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LA IGUALDAD SE CONSTRUYE

 

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Imágenes de las áreas comunes y pasillos de la Ciudad Universitaria de Caracas, considerada la obra cumbre del arquitecto Carlos Raúl Villanueva.

 

 

Por Mercedes Fuentes

  

 En estos días el Parlamento venezolano aprobó una nueva ley de universidades, defendida por la amplia mayoría oficialista como "democratizadora", pero rechazada por la oposición por considerar que acaba con la autonomía de estas casas de estudio.

 

Según el legislador, el diputado oficialista Alberto Castelar, en la nueva norma "se retoma" el concepto del "Estado docente", que garantiza "de manera democrática, protagónica, el ingreso de todos los venezolanos" a la educación superior. Además, queda establecido "un total y absoluto respeto a la autonomía universitaria", pero entendida como una "autonomía corresponsable, que no significa que las autoridades" de esas casa de estudio "van a hacer lo que les de la gana", añadió Castelar.

 

Y estas afirmaciones me llenan de asombro, pues considero que la legislación de la educación superior venezolana, hasta ahora vigente, es una de las más igualitarias que he conocido. Esto lo tuve aún más claro tras conocer cómo funcionan otros sistemas de educación superior fuera de Venezuela.

 

En primer lugar, que yo sepa, en las universidades públicas venezolanas los estudiantes no pagan ni un céntimo por su educación. Y este es sólo uno de los puntos que habla de su vocación democrática. Segundo, todas las universidades venezolanas han estado y están abiertas a permitir el acceso de cualquier estudiante sin distinción de su estrato social. Por otra parte, las leyes que desde final de la década de los 50 del siglo pasado se promulgaron en el país son de las más avanzadas que puedan existir en occidente. Y es que en Venezuela el problema de la desigualdad no es un problema ni de intenciones ni de falta de buenas ideas. De ambas cosas el país tiene de sobra.

 

El problema ha estado y está en cómo se desarrolla el día a día. Por una lado van las buenas ideas, que se convierten en retórica, y por el otro la práctica cotidiana. No hay consistencia entre ambas, cómo si se desconociese lo  que es la concordancia entre ideas y hechos.                                                                               

 La imagen del "Che Guevara"  en los pasillos de la UCV durante

  todo el siglo XX fue símbolo de su pluralidad.                                   

                                                                                                

2057511447 5a6a81572ePor ello se me ocurre que la falta de democracia a la que se refieren los actuales legisladores puede estar relacionada con las diferentes oportunidades de educación de la población infantil. Y aquí tengo que romper, nuevamente una lanza por el sistema público educativo de Venezuela, e incluso por la ley de educación puesta en vigor por la IV República. En este apartado nos volvemos a encontrar con una de las leyes que mayor impulso le ha dado a la igualdad de oportunidades en materia de escolarización, incluso mucho más que algunas de países desarrollados, como puede ser Estados Unidos o España. Pero otra vez la práctica choca frontalmente con la teoría.

 

La desigualdad que existe y ha existido en el acceso a la educación en Venezuela es más un problema de una deficiente estructura urbanística y  de carencia de los adecuados servicios de escolarización que a la ausencia  de una adecuada legislación que promueva la igualdad de oportunidades.  Los barrios periféricos que se fueron desarrollando alrededor de las ciudades, de forma ilegal, carecieron durante décadas de todo tipo de servicios, entre ellos de centros escolares suficientes, desde guarderías hasta los institutos de educación secundaria.

 

Al no tener el servicio de escolarización cercano, ni  los padres poseer suficiente tiempo ni dinero para mandar a sus hijos a otros colegios alejados, gran parte de los niños que crecieron durante el siglo XX en estos barrios permanecieron sin escolarizar hasta la edad de 9 y 10 años, momento en el que sus progenitores veían que eran suficientemente autónomos para poder ir a un colegio a una o dos horas de distancia en transporte automotor. En ese momento fue cuando al sistema educativo venezolano dejó fuera a estos niños; al no tener nivel, al no saber ni leer ni escribir a una edad en la que la mayoría de los escolares venezolanos estaban, y están,  casi preparados para entrar en la segunda etapa del sistema. De ahí que al llegar el siglo XXI Venezuela siguiese teniendo el mismo problema de analfabetismo que a mediados de la década de los 50 del siglo XX.    

            

reloj-ucvLa segunda forma de desigualdad  surge cuando los colegios públicos están abarrotados de niños que llegan a clase mal alimentados, provenientes de hogares desestructurados, normalmente producto del abandono paterno y de madres que luchan por sobrevivir en medio de la pobreza con una autoestima minada por un sistema patriarcal que considera que la mujer depende de un hombre y una estructura social que todavía se mantiene con estas ideas.

 

No hay más que ver las novelas que vienen de Latinoamérica para darse cuenta de cuál es la ideología predominante: la mujer sumisa soñando con el hombre ideal que se lo dará todo, amor eterno, compañía, protección…mensajes que chocan con una realidad desgarradora: el hombre se siente absolutamente incapaz de asumir ese rol y, por tanto, huye de él constantemente, y la mujer es la que carga con todo el peso de la familia, pero sin una sociedad estructurada para ayudarla a salir adelante con ese enorme peso. De ahí que se diga que la pobreza tiene rostro de mujer. 

  

De esta manera surge la segunda forma de desigualdad, pues estos colegios públicos se las ven y se las desean para mantener un nivel académico óptimo al tener que luchar con alumnos cuyas vidas son un cumulo de problemas. En realidad nada desconocido para otros colegios del mundo, verbigracia, pongo una vez más el ejemplo de España, Estados Unidos o Inglaterra.

 

De tal manera que en Venezuela, como en los países mencionados, están en mejor situación aquellos escolares que acuden a centros que pueden mantener un nivel de exigencia alto y estos normalmente son, y han sido, aquellos centros a los que acude la minoría de la población privilegiada: los colegios privados. De esta manera, las universidades venezolanas, al tratar de mantener un nivel académico acorde  con aquellos centros similares de su entorno, en este caso, el de los países occidentales, permiten el acceso a aquellos jóvenes cuya media de corte, o la del examen de filtro, es de las más altas. Y aquí, por supuesto, los jóvenes que vienen de los estratos inferiores de la sociedad se estrellan, pero no siempre. Como me decía una profesora de la Universidad de la Rioja: hay seres humanos con una capacidad tan fuera de serie que suelen superar todos los límites.

 

   Abajo imágenes del Hospital Universitario de Caracas. 

imagesPor esta razón Cecilia García Arocha, actual rectora de la Universidad Central de Venezuela (UCV) dijo, en un artículo publicado en El Nacional: “¿Dónde se formaron los profesionales que ahora ocupan altos cargos en el Gobierno? En la universidad autónoma y plural. Sus postgrados en Europa y Estados Unidos fueron subvencionados por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico. Si la UCV fuese excluyente y elitista, no hubiesen tenido esas oportunidades”. Y sin duda, la actual funcionaria no dice más que la verdad.

  

Pero además, agregó que: “si una persona no tiene las herramientas, no puede entrar a la universidad. Es obligación del Estado que los niños reciban una buena educación primaria y que los bachilleres egresen con herramientas para ser exitosos en el aula universitaria. Decir que todos pueden entrar a la universidad, aunque no tengan la preparación elemental, es un engaño que produce algo peor: la deserción, la autoexclusión generada por el fracaso”. 

 

Hay que añadir que la mayoría de los actuales profesionales que están en el gobierno son egresados de las universidades públicas, y, especialmente, de la Universidad Central de Venezuela, centro académico reconocido en todo el país por ser una institución plural donde las ideas de izquierda tienen, como en la mayoría de los centros académicos del mundo, un peso específico. Quizás en la UCV ese peso es aún mayor que en otras latitudes. 

 

De ahí que la actual rectora de ese centro de estudios diga: “Muchos profesores de la UCV que se identifican con el socialismo se indignan cuando este régimen se dice socialista. Socialistas somos los que creemos en la igualdad de oportunidades. Socialismo no es pensamiento único o, peor aún, falta de pensamiento”. Y es que, efectivamente, el socialismo en el que cree el mundo académico de todas las latitudes es todavía una “utopía” que suele confundirse con realidades poco “edificantes” y que de ninguna forma son ejemplo del socialismo al que aspiramos una buena parte de la humanidad y al que se llegará, no sin pocos sufrimientos, pasando desde el capitalismo salvaje de algunas de las actuales democracias occidentales,  hasta el capitalismo de estado de las dictaduras de los países comunistas.

 

Ambos sistemas no son más que resultado de una encarnizada lucha de poder entre estos sistemas opuestos que se institucionalizaron tras la Segunda Guerra Mundial. En medio, la buena gente de paz e ideales, soportándolos, criticándolos y corrigiéndolos; todo ello como si de arañazos sobre la piel de un oso se tratase.

     

 

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