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9 febrero 2013 6 09 /02 /febrero /2013 23:48

LA CORRUPCIÓN ES INHERENTE

E INDISOLUBLE AL SISTEMA CAPITALISTA

 

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En estos días he estado viendo la segunda temporada de la serie de los Tudor, que como bien es conocido trata sobre la vida y matrimonio de Enrique VIII con su segunda esposa Ana Bolena. Enrique VIII fue un rey que, sin duda, marcó el destino de la Inglaterra que hoy en día conocemos. Un destino que fue definido en medio de  la lucha de poder, la vanidad y la barbarie de la que se hacía ostentación en aquella época; lucha de poder, vanidad y barbarie que ya creíamos desparecidas de la vieja Europa.

Sin embargo, la realidad cotidiana se encarga de mostrarnos que esto no es así. Esta es la sensación que hoy en día tienen los ciudadanos europeos, en mayor o menor medida, cuando ven cómo, por ejemplo, en Inglaterra se desata un escándalo con la gerencia privada de los hospitales públicos. O en el caso de España, cuando un joven de  36 años se suicida porque al final el banco con el que tenía una hipoteca no ha aceptado la dación en pago de su piso y se quedaba debiendo aún, tras entregar el inmueble, veintidós mil euros.

En el primer caso acontece que los británicos se han indignado, con razón, cuando  la prensa publicó los datos de un informe oficial en el cual se destaca que, en un solo hospital de la red sanitaria de ese país, el de Stafford, la falta de atención y la negligencia han provocado unas mil doscientas muertes innecesarias entre los años 2005 y 2009.

El texto oficial, de más de dos mil páginas, “describe de manera exhaustiva fallos espantosos y graves negligencias en el trato dado a los pacientes y a sus familias por parte del personal auxiliar. La lista de barbaridades incluye actuaciones como permitir a los enfermos beber agua de los jarrones de flores y que se dejase que las recepcionistas tomaran decisiones sobre sus tratamientos”. Pero, lo que es más importante, y más grave: rubrica que la dirección del hospital ignoró las señales de alarma porque en todo momento colocó  los intereses corporativos y el control de los costes por encima de la seguridad de los pacientes.

En el informe se identifica claramente al culpable: la cultura del National Health Service (NHS) “que mira por el negocio y no por los pacientes”, tal como lo expresó el periodista  Randeep Ramesh  del periódico  The Guardian: “Se denuncia una cultura inspirada en la ideología de los dirigentes empresariales, en la que éstos ven el vaso medio lleno, cuando en realidad está vacío. Porque la baja calidad que ponía en riesgo a los pacientes era tolerada y existía una cultura institucional que daba más importancia a la información positiva sobre el servicio que la información que podía ser una causa de preocupación”.

Y claro, al leer esto, la pregunta que uno se hace es: ¿qué esperaban las autoridades británicas cuando entregaron a la gestión privada la gerencia de los hospitales públicos? ¿Acaso esperaban que los gerentes beneficiarios colocasen  la seguridad de los pacientes por encima de los intereses empresariales?  ¿Acaso esperaban que la ideología empresarial mirase más por los pacientes que por el negocio? ¿Tan ingenuos son? Yo no lo creo ni tampoco imagino que los indignados británicos lo puedan creer. Sin duda los políticos británicos, encabezados por la señora Thatcher en su día, creyeron lo que quisieron creer: aquello que beneficiaba los intereses de su partido, los de ellos mismos y sus amigos. Lo mismo que está haciendo actualmente en España  el señor Rajoy, la señora Aguirre , la señora Cospedal y el resto de sus compañeros del PP. Exactamente lo mismo.

Y hasta resulta ridículo  que un  compungido  primer ministro, David Cameron, salga a la palestra a pedir perdón a los británicos por los desmanes ocurridos en el servicio público de salud, como si con eso se arreglase algo. Y a continuación  todavía tiene la desfachatez de prometer que otros cinco hospitales serán investigados tan minuciosamente como el de Stafford como si ese trabajo no fuese una obligación en lugar de una opción. El diario The Independent  citó a  los hospitales sospechosos de los mismos delitos:  Colchester, Tameside, Blackpool, Basildon y Lancashire. Por su parte el The Telegrahp ya avanzó  que en esos cinco centros se habrían producido otras tres mil muertes innecesarias por culpa de las mismas malas prácticas sanitarias señalas por el informe redactado sobre el Stafford.

Mientras en territorio español el gobierno encabezado por el señor Mariano Rajoy  mira para otro lado en tanto los ciudadanos se ven obligados no sólo ya a dejar su casa, sino además a quedar como deudores de unos bancos que se comportan como los usureros de la Edad Media cuya imagen degradada, y que hasta hace poco creía extremadamente deformada, ha llegado hasta nuestros días. Si en algún momento se tuvo dudas sobre la certeza de esta imagen o de este adjetivo, el de usureros,  que les fue dado en aquel tiempo, creo que con las actuales prácticas que se observan, no queda la menor atisbo de incertidumbre de lo merecido que lo tenían. Si así se comportan en el siglo XXI estos prestamistas no quiero saber como lo hacían en los siglos que  precedieron al XX.

Y es que pareciese que estos tiempos que vivimos fuesen desarrollados a propósito para aclarar aquellas visiones del pasado que parecían oscuras, borrosas, tales como los desmanes de la ambición desmedida que se presenta, por ejemplo en la familia Bolena. Esa ambición los lleva a luchar por llegar hasta la cumbre del poder de su tiempo como tan bien refleja la serie de los Tudor: la corte, al lado del rey.  De la misma manera que los políticos, banqueros y  gerentes financieros en los tiempos actuales luchan por conseguir el mismo objetivo sin que los detenga ningún tipo de impedimento. Ser un triunfador es lo que está bien visto, no importa a qué precio.

Y ahí tenemos a todos los representantes de la política europea, de todos los signos y de todos los estamentos; las Margaret Thatcher, los Bush, los Mariano Rajoy, las Merkel, los David Cameron, el Berlusconi… todos ellos entregados  a los poderes fácticos de nuestro tiempo, los amos del mundo…para ello no importa si se prostituyen como tampoco les concernía a los padres de las damas de la reina cuando el monarca las reclamaba como amantes. Por ello, buscando encumbrarse, los políticos actuales no dudan en dejarse comprar por  las familias más acaudaladas de sus países, ya sea en Europa o Estados Unidos. Pero además, como someterse a los designios de los poderosos nacionales es poca cosa,  lo hacen también a los extranjeros. Una vez en el terreno de la prostitución ya no hay cortapisas que les detengan.

De ahí que tengamos  a una Esperanza Aguirre infantilmente emocionada cuando fue invitada a una de las reuniones de Club Bildeberg;  o que nos encontremos con el hecho de que la alcaldesa Rita Barberá se deje "cortejar" por el lado oscuro de El  Bigotes de forma pueril con regalos tan simples, pero costosos, como un bolso louis vuittoni.   Ninguna de estas señoras tiene la más mínima idea de lo que es la dignidad y por ello se venden como mercancía de saldo. Pero el poder es el poder y ya soplan vientos de cambio que pueden llevar a que estos señores terminen como los hermanos Bolena: con la cabeza rodando por el cadalso. Porque eso, no cabe duda, sucederá tarde o temprano. Y el hacha o la espada que la hará rodar será misma a la que han servido. Porque el poder ya ha demostrado, más de una vez, como termina pagando.

Pero antes de que esto suceda, los que ruedan, nunca mejor dicho, son los cuerpos y cabezas de personas inocentes que están pagando el fraude que el estamento financiero mundial ha perpetrado contra la ciudadanía con el apoyo y la anuencia de estos corruptos sin distinción de nacionalidades. Y es que si antes la corrupción estaba señalada como característica  indisoluble de los países del tercer mundo, especialmente de los países del continente Africano y Centro y Suramericano, hoy en día, en los albores del siglo XXI, ha quedado claro que ningún país, ni Canadá ni Estados Unidos o cualquier otro de la vieja Europa, se libran de esta maldición: son tan putrefactos como aquellos que antes señalaban. Pero como bien apuntan los analistas de este fraude, que no crisis, la corrupción es inherente e indisoluble al sistema capitalista que vivimos y dicha corrupción es universal.

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Published by Mercedes Fuentes - en Interés general
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