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¿QUIEN ES EL RESPONSABLE?

 

 

Luis Herrera Campíns,  en su discurso de envestidura lanza malos augurios  al  reconocer que está recibiendo un país con una deuda que tiene hipotecado el futuro de los venezolanos.

 

 

 

 

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Herrera campins entregó el gobierno a Jaime Lusinche quien se lo traspasó a Carlos And´res Pérez en su segundo mandato. Después de Pérez Llegó Chávez. El país ya iba en caída libre.

 

 

 Mercedes Fuentes  

 

 

En Venezuela una parte de la población venezolana está empeñada en culpar al actual presidente, Hugo Chávez, de todos los males que sufre el país. Yo llevo fuera de Venezuela casi 18 años y Chávez, simplemente, me parece la guinda del gran pastel que durante varias décadas se estuvo cocinando.

 

Mis recuerdos se acercan hasta 1968, cuando siendo niña regresaba con mis padres, proveniente de España, a Venezuela. Recién acababa de ganar las elecciones el Social Cristiano Rafael Caldera después de dos legislaturas dominadas por Acción Democrática tras la huida del dictador General Pérez Jiménez en 1958. Acción Democrática y  los Social Cristianos habían formado, junto con grupos de izquierda, la resistencia a la dictadura del General. En esos momentos quedaban reductos rebeldes de la antigua oposición al régimen en las montañas venezolanas, todos ellos vinculados con la extrema izquierda. Lo primero que hizo Rafael Caldera al subir al poder fue hacerles un llamado para que “bajasen” y se integrasen en la lucha democrática del país. De esa amnistía declarada por Rafael Caldera surgieron, posteriormente, los partidos de izquierda que dominaron el panorama democrático entre las décadas de los 70 a los 90.

 

En 1972 gana nuevamente el candidato de Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez, y tiene la gran suerte de que su legislatura coincide con un alza generalizada en los precios del petróleo que inunda al país de dólares. Nacionaliza la industria petrolera (hoy Chávez llamaría a tal acción una iniciativa del socialismo del siglo XXI) y comienza lo que él llama la “siembra del petróleo”. Pone los ojos en el sur, nacionaliza la industria de la extracción y transformación del hierro y comienza a  configurar un gran emporio en Guayana que se llamará Corporación Venezolana de Guayana, CVG. Estas grandes inversiones, junto con una corrupción galopante, consumen los ingentes recursos económicos y, enciman, crean deuda a futuro. De tal manera que al terminar su legislatura gana el candidato de la oposición, el social cristiano Luis Herrera Campíns,  quien ya en su discurso de envestidura lanza malos augurios  al  reconocer que está recibiendo un país con una deuda que tiene hipotecado el futuro de los venezolanos. Este hecho, la deuda, aunado a que los precios del petróleo - y otras materias primas como el hierro, bauxita- comienzan a bajar en los mercados internacionales, provocan la primera gran devaluación del bolívar  ocurrida en febrero de 1983 que pasa de 4,30 a 10 bolívares por dólar.   

 

Si catastrófico fue el discurso de envestidura  hay que decir que su despedida no fue mejor. El mismo presidente dejó el gobierno reconociendo que se había equivocado al escoger a sus colaboradores, y que si el gobierno de su antecesor había estado plagado de corrupción, el suyo no lo había estado menos. ¡Menuda despedida! ¡Qué manera de enterrarse políticamente! Pero así estaban las cosas. Ya el país estaba agitado. Los dos partidos mayoritarios, esos que habían dominado un escenario, que “algunos consideran perfecto”, de bipartidismo,  estaban inmersos en una profunda crisis. La que primero se ve es la de Acción Democrática. Le tocaba optar al gobierno en la alternancia que, hasta esos momentos, se estaba dando cada cuatro años. Pero la cúpula estaba enfrentada. Se presentaba en las primarias para ser elegido como candidato un líder un tanto gris, Jaime Lusinchi, a quien se le oponía Carlos Andrés Pérez que ya entonces quería repetir doblete. Decían que Lusinchi estaba apoyado por las bases del partido, pero no así por la cúpula. Pero, a pesar de todo, se impone como candidato para gran sorpresa de algunos.

 

Lusinchi llega al gobierno enfadado con la cúpula de su propio partido, y, por tanto, se toma la revancha: va al sector privado en busca de sus colaboradores y asesores marginando a sus propios compañeros de partido. Así el Ministerio de Hacienda y otros puestos claves se los da a “tecnócratas” que salen de la empresa privada, “cedidos” por los grandes grupos económicos del país al gobierno. La labor que estos tecnócratas desarrollaron fue la de organizar la finanzas, refinanciar la deuda pública entre otros puntos y, sorpresivamente, este gobierno de Acción Democrática triunfa en uno de los escenarios más pesimistas que se pudiesen imaginar, pues el barril del petróleo había caído, prácticamente, de 30 a 2 dólares. Por su parte la Corporación Venezolana de Guayana, el gran sueño de Carlos Andrés Pérez, andaba en una situación similar. El país estaba sobrellevando la explotación de los recursos gracias a la capacidad instalada y poco más. No había recursos para más inversiones y ampliar la capacidad de producción, tanto de la industria petrolera como de la CVG. El peso del personal también se dejaba sentir y la corrupción campaba a sus anchas.

 

Gracias al éxito inesperado de la legislatura de Lusinchi - que transcurrió inmersa en ataques personales a su desdichada situación familiar, producto de un matrimonio roto y una relación paralela con una mujer que competía con la oficial - sigue Acción Democrática en el poder y puede, de esta manera, repetir doblete Carlos Andrés Pérez. Los tecnócratas del gobierno de Lusinchi habían ordenado las finanzas públicas, pero  no habían hecho el milagro de crear más recursos. La deuda de 30 mil millones de dólares  había bajado a 24 mil millones y las reservas internacionales estaban en 11 mil millones. Los comentarios que se hacían, previos a la envestidura de Carlos Andrés Pérez, eran  de cómo haría un hombre, que sólo sabía gobernar con gran cantidad de dinero, como había sido en su primer mandato,  cuando se encontrase con la “cacerola”  raspada. La respuesta a esta interrogante mantuvo al país durante unos días en expectativa. El nuevo mandatario no aclaraba nada y el silencio, en todos los medios de comunicación, era asombroso. Se despejó en la semana previa al Caracazo cuando una barra de pan pasó de costar 1,50 bolívares a 15, los macarrones de 2,50 a 25, todos los bienes básicos  subieron sus precios, repentinamente, por el ascensor.

 

fisgonPero la gran hecatombe ocurrió cuando un bien esencial, para un país urbanizado  a punta de asfalto, como la gasolina, subsidiada por el gobierno, aumentó de precio sin aviso previo repercutiendo en el precio de los pasajes. La primera mañana que la población encontró los precios de los pasajes más caros reaccionó enloquecida y comenzó a arremeter contra los transportes públicos con palos y piedras. Volcaron unidades de transporte y le prendieron fuego. Lo curioso es que la misma reacción comenzó en puntos diferentes y opuestos de la ciudad. En la noche, cuando ya se creía que la situación estaba controlada, comenzó una riada de gente a invadir la principal estación de autobuses de la capital queriendo abandonar la ciudad previendo una situación peor. No se equivocaron. Al día siguiente, lo que comenzó con el transporte se extendió a los comercios y supermercados. La muchedumbre enloquecida arremetió contra los establecimientos rompiendo y robando toda la mercancía que encontró. El ejército, con sus tanques, salió a la calle y  el saldo de víctimas oficiales se quedó en 500. Durante años, sin embargo, tumbas masivas de víctimas anónimas fueron custodiadas sin que obtuviesen ningún resultado.

 

Carlos Andrés Pérez en este período, comenzó un proceso que había que preguntarle a Chávez cómo lo llamaría ¿el neoliberalismo del siglo XXI? Este proceso consistió en desnacionalizar, o sea, vender nuevamente a las grandes transnacionales las empresas básicas de la Corporación Venezolana de Guayana y Petróleos de Venezuela, además de telefónica – que desde siempre había sido del gobierno. Mientras, negociaba la concesión de nuevos préstamos al país por parte de los entes financieros internacionales. Uno de los interlocutores era el   Fondo Monetario Internacional quien impuso sus “medidas” de austeridad.  Estas medidas de austeridad del FMI eran la receta que iba a curar lo males de Latinoamérica, mientras una parte de los intelectuales advertían que se estaba creando el cultivo necesario para  que, más tarde o más temprano, se desencadenase una explosión social de consecuencias imprevisibles pues el resultado de la aplicación de las “recetas” la iba a sufrir un 80 por ciento de la población que ya estaba en situación límite.

 

Es en este período de Carlos Andrés Pérez es cuando Hugo, siendo Teniente- Coronel de las Fuerzas Armadas del ejército venezolano- se alza y trata de  dar un golpe de estado fracasando en el intento. Va a la cárcel. Mientras Carlos Andrés Pérez traspasa el gobierno al socialcristiano Rafael Caldera, septuagenario y que, en medio de una crisis que fractura a su partido, se postula como candidato quitando la oportunidad a la generación de relevo. Igual que Lusinchi, pero siendo fundador de su propio partido, se alza como candidato a las elecciones, gana, tras una triste lucha interna, y se queda con el apoyo de medio partido. No tiene gente para gobernar y recurre a aquellos que él permitió bajar de las montañas e integrarse en la lucha democrática durante su primer gobierno. Así se formó lo que los venezolanos llamaron el “chiripero”: gente de su propio partido de derechas, con otros que se sumaron,  de la izquierda. En criollo: “un arroz con mango”.

 

Desde la cárcel Chávez comienza a tener relaciones con esta misma gente que está en el gobierno de Caldera, dicen y por que eran próximos a sus ideas marxistas-trotskistas-leninistas  “producto de la formación intelectual” que recibió en su juventud. La realidad, personalmente creo, Chávez que ya estaba viendo la forma de lanzarse como candidato a las próximas elecciones, dada su popularidad como golpista fracasado, y ante la falta de “aparato político” recurrió a los mismos que el fundador de COPEY. De esta forma, y tras salir de la cárcel, Chávez se lanza como candidato a las elecciones siguientes y la población, desesperada por los sinsentidos que hasta ese momento se fueron sucediendo, lo apoya sin fisuras. Una vez en el poder  la primera reacción de Chávez es obrar estilo Fujimori: provocar cambios en la constitución y su ser - ese de Teniente- Coronel, de militar- sale a relucir. Se impone por la fuerza provocando una desbandada entre los que lo apoyaron, se fracturan las fuerzas armadas, se divide el país…se enfrenta a  la empresa privada… Se suceden las consultas populares a través de  referéndum…se enfrenta a Estados Unidos…Pero en un golpe de gracia los precios del petróleo en los mercados internacionales lo “bendicen” y el resto es historia que todo el mundo ya conoce.  

 

Lo que Carlos Andrés Pérez hizo, las grandes nacionalizaciones de la industria petrolera, se repiten, bajo el lema del socialismo del siglo XXI: la CVG regresa a manos del estado, lo mismo que telefónica, la industria petrolera…pero en esta ocasión en un mar de acusaciones hacia el gobierno de Chávez y su “cubanización” del país… Dentro de este escenario de “realismo mágico”, donde lo que se hizo y deshizo en el pasado, se vuelve a rehacer,  pero en un clima de crispación donde su autor es acusado de implantar en Venezuela el comunismo al estilo de Fidel Castro, tiene un arranque que parece que junto con el socialismo del siglo XXI va a mezclar lo que llamaríamos el neoliberalismo del siglo XXI. Todo sucedió cuando al principio de la esta legislatura, junto con otros anuncios, dijo que el precio de la gasolina estaba muy barato y que habría que subirlo. ¡Qué alegría la de de sus enemigos que pensaron que en un momento de locura  podía mezclar dos puntos históricos contradictorios de Carlos Andrés Pérez! Pero su antiguo aliado, y hoy opositor, Teodoro Petkof, fundador del partido Movimiento al Socialismo y del actual periódico “Tal cual” le avisó a través de un editorial que tituló “¡Vaya por Dios: A Hugo le dio un ataque de neoliberalismo!”, donde recordó otra histórica subida de este bien de consumo y sus consecuencias,  quedándose  todo en un aviso que no se consumó.

 

Y mientras, lo que somos observadores privilegiados de la actualidad venezolana, desde fuera del país, nos preguntamos cuántos más sinsentidos tendremos que ver y guardamos, muy en el recóndito de nuestra alma, una tibia esperanza de que ese país que se llama Venezuela y que parece “ingobernable” con Chávez o sin él, se recomponga, adquiera un mínimo de orden y comience a  caminar por la senda  que los de a pie diríamos que “dicta el sentido común”. Mientras, aspiramos y esperamos que la democracia triunfe no sólo en las urnas sino en la mente y el corazón de las personas, y que ello les permita aceptar los puntos de vista “ajenos” por muy  “ajenos” que les resulten.

 

 

 

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