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5 abril 2013 5 05 /04 /abril /2013 01:59

Esencia de mujer narra la historia de la relación entre un oficial del ejército retirado, que sufre de ceguera, y un joven estudiante que le sirve de lazarillo en la gran ciudad de Nueva York. Además del Oscar al mejor actor a Al Pacino, obtuvo otras nominaciones, como mejor película y mejor director. En este vídeo se puede apreciar el excelente discurso final de la película.

 

 

LOS PADRES INSTRUIMOS HASTA SIN INTENCIÓN 

 

 

Cuando se tienen hijos y se piensa en el futuro que se les quiere dar,  los mejores propósitos acuden a nuestra mente. Los padres solemos desear que nuestros hijos superen las deficiencias o carencias que poseemos en determinados apartados. Esto fue lo que nos ocurrió a mi marido y a mí con los nuestros. En cierta medida, desde que nacieron nuestros pasos, como pareja, eran medidos en función de su bienestar.

Recuerdo en alguna ocasión estar barajando la posibilidad de salir a cenar fuera. Pero también recuerdo como en esos momentos nuestra mirada bajó hasta llegar a nuestro primogénito, en una primera época, y después hasta los dos, y pensar en todo lo que significaba salir con ellos: el subir y bajar el cochecito del auto, imaginar controlar a dos pequeños en el restaurant    y, con la decisión tomada, recuerdo como elevamos  la mirada   hasta cruzarla y decir al unísono: ¡mejor encargamos comida china!

De tal manera que nuestros fines de semana se llenaron, durante los primeros años de nuestros hijos, de sesiones caseras de cine, comida china o pizza, lectura y música. Mis hijos crecieron escuchando mucha música, especialmente clásica, que era la que le gustaba a su padre. Aunque también, siguiendo su gusto, las melodías de  Juaquín Sabina sonaban de fondo algunas veces y otras Andaluces de Jaén  o Libertad sin ira, e incluso diversos grupos latinoamericanos, alguno de moda en su momento como el grupo de bachata Aventura o el venezolano Ali Primera con su canción Casas de cartón.

Por mi parte, añadía al ambiente musical Cómo curar un corazón herido de los Bee Gees o  No es una carga, es mi hermano de Los Hollies   que se mezclaban con O son do ar del grupo gallego Luar na Lubre,  O bruxo da montaña  de Milladoiro o Orinoco flow de Enya. Pero lo cierto es que, en general, su cultura musical nunca fue una preocupación porque  a esto se  añadía  que ambos estudiaron un instrumento y entre los familiares, el que más o el que menos, tiene actitudes naturales y,  ya sea por formación autodidacta o formal,  muchos de ellos tocan alguno, hecho que ayudó a  crear un entorno propicio para el desarrollo de esta faceta.

Personalmente me preocupé  en estimular su curiosidad científica pues siendo sus padres humanistas sentía que cargábamos excesivamente el peso hacia esta área. Por ello, dentro de mi limitada formación  en el área de ciencias  traté de despertar su interés por las matemáticas y, muy especialmente por el mundo de  la física. Para ello me vino muy bien la serie Start Trek: la nueva generación, pues yo había visto Start Trek: la serie original en blanco y negro. 

Estas sesiones compartidas, viendo la popular serie, estaban  acompañadas por  conversaciones sobre temas cómo la expansión del universo, la velocidad de la luz, los agujeros negros, las estrellas enanas, los soles rojos, el número de  galaxias…etc. De esta forma surgían comentarios alrededor de la teoría de la relatividad, la velocidad de la luz, la posibilidad de la tele transportación…

Tengo que confesar que precisamente por el fuerte carácter humanista de nuestro hogar, nunca me preocupó, personalmente, crear en ellos el hábito de la lectura por cuanto sabía que el ejemplo era más que suficiente, como así fue. A pesar de esto quise que mis hijos disfrutasen de los libros que había leído en mi niñez lo que significó, en muchas ocasiones, la búsqueda activa por librerías y ferias del libro de ciertos ejemplares que ya no se encontraban. Esta actividad  creó momentos de disfrute conjunto en la propia búsqueda de los libros, disfrute que  se prolongaban cuando el libro había sido conseguido  y era leído.

Sin embargo, siendo muy cinéfilos mi marido y yo, tampoco nos preocupamos especialmente por  cultivar su gusto por el cine. E incluso nuestras sesiones de cine casero las reservábamos exclusivamente para los dos. Sin embargo, llegó un momento que nuestro hijo mayor, primero de tres años, luego cuatro o cinco, quiso compartir ese rato con nosotros: ¿me puedo quedar con ustedes? recuerdo que fue su pregunta la primera vez. La respuesta no se hizo esperar: su padre y yo hicimos sitio en el sofá, en medio de los dos, y lo acurrucamos a nuestro lado de tal manera que sus piececitos  quedaron en las piernas de su padre y su cabeza recostada en mis brazos. Tengo en la memoria el gesto de arroparlo con una manta suave  pensando que nuestro pequeño se quedaría dormido mientras su padre le acariciaba sus pies desnudos.

Evoco en alguna ocasión mirar para él con la finalidad de ver si ya había cerrado los ojos y de si ya dormía. Y también rememoro ver, con asombro, como permanecía con las manos bajo su mandíbula y con los ojitos muy abiertos. Parecía estar muy interesado en la película de turno ¿Qué entenderá de lo que ve? pensé en su momento, pues la mayoría de los filmes  me parecían complejos para un pequeño de su edad.

Ahora, con 20 años, ya en la universidad estudiando medicina, en otra urbe, lejos de su casa, con fines de semana libres en solitario, me cuenta que recordó aquellas películas que los padres veíamos en nuestras sesiones de cine. De tal manera que las ha retomado una a una, muchas de ellas de estreno en su día y otras rescatadas de la filmoteca por sus progenitores. Y ahora las rescata él a su vez y las vuelve a ver: Esencia de mujer, con Al Pacino, El indomable Will Huntig, con Robin Willians y Matt Damon,  Educando a Rita con Michael Caine y Julie Walters, La leyenda del pianista en el oceáno con Tim Roth,  Un león de invierno en sus dos versiones, la primera de 1968 dirigida por Anthony Harvey con Peter O´toole y Katharine y Herpburn y la segunda del director Andrei Konchalovsky, Horizontes de Grandeza dirigida por Willian Wyler con  Gregory Peck  y Charleston Heston , El Golpe con Paul Newman y Robert Redford entre muchas otras.

Este entretenimiento cinéfilo lo comparte desde la distancia con su hermano, comentando y muchas veces volviendo a ver las películas, reflexionando sobre el mensaje que transmiten, la estructura y el diálogo. Y me doy cuenta de que los padres instruimos hasta cuando no lo hacemos intencionadamente. Qué gratificante ver que, en este caso, ha sido para bien y que este hecho les ha dado a mis hijos otra dimensión de la vida de la cual también disfrutar.

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Published by Mercedes Fuentes - en Personal
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