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22 mayo 2012 2 22 /05 /mayo /2012 00:10

 

¡CUIDADO CON LOS FAVORES  DE LOS EMPLEADOS BANCARIOS!

 

 

              4010970995_14a115d6fe.jpg            Bankinter-hipotecas

 

Hace poco tuve una experiencia memorable con la empleada de uno de la sucursal de  Bankinter de Logroño. Tenía en esa entidad un depósito a plazo que estaba punto de vencerse y de repente se comunicó por correo electrónico la subdirectora de esa oficina, María del Carmen  Sánchez San Pedro, para saber qué iba a hacer: simplemente dejar que el dinero siguiese en el mismo lugar a ser posible, le contesté. Me sorprendió que no recibí acuse de recibo a mi correo ni respuesta alguna.

La llamé por teléfono y le pregunté por qué no había contestado. Nada, solamente que como habían cambiado las leyes en España quería ofrecerme  otro producto que ya me comentaría. Me quedé sorprendida, pero cuando colgué me sonaron las alarmas: no quiero producto ninguno; quiero que el dinero siga donde está, me dije y tal cual le escribí diciendo esto en el correo.

Contestó señalando que sólo quería ofrecerme mayor rentabilidad y que por ello me ofrecía  pagarés del banco. Nuevamente le escribí diciendo que NO quería  ningún otro producto sino que deseaba que el dinero se quedase en donde estaba.

Lo cierto es que busqué  por internet información sobre dichos  producto y me encontré que los pagarés son un producto financiero  donde sí se ofrece más rentabilidad que el tradicional depósito bancario, pero es mucho menos líquido y tiene más riesgos, al igual que ocurría con las preferentes. Los pagarés son títulos de renta fija que hasta ahora iban dirigidos a clientes institucionales, pero que los bancos españoles han empezado a comercializar entre el gran público.

A fecha de hoy, mediados de mayo, las entidades españolas han colocado ya 46.000 millones de euros en pagarés aprovechando la escasa cultura financiera del pequeño inversor y valiéndose del poder que sobre sus clientes tienen los bancos y cajas gracias a su inmensa red de oficinas.  Hay que señalar que los pagarés son más seguros que las participaciones preferentes, pero mucho menos que los depósitos.

Los pagarés –cuyos plazos oscilan entre los 3 y los 18 meses– funcionan de forma similar a las Letras del Tesoro, sólo que en los pagarés el garante es un emisor privado (el banco de turno) y no público (el Estado). Por tanto, Lo que no cuentan los comerciales es que el riesgo de los pagarés está vinculado al banco emisor, ya que no están cubiertos por el Fondo de Garantía de Depósitos, que sí asegura los depósitos.

Es decir, que si el banco quiebra se puede perder el dinero –como ha ocurrido con los famosos pagarés de Rumasa– y el Estado no se responsabilizaría de los ahorros. No basta con fijarse en la rentabilidad, sino que hay que conocer la salud financiera del banco o caja emisores. Los pagarés son menos líquidos que los depósitos. Y en estos  momentos es recomendable que todos nosotros, pequeños inversores estemos muy alertas con estas disposiciones por cuanto la salud del sistema bancario español está en entredicho.

Además,  si se quiere recuperar el dinero invertido en un depósito a plazo fijo lo único que hay que hacer es notificarlo a la entidad y, en todo caso, se perderían parte de los intereses por cancelación anticipada, pero nunca el capital. Pero si se necesita el dinero invertido en un pagaré antes de su vencimiento tendremos que venderlo en un mercado secundario, que es muy poco líquido, y seguramente se perderán los intereses y parte del capital.

A bancos y cajas les resulta ahora más barato ofrecer pagarés que depósitos para captar ahorro. Los depósitos que ofrecen un interés por encima de la media están penalizados por la conocida como normativa Salgado, que obliga a las entidades adheridas al Fondo de Garantía de Depósitos a aportar un extra si sus depósitos superan un determinado tipo de interés. No ocurre lo mismo con los pagarés, que no tienen limitada la competencia en rentabilidad. Por eso, están ofreciendo intereses que superan el 4% anual.

Miles de modestos inversores han sufrido en los últimos años importantes pérdidas en productos que los comerciales bancarios les vendieron en su día como  muy seguros y que lo único que les ha provocado son quebraderos de cabeza. Y ya no sólo hablamos de preferentes o de cuotas participativas, sino que a algunos pequeños inversores les llegaron a colocar productos emitidos en Islandia o bonos de Lehman Brothers.

De tal manera que le envié a esta subdirectora de la entidad de Logroño unos correos calientitos y mucho más después de que ella apelase a un sentimiento de gratitud por mi parte debido a que no sé qué servicios.  Esto era lo que ella escribía en el correo:

“Lo que estamos haciendo a los clientes a la renovación de sus plazos es contratar pagarés del banco a plazo (6 meses por ejemplo) que es como hacer un plazo fijo pero del banco y podemos pagar un 3,25%. Recordarte que desde Bankinter únicamente se te está  haciendo un favor”.

Si se fijan, además de colocar en riesgo los  ahorros que confié en un momento a la entidad,  debido MUY ESPECIALMENTE  al momento por el que atraviesa el sector financiero español,  encima me estaba haciendo un “favor”. Un “favor” que podía salir muy caro, pero un “favor”. No utilizó la palabra “contraprestación”, que en todo caso es el tipo de relación que hay entre un banco y un cliente. No. Un “favor” es el que me estaban haciendo al colocar un dinero en un producto de mayor riesgo, menor liquidez  y que no está respaldado por el  Fondo de Garantía de Depósitos y en caso de quiebra bancaria la única garantía es la solvencia del banco en cuestión.

Por tanto sugiero a los lectores de este artículo que cuando escuchen estas palabras en boca de un  empleado bancario: “Es un producto buenísimo y superseguro. Mucho mejor que un depósito porque ofrece más rentabilidad. Es usted un privilegiado porque sólo se lo ofrecemos a nuestros clientes más fieles”. Será mejor que piensen como el periodista Manuel del Pozo de Expansión que se lo ofrecen “a sus mejores clientes o a los más imbéciles”. Y en estos momentos, de seguro, a los más imbéciles. Gracias María del Carmen, por el favor, pero mejor no, MUCHAS GRACIAS. No quiero tus favores ni los de Bankinter, especialmente si tienen un precio tan alto.

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Published by Mercedes Fuentes
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