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“Hacer sujeto al pueblo”

 

 

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             Seguidores de Hugo Chávez.                      Imagen de revueltas durante el  Caracazo  

 

 

 

 

 

Sacado de la revista SIC, del Centro Gumilla.


En enero de 1999 esta revista señalaba que el gran reto del nuevo proceso que parecía abrirse era “Hacer sujeto al pueblo” lo que significaba “diseñar el nuevo edificio de manera tal que el pueblo se apropia de sus estructuras para mantenerlas y transformarlas” Pero estas posibilidades podían verse truncadas si repetíamos errores del pasado, esto es: el Estado centralizador y distribuidor.

En la revista de marzo de 1999 señalábamos que “Hemos analizado el triunfo de Chávez y sus primeros actos políticos como el líder de una revolución en marcha que intenta desmontar la antigua hegemonía política que construyó el Pacto de Punto Fijo. Desde nuestra opción por la construcción de un sujeto histórico alternativo, esta coyuntura histórica puede convertirse en una auténtica oportunidad, porque abre nuevos espacios de participación” Pero esta oportunidad de oro que observaba la revista tenía una conditio sine qua non “siempre y cuando se imponga como regla de juego prioritaria el modo democrático de proceder, que significa diálogo, tolerancia, consenso, participación.” Pero que la gran tentación según José Virtuoso en un artículo del mes de enero del 99 era “construir una nueva hegemonía política” con el riesgo final de degenerar en el autoritarismo como señaló el editorial del mes de diciembre de ese año.

Desde entonces el esfuerzo del Centro Gumilla y de su revista ha sido valorar este proceso desde un conjunto de criterios que podemos sintetizar en: inclusión social, participación, subjetualidad popular, democracia, respeto a los derechos humanos, cambio en el modelo de producción y distribución de los bienes para lograr un país productivo, descentralización y nuevo liderazgo. El trabajo ha consistido en no caer en la polémica estéril del anti o pro chavismo, sino en valorar los hechos desde este conjunto de principios que han orientado al Centro en su actuación histórica.

En estos 10 años se han producido transformaciones importantes que nos permiten decir que en algún sentido sí ha ocurrido un proceso de cambios. La emergencia de un sujeto popular que hace sentir sus reclamos y necesidades, cada vez más consciente de sus derechos y cuyas organizaciones han sido promovidas es un elemento que este proceso puede exhibir como un logro.

De igual manera es importante señalar un objetivo mejoramiento de los indicadores sociales y una genuina preocupación por el desarrollo en materia de derechos económicos, sociales y culturales, lo que implica una acción directa a favor de la inclusión social. En particular el Presidente ha reivindicado social y culturalmente el mundo popular en sus distintas connotaciones: el barrio, la cultura indígena, el sector campesino. Se ha desarrollado un conjunto de programas que han tenido importante impacto social que es necesario reconocer como la Misión Barrio Adentro, Mercal y algunos programas educativos.

Pero nos encontramos con graves problemas en torno a la autonomía de las instancias de participación que han sido promovidas. En muchos casos se genera una fuerte dependencia hacia el gobierno que incluso se expresa legislativamente. Así por ejemplo los consejos comunales y la Comisión Presidencial del Poder Popular (por ahora inexistente y cuyas funciones son ejercidas por el Ministerio del Poder Popular para la Participación y la Protección Social). La promoción de sindicatos progobierno que se transforman más en instancias de proselitismo partidista que en medios de defensa de los intereses de la clase obrera, incurriendo así en las mismas prácticas que fueron objeto de crítica a la CTV.

Por otro lado, consolidar la democracia pasa por dos aspectos fundamentales como son el fortalecimiento del Estado en su institucionalidad y la garantía a los derechos humanos como camino de inclusión. Pero lo que en realidad ha ocurrido es un reforzamiento del presidencialismo en detrimento del Estado, una política de nuevo centralismo que ha debilitado a las distintas instancias estadales y locales golpeando así las posibilidades reales de participación protagónica de la población. Amén de ello es imposible olvidar la aún vigente lista Tascón que se convirtió en el más grave y masivo acto deliberado de discriminación política, económica y social en toda nuestra historia, o recientemente la lista Russian a todas luces violatoria de los derechos políticos de los ciudadanos objeto de aquellas medidas.

El fortalecimiento del presidencialismo ha implicado el sometimiento de las otras instancias del Poder Público tanto nacional como estadal y municipal al dictum del Presidente. Hay ausencia de control sobre el poder y con ello se ha ido diluyendo la autonomía de las distintas instancias del Poder Público, en concreto del Poder Judicial, del Poder Electoral y del Poder Ciudadano. De hecho se ha usado alguno de estos poderes con el fin de perseguir la disidencia política. Esto a su vez ha derivado hacia un culto a la personalidad que fue uno de los males en que cayó la experiencia de la Unión Soviética. Por eso hemos señalado que uno de los graves problemas que ha tenido la experiencia política vivida hasta el presente es la tendencia hacia el personalismo paternalista del gobierno de Hugo Chávez.

La creación de un único liderazgo que se convierte en el referente de alabanza o ataque ha significado un serio empobrecimiento de la política en Venezuela y nos ha llevado a un escenario de polarización cuyo eje es la aceptación incondicional o el rechazo a la figura de Hugo Chávez. Pero es importante señalar que esto no sólo ha ocurrido porque así lo haya pretendido Chávez, sino que en ello tiene una grave responsabilidad la oposición que ha sido incapaz hasta el presente, de ofrecer una alternativa que levante nuevas esperanzas creíbles en la población. Así, la oposición en muchos casos aparece a los ojos de los sectores populares como un conjunto de personas que han buscado conservar su estatus y sus privilegios, sin ofrecer respuestas de fondo a los problemas, y no han sido capaces en muchos casos de comprender los fenómenos sociales que se están produciendo al interior de las comunidades populares. Esto que hemos denominado la verdadera revolución.

Esta edición especial está dedicada a presentar una visión caleidoscópica de esta década que hemos vivido los venezolanos bajo el Gobierno de Hugo Chávez Frías. Diversos autores, desde diversas perspectivas políticas, pero en el marco de los criterios que antes señalamos, buscan analizar el significado de esta década y hacer de esta forma un balance de la misma. De esta manera la revista cierra el proceso de celebración de sus 70 años siempre buscando abrir discursos alternativos que nos ayuden a comprender el país que tenemos y encontrar el país que queremos construir.

Pensamos que es necesario ofrecer nuevas opciones que incluyan el problema de la productividad y la superación del rentismo con su carga de clientelismo político. Una real revolución social implica también una revolución económica que aún no ha ocurrido. Un modelo de Estado y sociedad que funde el ingreso de sus recursos en el trabajo de sus ciudadanos y que promueva la creación de tecnología, empresas y la socialización del capital para lograr una mayor autonomía de los sujetos y con ello abrir un camino a la participación y la democracia es una tarea todavía pendiente.

Publicado el 03/12/2008

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