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27 diciembre 2012 4 27 /12 /diciembre /2012 00:17

 

EL FACTOR SUERTE O  PUNTO DE PARTIDO


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En estos días de Navidad, previos a la Nochebuena, un amigo de la red social Facebook comenzó a percatarse de una nueva modalidad de esta herramienta de comunicación en el nivel del estado personal. Dicha modalidad consistía en preguntar ¿cómo te encuentras? en lugar del acostumbrado ¿qué estás pensando?

Dicha pregunta le provocó cosquillas en la imaginación al  amigo, el cual le contestó literalmente: “¡Bien, gracias! (salao, que estás que te sales preguntón). Todo ello llevó a la consabida retahíla de comentarios del resto de participantes de su red que llamaron mi atención.

Mientras en twitter  una de las personas que sigo, y me sigue, una mujer española, posiblemente navarra o vasca, por su nombre, Izaskun, y por la ciudad del premio, publicaba la siguiente entrada: “Al primero que consiga no discutir con sus cuñados esta noche, le regalo un finde en Pamplonalo que provocó que yo participase en Facebook con el siguiente párrafo: (el facebook) “Debería preguntar cómo están tus cuñados esta noche y respondería Izaskun Martinez...que parece que la Nochebuena no es buena para sus relaciones con familiares políticos”.

Todo ello dio pie para que el que abrió la cadena  de manifestaciones  y yo nos enzarzásemos en una serie de observaciones a propósito de los cuñados, donde salió a relucir mi sempiterna incomunicación con mi familia política por “problemas” de comprensión lingüística: vocablos muy rebuscados, propios de una periodista acostumbrada a hablar de temas ajenos al común de los mortales.

Mi interlocutor  se sintió aludido y mostró su acuerdo en referencia al tema de vocablos, señalando que posiblemente mi experiencia podría traer a colación una nueva entrada de mi blog con esta curiosa vivencia familiar. Ello me reconvino a meditar sobre el tema, y a colación de cómo anda el patio de la mujeres políticas del PP (y hombres también) últimamente, vino a mi mente un recuerdo familiar no con mis cuñadas pero sí con una de sus primas hermanas.

Era tiempo en que no había nacido todavía mi segundo hijo; teníamos mi marido y yo una hipoteca y el primero de nuestros vástagos. Solíamos ir a su pueblo los días festivos  y fines de semana largos donde se encontraba la familia al completo.

En aquella época unos primos hermanos de mi marido se encontraban en el difícil trance de velar por su madre enferma de alzheimer, para lo cual solían turnarse. Ello ocasionaba que cada vez que llegábamos estaba uno o dos  primos diferentes a la última vez.

En una de las ocasiones se encontraba una de las primas, enfermera de profesión, casada con el dueño de  una empresa mediana de unos treinta empleados, presidente de la Cámara de Comercio de su localidad y militante activo del PP. Ella por su profesión era funcionaria y además militante del PSOE y, en aquel momento, concejala en el ayuntamiento de su localidad.

Para enmarcar el contexto político tengo que decir que estábamos en el inicio de la legislatura del PP con José María Aznar como presidente de España. Recuerdo de aquel tiempo que su gobierno  había congelado el aumento anual según el IPC del salario de los funcionarios, al mismo tiempo que la entrada en el euro había permitido un descenso en los tipos de interés desde un 13% (que era el de la hipoteca de mi casa) hasta más de la mitad. Ello significó, en términos reales, un ahorro de más del 50% del dinero destinado a pagar la hipoteca, lo que vino a ser como una especie de ingreso inesperado.

El caso es que la prima de mis cuñadas se encontraba en aquel fin de semana en la tesitura de encargarse de su madre enferma. Una de las tareas rutinarias de los hermanos en estos días era la de hacer caminar a su madre para evitar que engordase demasiado por la excesiva ingesta de alimentos, uno de los problemas de este tipo de enfermos.

Para ello, cuando se encontraban a su cuidado, solían salir desde el pueblo caminando hacía una ermita que se encuentra al pie de una montaña justo enfrente de la villa. Creo recordar que el paseo es de más o menos unos tres kilómetros. contando la ida y el regreso. Y en esta ocasión la prima enfermera de mis cuñadas se aprestaba a iniciar la ascensión con su madre cuando yo me ofrecí para acompañarla.

Durante  el trayecto esta prima comenzó a hablar del pésimo gobierno de José María Aznar, de su discutible decisión de congelación del aumento de los salarios a los funcionarios y el encarecimiento de la vida. La verdad es que yo no coincidía en aquel momento con su visión a pesar de ser contraria al PP y, más aún, al propio Aznar; me encontraba demasiado contenta por la bajada de los intereses de la hipoteca de mi casa y por ende, del monto mensual destinado a estos efectos. Para mi familia había sido como si nos hubiesen realizado un aumento de salario más que generoso.

En estas circunstancias tampoco me sentía particularmente afectada por el aumento de ningún insumo, lo que me llevó, dentro de mi sorpresa por la radical diferencia en la visión del escenario circundante, a preguntarle cuál o cuáles eran los aumentos de costos a los que se refería. No recuerdo claramente cuáles fueron los que mencionó en detalle, pero sí tengo presente uno de ellos muy nítidamente: el de la peluquería. “¡Ah!”, recuerdo que respondí escuetamente. Mi lacónica respuesta fue acompañada del ligero parpadeo que se acostumbra en estas situaciones.

Desde luego no era la peluquería un bien esencial que yo considerase digno de tomar en cuenta por su costo. Pensé que en todo caso que éste debía ser preocupación de una persona que estaba acostumbrada a recurrir a estos servicios regularmente, hecho que se me antojaba no compartía en ese momento, menos ahora, la mayoría de la población femenina española.

Lo cierto es que, como ya dije, la tesitura normal en el devenir de mis relaciones con mi familia política estaba caracterizada por el mutismo con el que asistía a las reuniones y este paseo no fue una excepción. Mi acompañamiento se tradujo en una activa y pasiva escucha donde intervenía para obtener ciertas aclaraciones a mis perplejas reacciones.

El caso es que el contexto total de la situación de la prima política me quedó totalmente claro cuando regresamos a casa y nos encontramos con su hermano, abogado de profesión, militante del PSOE, funcionario y también político activo dentro de la formación en la que militaba.

Durante la comida mencionamos algunos de los temas tratados durante el paseo y nuevamente la prima sacó a colación sus quejas por la situación económica con el nuevo gobierno, la congelación del aumento de salarios de los funcionarios y los altos costos de algunos bienes y servicios. Ante todos estos comentarios la respuesta de su hermano fue:

-          Cómo se nota que no tienes hipoteca.

 Ante esta respuesta su hermana le interrogo:

-          ¿Pues?

-        Si tuvieses hipoteca ahora habrías visto como se te ha reducido a la mitad y cómo éste es un ingreso adicional inesperado. ¡Qué me importa  como funcionario que me congelen el salario si este ingreso inesperado me aporta un poder adquisitivo que no tenía!

Y ahí fue donde quedó claro el por qué de la particular visión de la prima política: no tenía hipoteca y ni sabía lo qué era.

Posteriormente, en casa a solas, recordando este paseo, no podía dejar de pensar en la mala suerte de la prima; sin duda y a mi parecer,  si en el poder en lugar del PP estuviese el PSOE y en lugar de ella ser militante activa del PSOE fuese del PP, hubiese tenido a toda una ristra de señoras y señoronas acompañándola en  su reivindicación por unos precios más justos para los servicios de peluquería.

Pero ete aquí que parecía estar en el lugar equivocado, en la situación errónea y el momento menos propicio…La verdad es que yo me reía sola imaginándome a un grupo numeroso de señoras de pelo rubio y moño protestando por el costo de los servicios de peluquería por las calles de Logroño o Pamplona.

Y este recuerdo me aclara que, sin duda, la superficialidad en política no es característica única de los señores y señoras del PP de Rajoy en esta legislatura. Como bien lo dejó demostrado primero la prima política, y recientemente la socialista María Antonia Trujillo con su aportación al debate sobre el drama de los desahucios y la necesidad de modificar la legislación hipotecaria para proteger a los deudores de los bancos.

Trujillo, que fue ministra de Vivienda en la primera legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero (entre 2004 y 2007) y diputada del PSOE hasta hace un año, expresó su teoría en la red social Twitter: “"El que tenga deudas, que las pague. Que no se hubiera endeudado". Y es que muy posiblemente Trujillo, profesora de Derecho Constitucional, y militante del PSOE comparte con la prima de mis cuñadas que nunca tuvo hipoteca y no sabe qué es eso.

Por ello, me imagino, tampoco entienden lo que es la “mala o buena suerte” en un determinado momento económico como si bien la percibe quien la vive, como fue  mi caso personal y el del primo abogado de mis cuñados. Sin duda ambos tuvimos la enorme fortuna de vivir un buen momento para pasar esta etapa de la vida. No quisiera saber lo que sería estar viviendo aquel momento en la actual situación económica. Como decía Woody Allen en su película Match Point: a veces el factor suerte consiste en qué lado de la red cae la pelota. En nuestro caso, y de todos los que estaban en esta situación en aquel momento,  el descenso de los intereses hipotecarios fue un punto de partido, sin ninguna duda.

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Published by Mercedes Fuentes - en Personal
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