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28 febrero 2013 4 28 /02 /febrero /2013 01:48

NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER

 

 

      

Hace unos días atrás el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy, aceptó, ante la opinión pública, que el bipartidismo en España se está hundiendo en aguas más gélidas que las albergaron al Titanic en su día.  Y ello lo hizo en su forma muy particular de ver y enfrentar los acontecimientos: simplemente anunció que si el bipartidismo se hundía, España se convertiría en el paraíso de “partidos estrafalarios”.

Más de uno, entre los que me encuentro, se quedó en Babia, con la boca un tanto entreabierta y preguntándose qué es lo que el señor Rajoy entiende por “partidos estrafalarios”. La respuesta no puede ser más nítida: para el señor Rajoy,  el PP y el PSOE “no son partidos estrafalarios” y por tanto, en ellos debemos ver todo aquello que es deseable en un partido.

Sin duda al registrador de la propiedad  que gobierna España le parece idóneo un partido que paga a sus líderes en sobres; que lleva una contabilidad en B; que mantiene como ministros a personas sospechosas de estar en tramas corruptas; que incumple su programa electoral y hace alarde de ello con el eufemismo de que “ha cumplido con su deber”. Este orden de la situación le parece el ideal, aunque a los ciudadanos españoles, a los que se supone que representa, repudien dicho orden. Tal parece decirnos: ustedes no están para pensar; están para obedecer. Para pensar estoy yo y los que me rodean. Un alarde de prepotencia sacada de contexto- espacio tiempo que no retrotrae a un pasado tan oscuro como el de la Edad Media.

A partir de aquí se puede entender que él y los miembros de su gobierno acometan tareas como las de privatizar la sanidad pública, recortar en educación, mandar a las fuerzas de seguridad del estado a desahuciar ancianas, mujeres cabezas de familias mono parentales en paro con hijos pequeños a cargo,  mientras defienden los intereses de los bancos y le inyectan raudales de dinero en su arcas vacías. Todo ello sin inmutarse. Con una frialdad espeluznante. ¿Cómo obrarían si Merkel les dijese que condujesen a los pacíficos ciudadanos de España a los campos de exterminio? Seguramente con la misma calma impasible del que piensa y siente que está cumpliendo con su deber. Así lo hicieron los que ejecutaron las órdenes de Hitler.

Ante todo esto no se puede llegar más que a una conclusión: los valores cívicos de la ciudadanía están totalmente enfrentados con los valores cívicos del gobierno y de todos sus miembros. Y en esta situación, en la medida que las instituciones del estado  están   imbuidas de los valores opuestos a los de la ciudadanía, en esa misma medida, estas instituciones no cumplen su función que es la de representar a los ciudadanos. De ahí que los manifestantes griten que estas instituciones, y los que en ellas se encuentran,  “no les representan”.

No cabe duda de que los ciudadanos tienen muy claro cuál es el papel de los políticos y el de las instituciones del estado: la de servir a los ciudadanos. Pero en tanto y en cuanto los representantes electos en las urnas se oponen y enfrentan tratando de desvirtuar las protestas de los electores, desconociendo su descontento y desacuerdo, en esa misma medida demuestran que no tienen nada claro cuál es su papel; o sufren de un trastorno de desfase en le ejecución de su rol como decía hace algunos meses el cómico español Wyoming: no se han  enterado de que no son los putos amos, sino los administradores. Y como administradores tienen que rendir cuentas ante los que se manifiestan.

Esta es, precisamente,  una de las exigencias que hacen las mareas que recorren el territorio español cuando piden mayor democracia con listas abiertas,  transparencia de las instituciones y sus representantes, plebiscitos y referéndums vinculantes. Y es que hoy en día está claro que las instituciones del Estado, que debían estar al servicio de los ciudadanos, están secuestradas por intereses espurios e inconfesables. Por bastardos sin conciencia.

No queda duda de que el presidente del gobierno español, los ministros de estado, la delegada de gobierno, los alcaldes y concejales de los diferentes municipios, los presidentes y consejeros de las comunidades autónomas, no tienen nada claro a quien se deben, punto elemental, como elemental es el ABC. Y es que el ABC es de sentido común, pero no hay un sentido menos común que el sentido común; o en otras palabras, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Pero claro, tanto sobre va y viene la nebulosa que cayó sobre los ojos de estos señores del PP ha sido de órdago… y es que los sobres, tienen, no cabe duda, su enjundia en esta oscura historia de desubicación y despersonalización.

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Published by Mercedes Fuentes - en Interés general
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Comentarios

HArendt 03/01/2013 06:49


Entre las muchísimos y graves cambios por hacer, desde luego, parece prioritario un cambio lehal que obligue a los partidos a abrirse a la ciudadanía y que ponga en manos exclusivas de los
electores la elección de sus representantes políticos. Comparto plenamente su entrada.

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