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¿Cayó CAP en una trampa?

 

 

Por Mercedes Fuentes 

 

carlos_andres_perez-CAPITULO-4.jpgEn este diciembre tan convulsivo y de tantas noticias para Venezuela falleció el ex presidente Carlos Andrés Pérez, popularmente conocido como CAP. La prensa tituló señalando que había sido uno de los políticos más carismáticos de Venezuela y un ex compañero de la universidad escribió en su blog que había sido un “producto” del  marketing político con mucho éxito en su momento.

 

Y es que no cabe duda de que tal cómo están planteadas las campañas electorales, los candidatos se convierten en un producto del marketing político que despoja a la contienda del contenido que verdaderamente debería tener: la de que gane el mejor para conducir al conjunto en pos de la meta común. Pero el maquillaje del marketing lo que suele hacer es ocultar la verdad y reflejar una ilusión de lo que la gente realmente busca y quiere.

 

¿Y qué es lo que el ciudadano quiere? ¿Cuál es la meta común? ¿Qué deseaban los venezolanos cuando ganó la primera vez las elecciones CAP? La respuesta es la de siempre,  en cualquier parte del mundo: conseguir un nivel de vida mejor, y, en caso concreto de los venezolanos, aprovechar la enorme riqueza petrolera a favor de conjunto de la nación.

 

Para responder a estas expectativas Carlos Andrés Pérez acometió en ese mandato planes muy ambiciosos y con mano decidida y firme, respondiendo al slogan de su campaña: “este hombre sí camina”. El primero de ellos fue la nacionalización de la industria del hierro y posteriormente la del petróleo que estaban en manos de las transnacionales, creando las empresas estatales Corporación Venezolana de Guayana, CVG, y Petróleos de Venezuela, PDVSA.

 

Con la CVG se propuso convertir el sur de Venezuela en un foco de explotación minera y desarrollo industrial creando un polo de atracción para miles de venezolanos, al estilo de Maracaibo, la ciudad petrolera por excelencia, con el objetivo de descongestionar la capital, Caracas, ciudad que se erige a los  largo de  un valle estrecho, carente de zonas de expansión debido a las montañas que la rodean.

 

Pero no se quedó sólo en esto. En su primer año de gobierno desarrolló dosimages-copia-1.jpg iniciativas relacionadas con el ámbito cultural: la Biblioteca Ayacucho (la colección de las obras maestras de las letras latinoamericanas) y el Programa de Becas Gran Mariscal de Ayacucho, para la capacitación de millares estudiantes venezolanos en los centros universitarios más prestigiosos del mundo. También decretó la creación de nueve parques nacionales, para garantizar la protección de los ecosistemas y fauna endémica.

 

Adicionalmente, en materia económica, emprendió una política intervencionista, que los analistas indican que afectó negativamente a las pequeñas y medianas empresas, y ayudó a los grandes conglomerados. Todo ello no le impidió que durante los dos primeros años de su gobierno intentase  aplicar una política de pleno empleo que por un lado castigaba a los empresarios y por el otro daba, por medio de la llamada Ley contra despidos injustificados de 1974,  poder a los sindicatos y trabajadores independientes.


Todo este paquete de reformas fue realizado en medio de lo que se conoció como las Venezuela Saudita. A la repentina alza del precio del petróleo en los mercados mundiales,  se unió el hecho de que por primera vez el país tenía su control. Ello hizo posible que estos objetivos, calificados por algunos como faraónicos, fuesen posibles. El país nadaba en la abundancia.

 

Sin embargo, los escándalos de corrupción, el sospechoso accidente aéreo en el que murió el candidato opositor Renny Ottolina, la debilidad del candidato de sus partido, Luis Piñerua, el estancamiento de la economía a partir de 1977 y el crecimiento de una deuda externa impagable hizo que su partido Acción Democrática, resultara derrotado en las elecciones de diciembre de 1978, dando paso en la presidencia de Venezuela del Social Cristiano Luis Herrera Campíns.

 

Durante el período de Herrera Campíns Pérez fue acusado de corrupción en el Congreso de la República por el Caso del Sierra Nevada, donde por el margen de un voto (el de José Vicente Rangel,  Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro de la Defensa y Vicepresidente del actual presidente Hugo Chávez, en su primera presidencia), quedó absuelto de ser condenado políticamente.

 

Estaba inmerso el país en los escándalos de corrupción e incertidumbre, por lo que significaba el peso de la deuda externa, cuando amaneció un viernes cubierto de nubarrones, el 18 de febrero de 1983, con el  bolívar devaluado frente al dólar estadounidense y con el control de cambio que todavía hoy en día existe, imponiendo restricción a la salida de divisas. Hasta ese día el dólar se cotizó libremente al valor de 4,30 bolívares. Desde entonces las devaluaciones sucesivas y complicaciones con el pago de la deuda externa, aceleraron el deterioro del poder adquisitivo de la población; el país comenzó a caer en una espiral interminable de conflictos económicos y sociales.

 

Tras un período de relativa calma durante el gobierno de Jaime Lusinchi, quien ganó las elecciones en 1983, regresó CAP a la arena política como un producto del marketing nuevamente con el eslogan “el gocho para el 88”. Y ganó. En esta etapa, haciendo honor al primer lema que acompañó su compaña, “este hombre sí camina”, refiriéndose  a su capacidad de decisión, aceptó sin dudar un momento  el paquete de recetas del Fondo Monetario Internacional, FMI. El paquete comprendía decisiones tales como la liberación de precios y la eliminación del control de cambio, medidas implementadas, por sus antecesores ante la imposibilidad de parar  la inflación.

 

Una de las primeras medidas fue decretar el alza en un 30% de los precios de la gasolina, teniendo como consecuencia el incremento de las tarifas del transporte público urbano e inter-urbano también en la misma proporción. Este incremento era válido para los 3 meses siguientes, después de los cuales podrían aumentarse hasta el 100%. El mismo día que se hizo efectiva la medida, el 27 de febrero de 1989, la población más desfavorecida del país salió a la calle en un gesto de histeria colectiva.

 

images (5)Las protestas se iniciaron en Guarenas (ciudad ubicada a 15 km al este de Caracas), la mañana del 27 de febrero de 1989 y  en zonas populares como Catia, El Valle-Coche y Antímano. Protestas violentas también se originaron en otras ciudades como La Guaira, Maracay, Valencia, Barquisimeto, Mérida y Ciudad Guyana. Desbordado por los saqueos, el Gobierno declaró el toque de queda, militarizó las ciudades principales y aplastó las protestas con violencia desmesurada.

 

En la ciudad de Caracas se activó el "Plan Ávila", el cual confería al Ejército la custodia de la ciudad, habilitándolos para el uso de armas de guerra al momento de contener las manifestaciones. Algunos utilizaron armas de fuego para defenderse o atacar a los militares, pero las muertes de policías y militares fueron incomparables con las muertes de civiles. El 3 de marzo a las puertas de la morgue de Bello Monte se fundó el Comité por los Desaparecidos (que meses después se convertiría en el Comité de Familiares de las Víctimas, COFAVIC. Sus fundadores fueron Enrique Ochoa Antich (para entonces Secretario de Derechos Humanos del Movimiento al Socialismo MAS), Giovanni Pasquali y Edgar Silva.

 

El resultado de la represión fue un número impresionante de muertos, calculado según las fuentes, entre 300 y 500, enormes pérdidas materiales y miles de heridos. La represión fue especialmente dura en los barrios pobres de la capital venezolana. Por ello, a pesar de sus obras realizadas en su  primer gobierno CAP, pasará, lamentablemente a la historia como el hombre al que no le tembló la mano al firmar los acuerdos con el FMI y lanzar a Venezuela por el definitivo camino del conflicto social; la pregunta que queda es: ¿qué originó dicho atrevimiento en la toma de una decisión tan impopular? ¿Una excesiva confianza  o la ignorancia? De cualquier forma una cosa es segura: tras ello estaba una enorme insensibilidad social.

 

Tal como sucedieron las cosas, al final no queda más que preguntarnos: ¿cayó CAP en la trampa de los sicarios económicos de la economía internacional tal como se relata en el libro del estadounidense John Perkins, Confesiones de un sicario económico? Vean el vídeo a continuación y digan si realmente la situación venezolana tras el primer mandato de  Carlos Andrés Pérez no se parece a la de Irán tras ser depuesto el Chad.

  

 

 

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