Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
16 febrero 2013 6 16 /02 /febrero /2013 22:56

REENCUENTRO

        356_30874824143_5452_n.jpg  356_30874839143_6613_n.jpg

En las fotos, la primera desde la izquierda, en las instalaciones de IBM de Venezuela acompañada de diversos gerentes de la empresa y el director de Computerworld Venezuela a mediados de los años ochenta, Kalman Von Vajna Nagy. En la segunda fotografía con los periodistas asistentes al primer seminario sobre computación que  ofreció  IBM a los profesionales de la prensa. En la foto, representando a la revista de economía para la cual trabajaba en ese momento, coincidí con el corrector de estilo de Computerworld, Nicanor Pérez, uno de los presentes en este reencuentro del 2013, y dos compañeros de carrera, Diógenes Mayol y Marisa Díaz, organizadora del evento por IBM. En la foto el ponente Carlos Padrón, que hoy en día tiene su propio blog.

A veces el destino trae a nuestra vida eventos que transforman nuestra trayectoria. Esto es lo que pensé en estas fiestas de carnavales. Después de veinte años, casi toda la plantilla de redacción del periódico Computerworld Venezuela nos reunimos alrededor de una paella preparada por uno de los compañeros. El  reencuentro fue propicio para que evocase cómo comencé a trabajar en esta publicación de la cadena International Data Group (IDG). Y lo cierto es que todo fue el resultado de un juego de azar; de esos juegos de azar de los que somos partícipes sin darnos cuenta.

Recuerdo que apenas hacía cuatro años que había finalizado los estudios de Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello. En ese momento desempeñaba el cargo de redactor jefe  de una revista de economía y estaba barajando la posibilidad de inscribirme en un máster de computación, por aquello de que el  profesional que no dominase dicha materia se quedaría descolgado de las nuevas tecnologías y  pasaría a ser un analfabeto tecnológico en el marco de los años que estaban por venir.

Un día, leyendo el periódico, en horas del mediodía, tropecé con un anuncio donde se solicitaba un periodista con conocimientos de computación. Recuerdo que asumí que sería difícil encontrar un profesional con tales características y estaba en el proceso de pasar la página cuando un detalle me hizo recapacitar: el anuncio hacía hincapié en que el periodista debía pertenecer al género masculino.

Y fue esta acotación la que me hizo detenerme y, con manifiesto enfado, marcar el número que se daba para contestar al anuncio. Y aquí comenzó el juego de azar. En aquel momento se me antojaba inadmisible leer semejante demostración pública de discriminación profesional hacia la población femenina. Fue tal mi indignación que no reparé en la hora que era: la del receso para comer en una jornada laboral partida. Por tanto, era lógico suponer que no habría nadie en la oficina para responder al teléfono. Pero, sorpresivamente, estaba el director de la publicación que solía escoger los momentos de soledad, cuando las oficinas que quedaban vacías, para trabajar. Tras el primer saludo espeté:

-  Estoy llamando por el anuncio que aparece en el periódico donde solicitan un periodista con conocimientos de computación. Y quiero saber si la condición de caballero es indispensable para optar al puesto, pues está claro que no tengo dicho requisito y quiero presentar mi candidatura al mismo.

Al otro lado del teléfono la persona que contestó guardó unos segundos de silencio y a continuación dijo:

-   No. No es indispensable, pero dígame: ¿tiene conocimientos de la materia a tratar?

No. Por supuesto que no  –contesté- Pero ¿tiene usted confianza en encontrar un periodista masculino con dichos conocimientos?

-    La verdad es que no –contestó la voz que me atendió.

-  Pues ya ve: el posible periodista hombre y yo, periodista mujer, estamos en igualdad de condiciones. Por ello considero que debería darme la oportunidad de presentarme.

De esta manera fue que conseguí la entrevista de trabajo para el puesto. En todo momento me conduje animada por la certidumbre de enfrentarme a un claro caso de discriminación laboral por razones de género. Por tanto, el día acordado acudí con mi currículum debajo del brazo pisando fuerte y decidida a defender el  derecho de las mujeres a no ser discriminadas laboralmente.

Una vez delante del entrevistador, un ex empleado de IBM de Venezuela, de origen húngaro,  de carácter recio, me colocó en la tesitura  de responder a la interrogante  de  cómo podía asegurarle que sería capaz de hacerme cargo de la publicación sin saber nada de la materia que trataba. "Lo único que  le puedo asegurar –dije en aquel momento- es que en aquellos  trabajos en los que he estado, sin previo conocimiento de la materia, éste ha sido un problema resuelto en un plazo no mayor a tres meses".

El que más tarde sería mi jefe, me informó en ese momento que tras revisar todos los currículos recibidos  saldría para  Alaska a una reunión de directivos de IDG donde se trataría la problemática de conseguir periodistas idóneos. A su regreso fui llamada para una segunda entrevista. En ella me  comentó lo tratado en dicha reunión: la posibilidad de conseguir un periodista con conocimientos de computación era tarea imposible; ni en Venezuela, ni en Alemania, Estados Unidos o cualquier otro país del mundo era un objetivo fácil de alcanzar.

Ante esta dificultad las publicaciones habían acudido, en un primer momento,  a la idea de colocar a un ingeniero con conocimientos de informática ejerciendo el papel de periodista; pero esta solución no había funcionado. La experiencia demostró que era preferible un periodista sin conocimientos de computación, antes que un ingeniero del área sin conocimientos de periodismo.

Tras varios años de  ensayo y error, en diferentes países del mundo, IDG se había percatado que los periodistas que venían de cubrir la fuente de economía habían resultado ser los más idóneos para dicha tarea. Por tanto, el perfil recomendado para cubrir esta fuente era el de un periodista con experiencia en economía. Y el que sería mi jefe me dijo que de todos los currículos el mío reunía  el requisito exigido.

De esta forma, por accidente, comencé una nueva experiencia laboral que me marcó para el resto de mi vida, además de que hizo las veces,  en la práctica, del deseado máster. Pasar por Computerworld Venezuela fue el mejor máster en informática que nunca pude haber hecho. Además el equipo de trabajo era excelente y los logros alcanzados todavía nos llenan de orgullo a aquellos que estuvimos presentes en dicha etapa. Y eso se nota hasta en los lazos de aprecio mutuo de los profesionales de aquella plantilla. Quizás por ello estos carnavales pudimos decir, como la novela de Alejandro Dumas, veinte años después.

Compartir este post

Repost 0
Published by Mercedes Fuentes - en Personal
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : El blog de Mercedes Fuentes
  • El blog de Mercedes Fuentes
  • : Blog personal para compartir experiencias y expresar ideas.
  • Contacto

Enlaces