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10 octubre 2012 3 10 /10 /octubre /2012 01:23

 

MUNDOS PARALELOS

EN LA VENEZUELA DE CHÁVEZ

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Como dije en el artículo  El día después mi ex compañera de educación secundaria, María Fernanda Alonso, publicó en la red social facebook un comentario que pretendía ser irónico  tras el triunfo del presidente de Venezuela Hugo Chávez en la recién finalizada contienda electoral que decía así: “vivimos en un mundo paralelo...no entiendo nada, lo que estoy empezando a pensar es que la culpa es nuestra porque vemos problemas donde no los hay, tal vez quienes eligieron nuevamente a Chavez sí van a hospitales donde no faltan médicos ni medicinas. Nosotros, quienes aún queremos un cambio no sabemos dónde están esos hospitales…”.

Aclaraba yo que al publicar esta nota sin embargo María Fernanda estaba tocando el punto sensible de lo que pasa en Venezuela donde, efectivamente, existen mundos paralelos. Al menos es lo que yo he concluido tras mi experiencia de más de año y medio después de veinte años de ausencia del país.

Para explicar cómo he llegado a esta conclusión es inevitable que cuente mis experiencias. Como ya en un anterior artículo dije, desde que llegué a Venezuela una de mis responsabilidades es estar pendiente de mi anciana madre que me hace correr para un centro sanitario un día sí y otro también. Como expliqué En una sala de urgencias de una clínica venezolana, el acudir a estos servicios privados en Venezuela  no sólo es necesario tener una cartera repleta, o un buen seguro (que de nada sirven en caso de una enfermedad crónica) sino también una dosis de mucha paciencia.

Hablando de todos estos problemas con una buena amiga, me dijo un día: “te recomiendo que cuando tengas una urgencia lleves a tu mamá a un Centro de Diagnóstico Integral, CDI. En especial te recomiendo el de Chuao. En ese centro una médico cubana le salvó la vida a mi papá”. A continuación me explicó que tras la muerte de su madre en España, de forma repentina, sin saber exactamente por qué, y tras ir al médico de cabecera que no le diagnosticó ninguna anomalía, ella y su hermano estaban sumamente aprehensivos con la salud de su padre.

Tras traérselo desde España ambos hermanos acudieron en más de una oportunidad, por unas molestias que su progenitor tenía, a la sala de urgencias de las clínicas caraqueñas. Ninguno de los hermanos tenía problemas en el aspecto económico por cuanto ambos poseen una buena póliza privada de la empresa que los respalda. No obstante, fueron tantas las oportunidades que acudieron a urgencias de estas clínicas  sin conseguir un diagnóstico definitivo, que su padre llegó un momento que se negó a regresar.

Al padre de mi amiga no sólo le molestaba el hecho de que no le encontrasen nada, sino que a este contratiempo había que añadir la desagradable experiencia de pasar la noche bajo un aire acondicionado que mantiene el recinto a unos niveles de frío muy alto. Para colmos, el paso por estos servicios se alargaba desde la noche hasta el mediodía del día siguiente. Por tanto su negativa a ir la última vez era muy firme.

Pero mis amigos, con la aprehensión lógica tras la pérdida inexplicable de su madre, no querían quedarse con los brazos cruzados. Por tanto decidieron llevar a su progenitor al CDI más cercano que, en su caso, era el de Chuao. En este centro funcionan durante todo el día y la noche varias consultas de emergencia que derivan a los enfermos, según la necesidad, a servicios específicos en el mismo centro o en otros, siempre administrados y gestionados por personal médico cubano.    

En el caso del padre de mi amiga la doctora de urgencias, una chica cubana muy joven, ordenó una serie de pruebas y analíticas tras cuyo resultado llamó aparte a ambos hermanos para decirles que su padre tenía un aneurisma cerebral. Les explicó la gravedad de la situación, indicándoles que era necesario que fuese sometido a una operación delicada, donde corría peligro de morir, pero que en caso de no ser intervenido podía fallecer en cualquier momento inesperado. Agrego la joven médico que en el CDI no podían realizar esta delicada intervención por cuanto no estaba el centro acondicionado para ello por lo que les aconsejaba buscar en Caracas un equipo especialista que pudiese acometer la labor.

Los hermanos quedaron en estado de shock sin saber qué camino seguir, pues en cualquiera de los dos casos planteados corrían el peligro de perder a su padre. Afortunadamente para ellos intervino un amigo común que había vivido una situación familiar parecida  y les aconsejó acometer la intervención por muy delicada que fuese. En su caso su madre había recibido el mismo diagnóstico y no había querido correr el riesgo de la intervención, lo que ocasionó que muriese en sus brazos sin poder hacer nada.

Con este empujón ambos hermanos iniciaron una odisea por las clínicas de Caracas, una odisea que amerita un artículo aparte y que acometeré en su momento. Pero el caso es que para el presente trabajo lo que importa es que  me quedó claro que el CDI de Chuao era un recurso a tener cuenta en caso de una emergencia con mi madre. Pensar que podía correr con ella a una sala de urgencias de una clínica y que, además de esperar durante un lapso de 24  horas, podía perder unos cuatro mil bolívares por nada, me animó a tomarlo en cuenta.

Adicionalmente está el hecho de que los médicos de estos centros privados tienden a ser muy antipáticos, lo que agrava el dolor de bolsillo que suele quedar tras el paso por ellos. Uno se queda con menos dinero, desairado y amargado por la impotencia ante lo que asemeja ser un abuso descarado.

De tal manera que en la primera oportunidad que mi madre dijo sentirse mal me fui al CDI de Chuao. En realidad yo iba con un objetivo claro, independientemente del malestar de mi madre, y es que  había observado una herida en una pierna que me hacía pensar en un pronóstico delicado; pensé que posiblemente era una úlcera difícil de que curase sola.

Cuando llegué al CDI el personal del mismo le dio prioridad a mi madre por la edad. En el mismo había una larga cola de ciudadanos caraqueños, de todos los extractos sociales, esperando ser vistos. Como supuse la joven doctora reparó en la herida e inmediatamente mandó a que le hicieran a mi madre un análisis de glicemia. Quería descartar o confirmar si era diabética.

El resultado fue negativo como yo me esperaba y dedujo que el caso era debido a la insuficiencia venosa. Inmediatamente la derivó a un operativo que mantienen los cubanos en Caracas que trata los casos del pie diabético. Como no era esta la situación  de mi madre habló directamente con el jefe del operativo para que la admitiese en el mismo. Este operativo estaba en ese momento funcionando en el Hospital Militar.

Tengo que decir que el hecho de que el operativo funcionase en el Hospital Militar me dio cierta tranquilidad, pues daba la casualidad que hacía poco tiempo una de mis vecinas me había contado el caso de su hermana discapacitada, la cual había tenido un problema de insuficiencia venosa. La chica fue operada en la clínica La Arboleda y la operación resultó un fracaso, tras lo cual los médicos de dicha clínica ya no daban ninguna solución. Ello provocó que los familiares la trasladasen, a través de un pariente militar, a este hospital donde funcionaba el operativo del pie diabético. El resultado fue que cuando llegó a este centro la hermana discapacitada de mi vecina tenía la pierna grangrenada y tuvieron que amputársela con las consecuentes secuelas y el doble sufrimiento físico y emocional. Así que me dije: para terminar en el Hospital Militar, mejor empezar en él.    

A partir de aquí comienza mi experiencia  con el operativo del pie diabético  que trataré en una segunda parte de este trabajo. Pero lo que viene al caso,  para este artículo, es el hecho de que en este CDI de Chuao yo entré, en esta Venezuela de Chávez, en un mundo paralelo: el de un servicio médico público que sí funciona en Venezuela. No me lo podía creer.

Tuve que regresar una y otra vez a este centro por analíticas y exámenes que le mandaban a mi madre. Y cada vez que entraba en estas instalaciones me sentía como si estuviese en un Centro de Atención primaria en España, pero con una enorme ventaja: los médicos cuentan con los recursos, sin ningún tipo de cortapisa, para realizar los diagnósticos necesarios. Y no solamente eso, funcionan como mini centros hospitalarios donde  aquellos pacientes que lo necesiten son ingresados, total y absolutamente gratis.

Todo esto está en un entorno caraqueño privilegiado, donde la belleza del paisaje natural se combina con las hermosas formas arquitectónicas de edificios modernos empresariales de esta urbe cosmopolita que es Caracas.  Aquí además del bello paisaje, la hermosa arquitectura de edificios que hablan de una Venezuela petrolera rica y próspera, encontré algo que le ha faltado y le falta a esta metropoli: un rincón de humanidad.

Y para otra ocasión Fernanda, mi experiencia con el operativo del pie diabético, para seguir con estos mundos paralelos de la Venezuela chavista. 

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Published by Mercedes Fuentes
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