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26 octubre 2011 3 26 /10 /octubre /2011 00:47

 

 

 

 LA SOCIEDAD PALESTINA DEL SIGLO I DE NUESTRA ERA  

Y EL MOVIMIENTO DE LOS INDIGNADOS EN EL SIGLO XXI

 

 

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En estos días, por circunstancias de la vida, me encuentro revisando objetos relacionados con mi pasado. Estoy en proceso de rescatar los que me interesan y desechar los que no. Entre mis pertenencias abundan los libros y también las pinturas al óleo; los primeros son muestra de mis primigenios intereses literarios y los otros de mis escarceos en el mundo del arte. Todos estos objetos pertenecen a esa etapa inolvidable de la vida que es la adolescencia y primera juventud  y son una muestra de la persona  que en ese momento yo era.

Me gusta y  sorprende ver todos estos elementos en la distancia; cuando observo mis pinturas me admiro de su calidad y recuerdo el disgusto que me causaron en su día por encontrar que no alcanzaban el nivel que yo me exigía. Lástima, pienso, ello me impidió persistir y mejorar en ese camino.

Con los libros mi asombro radica en ver la seriedad de los temas a los que me enfrentaba; reconozco algunos ejemplares que hoy en día ya no se encuentran en las librerías. Es el caso de La revolución cultural (Desafío de una juventud) de Luis Antonio Villena, libro que me fue muy útil durante mis cursos de doctorado en La Universidad de La Rioja y que ni siquiera recordaba que tenía en mi biblioteca personal de Caracas.

Pero uno de los que mayor regocijo me causó al toparlo fue El dogma de Cristo  de Erich Fromm. Un librito pequeño, delgado, de apenas unas 105 páginas, donde el filósofo judío alemán analiza la evolución del dogma cristiano desde sus primeros albores en la Palestina del   siglo primero de nuestra era. No fue este el primer libro de Erich Fromm que leí sobre los entresijos del hecho religioso. Hay otro, Y seréis como Dioses[i], donde el filósofo aborda el inicio del monoteísmo del pueblo hebreo y su posterior difusión a través del cristianismo y del islam que también me interesó en su momento, pero el cual me llevé en mi periplo vital durante los últimos años.

Al reencontrarme con este libro de lectura de mi primera juventud, ya olvidado, no pude menos que sucumbir a la tentación de volver a leerlo. Ya no recordaba la mayor parte de su contenido. Mi asombro fue grande al descubrir la similitud de muchas de las descripciones de la sociedad palestina que rodeaba al cristianismo primitivo con las de la sociedad actual. Casualidades de la vida, pensé, reencontrar este libro en las actuales circunstancias.

Fromm aborda el análisis del dogma de Cristo desde su primitiva concepción, el cual señala, respondía a las necesidades de una parte de la sociedad palestina en rebeldía y franco enfrentamiento,  no solamente con el poder romano sino también con las clases superiores de su propia sociedad que también les oprimían. Estas clases estaban formadas por un lado por los Saduceos y por otro por los Fariseos; los primeros formaban parte de la rica clase alta y los segundos formaban parte de la ciudadanía de clase media.

Por debajo de estas clases se  encontraba la población rural, agotada por el enorme peso de los impuestos,   la cual terminaba engrosando la lista de los esclavos al no poder cumplir con las deudas, o pasaban a formar parte del proletariado al ser despojados de sus medios de producción o de su pequeña hacienda. A estos extractos los llamaban  Am Ha-aretz.

Fromm señala que el odio que los Am Ha-aretz sentían por los Saduceos y los Fariseos queda patente en el Talmud en una afirmación del rabino Akiba, uno de los Fariseos más importantes, proveniente él mismo del extracto de la Am Ha-aretz: “cuando era todavía un hombre común (ignorante) del Am Ha-aretz  solía decir, si pudiera echar las manos sobre un estudioso lo mordería como un asno”. Y prosigue el Talmud, “Rabi, di como un perro, pues un asno no muerde”. A lo que Akiba respondió: “cuando un asno muerde por los general quiebra los huesos de sus víctimas mientras que un perro sólo muerde la carne”.

Esta situación de odio entre las clases oprimidas y medias trajo una serie de rebeliones y actuaciones extremistas  como la representadas por un ala de los Celotes “que formó la sección secreta de los sicarios que por medio de ataques y conspiraciones comenzaron a ejercer una presión terrorista  sobre los ciudadanos de la clase acomodada”[ii] y que Fromm describe muy bien en su libro.

En medio de todo esto, dice Fromm, aparecieron los profetas y seudo-mesías que de modo análogo no dejaban de crear agitación entre el pueblo común el cual, dada su situación, “no tenían nada que perder y en todo caso quizás algo que ganar”[iii]. En este ambiente surgió la desconfianza y el recelo ya no solo frente a los mandos políticos y a las clases superiores, sino también frente a los maestros, las autoridades religiosas  e incluso ante la potestad paternal. La rebelión era una rebelión contra todo el status quo.

Y al leer este análisis de la sociedad palestina de hace dos mil años, con un opresor externo, el Imperio Romano, y otro interno, las clases pudientes de los Saduceos y Fariseos,  me llena de asombro ver las similitudes con la sociedad actual y el movimiento de los indignados que cubre todo el orbe occidental: ¿acaso no vemos el mismo recelo frente a la autoridad (el gobierno, los políticos) en los indignados? ¿Acaso no se ve un opresor externo, los intereses del imperialismo remanente de Estados Unidos, simbolizado en el FMI, y las potencias europeas por excelencia representadas por Alemania e Inglaterra? No sólo está el recelo frente al poder dominante, proveniente de Europa y a la clase superior avasalladora, en este caso la del mundo de las finanzas, tanto interna como externamente, representada en su máxima expresión por el poder económico de Wall Street, sino también contra todos los que los apoyan y mantienen sus privilegios ya por omisión o apoyo abierto: medios de comunicación, autoridades religiosas[iv], judiciales e incluso académicas, sindicatos, partidos de izquierda y derecha, etc...

Y es sorprendente ver cómo dos mil años más tarde el ser humano  sigue enfrentándose  a los mismos problemas y de formas similar. Se avanza mucho tecnológicamente, pero ¡qué poco avanzamos humanamente! ¿Y qué dirían aquellos primeros cristianos si viesen en lo que se convirtió su objeto de fe? ¿Qué dirían aquellos que se volvieron contra sus autoridades religiosas refugiándose en la esperanza que le ofrecía aquel hombre Jesús, si vieran que, tras dos mil años, aquellas creencias pasaron a ser tan similares a aquellas otras a las que se enfrentaban y combatían? El mundo parece andar en círculos y avanzar muy poquito. Lástima que sea así.



[i] En Y seréis como dioses Fromm señala que “el concepto de Dios en el Antiguo Testamento tiene su vida propia y una evolución paralela a la evolución cumplida por un pueblo en un lapso de mil doscientos años. Hay un elemento común de experiencia al que se alude con el concepto de Dios, pero hay también un cambio constante que tiene lugar en esta experiencia y, por consiguiente, en el significado de esta palabra y en el concepto. Lo que hay de común es la idea de que ni la naturaleza ni los artefactos constituyen la realidad última, o el valor supremo, sino que sólo existe el UNO que representa el fin supremo del hombre: encontrar la unión con el mundo mediante el pleno desarrollo de sus capacidades específicamente humanas de amor y de razón”.  

[ii] Fromm, Erich, El dogma de Cristo, Buenos Aires,  Paidós, 1971.

[iii] Ibid.

[iv] En you tube se puede conseguir un vídeo que trata el problema de enfrentar la propia educación como un sistema de opresión implantado por el sistema y al cual hay que combatir, para con ello combatir a ese sistema opresor  que condena al ser humano a vivir en la inseguridad y la infelicidad.

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Published by Mercedes Fuentes - en Personal
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Comentarios

Alonso 01/02/2013 15:03


Bien. Ha sido empezar a leerlo y encontrarme de nuevo con esa sintonía de pensamientos, gustos e inquietudes. Tal es la cosa que te envío una carta que el año pasado dirigí al "ilustre" señor
Juan Manuel de Prada, colaborador del XL Semanal, suplemento de fin de semana del ABC, un periódico que no tengo reparo en confesar que me gusta, pero que leo con el ojo bien alerta.


El motivo de mi carta, en extremo respetuosa, hasta el punto de que ese exceso pretende ser muestra de desavenencia con este autor, vino motivado por su publicación a propósito de la presencia de
los tan traídos y llevados "animales de compañía" que la tradición popular incluye en el Belén. Mi propósito va en la línea de lo que tu expresas aquí.


           
Apreciado y respetado sr. De Prada, creo que la fórmula del saludo es demasiado suntuosa. Permítale la confianza a un
desconocido de dirigirse a usted por su nombre de pila. Se lo agradece.


 


            Hace algunas semanas leí su columna “El buey y la mula”. El trajín de las fiestas, las
obligaciones... han retrasado la respuesta que quería compartir con usted sobre este asunto.


            Este año mi mujer y yo (aunque no estamos casados) recibimos un precioso regalo. Es un sencillo
nacimiento, sin portal, con el que nos obsequió un familiar aficionado a la artesanía.


 


            La cosa empezó por dónde lo poníamos, que si esta maceta, aquel florero... en fin, como no era para
ponerlo delante de la tele, decidimos quitar unas logradas flores artificiales y lo pusimos en su lugar, justo al lado de la tele, en una consola muy adecuada a la ocasión. Cuando vimos
que también venía muy bien acompañarlo de unas velas de té, que colocamos discretamente detrás, reparamos en el buey y la mula, o asno, según las latitudes.


 


            “Oye, y nunca te has preguntado el significado de estos animales?”. Bueno, no llegamos a ninguna
conclusión. Además, y qué más da.


 


            Después de leerle a usted, sacamos otra vez el tema. Quizá algo tan sencillo tenga una respuesta
igual de sencilla. Qué representa? Una familia. Cuándo? En un momento de la historia algo complicado. Cómo? Pues mal, en una circunstancia algo difícil, como la de ahora, recorriendo un largo
camino para cumplir con las disposiciones imperiales y sin un chavo.


 


            No creo que María estuviera de muy buen humor en su estado, y el buen hombre de José, no podría hacer
otra cosa que ser más paciente que un buey. Vamos, y me imagino que a la Santa Madre no le quedaría más remedio, entre los avisos del parto, lo duro del camino y sin posada, que pasar de la
terquedad a la abnegación de una mula: “Pero, ¿qué se nos habrá perdido aquí? ¡Si no nos conoce nadie, y además, como siempre, a pagar los que ya no tenemos nada!”


 


            No lo sé, pero nos convenció. Quizá veíamos algo de nosotros ahí.


 


            Nada más, Juan Manuel. Es un placer leerle y un honor dirigirle estas palabras.


 


 


 


 


Carmen y Alonso. La extraña pareja.


 

rachelem 10/27/2011 15:37



Muy interesante todo lo que escrives realmente a traves de los sucesos de la historia se pueden sacar muchas similitudes de los hechos actuales,como tu dices en este mundo redondo vamos dando
vueltas y yo digo que si el mundo fuese cuadrado ya nos habriamos salidos por los vertices.Ese libro me lo tienes que traer.Vale?



Mercedes Fuentes 10/27/2011 19:51



Para España va seguro Raquel. Un abrazo.



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