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28 diciembre 2012 5 28 /12 /diciembre /2012 01:03

JUANSITO:

HUMILDE MÚSICO DE FIGURA DIFUMINADA

 

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               Dos momentos diferentes de reuniones con la familia política en el pueblo.


En estos días ha surgido un intercambio de  comentarios e ideas, a propósito de mi blog, con un amigo de la red social de facebook que es profesor de literatura. Todo afloró a partir de una serie de observaciones sobre las relaciones que solemos mantener con nuestra familia política y, muy especialmente, con los cuñados y cuñadas.

Algunas acotaciones aisladas hicieron que mi interlocutor visualizase una veta humorística en mi relato, el cual versaba sobre el silencio impuesto y autoimpuesto por la imposibilidad de tratar ciertos temas en el ámbito doméstico, relacionados sesgadamente con la faceta profesional de la cual uno se siente incapaz de detraerse totalmente  y que, sin proponérselo, salpica nuestra cotidianidad.

Este es por ejemplo mi caso en el cual resalta el hecho de que, según me han comentado, plago, sin querer, la conversación de vocablos poco usuales en el lenguaje coloquial. Si se añade que además leo mucho sobre múltiples temas, pero muy especialmente sobre economía, la situación adquiere visos de un muro que se interpone en la comunicación con el común de muchas personas.

Esta ha sido la situación con mi familia política, especialmente, con las cuñadas, con algunas de las madres de los amigos de mis hijos, e, incluso, con primas hermanas, tíos y tías. Por supuesto, la consecuencia es que, en la medida que es posible, estas personas me evitan. También tengo que admitir que por mi parte, siempre que puedo, soslayo los encuentros.

Sin embargo, mientras esto es fácil de realizar con personas que forman parte del ámbito social normal, no lo es cuando uno se encuentra en el entorno familiar. Siendo el roce obligatorio, por convenciones sociales que fuerzan a asistir a ciertas reuniones o ser el anfitrión  en determinados momentos, los choques surgen sin querer. En estos contextos las diferencias se agrandan, creando un ambiente difícil que alguna de las partes tiene que sobrellevar, ya sea por mayor comprensión de la situación, ya sea por cierta experticia en el manejo de encuentros incómodos.

La capacidad de adaptación, me imagino que adquirida a fuerza de uno verse obligado a encajar en países diferentes, ambientes diferentes, me han procurado una adecuada soltura en el manejo de semejantes situaciones: el sentido común indica que escuchar mucho y hablar poco es una estrategia muy efectiva. Y cuando el lado contrario no tiene ninguna tendencia a escuchar es muy, pero que muy fácil de aplicar.

Esta ha sido mi experiencia en la mayoría de mis relaciones, en algunas circunstancias con familiares directos y en otras con familiares políticos. Es fácil imaginarse que los encuentros con familiares políticos son los más usuales por ineludible cumplimiento. En mi caso, como en el de la mayoría, ha sido así. El choque de puntos de vista, la confrontación de estilos y modos de vida ha sido una constante en mis relaciones con mis cuñados y resto de familiares políticos.

Por ello siempre me ha acompañado, en estas situaciones, un silencio sepulcral aún cuando tengo que reconocer que más bien soy una persona bastante locuaz. Esto ha provocado que en mi memoria quedasen registrados ciertos recuerdos donde los que me rodean mantienen un diálogo a viva voz que lo acompaña, por mi parte, un monólogo  interior.

Esto fue lo que sucedió en una reunión con mis cuñados a principio de los años noventa. Era la época de la Expo de Sevilla. La hermana mayor de mi marido, ex monja y enfermera de profesión, había acudido a visitar la exposición. A mi cuñada, que es soltera, le encanta viajar y en ese momento había regresado, como es fácil suponer,  encantada con la Exposición Universal de Sevilla.

No recuerdo con qué motivo se realizó el encuentro, pero el caso es que estábamos todos alrededor de la mesa. Hoy en día no soy capaz de visualizar a los comensales en su totalidad, pero sin embargo, la imagen de las dos cuñadas intercambiando impresiones sobre el viaje es totalmente nítida como también lo es el recuerdo de los sentimientos que me  provocó dicho  diálogo.

Debo aclarar que la cuñada mayor es una persona muy impresionable por los altos cargos públicos y personajes de relevancia. La otra hermana, la menor, posee un carácter sumamente pragmático, tanto que a pesar de haber estado ella también en el noviciado lo abandonó por cuanto, según me confesó, no llegó a enterarse de que iba eso de la vocación religiosa. Y es que para el tema vocacional es necesario aplicar una cierta dosis de imaginación, mucho más si la vocación está relacionada con el tema religioso. Pero lo cierto es que una de las características de   mi cuñada no es precisamente la de ser especialmente imaginativa.

Su paso por el noviciado le dejó más bien una sensación de desarraigo de la tierra chica que la siguió el resto de su vida. A pesar de que su desarraigo luego se combinó con  una cierta sensación de no puedo vivir en mi pueblo pero tampoco sin él, siguió apegada a su tierra, sus hombres y mujeres, así como su paisaje y sus casas. Esto provoca que cada vez que puede realiza una escapada con su familia para estar en ese entorno alrededor del cual giran sus intereses.

En el caso de la hermana mayor, el desarraigo es mucho más tenue. Esta hermana que sí posee una vívida imaginación, la concentró, sin embargo, en su interés por los grandes eventos y escenarios, así como por sus personajes, especialmente individuos de la nobleza, autoridades políticas y religiosas.

En concreto el día de la comida en común la cuñada que había visitado la expo  comenzó el relato de su visita a tenor de las preguntas que le hacían los presentes. Tengo que admitir que todos estábamos expectantes ante su narración, por cuanto ninguno había tenido, a esas alturas,  oportunidad de visitar la exposición.

Lo que recuerdo es que el relato de la cuñada encalló muy pronto en la apertura del pabellón de  la autonomía de Navarra, tierra en la que estábamos; en dicha apertura habían estado, por supuesto, los representantes políticos y religiosos de esta comunidad autónoma. Sin duda, el evento captó toda su atención por cuanto la descripción era prolífica en el recuento de personajes asistentes, sus respectivas vestimentas, así como sus actuaciones.

Mi primigenia curiosidad se tornó, repentinamente, en terror: “¡Oh, no! ¿Íbamos a tener que escuchar pacientemente el recuento de ese nutrido grupo de personajes  con todos los detalles de sus vestimentas y gestos?” Súbitamente, mi imaginación, que tengo que admitir que tiende a ser muy fértil, se llenó de orondas figuras masculinas, muchas de ellas vestidas con  ropajes púrpura y faldones. Sus cabezas estaban coronadas por diversos sombreros puntiagudos, y llegué hasta a visualizar sus regordetas manos sosteniendo algún libro sagrado o misal, mientras blandían un incensario bendiciendo el pabellón navarro. A su alrededor otras actores vestidos de traje negro o azul marino, no menos orondos, terminaban de enmarcar la escena.

Lo cierto es que el fructífero cuadro que provocaban las descripciones de mi cuñada   me sumieron en un pavor indescriptible: “¿cuánto tiempo duraría aquel relato?” Afortunadamente la cuñada menor tenía la confianza y la asertividad suficiente para interrumpir a su hermana y decirle:

-  ¿Nos vas a tener aquí toda la comida contándonos la inauguración del pabellón de Navarra y describiéndonos los gestos y vestidos de unas personas que no nos interesan lo más mínimo?

Recuerdo haber exhalado un suspiro de alivio. Y de repente mi imaginación se vio sacudida por otra intervención de la hermana menor:

-    ¿No tienes nada más interesante qué contarnos? ¿No viste a Juansito?

-   ¿Juansito? – repitió con expresión contrariada y aburrida la hermana mayor.   

“¡Oh, sí, sí!”, me decía mentalmente:“Juansito,sí, Juansito” mientras aquella escena llena de rollizos personajes con vestiduras púrpuras se desvanecía y era  sustituida por la silueta de un hombre delgado, con  pantalón negro, chaleco del mismo color sobre una camisa blanca y con una gorrita al estilo vasco. Esperaba yo detalles de aquel nuevo ejecutante introducido por mi cuñada: “¿era Juansito un vecino del pueblo?" El nombre ya arrojaba algunos datos en esta dirección. Evidentemente estas aclaraciones no eran necesarias para la hermana mayor quién las obvió totalmente:

-         ¿Viajó a la expo Juansito? - preguntó.    

-        Sí, estaba en la comitiva del gobierno navarro. Formaba parte de uno de los grupos de música que iba a participar en la apertura del pabellón de Navarra- le explicó la enterada hermana menor.           

-        Pues no, no me lo encontré.           

-      Pero ¿cómo puedes estar presente en la apertura del pabellón navarro y no encontrarte con Juansito?

Inesperadamente mi afán de conocer más detalles sobre el nuevo tema de conversación se transformó en perplejidad: “¿tan difícil era imaginar que no coincidieron?  ¿Qué pregunta era aquella?”

-    Pues chica, no, no me lo encontré – replicaba la hermana mayor.                    

-    Entonces ¿a qué fuiste?

“¡De visita turística! ¿Era necesaria la aclaración del objetivo del viaje?”, encontré preguntándome mentalmente.

-         Deja a Juansito tranquilo ¿o acaso Juansito era lo único que se podía ver en la expo? - replicó enfadada  la hermana turista.

Buena observación, pensé. Pero la verdad,  entre los obispos y compañía, de escoger, me quedaba con Juansito. ¿En algún momento podía yo enterarme de quién era? ¿Qué instrumento tocaba? ¿Cómo es que se encontraba en la comitiva de la inauguración del pabellón Navarro? ¿Era músico profesional o amateur? ¿Era estudiado o autodidacta? Las preguntas se acumulaban en mi mente sin ver salida y mucho menos respuesta.

El caso es que la conversación sobre la exposición de Sevilla quedó truncada. Me admiré de no enterarme de nada, excepto del boato de la inauguración del pabellón de Navarra y la sorpresiva presencia de un Juansito fantasma que la hermana mayor jamás vio. Lo curioso, además, era el giro que había adquirido el tema entre las dos hermanas suscitando una discusión tonta por motivos aún más tontos.

Recuerdo que le comenté el evento con sorpresa a mi marido: “¡Bah! Cosas que pasan en familia”, me dijo. “¡Ah!”, pensé, “debe ser eso. Debe ser que no estoy acostumbrada a estos encuentros familiares multitudinarios. Sí, posiblemente era eso: había crecido en una familia mononuclear, lejos de tíos y primos,  y por ello no tenía yo experiencia de esos intercambios comunicacionales absurdos y sorpresivos que no llevaban a ninguna parte excepto a un dique seco con peligro de explosionar por un petardo tirado sin intención. Sí, eso debía ser”.

El caso es que todavía hoy en día el personaje de Juansito, como el de aquel Juan Panadero, de las coplas del poeta gaditano Rafael Alberti, repiquetea en mi imaginación con todas las interrogantes que le rodean. Veinte años, prácticamente, acudiendo de visita al pueblo, y participando en reuniones familiares, no fueron capaces de despejar las preguntas que en torno a este personaje surgieron en aquella extraña conversación de sobremesa en familia.

Es tal el alo de misterio que rodea a este humilde personaje en mi imaginación, que no dejo de relacionarlo  con coplas y poetas, como representante genuino del pueblo: Juansito el músico, quizás autodidacta, que tuvo la ventura de estar en representación de todo su pueblo en uno de sus más importantes eventos. Posiblemente olvidado y poco reconocido; lástima de no poseer voz de poeta para dar a este humilde músico forma a su difuminada figura que un día irrumpió en mis pensamientos para quedarse en ellos. ¡Lástima!

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Published by Mercedes Fuentes - en Personal
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Comentarios

Alonso 12/28/2012 11:26


Fotos: sorpresa! Comparadas con la de tu perfil en fbk toda una sorpresa, vaya que sí. La webcam del ordenador tiene la rara cualidad de superar al fotomatón (existen todavía esas cabinas frente
a las comisarías?). Te digo esto porque, acostumbrado al hieratismo atento de tu foto de perfil, aquí asoma un lado risueño y desinhibido que me costaba encajar contigo, sobre todo al principio.
(Te invito a ver las primeras que me hice yo al ingresar en la red. Podrás comprobar lo que te digo con ese ejemplo. De no ser por mi sobrina Estíbaliz todavía daría la impresión de estar
escribiendo desde una cueva)


Otra cosa: la de la izquierda habla a las claras de la "sintonía" entre los presentes. Tú miras hacia la izquierda, atraída por algún acontecimiento que parece divertirte, mientras tus dos
acompañantes a la mesa bajan la cabeza en lo que interpreto como un gesto de cierta incomodidad. Muy elocuente.


Sin embargo, la de la derecha resulta de lo más cálida. Imagino que la excursión mañanera por el campo allanaba los ánimos. Me gusta esa foto, bastante alejada de esos silencios expectantes que
describes, pero que tanto juego dan y que me resultan tan chuscos.


Luego dices que te sorprende que veamos ese punto de humor. No me digas que la descripción imaginada del ambiente del pabellón navarro no es para partirse: el pintoresquismo solemne y
provinciano de las autoridades políticas y religiosas, con el foco puesto en los ademanes y ropajes que destaca la narradora es un cuadro entre galdosiano y folclórico.


Tus personajes quedan bien definidos con cuatro trazos (muy al impresionismo descriptivo de Baroja), y de alguna manera caricaturizados cuando destacas su condición de exmonja y exnovicia, como
si ello hubiera dejado una impronta que les encorseta un carácter algo neurótico. Y así se manifiesta en el encontronazo y aparición de ese Juansito, quizá pretexto de una figura inexistente, que
termina con la frivolidad desde su "ser difuminado". Una poética paradoja, que se acomoda en tu memoria con la fuerza de lo soñado.


No son dos registros, aparentemente opuestos, que se argamasan con ingenio, un punto burlesco y unas gotas de lirismo?


(Aparte, mejor que "off the record"): Dónde están los palabros indescifrables? Salvo el americanismo de "experticia" yo no he visto ninguno.

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