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12 octubre 2012 5 12 /10 /octubre /2012 20:01

 

El OPERATIVO DEL PIE DIABÉTICO

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En las imágenes pacientes esperando en la sala de urgencias del CDI Salvador Allende de Chuao y una ambulancia parada frente al CDI de Sierra Maestra Ibis Pino, de la parroquia 23 de enero.


Para seguir con el tema de Mundos paralelos en la Venezuela de Chávez retomo hoy el apartado del Operativo del pie diabético realizado por los médicos cubanos. Como dije en el anterior artículo a  mi madre la remitieron a este servicio en el CDI Salvador Allende de Chuao. En un principio este operativo se llevaba cabo en el Hospital Militar, pero posteriormente derivaron el servicio al CDI Sierra Maestra de la barriada popular caraqueña del 23 de enero.

Lo importante de este trabajo es poder describir el mundo alrededor del cual gira este operativo. Por ello es necesario, para quienes no lo sepan, que lo que se conoce como el “pie diabético” es una infección, ulceración o destrucción de los tejidos profundos relacionados con alteraciones neurológicas y distintos grados de enfermedad vascular periférica en las extremidades inferiores que afecta a pacientes con diabetes mellitu.

Las úlceras del “pie diabético” requieren todos los cuidados podológicos y médicos que estén al alcance del paciente. Y es que además de que  no se resuelven espontáneamente,  tienden a agravarse, llegando en muchos casos a gangrenarse el miembro, lo que obliga a ejecutar amputaciones parciales o incluso totales de las zonas afectadas[1].

Como se pueden imaginar este operativo está repleto de personas que ya han sufrido amputación del pie total o parcial, y, en algunos casos, hasta de una de las piernas o incluso los dos pies. Según me han comentado los mismos pacientes que acuden a este servicio este tipo de curas tienen un costo, en una clínica privada de Caracas, de unos 500 bolívares en el rango más bajo. Tomando en cuenta que suelen ser necesarias unas tres curas a la semana, hablaríamos de  un total de 1500 bolívares por semana y 6000 bolívares por mes. Sin embargo, una vecina que suele llevar a su madre para este tipo de curas me comento que ella ha llegado a pagar, por una sola cura de estas, unos 1200 bolívares lo que daría como resultado unos 3600 bolívares a la semana, unos 7200 a la quincena y unos 14.400 al mes.

En todos estos casos estaríamos hablando de un salario profesional muy bien remunerado en Venezuela, si contemplamos que un médico en la sanidad pública cobra 6000 bolívares mensuales (428 euros a un cambio de 14 bolívares por euro)  y si tomamos como base la cura más económica de 500 bolívares. Si tomamos como base la cura más costosa, la de los 1200 bolívares este servicio equivaldría a mil euros mensuales, equivalente a un salario generoso en esta Venezuela y del cual disfrutan muy pocos profesionales.

Todas las personas que acuden a este servicio tienen una historia personal de amputaciones previas, y la mayoría de las veces se han acercado al operativo tratando de impedir una amputación más. Este no es el caso de un señor diabético de mediana edad, jubilado de IBM de Venezuela, cuya hija trabaja en hemodinamia del hospital Pérez Carreño y que mantiene sus miembros inferiores. Entró en el operativo a raíz de que recibió un diagnóstico de amputación de dos dedos de uno de sus pies en el  hospital público donde trabaja su hija.

“Quise buscar una opinión diferente y con este motivo llegué a  donde los médicos cubanos. Ellos desestimaron este procedimiento y me dijeron que con tratamiento podía curar los dedos. Desde entonces estoy aquí”, me dijo. Este paciente me confesó que como muchos profesionales sanitarios venezolanos, su hija, tenía reservas en contra de  los médicos cubanos a los cuales rechazaba visceralmente. “Sin embargo, me dijo, en mi tiene la prueba viviente del servicio que prestan al país. Ella misma es testigo de que mantengo todos mis dedos del pie afectado”.

Historias similares cuentan el resto de los enfermos acompañados por familiares, en la mayoría de las ocasiones hijas, hijos o esposas preocupadas por la evolución de su familiar. Este es el caso, por ejemplo, de un señor de más de 90 años u otro de menos edad. Estas úlceras son muy dolorosas para los pacientes y en alguno de los casos se sienten desanimados. Esto fue lo que le pasó a uno de los pacientes de más edad que asiste en silla de ruedas acompañado de su hija; permaneció varios días sin querer comer hasta que se descompensó y fue ingresado en uno de los Centros de Diagnóstico Integral, en este caso el más cercano a su casa.

Pero también existen los casos en los que la persona está sola. Esto es lo que ocurre con un señor de origen trinitario o haitiano que en una de las oportunidades no había desayunado  y llegó un momento que no reaccionaba cuando lo llamaron para la consulta. Rápidamente salió una doctora cubana que  ordenó su ingreso hospitalario en el mismo centro.

Lo cierto es que en este mundo paralelo de los Centros de Diagnóstico Integral el servicio sanitario funciona sin tropiezos cosa que no ocurre con la red hospitalaria pública del país. Y la pregunta es: si existe la voluntad política de prestar este servicio, y se presta de forma impecable con los CDIs ¿por qué  los hospitales públicos venezolanos no funcionan?

 Según comentan los mismos pacientes que acuden a este operativo, la razón estriba en que no existe vocación de servicio entre los profesionales sanitarios venezolanos y por el contrario sí existe la vocación mercantilista. Por supuesto, en esta aseveración no se puede incluir a todos los profesionales sanitarios de Venezuela, pero no cabe duda de que si deben ser una gran mayoría porque resulta inexplicable que una red paralela a los hospitales públicos funcione con personal cubano y sin embargo los hospitales  públicos estén en franco deterioro.

Las personas que acuden a estos CDIs reconocen que este servicio funciona porque están gerenciados por personal cubano y no venezolano. Resulta triste ver la autocrítica tan dura que estos pacientes arrojan sobre sus paisanos, pero mucha más dura es su  realidad diaria al no poder contar con un servicio sanitario público de calidad dirigido y atendido por su propia gente. Por tanto, mientras los CDIs crecen en reputación entre los venezolanos de este mundo paralelo, las otras alternativas parecen que entran en franco desprestigio entre estos mismos ciudadanos. Y la pregunta final es: ¿podrán los venezolanos algún día disfrutar de un servicio sanitario de prestigio atendido por sus nacionales? Esta es una pregunta que, de momento, se queda en el aire pendiente de respuesta.



[1] Se estima que las complicaciones derivadas de la diabetes son la principal causa de amputación no traumática en el mundo. La suma de falta de riego sanguíneo con la acumulación de toxinas derivadas del metabolismo infeccioso pueden facilitar la aparición de fenómenos necróticos; dicho de otro modo, pueden provocar que determinadas zonas de tejido mueran. Si ese tejido muerto no es eliminando correctamente puede provocar la liberación de toxinas en sangre que acaben por ocasionar una gangrena del miembro. La gangrena es subsidiaria de un único tratamiento posible: la amputación o la muerte (si es que alcanza el sistema circulatorio a niveles superiores).

 

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Published by Mercedes Fuentes
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