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30 octubre 2011 7 30 /10 /octubre /2011 22:30

 

 

SIGNIFICADO DE PERSONA SENSATA.

 

 

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Hace algún tiempo que le debo a una amiga un artículo sobre lo que personalmente considero que es ser sensata o sensato. Y es que en una ocasión hablando sobre ella con otra persona conocida por ambas, mencione que una de sus virtudes destacadas era la sensatez. No había terminado de decir esto cuando se me ocurrió pensar que este adjetivo, que según la RAE significa prudente, cuerdo, de buen juicio, se puede asociar con  valores  diferentes según el marco de referencia de quien lo interprete.  Por tanto me consideré en la obligación de aclarar cuál es el significado que para mi tiene esta palabra y cuál es el marco de referencia del cual parto.

Para poder explicarlo necesito remitirme primero a la clase de Psicología Social, impartida por el profesor Marcos Brito, en la Escuela de Comunicación de La Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, Venezuela en la década de los 80. En esta cátedra los alumnos realizamos un análisis de contenido de una obra según las teorías de la motivación desarrolladas por el investigador estadounidense David MacClelland durante las primeras décadas del siglo xx.

En mi caso analicé, junto con dos compañeros de clase, la obra de teatro La quema de Judas del escritor venezolano Román Chalbaud. En dicho análisis había que señalar los indicios de las tres motivaciones principales del ser humano según McClelland: la del logro (necesidad de realización), la de poder y la de afiliación.

Según este estudioso del comportamiento humano, cuando la motivación al poder predomina sobre las otras dos  se entra en un proceso destructivo con consecuencias negativas para el individuo y su entorno. Un equilibrio sano requiere el predominio de la motivación al logro y la de afiliación.

La motivación al poder está representada por la urgencia que tiene una persona de poseer gran cantidad de recursos económicos, muy por encima de sus necesidades, y  acumular bienes materiales. Adicionalmente se caracteriza por la disposición de dominar el entorno según sus deseos y se identifica por el apremio de reconocimiento y prestigio.

Cuando esta motivación prevalece la persona es capaz de involucrarse en negocios poco claros, incluso delictivos, tales como el narcotráfico, tan difundido en nuestros días, con el objetivo de  conseguir dinero para poder mantener una vida de gasto y lujo. En el caso de los seudo intelectuales que adolecen de un exceso de esta motivación son proclives a robar las ideas de otros con el objetivo de obtener prestigio y visibilidad social o mantener su posición. Otra característica de estos sujetos, de todas las profesiones y clases sociales, es la predisposición para trepar posiciones socialmente a costa de pisar a los que están a su lado o de corromperse y corromper a otros.

Este tipo de personajes  suelen ignorar la elección de auto realización que no tiene nada que ver con la búsqueda de prestigio, mayores bienes económico o reconocimiento social: un político busca la auto realización cuando su objetivo es ejecutar una obra en beneficio de la comunidad o en el caso de un profesor cuando observa que ha conseguido enseñar a sus alumnos. En el caso de un médico cuando logra curar a sus enfermos…

Por el contrario cuando un político, o hombre de negocios, sólo está motivado por el poder que da el cargo, por el dinero  y el deseo de visibilidad que le da su posición será fácil que caiga en la corrupción dado que para conseguir lo que desean no importan los medios sino los fines. En el supuesto de un profesor impulsado por la motivación al poder le interesará más el dinero, su imagen como tal o el prestigio que le reporta su posición en lugar de la propia  labor educativa o el respecto a la ideas de sus compañeros y alumnos. Para el médico no sólo será más importante el prestigio sino también estará más ávido por el dinero que en conseguir el bienestar y la salud de sus pacientes. Esto sólo por mencionar cuatro de las profesiones de más actualidad en estos momentos.

Como señala el investigador estadounidense David MacClelland, cuando una persona actúa impulsada por la motivación de auto realización,  genera felicidad  no solo para sí misma sino que además contribuye  forjando mayor bienestar en su entorno. Cuando actúa por motivación al poder el resultado  es el inverso.

McClelland afirma además, que la motivación de auto realización, deja al individuo satisfecho internamente  y le crea relaciones armoniosas con su medio. Cuando por el contrario el individuo actúa por la motivación de poder, crea malestar a su alrededor e infelicidad para sí mismo: no consigue nunca la satisfacción buscada porque entra en un bucle interminable donde la necesidad de  poder se incrementa paulatinamente sin que llegue a tener fin.

Es ya muy conocido, y tratado exhaustivamente por expertos diferentes, el hecho de que en nuestra sociedad occidental predomina la motivación al poder en detrimento de  la motivación al logro. Esta última suele estar en la antípoda de lo que los individuos buscan.   Y es que, como dice Erich Fromm en su obra Psicoanálisis de la  Sociedad Contemporánea y en Tener y Ser[1], en la actual sociedad el ser humano sufre un proceso de alienación que lo llevan a confundir el “tener” con el “ser” causando a los que le rodean y a sí mismo infelicidad.

Para finalizar con toda esta disgregación, e ir al punto central de mi artículo, tengo que decir  que considero que una persona es sensata cuando logra un equilibrio entre  la necesidad de auto realización,  la de afiliación y la de poder. Por tanto, cuando dije que la cualidad que más me gustaba de mi amiga era la sensatez quise decir que ella ha conseguido este logro tan poco propagado en la sociedad actual: la de ser una persona altamente motivada por una profunda necesidad de auto realización y de establecer relaciones sanas con su entorno humano, ya sean amigos o familiares. Sin duda antepone el “ser” al “tener”. Considero que mi amiga es una de esos pocos seres humanos privilegiados que ha escapado al padecimiento de  esa enfermedad tan generalizada como es la de la ansiedad inconmensurable de poder de nuestra sociedad y que tan claramente ha quedado al descubierto en la actual crisis que sacude a occidente.  

Y es que desde luego no me puedo imaginar a los causantes de la presente falta de liquidez del sector financiero como seres humanos sensatos[2]. Ni tampoco a los líderes que son incapaces de gobernar a favor de las mayorías. Tampoco puedo considerar sensatos a aquellos hombres de negocios que se están aprovechando de la miseria de los demás, y sea comerciando drogas o  especulando con el problema de la deuda de los países europeos sin importarles si por el camino cae un ser humano, un sistema educativo más igualitario o un sistema de salud que garantice el bienestar de los ciudadanos. Todo lo contrario: son el símbolo máximo de la insensatez y de la alienación en esta sociedad enferma de necesidad de poder, prestigio, protagonismo y visibilidad. Estos sujetos no hacen más que dejar a su paso dolor y destrucción. Todo esto es el símbolo de una enorme insensatez.



[1] Erich Fromm señala en su obra Tener y Ser que la orientación de tener es característica de la sociedad industrial occidental, en que el afán de lucro, fama y poder se han convertido en el problema dominante de la vida. Indica que  LA ALTERNATIVA entre tener que se opone a ser, no atrae al sentido común: “Parece que tener es una función normal de la vida: para vivir, debemos tener cosas.  Además, debemos tenerlas para gozarlas.  En una cultura cuya meta suprema es tener (cada vez más), y en la que se puede decir de alguien que "vale un millón de dólares", (En inglés de los Estados Unidos, es la manera común de decir que tiene un millón de dólares. [T.]) ¿cómo puede haber una alternativa entre tener y ser?  Al contrario, parece que la misma esencia de ser consiste en tener; y si el individuo no tiene nada, no es nadie”.  

[2] En su obra ya citada Erich Fromm señala  que el egoísmo que genera el sistema hace que los gobernantes antepongan su éxito personal a su responsabilidad social:“Ya no nos  sorprende cuando los dirigentes políticos y los "ejecutivos" de los negocios toman decisiones que parecen beneficiarlos, y que al mismo tiempo son nocivas y peligrosas para la comunidad.  Desde luego, si el egoísmo es un pilar de la ética práctica contemporánea, ¿por qué habrían de  actuar de otra manera?  No parecen saber que la avaricia (como la sumisión) vuelve a la gente estúpida aun en lo que atañe a su verdadero interés, al interés de sus propias vidas y de las vidas de sus esposas y sus hijos (cf.  J. Piaget, El juicio moral del niño).  Al mismo tiempo, el público en general está tan egoístamente preocupado  por sus asuntos particulares que presta muy poca atención a los problemas que trascienden el terreno personal”.

 

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Published by Mercedes Fuentes - en Personal
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