos de esa visión de la “otra Venezuela” que me dieron esos dos hombres en un fugaz momento en esta tan acelerada vida caraqueña.

 

 

[1] Típico manjar venezolano de Navidad, consistente en una especie de empanada de maíz cocida en hojas de platano.

[2] A pesar de haber nacido, y vivido más de veinte años en el país, la referencia a mi  persona como extranjera es constante.

[3] Un centro comercial  caraqueño muy popular entre la población.

[4] El salario mínimo en Venezuela es de 1.500 bolívares. Calculo que a los caraqueños le resulta más rentable vender medias o interiores en la acera de cualquier calle de la capital que trabajar por un sueldo que no llega cubrir la cesta alimentaria básica de una familia. Ni siquiera el salario de un profesional, ya sea administrador o médico, que asciende, en ocasiones, a los seis mil bolívares, cubre totalmente el costo mensual de un mercado.

[5] El 18 de marzo, salió en prensa que el libro se había agotado en la feria: “Se acabó el libro, no hagan más cola que se acabó!”, le gritaba una voz a quienes se mantenían en la fila para retirar gratuitamente el libro De Yare a Miraflores, el mismo subversivo, donde se encuentran las entrevistas hechas a Hugo Chávez por el periodista José Vicente Rangel”. (Noticias 24.Venezuela, 18 de marzo de 2012).

[6] Uno de mis actividades  favoritas es escudriñar librerías, y, por supuesto, las del gobierno venezolano, llamadas Librerías del Sur, no fueron una excepción. Por otra parte quiero informar a mis amigos españoles que El Teresa Carreño es uno de los teatros más importantes de Latinoamérica y se encuentra en el complejo cultural del mismo nombre. Fue inaugurado el 19 de abril de 1983.  

 


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15 marzo 2012 4 15 /03 /marzo /2012 01:08

 

 

HABLANDO DE CORRUPCIÓN EN LOS

  ORGANISMOS PÚBLICOS VENEZOLANOS

 

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Desde que estoy en Venezuela por doquier escucho señalar que los organismos públicos venezolanos son corruptos e incompetentes en grado extremo. Dado que ya llevo en el país nueve meses, la mayoría de los cuales me he visto inmersa en el papeleo de los organismos públicos me siento capacitada para emitir mi propia opinión. Todo ello con el objetivo de seguir en la línea de “AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR”.

Dado que por doquier existe ese rumor de la ineficacia de los organismos públicos venezolanos algunos amigos, con las mejores intenciones, me imagino, me remitieron a uno que otro “gestor” de trámites con la administración pública. Como quería ahorrar tiempo y trabajo, acepté la oferta.

Por ello y a pesar de que mis alarmas comenzaron a funcionar sino al primer golpe de vista, si al segundo, ofrecí, como siempre, la oportunidad a aquellos que se me habían acercado tal como me enseñaron. Pero dadas mis sospechas sometí a verificación cada una de las explicaciones de estos "gestores", lo que terminó de confirmar mis primeras ideas.

El tiempo me desmotró que estás personas que se dedican a esta labor de "gestores" entre particulares y los entes públicos venezolanos tienden a inventar historias y desprestigiar a los organismos estatales con el único objetivo de ver cómo consiguen sacarle más dinero al cliente que tienen delante de ellos.

Una vez constatada mis primeras impresiones decidí dirigirme personalmente a las organismos competentes y deshacerme de dichos “gestores” de la forma más prudente y correcta posible (confieso que no siempre).

El resultado fue que al apersonarme en las entidades correspondientes me he encontrado, en más de una ocasión, gratamente sorprendida: hay que hacer algunas veces largas colas, desde las primeras horas de la mañana, a veces desde las cinco o las seis, pero tengo que admitir que se ve, en todas partes, un esfuerzo por mejorar el servicio al ciudadano. Además, muchos de los empleados que están atendiendo a los usuarios me han disipado una creencia que tenía desde hacía veinte años y que estaba fehacientemente aceptada por toda la población que conocí en aquel momento: los venezolanos no saben ser serviciales.

Me he sentido no solamente bien tratada por muchas de las personas que me han atendido. Debo especificar que especialmente mujeres, tanto en la Prefectura de San Juan, que queda en San Martín, como en El Registro General que queda en la avenida Urdaneta o en las oficinas de FOGADE, tanto las que se encuentran en el centro cerca de la Plaza Bolívar como las que quedan en La Castellana; lo mismo tengo que decir de las dependencias del Seguro Social ubicadas en Parque Central. Igualmente me ocurrió en los servicios de Extranjería que se ubicados en el Centro Simón Bolívar.

Por ello, tras mi experiencia durante estos nueve meses, tengo admitir que he percibido una acción destinada a luchar contra la corrupción que no sólo viene desde dentro de dichos organismos sino que es impulsada desde afuera por desaprensivos que desean encontrar cualquier oportunidad para conseguir dinero fácil. Y es que los que buscan el dinero fácil en Venezuela, son, lamentablemente, muchos.

En la medida que se les siga impidiendo actuar de esa manera, en esa medida irán disminuyendo. Aunque hay que destacar que no sólo es responsabilidad de la administración luchar contra este tipo de actuaciones sino que también es deber de los ciudadanos no alimentarla creyendo a estos estafadores que se hacen llamar gestores.

También es cierto que me he encontrado con irregularidades evidentes, como, por ejemplo, la desaparición de más de 180 registros de nacimiento del año 1962, tanto del Registro General como del especifico, en este caso de la Parroquia San Juan. O por ejemplo, que la cédula de mi madre aparece registrada en el SAIME con otro nombre totalmente diferente al de ella, el de una señora procedente de Italia. ¿Desde cuándo? Ni idea. ¿Y cómo ha podido ocurrir esto? Tampoco se sabe. En estos momentos están investigando esta circunstancia.

Recientemente, un amigo viendo por todos los sinsabores que estoy pasando con el arreglo de estas tramitaciones legales me decía: necesitas ayuda. Y yo, casi a gritos, le dije: ¡NO, POR FAVOR! Te lo agradezco, pero no, MUCHAS GRACIAS. Deja que siga por mi cuenta. Y es que, sinceramente, aquellos amigos que me han querido ayudar recomendándome a alguien como gestor no han hecho más que, con sus buenas intenciones, meterme en enredos sin fin de "personajes" inescrupulosos.

Sin duda estos individuos obran de esta manera porque existen personas que les creen sus mentiras y les alimentan a seguir en este camino. Pero para creer a estos "señores" no sólo hay que ser persona de mucha fe, sino que, además, es necesario tener una cartera dispuesta a ser muy generosa. Confieso adolezco de ambas cosas.

 

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23 enero 2012 1 23 /01 /enero /2012 14:01

 

AL CÉSAR LO QUE ES DEL CÉSAR

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Quizás todas aquellas personas que han leído “Un nido de ratas del derecho”        se pregunten cómo está el estado de mis trámites legales en Venezuela. Por ello para aquellos que tengan curiosidad se lo cuento: un mes más tarde todavía están en la línea cero. Y procedo a contar por qué.

Tras, supuestamente finalizar los documentos a redactar por los cuales ya habían cobrado más del 50% del costo total, los abogados procedieron a entregármelos para introducirlos en los organismos correspondientes. De eso ya hace un mes. El problema es que lo que me entregaron no estaba completo: por una parte faltaba  anexar al conjunto total de documentos una fotocopia de su cédula de identidad (DNI en España) y otra fotocopia de su carnet de  inpreabogado del letrado asistente. Pero no lo hizo. ¿Ignorancia? ¿Mala intención?

El caso es que si no hubiese entregado esos documentos a tiempo, caso muy probable, habría incurrido en una infracción que hubiese ameritado una multa. Quizás este punto pueda hacernos pensar en mala intención y en una revancha por parte de los abogados tras los desacuerdos surgidos entre cliente y agente que oferta un servicio.     Afortunadamente logré sortear este escollo y simplemente conseguí  un papel de requerimiento que me instaba a presentar dichas fotocopias en un plazo de 20 días hábiles. Con este cometido procedí  a  llamar a los susodichos juristas para solicitarlas. Después de un tiempo me hicieron saber que no podían entregármelas porque estaban de vacaciones. En total  tendría que esperar once días hábiles. Mientras mis trámites estarían paralizados.  

Bien procedí a realizar una segunda gestión con dicha  documentación y entonces el organismo público competente al que me dirigí me informó que dicha documentación estaba incompleta  y que tenía que retornar con los abogados asistentes  para solicitarles que la completasen. Cuando revisé detenidamente la parte de la documentación que me señalaban me percate de que, efectivamente, no sólo no estaba completa dicha diligencia sino que, además, había quedado fuera un apartado por el cual estos abogados me habían cobrado el equivalente a un salario mínimo venezolano, siempre fuera de los honorarios pactados en un principio, por redactar tres cartas para gestionarlo. De cobrar el estipendio no se olvidaron ¡faltaba más!, pero de incluirla en la redacción final, eso sí, lo dejaron totalmente de lado.

Dado que no contestaban al teléfono celular (móvil en España) mandé un mensaje al hermano que había redactado el documento, informándole de que faltaba este punto y recordándole también que si de su inclusión no se habían acordado, del cobro por la redacción de las cartas necesarias no se les había quedado en el tintero. La respuesta fue la misma: cuando regresase de vacaciones solucionaría el problema. Evidentemente no tenían prisa ninguna. Ellos ya habían cobrado el 100 por cien de sus honorarios, ¿qué les importaba?  

Seguí esperando con paciencia. Cuando finalmente el hermano encargado me da  las fotocopias de su cédula, del carnet y la corrección necesaria para entregarla en el organismo correspondiente, me enteró que dicha corrección no servía. Y ahí fue donde constaté que los abogados que me recomendó  el hermano de mi amiga desconocía sino todos los procedimientos para realizar dicho trámite, sí algunos de ellos debido que el Código que los rige habían sido modificados en el 2001 con la redacción de uno nuevo y ambos desconocían, once años más tarde, la legislación respectiva al respecto. Si estos abogados no estaban debidamente preparados para asesorar en el tema, si lo estaban para cobrar. Yo creo que  equivalente a diecisiete salarios  mínimos venezolanos es demasiado para pagar a  unos principiantes.  Evidentemente, estos abogados sobreestiman en  mucho su capacidad de ejecución.

Pero la cosa no se queda ahí: una vez que les digo que tienen que rehacer el documento, de nuevo, de principio a fin, el hermano responsable de hacerlo, Alfredo González, me pide que yo, personalmente,  busque las planillas necesarias para ello. En esta ocasión me quedé atónita con su desfachatez. Nuevamente no sabía que pensar. Me sentí, una vez más, inmersa en el ambiente de realismo mágico de las obras de García Márquez: ¿tras cobrar lo que cobraron, aún tenía que buscarles la planilla? ¿Estaba ante unos desvergonzados? ¿Unos ineptos? ¿Ante quién estaba yo?

Tengo que decir que cuando redacté el anterior artículo sobre este tema, una amiga española me solicitó que no dijese que estos ya no tan  jóvenes abogados (estarán cerca de los 40 años), eran hijos de españoles por la vergüenza ajena que le causaban. Y aquí tengo que explicarle a mi amiga que sí tengo que decirlo, una y otra vez; a ella y a todos los españoles, tengo que aclararles  que entre emigrantes y refugiados de la guerra civil llegaron a Venezuela gente de diferentes partes de España que hicieron una gran contribución a Venezuela, con su trabajo honesto, duro, constante y bien hecho. A estas personas no sólo el estado venezolano, representando por los diferentes partidos tanto  de la anterior república, como del actual régimen,  sino también los venezolanos de a pie, le han reconocido su labor y la han alabado gratamente.

Pero de igual modo tengo que decir que entre los miles de españoles que llegaron a este país también estaban aquellos que sólo pensaban en  hacer dinero rápido y fácil; lamento decir que los abogados que me recomendaron mis amigos parecen ser la rémora de aquellos emigrantes y mucho me temo que si ellos son así ya nos podemos imaginar cómo pueden haber sido sus antecesores.

Toda la situación en Venezuela me ha causado un enorme  estrés y la misma  me obligó a recurrir a un médico para que me mantuviese bajo control  mis constantes por cuanto mi tensión se disparó. De hecho la situación de abuso y menosprecio de estos señores hacia mi persona, como cliente y como ser humano (no puedo entenderlo de otra manera) ha conseguido que mi tensión alcanzase picos muy peligrosos que pudieron poner en peligro mi salud.

Buscando remedio a mi situación he tenido interesantes conversaciones con el galeno que me atiende, Eduardo Jhan, quien, como venezolano,  no puede asimilar que estos señores hayan obrado de tal manera. Cuando lo hemos comentado, barajando todas las posibilidades que tenían (por ejemplo, con el carnet o la cédula, enviarla escaneada o por una fotografía sacada con el teléfono) nos preguntábamos entre otras cosas: ¿es que son retrasados? ¿No saben resolver un problema tan simple? O con el caso de las planillas necesarias para rellenar: ¿no las pueden bajar de internet? ¿Mandar a un motorizado que les cobraría unos cien bolívares? Y la conclusión fue: no se trata sólo de que no sean profesionales competentes, no se trata sólo de que sean ineptos para resolver problemas sencillos; no, simplemente la respuesta es que lo “único” que les interesa en esta vida a estos dos hermanos abogados es el dinero fácil. Conseguir mucho dinero de la forma más fácil posible.

Es la única explicación. No les interesa el trabajo bien hecho. Tampoco desean quedar bien con los amigos comunes que los recomendaron. No se preocupan por el daño que esto pueda ocasionar al “honor” y el “buen hacer” de aquellas personas que me aconsejaron recurrir a sus servicios. No les preocupa tampoco por dejar una buena imagen en el cliente que tienen delante de ellos, aunque sea por amor propio. Y, sin duda, es evidente que no tienen orgullo profesional ni tampoco un mínimo de dignidad. Y todo esto llevó a Eduardo, mi médico, decir algo que ya yo había pensado: ¡parecen retrasados!

Por ello mi querida amiga, te podrá doler mucho, pero lamentablemente, por el cuerpo de estos señores corre sangre española. Son la viva representación de la parte menos digna que ha quedado del paso de una generación venida a estas tierras de la península ibérica. Sí, es esa parte que nos avergüenza, pero que, lamentablemente también existe. Y al César, lo que es del César. Y sí estos españoles y sus ancestros fueron movidos sólo por el ansia de dinero fácil, hay que decirlo claramente. Hay que separarlos de aquellos otros que contribuyeron, y todavía contribuyen,  a levantar esta nación que es Venezuela con trabajo honesto y con el amor al buen hacer. Pero, lamentablemente, estos señores no están entre ellos.

 

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Published by Mercedes Fuentes - en Interés cultural
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