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5 diciembre 2010 7 05 /12 /diciembre /2010 18:03

 

 

YA EN 1987 ESTADOS UNIDOS DABA IMAGEN DE PAÍS TERCER MUNDISTA

 

AmyGoodman1.jpg  noam_chomsky_human_rights.jpg

                                                                  Ami Goodman                  Noam Chonsky

   

A partir de los documentos dados a conocer por la web Wikieleaks la periodista Ami Goodman[1] entrevistó a Noam Chomsky[2] para conocer su opinión en relación con el escándalo que suscitó dicha publicación. Durante la entrevista se tocaron varios puntos dignos de resaltar, pero el que me llamó especialmente la atención fue la tajante afirmación de Chomsky sobre el hecho de que EE.UU. se está convirtiendo en una especie de país del tercer mundo.  

Para corroborar esta afirmación el intelectual estadounidense puso el ejemplo de cómo actualmente un tren de Boston a Nueva York –la estrella del sistema ferroviario de Amtrak- dura unos veinte minutos menos que el tren que recorría hace sesenta años Boston- Nueva York. Este hecho, señala Chomsky, resulta insólito si se toma en cuenta que un trayecto similar dura la mitad de tiempo en cualquier  país europeo, o en cualquier país industrial. Este atraso en la modernización de la red ferroviaria se debe, afirma el intelectual, a que Estados Unidos ha dejado de invertir en infraestructuras, además de no hacerlo en sanidad y educación; en ese país el dinero se destina  a  las políticas que se han diseñado para enriquecer sobre todo a las instituciones financieras, puntualiza.   

Esta estrategia de la administración norteamericana, junto con el hecho de que los dueños del  capital imponen sus reglas por encima de los intereses de la mayoría de los estadounidenses, provoca que los entes dominantes de la economía -las instituciones financieras- sólo “muevan el dinero” con la finalidad de obtener beneficios con diversos negocios especulativos pero sin  invertir ni producir nada. Algo que es claro para la mayoría de los economistas actuales.  

El caso es que esta entrevista me remontó a 1987 cuando viajé a Estados Unidos  para participar en una convención de McCormack & Dodge (M&D) en Chicago como Editora de Computerworld Venezuela. Me tocaba salir de Caracas una vez finalizado el cierre del periódico, etapa muy estresante en la jornada de un periodista, especialmente si se está al frente de todo el proceso de la misma. Los pasajes los había adquirido la secretaria del Director. Igualmente se había encargado del resto de los preparativos y yo lo único que hice fue recoger los pasajes con las instrucciones de mi viaje. 

Volaba  en una aerolínea estadounidense, hoy en día desaparecida. La salida de Maiquetía fue sin tropiezos. Me dirigía a Miami donde debía tomar otro vuelo que me conduciría a Chicago para estar presente en la inauguración de la convención. El problema se presentó cuando a las dos de la tarde intenté abordar el vuelo que, según mi pasaje,  me correspondía en el aeropuerto de Miami: no podía, me informaban los empleados de la aerolínea; ese no era mi vuelo. La información que tenía era equivocada pues me correspondía el de las seis de la tarde. Bien, pensando que la secretaria se había equivocado asumí con buen talante que era un error. Le puede suceder a cualquiera, pensé.  

Mientras esperaba, en el área de embarque antes de subir al avión, observé que mi situación parecía bastante generalizada: el gran espacio estaba repleto de gente agotada y cansada que dormía sobre sus maletas en una posición de larga espera. Mi vista recorría asombrada el paisaje humano formado por todos aquellos improvisados durmientes  y mi alma de hija de emigrantes, que había crecido en una España no tan próspera pero bastante más organizada que el mundo desorganizado de  Venezuela, se rebeló: no había salido del ambiente tercermudista de mi país. Con esta idea en mi mente y el asombro reflejado en mi cara, se lo comenté a un americano (no recuerdo de que estado) que estaba sentado a mi lado: ¿cómo era posible que en uno de los países más desarrollados del mundo se diese aquella situación de desorden?   El hombre, profundamente avergonzado, me dijo que la aerolínea con la que viajábamos estaba pasando por una crisis financiera y  sobrevendía todos los vuelos. Permanecía en una situación de  oberbucking vuelo tras vuelo ocasionando aquel caos. Recuerdo que le dije que, de ese modo, pronto terminaría en la quiebra pues los descontentos pasajeros no volverían a  viajar con ella. Efectivamente, al poco tiempo desapareció del mercado.  

El caso es que cuando intenté abordar el avión de las seis de la tarde, la empleada que tenía que darme la tarjeta de embarque me la negaba pues, señalaba,  no me correspondía viajar en ese vuelo nuevamente. Haciendo como que mi inglés era insuficiente para comunicarnos, me remitió a una compañera hispana con la que intercambié la misma información, pero en un idioma diferente. La diferencia es que esa chica no podía hacer nada y no sabía qué decirme.  

Regresé con la muchacha que me negaba la tarjeta de embarque y al borde de la histeria le dije en inglés que la situación era absurda, que ya me había perdido la inauguración del evento y que lo que ocurría no era propio de un país desarrollado sino tercermundista. Por supuesto, había alzado la voz y estaba dispuesta a alzarla más y a decirle a aquella joven lo que pensaba de sus tretas para mantenerme en tierra. Su reacción, ante mi descomunal enfado, fue entregarme inmediatamente la tarjeta de embarque lo que me instó a callar en ese mismo instante, coger la tarjeta y entrar en el avión a toda velocidad sin volver la vista atrás.  

Cuando a las dos de la madrugada aterrizamos en nuestro destino, tras un desvío hacia Indianapolis y una corta espera en su aeropuerto por causa de una tormenta que cayó sobre Chicago y obligó a desviar todos vuelos que se dirigían hacia esa ciudad, mi duda era la de si mi equipaje estaba en el avión. Pero afortunadamente sí estaba y lo recogí sin contratiempos. En ese momento me dije que hubiese sido un gran problema si no hubiese embarcado. Recordar esta experiencia y leer la afirmación de Chomsky sobre el hecho de que EE.UU. se está convirtiendo en una especie de país del tercer mundo, me ratifica en la impresión que tuve en aquel viaje de 1987.

 



[1] Egresada de Harvard University en 1984, Goodman es mejor conocida como la anfitriona del programa de Pacifica Radio Democracy Now! (¡Democracia Ya!), Los Angeles Times la describe como "la voz de radio de la izquierda no franquiciada". La cobertura a movimientos de paz y en pro de los derechos humanos así como apoyo a los medios independientes es lo más sobresaliente de su trabajo. Como una investigadora periodística, ha sido reconocida por exponer violaciones a los derechos humanos en Timor y Nigeria. Amy Goodman es judía pero no religiosa.

[2] Avram Noam Chomsky (Filadelfia, Estados Unidos, 7 de diciembre de 1928) es un lingüista, filósofo y activista estadounidense. Es profesor emérito de Lingüística en el Massachusetts Institute of Technology,MIT, y una de las figuras más destacadas de la lingüística del siglo XX, gracias a sus trabajos en teoría lingüística y ciencia cognitiva. A lo largo de su vida, ha ganado popularidad también por su activismo político, caracterizado por una visión fuertemente crítica de las sociedades capitalistas y socialistas, habiéndose definido políticamente a sí mismo como un anarquista1 2 o socialista libertario.

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Published by Mercedes Fuentes - en Personal
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