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24 diciembre 2011 6 24 /12 /diciembre /2011 00:55

 

 

 EL PARABRISAS TRASERO DEL CARRO

 ROTO POR UN MOTORIZADO.

  

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Este 23 de diciembre de 2011 un motorizado de las calles caraqueñas me “obsequió” con un regalo de Navidad al tirarme el casco del compañero que portaba en su moto al  parabrisas trasero de mi carro. El hecho se debió a que se enfadó porque estuvimos a punto de chocar, sin querer, al no verlo por estar pendiente de una camioneta de pasajeros que se me venía encima.

Hasta los momentos los motorizados caraqueños, que parece que se sienten dueños de las calles en el denso tráfico de la ciudad, me habían insultado o me habían golpeado el carro cuando consideraban que no les dejaba el espacio debido para que ellos circulasen. Y es que carros y motos se disputan las abarrotadas calles de la capital venezolana en un frenesí  que parece no tener fin.

Tras ver cómo había estallado mi parabrisas trasero, haciéndose añicos, sólo me quedaba seguir, pues ¿qué le iba a reclamar a un motorizado que trabaja con su vehículo como moto taxi? Y, en todo caso, en esta capital más vale perder que intentar ganar nada. Seguí adelante rumbo a realizar una de las tantas tareas pendientes, y que se me acumulan desde que estoy en Venezuela, dando gracias a que  este hombre de fácil  enfado me hubiese tirado al parabrisas un casco en lugar de sacar una pistola y tirarme un tiro a la cabeza, supuesto éste último que se ha dado en más de una ocasión en estas calles caraqueñas.

Iba camino de una notaría para buscar solucionar el problema de un poder que necesitaba y que tras  la disputa  con los abogados Rafael y Alfredo González había quedado aparcado a pesar de estar ya pagado. Solucionar el problema se convirtió en un asunto de ida y retorno: según Alfredo González el  papel redactado estaba en la notaría, pero luego resultó que no era así, tuve que ir a buscarlo de nuevo al despacho de los abogados, tras “recordarles” que ya estaba pagado, buscar los timbres, pagar en el banco correspondiente, todo ello inmersa en el tráfico de la ciudad estresante y contra reloj  debido a los tiempos de oficina que se manejan en el país.

A todo esto se sumó que  tuve que hacer estos trámites con el parabrisas roto, y con  mi madre, que tiene problemas locomotores, cuidando el carro  porque no podía dejarlo solo. Con los nervios de punta se me escapó decirle a María Guillén, funcionaría de la Notaría Pública 43 de Municipio Libertador que queda en la avenida Universidad,  que había vivido muy tranquila  los últimos años en España y que desde que me había venido para Venezuela mi tranquilidad se había ido para el “carajo”.

María se disgustó profundamente y cuando entró lo comentó con la administradora  de dicha notaría quien en voz suficientemente alta para que yo la escuchase, me imagino, dijo que no entendía porque los extranjeros tenían  que hablar mal siempre del país después que les había dado de comer; que eso era morder la mano del que les había alimentado y que en todo caso lo que tenían que hacer era regresarse para su tierra.

Le dije a María y su compañera que hacía tiempo yo no “comía” a expensas de Venezuela pues en su día había decidido irme, - sin mencionar que, además, no me siento extranjera aunque todo mi aspecto si lo diga a gritos- que tampoco había escogido nacer en Venezuela,  ni vivir en Venezuela y cuando tuve la oportunidad de tomar la decisión de irme me fui hasta que no tuve  más remedio que regresar.

Lo  que no le dije  a María ni a su compañera es las muchas  y buenas razones   por las que estoy tan contenta de haber tomado la decisión de irme. Entre otros muchos motivos,  porque con muchísimo menos me fue más fácil vivir, queriendo con ello decir: tener mi casa, mi pan y el de mi familia, la salud cubierta, la seguridad ciudadana y la educación de mis hijos. Pero de todos, quizás es el último punto es el  que mayor satisfacción me da.

Y es que María y sus compañeras se sintieron ofendidas por mi comentario, porque juzgaron que ofendí a su patria, su país, y me dijeron que eso les dolía. La pregunta que me hacía de regreso a casa es si acaso estas dos mujeres tienen hijos. Y es que, recientemente, esperando en una oficina pública, sentada -porque en algunas oficinas de la capital venezolana ahora las “colas”, como se les llama en Venezuela, o   “ filas”, como se les dice en España,   se  hacen cómodamente sentados en sillas,  una mujer joven que no había llegado a la cincuentena y que me antecedía,  me comentó que estaba pasando por  una época especialmente triste para ella, pues acababa de perder a dos sobrinos a manos del hampa: los dos habían fallecido con un intervalo de quince días.

Pero ahí no se quedaban las desgracias.  A continuación me informó que mientras se encontraba  acompañando a una de sus hermanas, con el objetivo de consolarla por la muerte de su único hijo, un conocido de su hija pequeña había entrado en la casa, la había amarrado y la había violado. Ante tal sucesión de acontecimientos, esta joven madre divorciada, había decidido vender su casa y trasladarse a  otro lugar para vivir con el objetivo de proteger a sus tres hijos, dos chicas y un chico, por los cuales temía. Y es que los acontecimientos parecían hablar de algún tipo de represalia, hecho éste muy común en Venezuela en los últimos tiempos, según reseña, frecuentemente, la prensa venezolana, especialmente  el diario Últimas Noticias[i].

Por todo ello, lamento volver a decir a María Guillén y a sus compañeros de oficina que reitero lo dicho: ¡que tranquila viví en Logroño, España, durante los últimos veinte años! Y repito: desde que llegué a Caracas mi tranquilidad se fue “pal carajo” y sueño con recuperarla. Y si algún daño le he hecho a Venezuela fue el darle mi esfuerzo y formación   –pagado parcialmente por el gobierno venezolano, si es que asistir a centros de educación privados es formarse a costa del estado-  a España.

Pero no olvidemos que, con todos  los refugiados españoles que llegaron a Venezuela después de la guerra civil, y los emigrantes de la década de los 50, Venezuela también percibió el esfuerzo laborioso de gente formada por el estado español en las diferentes áreas del quehacer humano: desde la artesana -pasando por la albañilería, fontanería, carpintería, entre otras- hasta la académica.

En este último apartado hay que reseñar que muchas de las instituciones más notables del país son el resultado del esfuerzo de exiliados españoles que contribuyeron en su fundación,  como es el caso de  la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela,  que contó con la presencia del filósofo español exiliado, Juan David García Bacca.

Su contribucción ha sido reconocida en Venezuela con la creación de la Fundación Juan David García Bacca, dedicada a la divulgación del su pensamiento filosófico.  En el caso   de la Universidad Simón Bolívar un concurso anual que premia el mejor trabajo escrito de final de Estudios Generales,   lleva el nombre de uno de los escritores del exilio español que realizó una labor destacada en esa casa de estudios: Segundo Serrano Poncela.

 Para finalizar, recordando lo que me dijo una de las compañeras de María Guillén: cuando los venezolanos emigran o viajan a otros países no hablan mal de ellos. Y desde aqui le digo a esa funcionaria que, efectivamente, los que conozco no lo hacen; están demasiado ocupados haciendo el recuento de las razones por las que se fueron de Venezuela, algunas de las cuales mencionó aquí y, en todo caso, me temo que si María y sus compañeros los escuchasen también se disgustarían mucho.

¡Qué se puede hacer!  Mientras la realidad de Venezuela no sea otra, y el sonido de las balas silbando de noche y en la madrugada, más el recuento de muertos por el hampa, ya sea por la prensa  o por el boca a boca de los ciudadanos, nos recuerden que se está mejor fuera que dentro del territorio venezolano, creo que María y sus compañeras tendrán que seguir aguantando el chaparrón de críticas de paisanos y extraños. Yo de momento hace mucho que hice lo que ellas sugieren: me fui.



[i]No es necesario leer estos casos en los diarios. Desde que estoy en Caracas me he enterado ya de varios casos similares. Además en el avión de regreso a Venezuela me encontré con un joven criollo, ex funcionario de unos de los cuerpos de seguridad del estado,  que regresaba furioso y preocupado porque, me decía, temía por su vida: regresaba porque no le quedaba más remedio, pero estaba consciente que en Venezuela lo podían matar como consecuencia de una represalia.

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14 diciembre 2011 3 14 /12 /diciembre /2011 08:57

 

 

UN NIDO DE RATAS DEL DERECHO

 

 

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"Antigua Corte Suprema de Justicia Venezolana y Palacio de las Academaias-Caracas D. C."

 

Desde que he llegado a Venezuela estoy escuchando como todo el mundo insiste que los problemas del país son de tipo político y que el responsable de todos los males es el chavismo. Personalmente siempre he insistido que el problema de Venezuela no es un problema político sino un problema de personas, un problema de formación y mala formación, un problema de falta, en muchos casos, de la más elemental vergüenza.

Una de las formas que he tenido de comprobarlo,  una vez más, es con lo que  ha sido la “gestión”, o podríamos decir, con la mala gestión de unos abogados que me recomendó el hermano de una  amiga y excompañera de trabajo. Una recomendación que yo pienso que el hermano de mi amiga realizó con buena fe, pero que le ha creado a él, y sobre todo a mí, muchos problemas.

El hermano de mi amiga me recomendó a dos abogados conocidos, con los cuales ya él había trabajado, Rafael González y Alfredo González, ambos alrededor de los 40 años,  hijos de españoles, y conocidos suyos del Club Catalán de Caracas, al cual suelen acudir y en cuyas instalaciones se encuentran  habitualmente. 

Yo estaba recién llegada a Caracas por una emergencia y tenía prisa por agilizar los trámites a realizar pues quería regresar con mis hijos cuanto antes. Por ello ni reparé en los honorarios que me presentaron dichos abogados, los cuales, me enteré más tarde por la información de amigos, y algunos abogados,  que son exhorbitantes: “te vieron pinta de española recién llegada y quisieron exprimirte” fue el comentario general. En  particular un amigo de universidad  me dijo, textualmente: “para ellos tú eres la vaca lechera que quieren ordeñar”. En opinión de un abogado que me ha estado asesorando y apoyando con estos jóvenes abogados  comentó: estos colegas son unos “mercantilistas” que me imagino es una forma eufemística de decir que son otra cosa menos honorable.

El caso es que en su día estos abogados me dijeron que cobraban un 25% de coste total por adelantado y el cual yo entregué. Al poco tiempo yo no había podido recaudar todos los documentos necesarios para seguir adelante, pero con motivo de que teníamos una cita pautada aprovecharon para decirme que ya habían introducido en Tribunales  la solicitud del documento requerido (posteriormente me enteré de que necesitaban todos los papeles que todavía no teníamos, por tanto, era imposible que hubiesen comenzado dicha gestión) para cobrarme un 25% más. Cuando conté este detalle entre mis amigos venezolanos me solicitaron, encarecidamente, que no se me ocurriese darle ni un céntimo más a estos señores porque me iba a quedar sin dinero y sin los trámites realizados.

Estando ya avisada, pues me esperaba una segunda jugada parecida,  esperé que se volviese a repetir la operación, como efectivamente ocurrió: me solicitaron el equivalente a otro 25% más, pero en esta ocasión era por trámites varios, pero sin presentar ninguna tipo de factura ni siquiera  una  relación de dichos trámites. Por supuesto, dije qué quería conocer a qué trámites se referían con esa frase de “trámites varios”. Les dije que ya les había abonado el 50% del costo total de la gestión que había contratado y que todavía no había visto ni un 25% de dicha gestión terminada.

Al día siguiente se comunicó conmigo Rafael González, pues la solicitud del 25% adicional, la había realizado su hermano Alfredo González.  El señor Rafael González quería saber  qué   pasaba, porque no había pagado los honorarios requeridos y le volví a repetir lo mismo que a su hermano. Ante lo cual me planteó que existían una serie de gestiones adicionales que ellos tenían que cobrar: ¿dónde está la relación de esas gestiones adicionales? ¿Dónde está la factura?, les pregunté. El caso es que el señor Rafael González consideró que mi tono era inapropiado para pedirle la relación de dichos trámites y la factura correspondiente, y por ello me colgó el teléfono.

Claro, pensé que lo inapropiado para él era que yo le exigiese la presentación de una factura que a partir de ese momento tenía que ponerse a desglosar. Independientemente, parecía que el  colgar el teléfono a una clienta, que era yo, era una forma de dar por concluida la conversación y, por tanto, la relación. El caso es que a esas alturas estos señores tenían ya todos mis documentos originales en sus manos más un poder firmado por mi para realizar dichas gestiones.

En el desglose que me presentaron –tras solicitar la intermediación de  nuestro conocido común, el hermano de mi amiga y excompañera de trabajo- aparecía el cobro de la solicitud de partida de nacimiento de mi hermano, una gestión que un principio pensé que sería el equivalente a más de un cuarto de un sueldo mínimo en Venezuela que fue lo que estos señores me solicitaron en un principio. Pero no, la cosa no se quedaba ahí, me estaban cobrando un sueldo mínimo completo adicional por una gestión que insistieron ellos en hacer y con la cual yo no estaba de acuerdo.

Lo cierto es que, me habían dicho que la partida de nacimiento de mi hermano no la habían podido tramitar en el Registro General porque no estaba y que habían tenido que recurrir a la prefectura correspondiente. Como todo esto me resultaba cuando menos extraño procedí yendo primero al Registro General  y después a la Prefectura para informarme personalmente de que, efectivamente, lo que decían estos “señores” era cierto.

Por supuesto, me negué a pagar el trámite irrisorio relacionado por la partida de nacimiento de mi hermano y seguí yo con dicha gestión tras acordar que no podía pagar lo que ellos me habían solicitado, más a mayores quedamos en que parte de la gestión la terminaría por mi cuenta y en todo caso aquellos trámites que ellos me estaban exigiendo serían a cuenta de aquellos otros que ya ellos no harían.

Solicité asistencia a un abogado amigo, Rafael Peraza Manzanares, en cuyo encuentro y conversación, me hizo sentir que estaba frente al abogado que necesitaba, pero que lamentablemente no podía contratar por haberme quedado sin dinero  al haber sido esquilmada por estos otros “personajes”. No obstante, Rafael Peraza, como un  amigo y caballero, haciendo alarde de los valores que los otros profesionales carecen, me acompañó, perplejo en todo este periplo, mientras me solicitaba que por favor me calmase porque dada la situación que tenía me podía pasar algo.

Gestionando la  partida de nacimiento de mi hermano me enteré que iba a pagar por adelantado un trámite imposible de realizar pues dicha partida de nacimiento ha desparecido con alrededor de más de 280 registros similares de las actas de 1962, todas ellas localizadas en la Prefectura  de San Juan en San Martín y  del Registro General de Caracas ubicado en la avenida Urdaneta.

Mientras me daban dicha información en la Prefectura de San Juan recibí nuevamente una llamada del abogado Alfredo González solicitando dicho documento para introducir la solicitud de  uno de los trámites.[i] Le dije que era imposible que le entregase la partida por cuanto ésta no existía y había que solicitar una reconstrucción de acta: “pues usted tiene que pagarnos lo que nos adeuda”, me dijo el letrado Alfredo González. Pero, letrado, contesté  ¿cómo les voy a pagar lo que les adeudo, si el trabajo no está terminado y en todo caso ya he pagado el 50% por un trabajo que ustedes todavía no han comenzado? Me colgó el teléfono en ese momento  y me quedé sin respuesta y pensando que, una vez más se repetía la urgencia de estos señores para el cobro. Claro, reflexioné, estamos a últimos de mes.

Sin salir de la oficina de la secretaria del director de la Prefectura San Juan en San Martín, el señor Antonio Márquez,  recibí de nuevo una llamada del la misma oficina de los abogados, en este caso era su empleado, el señor Peña, quien me dijo que al día siguiente le iban a dar la partida de nacimiento  y que todo estaría solucionado. Sintiendo que estaba viviendo  una situación irreal – el realismo mágico de Gabriel García Márquez-  le inquirí qué cómo era eso posible  si esa partida de nacimiento no existía: “es que había sido nombrado el nuevo Registrador”, me respondió y con la misma colgó.

Tras esto entro en la oficina de la  secretaria del  señor Antonio Márquez,  y le cuento lo de la llamada. La secretaria del director de la oficina negó que hubiese sido nombrado ningún Registrador y que si ello fuese cierto dicho nombramiento habría salido publicado en  la Gaceta Oficial. Para despejar mis dudas me permitió constatar en los libros de actas que la partida no podía ser entregada por cuanto estaba desaparecida. Al mismo tiempo me instó a solicitar una constancia  de la inexistencia de dicha partida, como primer paso para solicitar una reconstrucción de acta, y además me sugirió tener cuidado con la entrega de una partida de nacimiento falsa por parte de estos abogados.  La  constancia de que no existe la partida de nacimiento en el registro correspondiente ya está en mis manos y también conservo la relación  de gastos pasados por estos abogados donde aparece el correspondiente cobro por su tramitación.

Al día siguiente me llama el abogado Alfredo González  y me pregunta cómo íbamos a proceder. Lógicamente yo le digo: bueno, tu empleado me llamó para decirme que ustedes no iban a tener problemas con los trámites porque hoy le entregaban la partida de nacimiento. “No sé señora Fuentes, no entiendo cómo el señor Peña pudo haber dicho esto, porque ya habíamos quedado que usted misma la   tramitaría”. Se pueden imaginar mi desconcierto una vez más ante la retahíla de mentiras que se venían sucediendo y es que  la llamada del señor Peña, el día anterior, había sido realizada desde el propio teléfono de la oficina de los abogados, pues dicho número aparecías en pantalla durante la llamada.

Les dije que  como no teníamos partida de nacimiento me habían dicho que se podía realizar con los datos filiatorios de mi hermano recogidos en el SAIME (y aquí hay que acotar que ya tiene inri que esté pagando un dineral a estos “profesionales” por resolver un asunto y tenga que ser yo la que encuentre la forma de solucionar el problema porque ellos de lo único que parecen estar pendientes es de cobrar a últimos y quincena esté o no esté el trabajo realizado). En este caso tuve que decirles cuál era el procedimiento a seguir para culminar la labor. 

Pero, por supuesto, aquí no han terminado los problemas, pues todavía no tengo ninguno  de los trámites a realizar finalizados. Incluso no sé si tendré que buscar un o unos abogados para defenderme de las malas acciones de estos "abogados". E incluso, no sé si tendré que terminar demandándolos como delincuentes.

No obstante, para finalizar y no hacer este artículo más largo, yo no hago más que recordar que en una de las primeras citas el abogado Rafael González, quien se muestra inconforme con la marcha del país bajo el actual régimen del presidente Hugo Chávez, me había dicho que un recién licenciado en derecho había preferido irse a trabajar a una oficina pública en lugar de permanecer en su despacho de abogados. Claro en su mente relacionaba oficina pública venezolana con desorden y corrupción, por lo que entendí.

Y yo me pregunto, ¿es que este hombre no se da cuenta de que tal cómo gestiona su oficina, ésta parece más un nido de ratas del derecho que un lugar de  profesionales serios? ¿Es que piensa que una oficina pública es menos seria que su despacho?  Personalmente no sé si es mejor  que su despacho, pero peor lo dudo.

Como me decía mi médico: tranquila Tu salud no se puede resentir porque en tu cabeza no entre que pueda  existir gente que obre sin ética y sin honestidad. Tienes que aceptar que estos seres humanos existen. Que sí, que te están robando y que han tenido éxito robándote, porque ellos son exitosos en eso. Tienes que aceptar que te han atracado, porque eso es lo que han hecho, legalmente, pero eso es lo que han hecho porque eso es lo que mejor saben hacer. Pero tienes que darte cuenta de que entre ellos y tú hay una gran diferencia: ellos son unos marginales y jamás podrán entender que exista gente con ética y honestidad. En su mente es incomprensible. Esto es así y no puedes dejar que tu salud se deteriore por su culpa.

Mi amigo el abogado, me apuntaba: la palabra para calificar a esos señores no es “marginales”, la palabra es  “malandros”; son unos “malandros” del derecho, los cuales, lamentablemente, hay muchos en esta profesión. Y puntualizaba: ¡y me extraña! ¿Por qué? le pregunté. ¿Porque son hijos de españoles? Sí, me contestó. “Si sus padres no lograron inculcarle valores  y los que tienen los adquirieron en las calles caraqueñas, son mucho peores que mucha gente de los barrios marginales que ellos tanto parecen despreciar, porque, puedes estar seguro, que muchas personas de barrio tienen los valores que a ellos les falta y ni cuenta se dan de eso. Y para eso amigo, no tiene nada que ver con quien sean o de donde sean originarios sus padres, aunque España, o cualquier otro país europeo, se le relacione preferentemente con los valores humanos ” le respondí.

El hermano de mi amiga decía: última vez que recomiendo a nadie. Última vez. La verdad que esta experiencia le deja a él, y a mí, la seguridad de que si de verdad no se conoce a alguien bien, mejor es no recomendarlo. Eso sin ninguna duda,  en cualquier latitud, pero especialmente en Venezuela.

Finalmente señalar que como decían mis dos amigos, el abogado y el médico, estos  señores son “malandros”[ii], unos “malandros” del derecho. Pero son  también marginales, unos marginales de los valores porque son incapaces de tenerlos, de vivir de acuerdo con ellos y lo que es más: son incapaces de reconocer su existencia o inexistencia. Por tanto, sí, también son unos marginales, porque se encuentran en el margen de los valores que existen al no poder vivir de acuerdo con ellos  y no poder reconocerlos. De ahí que sean, unos “malandros” y su oficina un nido de “ratas” del derecho, posicionándose, de esta manera en el lado marginal de la sociedad.




[i] Cosa rara porque cuando dije que cancelaba lo que había realizado hasta los momentos y no más  me dijo que ya estaba introducido, además de que cuando me cobraron el 25% restante también supuestamente ya habían realizado dicho trámite.

[ii] Término coloquial venezolano que significa delincuente.

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19 noviembre 2011 6 19 /11 /noviembre /2011 23:52

  

    

SI LOS ALUMNOS NO FUESEN IGNORANTES

NO SERÍAN NECESARIOS LOS PROFESORES  

 

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Este 16 de noviembre publicó El País  una entrevista con Jordi Llovet, catedrático prejubilado de Literatura comparada, de la Universidad de Barcelona,  titulada“La mala hora de las humanidades”. La entrevista se centra en el libro Adiós a la universidad. El eclipse de las humanidades que el profesor Llovet  publica actualmente  con Galaxia Gutermberg y el Círculo de Lectores.

En este libro Jordi Llovet recorre cuatro décadas de docencia y ocho siglos de historia intelectual, que abarcan desde la fundación en Bolonia de la primera universidad europea en el siglo XII hasta la declaración del  Plan Bolonia en 1998 que el autor describe como "meter la mano neoliberal en la organización de la enseñanza superior".

Pero no es este punto el que me obliga a escribir sobre la entrevista, a pesar de que el tema es extremadamente oportuno en la actual situación por la que atraviesa Europa. No, lo que me  instó a sentarme delante del ordenador es la parte de la entrevista donde   el profesor Llovet afirma que volverá a dar clases sin cobrar en febrero de este año; al mismo tiempo declara que los estudiantes son para él lo más digno de la universidad. Y a continuación se pregunta: "¿Que son ignorantes?” para luego afirmar que ese punto es lo que le anima a trabajar.

Y es que, efectivamente,  un buen profesor, que ame enseñar, de lo último que se puede quejar es de la ignorancia o de la falta de interés de sus alumnos. Los buenos profesores, con verdadera vocación, y conocimiento amplio del tema que imparten, normalmente saben que cuando el interés de un alumno falla el fracaso es del docente al no conseguir la estrategia adecuada para guiarlos a través de los conocimientos que les desea transmitir. Por otra parte, para el buen profesor el desconocimiento de sus alumnos no es un problema porque considera que para subsanarlo está él.

La convicción del profesor Llovet  me remite a experiencias no tan lejanas con profesores a los que observé  mostrar disgusto por la falta de ciertos conocimientos de sus alumnos. Tengo que decir que cuando escuché a estos profesores  pensé que aún cuando se lamentaban  de la ignorancia  de sus alumnos en realidad estaban admitiendo sus propias carencias  en la misma materia. Por tanto, el problema no era la falta de conocimiento de sus discípulos sino su falta de dominio del tema que le impedía guiarlos acertadamente.

Lo peor del caso es que dichas carencias del  profesor remiten  a una falta de estudio y trabajo, el cual ya se sabe que es solitario y duro, pero imprescindible para poder enseñar adecuadamente. Estas carencias convierten al profesor en egoísta y ciego frente a las necesidades de sus educandos, al mismo tiempo que  se revela como un profesional muy mediocre.

Y es que lamentablemente  “la mano neoliberal” y el “mercantilismo de la enseñanza” no se siente sólo en los “planes y su reorganización” sino también  en la forma como asumen ciertos pedagogos su misión, los que se centran más en el prestigio social que les da su cargo o en los ingresos económicos (sin duda muy necesarios para vivir dignamente) que en su vocación. Lo que es más, de estos profesores dudo, y mucho, que tengan verdadera vocación.

Recientemente una amiga, psicóloga clínica, que imparte una materia en un postgrado  de la Universidad Central de Venezuela me comentaba que el semestre que imparte dicha clase se siente tan satisfecha  que cuando concluye el período lectivo se olvida de cobrar el estipendio que  percibe al  final del mismo.

Personalmente he vivido la experiencia de estar recientemente frente a dos grupos de cuarto y quinto semestre de Comunicación Social en  la Universidad Santa María de Caracas. Una ex compañera de trabajo, hoy en día profesora en esa universidad, me invitó a dar una charla sobre El periodismo en la era digital. Al finalizar dicha charla  me encontré reflexionando, no sin cierta sorpresa,   sobre la maravillosa inocencia y candor que percibí en los alumnos; jóvenes de más de 20 años ansiosos de saber y conocer y todavía moldeables. No pude dejar de mirar hacia el pasado y verme junto a mis compañeros en la misma situación. Sin duda estos jóvenes se merecen no sólo buenos profesores que amen transmitir sus conocimientos   sino también una universidad que no sea una mera empresa.

Pero, lamentablemente, nos encontramos en una fase de la historia donde el capitalismo vuelve a mostrar su peor faz, con su despiadada lógica y su carencia absoluta de moral como bien apunta el profesor LLovet.  Y  esta es la razón por la cual "los jóvenes más tecnológicamente avanzados ya no creen en el progreso” porque saben que su futuro es más precario que el de sus padres. Esto ha sido así desde la década de los 80. Cada nueva generación se ha enfrentado a un futuro menos promisor que  el de sus progenitores y parece que este lineamiento se está a profundizando en este principio de la segunda década del siglo XXI. ¿Podrán los jóvenes de hoy en día recuperar el camino perdido?  Mi generación, que es la de sus padres, conscientes del futuro que les espera, está a su lado en esa lucha. Al menos que no se diga que no la hemos librado aunque en el camino terminemos derrotados.

No olvidemos que no es solamente el futuro laboral y la calidad de vida de estos jóvenes lo que está en juego. Es también la formación de sus hijos, nuestros nietos, la cual promete verse disminuida notablemente. Lamentablemente, una vez más los intereses bastardos vuelven a prevalecer. A ver si en esta ocasión la población sabe enfrentarse a sus abanderados y se les  corta el paso. Desde aquí expreso mi adhesión al movimiento global de los indignados, esperando que perdure en el tiempo y se convierta en el faro a seguir en medio de esta “costa da morte” que dejan a su paso el poder financiero encarnado por los organismos internacionales y apoyado por el poder político que día a día va perdiendo legitimidad  frente a los ciudadanos.  

 



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30 octubre 2011 7 30 /10 /octubre /2011 22:30

 

 

SIGNIFICADO DE PERSONA SENSATA.

 

 

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Hace algún tiempo que le debo a una amiga un artículo sobre lo que personalmente considero que es ser sensata o sensato. Y es que en una ocasión hablando sobre ella con otra persona conocida por ambas, mencione que una de sus virtudes destacadas era la sensatez. No había terminado de decir esto cuando se me ocurrió pensar que este adjetivo, que según la RAE significa prudente, cuerdo, de buen juicio, se puede asociar con  valores  diferentes según el marco de referencia de quien lo interprete.  Por tanto me consideré en la obligación de aclarar cuál es el significado que para mi tiene esta palabra y cuál es el marco de referencia del cual parto.

Para poder explicarlo necesito remitirme primero a la clase de Psicología Social, impartida por el profesor Marcos Brito, en la Escuela de Comunicación de La Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, Venezuela en la década de los 80. En esta cátedra los alumnos realizamos un análisis de contenido de una obra según las teorías de la motivación desarrolladas por el investigador estadounidense David MacClelland durante las primeras décadas del siglo xx.

En mi caso analicé, junto con dos compañeros de clase, la obra de teatro La quema de Judas del escritor venezolano Román Chalbaud. En dicho análisis había que señalar los indicios de las tres motivaciones principales del ser humano según McClelland: la del logro (necesidad de realización), la de poder y la de afiliación.

Según este estudioso del comportamiento humano, cuando la motivación al poder predomina sobre las otras dos  se entra en un proceso destructivo con consecuencias negativas para el individuo y su entorno. Un equilibrio sano requiere el predominio de la motivación al logro y la de afiliación.

La motivación al poder está representada por la urgencia que tiene una persona de poseer gran cantidad de recursos económicos, muy por encima de sus necesidades, y  acumular bienes materiales. Adicionalmente se caracteriza por la disposición de dominar el entorno según sus deseos y se identifica por el apremio de reconocimiento y prestigio.

Cuando esta motivación prevalece la persona es capaz de involucrarse en negocios poco claros, incluso delictivos, tales como el narcotráfico, tan difundido en nuestros días, con el objetivo de  conseguir dinero para poder mantener una vida de gasto y lujo. En el caso de los seudo intelectuales que adolecen de un exceso de esta motivación son proclives a robar las ideas de otros con el objetivo de obtener prestigio y visibilidad social o mantener su posición. Otra característica de estos sujetos, de todas las profesiones y clases sociales, es la predisposición para trepar posiciones socialmente a costa de pisar a los que están a su lado o de corromperse y corromper a otros.

Este tipo de personajes  suelen ignorar la elección de auto realización que no tiene nada que ver con la búsqueda de prestigio, mayores bienes económico o reconocimiento social: un político busca la auto realización cuando su objetivo es ejecutar una obra en beneficio de la comunidad o en el caso de un profesor cuando observa que ha conseguido enseñar a sus alumnos. En el caso de un médico cuando logra curar a sus enfermos…

Por el contrario cuando un político, o hombre de negocios, sólo está motivado por el poder que da el cargo, por el dinero  y el deseo de visibilidad que le da su posición será fácil que caiga en la corrupción dado que para conseguir lo que desean no importan los medios sino los fines. En el supuesto de un profesor impulsado por la motivación al poder le interesará más el dinero, su imagen como tal o el prestigio que le reporta su posición en lugar de la propia  labor educativa o el respecto a la ideas de sus compañeros y alumnos. Para el médico no sólo será más importante el prestigio sino también estará más ávido por el dinero que en conseguir el bienestar y la salud de sus pacientes. Esto sólo por mencionar cuatro de las profesiones de más actualidad en estos momentos.

Como señala el investigador estadounidense David MacClelland, cuando una persona actúa impulsada por la motivación de auto realización,  genera felicidad  no solo para sí misma sino que además contribuye  forjando mayor bienestar en su entorno. Cuando actúa por motivación al poder el resultado  es el inverso.

McClelland afirma además, que la motivación de auto realización, deja al individuo satisfecho internamente  y le crea relaciones armoniosas con su medio. Cuando por el contrario el individuo actúa por la motivación de poder, crea malestar a su alrededor e infelicidad para sí mismo: no consigue nunca la satisfacción buscada porque entra en un bucle interminable donde la necesidad de  poder se incrementa paulatinamente sin que llegue a tener fin.

Es ya muy conocido, y tratado exhaustivamente por expertos diferentes, el hecho de que en nuestra sociedad occidental predomina la motivación al poder en detrimento de  la motivación al logro. Esta última suele estar en la antípoda de lo que los individuos buscan.   Y es que, como dice Erich Fromm en su obra Psicoanálisis de la  Sociedad Contemporánea y en Tener y Ser[1], en la actual sociedad el ser humano sufre un proceso de alienación que lo llevan a confundir el “tener” con el “ser” causando a los que le rodean y a sí mismo infelicidad.

Para finalizar con toda esta disgregación, e ir al punto central de mi artículo, tengo que decir  que considero que una persona es sensata cuando logra un equilibrio entre  la necesidad de auto realización,  la de afiliación y la de poder. Por tanto, cuando dije que la cualidad que más me gustaba de mi amiga era la sensatez quise decir que ella ha conseguido este logro tan poco propagado en la sociedad actual: la de ser una persona altamente motivada por una profunda necesidad de auto realización y de establecer relaciones sanas con su entorno humano, ya sean amigos o familiares. Sin duda antepone el “ser” al “tener”. Considero que mi amiga es una de esos pocos seres humanos privilegiados que ha escapado al padecimiento de  esa enfermedad tan generalizada como es la de la ansiedad inconmensurable de poder de nuestra sociedad y que tan claramente ha quedado al descubierto en la actual crisis que sacude a occidente.  

Y es que desde luego no me puedo imaginar a los causantes de la presente falta de liquidez del sector financiero como seres humanos sensatos[2]. Ni tampoco a los líderes que son incapaces de gobernar a favor de las mayorías. Tampoco puedo considerar sensatos a aquellos hombres de negocios que se están aprovechando de la miseria de los demás, y sea comerciando drogas o  especulando con el problema de la deuda de los países europeos sin importarles si por el camino cae un ser humano, un sistema educativo más igualitario o un sistema de salud que garantice el bienestar de los ciudadanos. Todo lo contrario: son el símbolo máximo de la insensatez y de la alienación en esta sociedad enferma de necesidad de poder, prestigio, protagonismo y visibilidad. Estos sujetos no hacen más que dejar a su paso dolor y destrucción. Todo esto es el símbolo de una enorme insensatez.



[1] Erich Fromm señala en su obra Tener y Ser que la orientación de tener es característica de la sociedad industrial occidental, en que el afán de lucro, fama y poder se han convertido en el problema dominante de la vida. Indica que  LA ALTERNATIVA entre tener que se opone a ser, no atrae al sentido común: “Parece que tener es una función normal de la vida: para vivir, debemos tener cosas.  Además, debemos tenerlas para gozarlas.  En una cultura cuya meta suprema es tener (cada vez más), y en la que se puede decir de alguien que "vale un millón de dólares", (En inglés de los Estados Unidos, es la manera común de decir que tiene un millón de dólares. [T.]) ¿cómo puede haber una alternativa entre tener y ser?  Al contrario, parece que la misma esencia de ser consiste en tener; y si el individuo no tiene nada, no es nadie”.  

[2] En su obra ya citada Erich Fromm señala  que el egoísmo que genera el sistema hace que los gobernantes antepongan su éxito personal a su responsabilidad social:“Ya no nos  sorprende cuando los dirigentes políticos y los "ejecutivos" de los negocios toman decisiones que parecen beneficiarlos, y que al mismo tiempo son nocivas y peligrosas para la comunidad.  Desde luego, si el egoísmo es un pilar de la ética práctica contemporánea, ¿por qué habrían de  actuar de otra manera?  No parecen saber que la avaricia (como la sumisión) vuelve a la gente estúpida aun en lo que atañe a su verdadero interés, al interés de sus propias vidas y de las vidas de sus esposas y sus hijos (cf.  J. Piaget, El juicio moral del niño).  Al mismo tiempo, el público en general está tan egoístamente preocupado  por sus asuntos particulares que presta muy poca atención a los problemas que trascienden el terreno personal”.

 

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26 octubre 2011 3 26 /10 /octubre /2011 00:47

 

 

 

 LA SOCIEDAD PALESTINA DEL SIGLO I DE NUESTRA ERA  

Y EL MOVIMIENTO DE LOS INDIGNADOS EN EL SIGLO XXI

 

 

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En estos días, por circunstancias de la vida, me encuentro revisando objetos relacionados con mi pasado. Estoy en proceso de rescatar los que me interesan y desechar los que no. Entre mis pertenencias abundan los libros y también las pinturas al óleo; los primeros son muestra de mis primigenios intereses literarios y los otros de mis escarceos en el mundo del arte. Todos estos objetos pertenecen a esa etapa inolvidable de la vida que es la adolescencia y primera juventud  y son una muestra de la persona  que en ese momento yo era.

Me gusta y  sorprende ver todos estos elementos en la distancia; cuando observo mis pinturas me admiro de su calidad y recuerdo el disgusto que me causaron en su día por encontrar que no alcanzaban el nivel que yo me exigía. Lástima, pienso, ello me impidió persistir y mejorar en ese camino.

Con los libros mi asombro radica en ver la seriedad de los temas a los que me enfrentaba; reconozco algunos ejemplares que hoy en día ya no se encuentran en las librerías. Es el caso de La revolución cultural (Desafío de una juventud) de Luis Antonio Villena, libro que me fue muy útil durante mis cursos de doctorado en La Universidad de La Rioja y que ni siquiera recordaba que tenía en mi biblioteca personal de Caracas.

Pero uno de los que mayor regocijo me causó al toparlo fue El dogma de Cristo  de Erich Fromm. Un librito pequeño, delgado, de apenas unas 105 páginas, donde el filósofo judío alemán analiza la evolución del dogma cristiano desde sus primeros albores en la Palestina del   siglo primero de nuestra era. No fue este el primer libro de Erich Fromm que leí sobre los entresijos del hecho religioso. Hay otro, Y seréis como Dioses[i], donde el filósofo aborda el inicio del monoteísmo del pueblo hebreo y su posterior difusión a través del cristianismo y del islam que también me interesó en su momento, pero el cual me llevé en mi periplo vital durante los últimos años.

Al reencontrarme con este libro de lectura de mi primera juventud, ya olvidado, no pude menos que sucumbir a la tentación de volver a leerlo. Ya no recordaba la mayor parte de su contenido. Mi asombro fue grande al descubrir la similitud de muchas de las descripciones de la sociedad palestina que rodeaba al cristianismo primitivo con las de la sociedad actual. Casualidades de la vida, pensé, reencontrar este libro en las actuales circunstancias.

Fromm aborda el análisis del dogma de Cristo desde su primitiva concepción, el cual señala, respondía a las necesidades de una parte de la sociedad palestina en rebeldía y franco enfrentamiento,  no solamente con el poder romano sino también con las clases superiores de su propia sociedad que también les oprimían. Estas clases estaban formadas por un lado por los Saduceos y por otro por los Fariseos; los primeros formaban parte de la rica clase alta y los segundos formaban parte de la ciudadanía de clase media.

Por debajo de estas clases se  encontraba la población rural, agotada por el enorme peso de los impuestos,   la cual terminaba engrosando la lista de los esclavos al no poder cumplir con las deudas, o pasaban a formar parte del proletariado al ser despojados de sus medios de producción o de su pequeña hacienda. A estos extractos los llamaban  Am Ha-aretz.

Fromm señala que el odio que los Am Ha-aretz sentían por los Saduceos y los Fariseos queda patente en el Talmud en una afirmación del rabino Akiba, uno de los Fariseos más importantes, proveniente él mismo del extracto de la Am Ha-aretz: “cuando era todavía un hombre común (ignorante) del Am Ha-aretz  solía decir, si pudiera echar las manos sobre un estudioso lo mordería como un asno”. Y prosigue el Talmud, “Rabi, di como un perro, pues un asno no muerde”. A lo que Akiba respondió: “cuando un asno muerde por los general quiebra los huesos de sus víctimas mientras que un perro sólo muerde la carne”.

Esta situación de odio entre las clases oprimidas y medias trajo una serie de rebeliones y actuaciones extremistas  como la representadas por un ala de los Celotes “que formó la sección secreta de los sicarios que por medio de ataques y conspiraciones comenzaron a ejercer una presión terrorista  sobre los ciudadanos de la clase acomodada”[ii] y que Fromm describe muy bien en su libro.

En medio de todo esto, dice Fromm, aparecieron los profetas y seudo-mesías que de modo análogo no dejaban de crear agitación entre el pueblo común el cual, dada su situación, “no tenían nada que perder y en todo caso quizás algo que ganar”[iii]. En este ambiente surgió la desconfianza y el recelo ya no solo frente a los mandos políticos y a las clases superiores, sino también frente a los maestros, las autoridades religiosas  e incluso ante la potestad paternal. La rebelión era una rebelión contra todo el status quo.

Y al leer este análisis de la sociedad palestina de hace dos mil años, con un opresor externo, el Imperio Romano, y otro interno, las clases pudientes de los Saduceos y Fariseos,  me llena de asombro ver las similitudes con la sociedad actual y el movimiento de los indignados que cubre todo el orbe occidental: ¿acaso no vemos el mismo recelo frente a la autoridad (el gobierno, los políticos) en los indignados? ¿Acaso no se ve un opresor externo, los intereses del imperialismo remanente de Estados Unidos, simbolizado en el FMI, y las potencias europeas por excelencia representadas por Alemania e Inglaterra? No sólo está el recelo frente al poder dominante, proveniente de Europa y a la clase superior avasalladora, en este caso la del mundo de las finanzas, tanto interna como externamente, representada en su máxima expresión por el poder económico de Wall Street, sino también contra todos los que los apoyan y mantienen sus privilegios ya por omisión o apoyo abierto: medios de comunicación, autoridades religiosas[iv], judiciales e incluso académicas, sindicatos, partidos de izquierda y derecha, etc...

Y es sorprendente ver cómo dos mil años más tarde el ser humano  sigue enfrentándose  a los mismos problemas y de formas similar. Se avanza mucho tecnológicamente, pero ¡qué poco avanzamos humanamente! ¿Y qué dirían aquellos primeros cristianos si viesen en lo que se convirtió su objeto de fe? ¿Qué dirían aquellos que se volvieron contra sus autoridades religiosas refugiándose en la esperanza que le ofrecía aquel hombre Jesús, si vieran que, tras dos mil años, aquellas creencias pasaron a ser tan similares a aquellas otras a las que se enfrentaban y combatían? El mundo parece andar en círculos y avanzar muy poquito. Lástima que sea así.



[i] En Y seréis como dioses Fromm señala que “el concepto de Dios en el Antiguo Testamento tiene su vida propia y una evolución paralela a la evolución cumplida por un pueblo en un lapso de mil doscientos años. Hay un elemento común de experiencia al que se alude con el concepto de Dios, pero hay también un cambio constante que tiene lugar en esta experiencia y, por consiguiente, en el significado de esta palabra y en el concepto. Lo que hay de común es la idea de que ni la naturaleza ni los artefactos constituyen la realidad última, o el valor supremo, sino que sólo existe el UNO que representa el fin supremo del hombre: encontrar la unión con el mundo mediante el pleno desarrollo de sus capacidades específicamente humanas de amor y de razón”.  

[ii] Fromm, Erich, El dogma de Cristo, Buenos Aires,  Paidós, 1971.

[iii] Ibid.

[iv] En you tube se puede conseguir un vídeo que trata el problema de enfrentar la propia educación como un sistema de opresión implantado por el sistema y al cual hay que combatir, para con ello combatir a ese sistema opresor  que condena al ser humano a vivir en la inseguridad y la infelicidad.

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11 octubre 2011 2 11 /10 /octubre /2011 02:28

 

 

HABLANDO DE AFECTOS Y AMISTAD

 

                                                                        

 

 

En estos días el padre de un muy buen amigo me mandó un correo con un precioso vídeo de una publicidad tailandesa sobre los efectos que provoca un   iPhone o una Blackberry en la relaciones sociales de la personas, tanto las familiares como las de amistad. Yo, dada la belleza del mensaje, lo reenvié a algunos amigos, especificando además, que era un mal que veía más en Venezuela que en España, países ambos en los que he residido últimamente. 

 A su vez, uno de mis buenos amigos me mandó, un artículo firmado por Elvira Lindo, y publicado este día 2 de octubre en su sección “Don de gentes” de El País. El artículo en cuestión se titula “No me quieras tanto” y en el mismo comienza diciendo la escritora:

 “De un tiempo a esta parte quedo con personas que, en realidad, no tienen un gran interés en charlar conmigo. Esto podría minar mi autoestima pero una suerte de optimismo insensato me lleva a pensar que amar y no hacer ni puto caso pueden ser compatibles. Yo sé que esas personas que no muestran mucho interés en hablar conmigo me quieren. Si no fuera así, entendámonos, no quedaría con ellas”.

Para luego continuar señalando que estás personas que no muestran gran interés en hablar con ella le escriben mensajes rebosantes de cariño: por e-mail, por sms, por Whatsapp, por Facebook, por activa y por pasiva. Y que en esos mensajes hay frases tan apasionadas que parecen extraídas de un bolero: “Son frases que antes en España no se decían pero que, ahora, gracias a la revitalización del género epistolar propiciado por las nuevas tecnologías, están en auge. Esas personas me dicen que me adoran. Que me adoran y que cuentan los días para verme. Que cuentan los días y que me quieren. Que me quieren y que nos va a faltar tiempo en una cena para contarme todo lo que me tienen que contar. Que nos va a faltar tiempo y que están deseando conocer mi opinión. Que desean conocer mi opinión y que nadie como yo para compartir este y otro secreto. ¿Y por qué? Porque soy adorable. Eso me dicen. El mundo de la tecnología ha “bolerizado” el género epistolar.”

Tengo que confesar que en un primer momento no me fijé en que la que firmaba el artículo era Elvira Lindo, pero si me dije que demostraba que yo estaba equivocada y el fenómeno que  veo en Venezuela se extiende también a España.

Cuando lo leí, a toda prisa y corriendo, era la primera hora de la mañana y salía para cumplir una apretada agenda de trámites que tenía que hacer. Quizás por ello me quedé pensando en el artículo el resto de la mañana: ¿quién era esa persona a la que le remiten esos mensajes apasionados, de amor “bolerizado” en España? A mí nadie me los manda, pensé, no sin un cierto fondo de envidia. Y recordé los mensajes que me envían mis amigos, esos de amistad, sencillos donde te dicen que son tus amigos, que cuando te mandan un e-mail masivo es porque te recuerdan, te toman en cuenta…en otras ocasiones los e-mails son personales y  preguntan por el devenir de mis cosas,  me animan cuando ando baja de ánimo o se imaginan que puedo andar baja  de ánimo, pero no me mandan mensajes de amor “bolerizados”, ni me dicen que están ansiosos de verme para hablar conmigo y luego ignorarme.

Como mucho mi amigos me dirigen  un “a ver cuando nos vemos para tomar un café y charlar un ratillo”, si son los  de España o “a ver cuando saco un tiempo para que nos podamos ver, tomar algo y charlar un rato   personalmente” si son mis amigos de Venezuela cuyo diario trajinar escasamente le deja ratos libres y, cuando los tienen, que suele ser en la noche, entonces no podemos vernos por el peligro que entraña salir a esas horas en Venezuela. Pero, eso sí,  estos escuetos mensajes, sin tono de bolero, luego se convierten en encuentros cálidos de amigos que me escuchan y a los cuales escucho. Entre nosotros no se interpone  ningún iPhone o una Blackberry.

Claro, caigo, y recordando otros tiempos de mi vida pienso: la o el que escribió el artículo tiene que moverse en otro ambiente. Y recuerdo un ambiente  muy parecido que me rodeó en Venezuela en la década de los 80. Ese tiempo me hace recordar además a mi amigo Miha Ahronovitz, hoy en día en California. Recuerdo como me comentaba que en el mundo en que nos movíamos había mucha gente “importante”, de relaciones superficiales y que, a la hora de la verdad, les rodeaba una gran soledad. El mismo se sorprendió, más de una vez, de ser la persona más cercana de alguno de estos conocidos en el momento más bajo de su vida. Y me digo, la persona que escribe el artículo tiene que moverse en un ambiente parecido al que conocí en aquellas fechas; el tono del escrito así me lo hace ver.

Cuando llego a casa una de las primeras cosas que hago es volver a leer el trabajo. Entonces me fijo que está firmado por Elvira Lindo. Acabáramos, pienso. La escritora española, la autora de  Manolito Gafotas, la mujer del escritor Antonio Molina. Y entonces entendí todo: entendí las expresiones de amor  “bolerizado”, los deseos de tantas personas de verse con ella y confirmé que, efectivamente, Elvira Lindo se mueve en ese mundo sobre el que, en más de una ocasión, mi amigo Miha Ahronovitz, filosofó  en algún momento  de soledad compartida en aquellos ambientes de ejecutivos, periodistas y artistas “exitosos” de esa Caracas cosmopolita de los años 80.

Y pienso en mi ambiente actual, el de mis amigos en España, o el de mis amigos en Venezuela, de vida sencilla, lejos de las bambalinas y los ambientes de éxito, pero cerca de sus amigos, de sus familia; seres humanos de a pie, que día a día luchan por salir adelante,  sin estruendos, sin grandes triunfos, tampoco grandes fracasos,  pero que desde sus posiciones de seres humanos “anónimos” recae, la mayoría de las veces, el peso de la crisis.

Bueno, pienso, no somos ricos en éxitos, ni en dinero, ni en fama, pero sin duda, cuando nos reunimos para compartir mesa y mantel, eso es lo que hacemos. Cuando nos reunimos para dar un paseo y charlar, eso es lo que hacemos. Tampoco me mandan correos de amor “bolerizados” ni cartas de encendida pasión para decirme que desean estar conmigo. Todos mis correos son de andar por casa. Y lo de las epístolas estilo años cuarenta se reducen tan solo a  ese “único” ser humano que un día nos llegó al corazón y que durante más de 30 años lo “ocupó” de forma ininterrumpida. Pero todos los demás son amigos de todos los días, de esos que aunque Elvira Lindo no lo crea, sí existen; de los que no sacan  jamás en una cita un iPhone o una Blackberry, entre otras razones porque de entre mis amigos es muy raro el que carga un aparato de esos y cuando lo cargan en mi presencia lo olvidan.

Concluyo en mis pensamientos que mis amigos y yo no somos ricos, ni exitosos, ni siquiera andamos a la última en tecnología punta: ¡pero somos de los pocos que disfrutamos de la amistad a la vieja usanza! Todo un privilegio, por lo que veo. Y esto, sin duda, es un lujo. Sin saberlo formamos parte de una élite que no tiene que luchar por recuperar un bien perdido como es el contacto humano y las relaciones sinceras. ¡Qué afortunados somos!

   

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26 agosto 2011 5 26 /08 /agosto /2011 12:17

 

 

ESTA REFORMA, QUE «MAL NON FAI»,

ES UNA CHUMINADA A LA MEDIDA DE MERKEL

 

 

 

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En estos días he estado preocupada con el acuerdo alcanzado por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy para reformar la constitución española en un tiempo record con el fin de poner techo al déficit público del estado. Mi preocupación era muy real hasta que me topé con un artículo de opinión del profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, Xosé Luis Barreiro, en La voz de Galicia.  

Xosé Luis Barreriro, oriundo de Forcarei, un pueblo de la provincia de Pontevedra, de alrededor de unos cinco mil habitantes, confiesa que él suele asesorarse con sus paisanos y que en estos días coincidían, los de más edad, que elevar el equilibrio presupuestario a principio constitucional «non vale para nada pero tampouco fai mal». Esta apreciación de los gallegos ancianos de Forcarei parece coincidir con lo que ha estado pasando estos años en Alemania.  

Y es que en el artículo de Público, “La carta robada”, publicado el 25 de agosto, se informaba, justamente, que Alemania, tras reformar su Constitución en 2009 para colocar este apartado de limitar el défecit,  ha  faltado a su cumplimiento en el 2010 y por supuesto en el ejercicio 2011.  Ello no ha impedido que los mercados sigan apostando por el bundgermano.

Ambas lecturas me han llevado a una síntesis que me ha tranquilizado: bueno, si se incumple lo del principio  constitucional dado que, como dicen los paisanos de Forcarei, la medida no vale para nada y además la misma Alemania , con Angela Merkel a la cabeza, promotora de la iniciativa con Sarkozy, le da a los vecinos de la localidad gallega la razón, ¿por qué me preocupo entonces? ¿España va a ser menos que Alemania?  

Claro que al seguir leyendo el artículo de Xosé Luis Barreiro me encuentro con el siguiente párrafo que dice: “para no tener deuda lo único que sirve es no endeudarse”. Y añado yo: eso está bien, pero además es necesario no endeudarse a lo tonto; por ejemplo, pagando  la deuda que crearon unos  irresponsables como los altos directivos de los bancos, unos “señores” que se saltaron todas las  reglas del buen hacer de su sector y han estado jugando con el dinero de sus clientes en el gran casino creado por los mercados financieros.  

Y lo peor del caso es que, después de haber originado este problema para las entidades en que trabajan, y para todos los contribuyentes europeos, reciben premio con salarios altísimos y prebendas que nadie tiene. Como se dice castizamente en España: “y aún se van de rositas”.   

Todo esto me hace pensar que mis padres cometieron un grave error cuando me educaron en los principios de sinceridad,  honestidad y  trabajo duro, como únicos pilares que realmente merecían la pena en la vida. Como no conozco otra cosa yo sigo esa línea e insisto en enseñarle lo mismo a mis hijos. Pero viendo lo que está pasando una vez más mi fe en tales principios se tambalea y me pregunto: ¿no estarían equivocados mis padres? ¿No estaré yo también errada en criar a mis hijos en tales principios?  

Y es que visto lo visto, los que en realidad gobiernan el mundo son una pandilla de sinvergüenzas que hacen con las Merkel, los Sarkozy y los Zapatero lo que les viene en gana. Mientras los honrados trabajadores contribuyentes nos vamos preparando  para ver como las conquistas sociales  conseguidas durante el siglo XX son borradas en nombre de “controlar un déficit público” en el siglo XXI gracias a que hay que pagar  una deuda que  han contraído esta horda de desfachatados y cínicos.  

Mientras el futuro para todos los ciudadanos europeos, pero especialmente para los españoles, griegos, irlandeses e italianos se presenta negro esta turba de Atilas modernos siguen montados en una nueva “burbuja” que les da muchísimo dinero: la de la especulación de la deuda de los llamados países PIGS[i], cerdos en inglés, término acuñado por la prensa anglosajona en la década de los 90 para referirse a las economías de España, Portugal y Grecia en vísperas de su entrada en el euro. 

Esperemos que Xosé Barreiro, tenga razón cuando dice que esta reforma de la constitución, “que «mal non fai», sea una chuminada a la medida de Merkel. Para el articulista gallego esta reforma  “lo único que demuestra es que, en vez de estar en manos de verdaderos líderes -por la derecha y la izquierda-, estamos gobernados por `miñas xoias´”, palabras gallegas que Barreiro conoce muy bien, pero yo hija de gallegos emigrantes desconozco, aunque imagino que significan algo así como "marionetas de poca importancia" o como se escribía en el muro de Facebook de Democracia de verdad: habrá que pagar por ella para, referirse a Zapatero y Rajoy: un grupo de pánfilos. Y es que esa es, lamentablemente,  la imagen que dan en estos momentos los líderes  europeos.



[i] En la actual crisis la prensa anglosajona  ha vuelto a usar este término para señalar los problemas de finanzas públicas de los citados países, a veces sustituyendo a Italia por Irlanda o incluyendo a ambas como PIIGS. Ningún organismo oficial ha adoptado el acrónimo y algún banco, como Barclays, ha prohibido a sus analistas utilizarlo.

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20 agosto 2011 6 20 /08 /agosto /2011 19:45

 

 

 

¿JURAMENTO DE HIPÓCRATES? ¿QUÉ ES ESO?

 

 

…si no nos mata la enfermedad nos mata el hambre.


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En las fotos, a la izquierda del lector, la entrada principal de la Clínica La Arboleda, sigue una imagen de la entrada de emergencias de la misma clínica y a continuación una imagen del Instituto Diagnóstico. 


Para seguir compartiendo mis experiencias en esta Venezuela en la que he recalado esta primavera y verano, paso a relatar mi experiencia en una sala de urgencias de una Clínica caraqueña durante toda una noche y una mañana.

Mi madre, quien ronda los 80 años, está, como cualquier persona de su edad, con achaques que a veces nos dan un susto y tenemos que correr con ella para asegurarnos de que no ha pasado nada. Antes corríamos a urgencia con nuestros hijos pequeños; ahora llegó la hora de correr con los padres.

Un día de estos tuve que salir corriendo con mi madre y terminamos en la sala de urgencias de la clínica caraqueña La Arboleda, en San Bernardino. La primera experiencia  fue, justamente, muy criollita, muy de nuestra Venezuela; tras ingresar con mi madre llegó un hombre con la camisa manchada de sangre acompañando a otro al que le habían metido un tiro en el abdomen.

El acompañante del herido afirmó que los responsables eran dos policías que le habían disparado para atracarlo. Esta afirmación me lleno de sorpresa y congoja: si dos funcionarios de las fuerzas de seguridad del estado se comportan como delincuentes ¿Qué se puede esperar en esta Venezuela de la que parece pertenece a un mundo olvidado por ese dios en el que tanto creen los venezolanos?

Ante esta emergencia mi madre, por supuesto, quedó en segundo plano hasta que la víctima del atraco fue trasladada a planta. Una vez logrado esto continuaron las exploraciones y análisis de mi madre que se prolongaron toda una noche hasta que, al día siguiente, la viese un médico. 

A la mañana siguiente, tras dormir en una camilla, helada por el aire acondicionado y porque no tenía nada con que abrigarme, me dediqué a esperar a ver que decían los médicos o el médico que la tenía que ver, el cual no llegaba: está en una cirugía, decían cada vez que preguntaba.

Con la natural impaciencia de cualquier persona en estas situaciones, recorrí varias veces el trayecto hasta donde estaban los galenos, para ver si, por casualidad se asomaba el que esperábamos. En una de estas ocasiones veo que entra una señora pidiendo un médico: un hombre había sufrido un accidente justo frente a la puerta de urgencias de la clínica y requerían un galeno para que lo atendiese.

Y en ese momento presencié como el que parecía encargado de las urgencias en la clínica le decía a la señora: si salgo a verlo, tengo que ingresarlo. Con esta frase parece que quedaba implícito que no podía ingresarlo en la sala de urgencias de la clínica. Cosa que no me extraño, pues ya hace años había presenciado algo parecido en el Instituto Diagnóstico, ubicado también en San Bernardino: quien no pagase o tuviese un seguro privado, simplemente no era atendido.

La mujer que requería la ayuda se alteró y les preguntó dónde quedaba el juramento hipocrático que habían realizado  como médicos. Yo, regresando sobre mis pasos, iba pensando: ¡Ah! ¿Pero esta señora cree que ellos lo recuerdan? ¿Cree que ellos lo tomaron en cuenta en su día? Pensé que el juramento que ellos debían haber realizado estaba destinado al poderoso “señor don dinero” de Quevedo e Hipócrates, con su juramento, era un mero formulismo que habían tenido que cumplir. Pero además, me maravilló que ella sí lo tuviese en cuenta y lo recordase, cosa que me parece casi inaudito en  Venezuela.

Mientras regresaba a donde estaba mi madre pensaba en la poca conciencia y humanidad que tenía el médico que le había contestado de aquella manera a la preocupada mujer. Y al mismo tiempo pensaba que si acaso las reglas de la clínica no le permitían ingresar al accidentado, al menos podría él, por su cuenta, haber salido para verificar si el accidente había sido grave o no y, en todo caso, derivar al hombre hacia el servicio público más oportuno.

Pero no, no se movió ni hizo nada para que un compañero lo hiciera. Tampoco ninguno de los presentes se inmutó. La respuesta fue la indiferencia absoluta por parte de todo el personal de aquella sala de emergencias.

Al rato entró de nuevo la mujer ofuscada, pero esta vez acompañada de un grupo de ciudadanos y un policía, el cual me enteré más tarde, era funcionario de la policía bolivariana. En mi ir y venir, me acerqué a donde el policía charlaba con una joven mujer que parecía desmentir que se le hubiese negado al accidentado el servicio de asistencia. El policía en todo caso parecía enfatizar en el hecho de que “estaban obligados” a asistir al accidentado.

Al cabo de unos minutos, para mi sorpresa, salieron a buscar al herido y lo ingresaron, mientras una señorita trataba de corroborar la versión de los ciudadanos enfadados que denunciaron los hechos, pues su versión no coincidía con la de los médicos que negaban que tal asistencia hubiese sido solicitada.  

Esta persona buscaba testigos que corroborasen la versión de los ciudadanos; consiguieron dos testigos (entre los muchos que allí había): uno de ellos era yo y otra señora. ¿Estaba dispuesta a testificar? Sí, como no. Por supuesto. Bueno iban a buscar a la otra persona que estaba perdida.

Pero lo cierto es que nunca solicitaron mi testimonio. Lo que si ocurrió es que por obra y gracia apareció el médico que tenía que ver a mi mamá –eran ya las 12 de la mañana tras haber sido ingresada a la 7 de la tarde- y nos despachó en un momento: no era nada grave y recetó las medicinas que se tenía que tomar. Se veía de mal humor, lo que me hizo preguntarme si en realidad había estado retenido por una cirugía o por otra cosa que se había descubierto al investigar, en gerencia, quien era la que estaba dispuesta a testificar y por qué se encontraba en la sala de urgencias. Si se enteraron que estábamos allí perdiendo el tiempo porque el médico de turno no le “apetecía” bajar es posible que le diesen un tirón de orejas.    

Tras  su veredicto como galeno, pasé a ver si había sobrado algo del dinero que había tenido que adelantar para que atendiesen a mi madre -el equivalente a dos salarios mínimos en Venezuela. Sí, algo había sobrado: no llegaba ni a la mitad del costo de las medicinas (medio salario mínimo).

Me fui a la farmacia más cercana y al salir de la misma, cuando el joven de turno me pidió la factura para sellarla (y es que en Venezuela sellan en todas partes las facturas a la salida de los comercios) le dije: sí, no te olvides de sellarla porque, sinceramente, con el precio de las medicinas en Venezuela provoca robar. Bueno señora, me contestó, al menos podrá sobrevivir: ¡No te creas tú eso! O se compran medicinas o se come, y como el salario mínimo no llega para las dos cosas si no nos mata la enfermedad nos mata el hambre. No veo cómo se puede sobrevivir así. Revisa tus ideas porque andas un tanto equivocado. 

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18 agosto 2011 4 18 /08 /agosto /2011 01:28

 

 

 

 

MI ENCUENTRO CON SUSAN LENNON

 

Llevo en Caracas ya cuatro meses. Es mi estancia más larga tras mi partida hace 20 años. He regresado a la capital venezolana por circunstancias familiares que requerían mi presencia. Y en estos meses, como en otros tiempos, vibro día a día con el quehacer de la ciudad y su paisaje humano. 

Caracas exuda contradicciones que a veces, para una persona sensible, son difíciles de aceptar: la mayor riqueza convive con la peor miseria. Los ranchos atraen las miradas del transeúnte mientras se asoman al abismo: una lluvia tropical que arrase la tierra de las montañas donde se asientan y los damnificados se cuentan por miles.

En las calles los que menos tienen, rodean los coches para prestar servicios rápidos, como, por ejemplo, limpiar los parabrisas, tarea que recibe como recompensa, la mayoría de las veces, dos bolívares fuertes. Otros desafían el tráfico haciendo malabarismos con teas de fuego, pelotas u otros artilugios, a veces mientras montan un vehículo, parecido a una bicicleta, de una sola rueda. En esta capital de tráfico denso los desheredados, niños, jóvenes, mayores, buscan la forma de conseguir algún dinero para sobrevivir y otros improvisan un circo en cada semáforo.

Este paisaje humano de miseria y valor, al mismo tiempo, ya me había llamado la atención en el pasado. Consecuencia de ello fue  mi artículo, publicado en la revista dominical del periódico 2001: “Un hombre con historia”. Un pobre hombre que vivía miserablemente en la quebrada Anauco y solía yacer ebrio en las calles que conducían a la Candelaria, entre la avenida Panteón y la Urdaneta.

Y recientemente, como entonces, otro ser humano, en este caso del género femenino, se cruzó en mi recorrido: Susan Lennon. Una mujer que estará en los 50, delgada, rubia, con acento inglés. Me abordó en la gasolinera de San Bernardino: quería dibujar mi rostro, para que, si yo quedaba contenta, le diese unas monedas.

Sorprendida, le pregunté:

-  ¿De dónde eres Susan?

-  Del Reino Unido, de Irlanda. Pero el Reino Unido es mejor conocido por Inglaterra ¿sabes?

- ¿Qué haces en Venezuela?

- Vine hace 30 años en un velero a correr la aventura. Y la aventura continúa.

Insiste en que me quede quieta, que si no el dibujo no saldrá. Traza las líneas sobre el papel rápidamente. El surtidor observa como maneja la mano entre sorprendido, divertido y admirado. Mientras pienso: aquí tenemos otra consumidora de crac. Y el crac es, seguramente, el responsable de que siga en Venezuela en estas condiciones.

- Yo soy de un pueblito llamado Liverpool.

- ¡Ah! Como John Lennon.

-¡Sí! Como John Lennon.

El ruido de la calle no me permite escuchar lo que a continuación dice, pero parece que es algo relacionado con una relación, ¿filial?, con el ex Beatle fallecido. Tengo que pagar al surtidor y mientras pienso ¿víctima de la esquizofrenia? Reparo en su ropa: bastante limpia para vivir en la calle y una gorra de beisbol cubre su cabeza. Más tarde me entero de que nunca se la quita y que la ropa se la dan: simplemente cambia la sucia por la nueva limpia. En el barrio todo el mundo la conoce. Es generosa dicen. Los vecinos la aprecian y suelen darle comida, ropa, algo de dinero que seguro destinará para el crac.

Agregan, además, que Susan comparte con los que están como ella lo que le dan. Yo recibo el dibujo y a cambio le doy 20 bolívares. Sólo necesita 10 más para una dosis de crac que seguro podrá conseguir en la quebrada Anauco, cercana a la bomba. Alguien de allí se lo venderá y resolverá, de esta manera, su economía. 

Regreso a casa con el corazón en un puño y deseando sentarme con Susan para que, como Pablo José Delofre Klein, me cuenta su historia. Pero, pienso, seguramente será una historia llena de fantasía provocada por la esquizofrenia. Y al mismo tiempo pienso que estos seres humanos  débiles deberían ser ayudados por alguna institución, desde el punto de vista médico, fundamentalmente.

Pero no. Los hombres actuales dividen el mundo en seres humanos de éxito, por  un lado, y de fracaso, por otro. Mientras los primeros juegan en estos momentos a la especulación  convirtiendo el orbe de las finanzas en un gran casino donde obtienen grandes ganancias, gente como Susan tiene que deambular en la más absoluta miseria paseando su propia historia de fracaso; esta es la sociedad que se rige según las leyes de Darwin, como en su día nos dijo la profesora de biología, Marina Díaz, a sus alumnos del Arauca: la supervivencia del más apto.

Pero, me pregunto: ¿eso no es propio de un mundo salvaje y primitivo? ¿No deberíamos aspirar los hombres del siglo XXI a vivir en un entorno civilizado donde los más fuertes ayudan a los débiles? Pienso que esa ley estaba bien en la prehistoria, pero en pleno siglo XXI desdice mucho de quienes somos. Desdice de nuestra humanidad. Nos remite a la pura biología. Nos convierte en animales que viven en una jungla, de concreto, pero al fin y al cabo jungla.  Sin duda los seres humanos somos mucho más primitivos de lo que creemos.

 

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27 febrero 2011 7 27 /02 /febrero /2011 09:11

 

SARABAND: 

LA INCAPACIDAD DE ACEPTAR

LA PROPIA DEBILIDAD

 

 

 

                    saraband.jpg      Secretos_De_Un_Matrimonio_1.preview.jpg

 

 

 En estos días pasados fui a ver con una amiga el último film de Bergman, Saraband. A mi buzón de correo electrónico llegó una invitación del cine club de la Universidad de La Rioja que alguien me mandó y de esta forma tuve la afortunada sorpresa de recibir la información sobre la reposición de esta película en el Centro de Filologías.

  Con la información sobre la reposición de la película, enmarcada en un ciclo del cine club universitario, llegaron a mi cabeza los recuerdos de mis años de estudiante en la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello. Los jóvenes que estudiábamos allí nos habíamos convertido en un grupo de rendidos admiradores de este genial cineasta sueco.

  Por supuesto, la última película que vi de Bergman había sido Fanny y Alexander, hace ya más de veinte años. Se suponía que después de esa película sus admiradores no debíamos esperar  más films suyos: su relación con el cine había terminado definitivamente. Sin embargo, y afortunadamente para su público, se retractó de su declaración en el 2003 a los 85 años.

  En Saraband, cuyo título hace alusión al cuarto movimiento de la suite número cinco para violonchelo de Johann Sebastián Bach, un motivo musical que constituye el tono que impregna este drama, Bergman retoma la pareja formada por Johan y Marianne de su película Escenas de un matrimonio, estrenada en 1973.

  Y es que en 1972, Bergman empezó a escribir una obra dramática sobre un hombre que va a abandonar a su mujer, pero como explicó “antes de darme cuenta tenía seis diálogos sobre el amor, el matrimonio y todo lo demás. Johan y Marianne o Marianne y Johan [los protagonistas] se habían permitido mostrarse valientes, cobardes, alegres, tristes, enfadados, amorosos, desconcertados, inseguros, satisfechos, astutos, desagradables, pueriles [...], malvados, desamparados, en pocas palabras, como seres humanos”.

  Esos seis diálogos sobre el amor y el desamor se convertirían al año siguiente en Secretos de un matrimonio –miniserie televisiva y versión cinematográfica–. Bergman añadía un comentario que dice mucho sobre la íntima relación que guardan en su caso vida y obra: “Tardé dos meses en escribir estas escenas y toda una vida en experimentarlas”.

  Treinta años más tarde, un Bergman ya octogenario vuelve sobre los personajes como si recuperara el hilo de una conversación interrumpida: Marianne y Johan se reencuentran en la elogiada película Saraband. Ahora se enfrentan no sólo al desgarro de la impostura o la incomunicación, sino también a la ausencia de seres queridos y a un fin que saben próximo. Con la aparición del hijo y la nieta de Johan, los personajes se encuentran de dos en dos, como en la zarabanda –danza lenta y grave en la que las parejas se hacen y deshacen–. Se abren y cierran heridas, afloran tensiones sin resolver, y asoman esperanzas, nostalgias.

  A través de de los diálogos de las escenas Bergman nos muestra sus propias reflexiones sobre el amor y como lo vivió. Henry y Karyn, el hijo y la nieta de Johan, parecen ser más bien sus alter egos que son en realidad un espejo donde se refleja la  incapacidad que sintió durante toda su vida el director de cine sueco para  reconocer su propia debilidad, su incapacidad para decir te necesito y  para decir te quiero...una sentida manifiesta incapacidad para amar realmente.

  Desde mi punto de vista en esta película hay dos personajes: Johan y Marianne y sus alter egos, Henry y la fallecida Anna, que viene a ser el símbolo de un ideal. Anna, fallecida es un símbolo presente entre Johan y su alter ego Henry. Anna representa a la mujer sufrida que ama a Henry por encima de todo, el hombre atormentado y débil  que no es Johan porque se esconde  tras una fachada de fortaleza. Anna es el ideal de Johan también. Y Anna es el espejo donde se ve Marianne sin reconocerse, porque es una deformación de ella misma. 

  Anna es un personaje desdibujado; es un ideal que no existe, por tanto no puede describirse sino es desdibujado. Anna es un personaje ideal que no existe más que en la mente de los personajes reales y por eso es en la película una imagen en una fotografía. Pero Anna recuerda a Johan lo que él hubiese deseado que fuese Marianne y Marianne a través del hijo Henry, ve la debilidad encubierta por la fachada de dureza de Johan.

  Y Bergman nos hace una declaración lapidaria: ante la incapacidad de Johan  para mostrar sus sentimientos Marianne sólo puede sentir por él lástima. Nunca amor. Marianne podría haber amado a Johan, como lo muestra el ideal de Anna, si Johan hubiese sido capaz de reconocer su debilidad, su necesidad de tener a Marianne a su lado y de aceptar que la ama como es el caso de Henry ante Anna

  De esta película, Bergman sólo nos deja a una triunfadora: Marianne, que es capaz de reencontrarse consigo misma, darse cuenta de que Johan no le dejó otra alternativa más que sentir lástima por él y que en esas condiciones el amor es imposible. El poco  amor que alguna vez pudo existir va feneciendo en su débil luz en la medida que las comunicaciones telefónicas entre la pareja se van haciendo cada vez más dispersas hasta que llega un momento que Johan, con ese sentimiento de dolor que produce el no haber aceptado nunca su debilidad y su amor, decide interrumpirlas, pues nunca se concretarán en un nuevo y  deseado reencuentro. Todo un poema al autoanálisis y a la autocrítica por medio de la cual un hombre construye y reconstruye su propia imagen y estudia sus propios sentimientos. El Bergman más puro. El inolvidable Bergman.

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