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26 enero 2013 6 26 /01 /enero /2013 16:54

CUANDO LA GUERRA COMIENZA

DESDE LOS MEDIOS DE (DES)INFORMACIÓN


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Con motivo de la publicación de la fotografía falsa del presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías, entubado en una cama de un hospital, por parte del diario español El País, una de mis profesoras de bachillerato me hacía las  siguientes preguntas en facebook: ¿Por qué crees que el diario El País se arriesga a publicar algo que no es verdad? ¿No te parece extraño? ¿Qué opinas de eso? Mi respuesta no se hizo esperar: “Esto es frecuente...publicar noticias falsas es más común de lo que crees...” y a continuación le prometí una explicación más larga sobre este tema en mi blog.

En la historia del periodismo, como bien sabemos los que la estudiamos, hay  un famoso suceso  que se ha destacado relativo a este tipo de manejos informativos: la guerra de Cuba en 1898. Aquella guerra hispano-americana tuvo su origen en  intereses económicos enfrentados  y fue la  primera en la que los corresponsales adquirieron un valor inimaginable; fue en este momento que surgió la prensa amarilla, que no dudaba en mentir, exagerar o alterar la verdad.

William Randolph Hearst, el gran magnate norteamericano de los medios de comunicación, que en esos momentos controlaba los diarios Examiner y Morning Journal, precipitó en 1898 la declaración de guerra a España por parte del gobierno estadounidense. Cuba llevaba ya años en su lucha independentista contra España y Hearts ya se había implicado fuertemente en el conflicto.

Fue entonces –sin ninguna relación con la guerra- cuando una fortuita explosión en el acorazado Maine de la marina norteamericana, que le hizo grandes desperfectos y provocó su hundimiento en la bahía de La Habana, dio pie a Hearst para que enviase al lugar de los hechos a su dibujante Frederick Remington. Una vez en el sitio Remington constató que no había nada extraño de lo que dar noticia y que el hundimiento no se podía atribuir a la guerra y le envió un telegrama con el siguiente mensaje: “Todo está en calma. No habrá guerra. Quiero volver”. Hearts contestó en otro telegrama: “Usted facilite las ilustraciones que yo pondré la guerra”.

Al día siguiente del incidente, a pesar de que más de cien años después no están claras las causas de la explosión, y de que otros  periódicos norteamericanos pedían a sus lectores que antes de sacar conclusiones esperaran a las pruebas,  el Journal publicaba el siguiente titular: “El Maine partido en dos en La Habana por un infernal artefacto del enemigo”.  Este periódico no dudó un instante en mostrar a España como culpable: “En opinión de los oficiales de la Armada, la destrucción ha sido provocada por una mina española”.

A partir de ese momento cada mañana los americanos amanecían con un nuevo titular, en el que se dejaba claro, sin dudas, la barbarie española en El Caribe. David Nasaw, en la biografía de William Randolph Hearst, publicada por Tusquets Editores, recoge esa misma idea del poder que tenía el magnate de la prensa, para quien la competencia daba noticias mientras que sus diarios las creaban. Por eso preguntaba orgulloso cuando España perdía Cuba y Puerto Rico “¿qué les parece la guerra del Journal?”, convencido de que era el New York Journal quien había desencadenado las hostilidades bélicas entre Estados Unidos y España[1].

Esta manipulación informativa es ampliamente conocida no sólo por todo estudiante de periodismo, sino también por todo cinéfilo que haya visto la película de Orson Wells, El ciudadano Kane[2],  en cuyo argumento la guerra del 98  y su manipulación informativa por New York Journal es un elemento esencial.

No obstante, a nivel personal he conocido muchos casos relativos a la invención de noticias. Uno de ellos lo escuché contado por uno de sus protagonistas, el periodista venezolano Asdrubal Zurita, el cual fue mi jefe en dos oportunidades, una de ellas en las revistas Élite de la Cadena  Capriles,  medio hoy en día desaparecido y cuya temática versaba sobre política,  y en Renta, revista de carácter económico, también fuera de circulación.

Asdrubal, en una ocasión que estábamos la plantilla del medio que dirigía compartiendo mesa y mantel, nos contó cómo siendo él jefe de redacción del diario venezolano El Mundo, decidió, junto con su equipo, inventar una noticia sobre un pretendido violador que era el azote de las desprevenidas féminas caraqueñas a las cuales les rajaba el culo. El violador bonchón fue el nombre que recibió esta figura de ficción.

 La invención de este  personaje surgió durante un período feriado  en el país que mantenía al reportero de sucesos del periódico en dique seco al no contar con una impactante noticia por parte  de sus fuentes. Este diario que estaba, y sigue estando, dirigido a la capa social más desfavorecida  de  Venezuela sustentaba su éxito entre los lectores gracias a la cobertura de sucesos.

Ya fuera de la jefatura de redacción del periódico, Asdrubal Zurita nos refirió cómo esta supuesta noticia inventada tenía a la policía venezolana del momento atónita al no tener conocimiento de dónde procedía dicha pesquisa. Cuando se dieron cuenta del juego del equipo periodístico de El Mundo decidieron participar en el mismo convirtiendo la noticia falsa en un toma y daca humorístico  entre la fuente y el periodista de turno hasta llegar al desenlace de que dicho violador había sido finalmente capturado. Mientras el periódico vio crecer, una vez más,  sus ventas en los kioscos.

En otra oportunidad recuerdo también cómo estando yo en la plantilla de El Mundo me mandaron, junto con el fotógrafo Ángel Navas, a cubrir unos pretendidos disturbios protagonizados por los estudiantes de la Universidad Central de  Venezuela. En aquel momento me encontraba al frente de la fuente policial y tanto el fotógrafo Ángel Navas como servidora contábamos con un jeep de la cadena  de publicaciones para trasladarnos al sitio de los eventos. Con este vehículo recorrimos la zona donde la pretendida  manifestación sucedía sin encontrar ninguna señal de ella.

Al día siguiente el jefe de redacción de El Mundo me recibió con una acusación humorística: ¿cómo era posible que no hubiese visto ninguna contingencia provocada por los estudiantes de la UCV cuando  el reportero de otro diario de la cadena, Ultimas Noticias, la había cubierto profusamente? Mi asombro fue total: ¿pero cómo si el fotógrafo Ángel Navas, el conductor del jeep y yo misma no habíamos visto nada de nada de dichos disturbios?  Ahí fue cuando me aclararon, entre  risas, que el reportero de Ultimas Noticias no se había tomado el trabajo de ir al sitio donde se suponía que habían ocurrido los hechos y, creyendo que eran ciertos, había escrito una información genérica de los mismos acudiendo a otros disturbios que le había tocado cubrir con anterioridad. Al ser el único que escribió dicha noticia inexistente quedó descubierta su falta de ética  entre los colegas de la profesión.

Pero el conocimiento que tengo de la publicación de noticias falsas no se queda ahí. Un amigo, rumano-judío que había emigrado desde Israel para un país africano en el momento de la descolonización de este continente, en la década de los años sesenta, me contó cómo conoció a un periodista inglés que estaba destinado en África para cubrir las noticias de las escaramuzas que sucedían en los diferentes países en este período. Al no tener nada que contar este periodista inglés decidió dedicarse a la buena vida con el salario que percibía por el cometido de ser corresponsal de guerra, de tal manera que la mayor parte del tiempo estaba jugando al tenis o al golf en uno de los clubes de la élite londinense en el país que se encontraba, mientras mandaba noticias de enfrentamientos falsos acompañadas por fotografías de personas fallecidas a consecuencia del hampa común.

En la actualidad la creación de noticias falsas ha sido denunciada por los periodistas españoles  que estaban trabajando en el canal de televisión público de la comunidad de Madrid, Telemadrid,  y los cuales fueron despedidos por negarse a realizar dicha prácticas. Esto ha provocado que algunos intelectuales españoles digan, con justificada indignación, que ahora ya no se trata sólo de tergiversar la realidad noticiosa sino que se ha llegado al colmo de crearla con el objetivo de confundir y desinformar.

En relación con esta aseveración tengo que decir que ésta ha sido y es una práctica común dentro de los que se llama propaganda de algunos sectores, ya sean políticos o económicos, que a veces se disfraza de “noticia” en los medios de comunicación.  Otra cosa es que en estos momentos dicha práctica esté saliendo a la luz pública gracias a los canales alternativos que han surgido a raíz de la aparición de herramientas de la web 2.0, que pone al alcance de cualquier ciudadano un medio que no está sometido a los designios del poder, como, por ejemplo, este mi blog personal y otros que se pueden encontrar en la red.

Con la web 2.0 ha surgido lo que se llama el periodismo ciudadano, el cual se ha convertido, para cierto sector de la sociedad, en una forma de combatir la información sesgada de los grandes medios que responde a los intereses de sus dueños y de los grupos económicamente poderosos. Con esta herramienta y la ayuda de las redes sociales se ha hecho visible está practica periodística tan poco ética que tiene ya una larga trayectoria.

Por tanto, es lógico deducir que tras EL País, y otros periódicos españoles, existen grupos de personas o empresas interesados en que el presidente venezolano Hugo Chávez tenga los días contados. Ello provoca que cuando estos medios cubren las noticias sobre la enfermedad del mandatario se delaten al confundir la realidad con el deseo, frecuente ya en toda noticia que se relacione directamente con el artífice de la revolución bolivariana  y el movimiento que encabeza.

Por ello muchos seguidores de la oposición, que sólo se informan a través de estos medios,  suelen quedarse frustrados preguntándose  cómo es posible que ciertos hechos que dan como ciertos de repente sean desmentidos en el día a día. Uno de estos desmentidos es por ejemplo, el de la aplanadora victoria conseguida por los chavistas en las últimas elecciones estatales y regionales.

Tras las elecciones venezolanas se vio no sólo que la oposición estaba lejos de poder ganarlas sino que, además, perdió tres de los estados  opositores más emblemáticos de los últimos veinte años: el estado Zulia, el Nueva Esparta y el estado Táchira. La derrota no pudo ser más contundente dejando a la mitad de la población buscando en el limbo las razones que la justifiquen dado que a través de los medios que leen, escuchan o ven se les presentaba una victoria avasalladora. Y es que, como bien decía en un post de su muro en facebook mi ex compañera de bachillerato, Fernanda Blanco Alonso, en este mundo según cómo y de qué manera te informes, se vive en “mundos paralelos”.



[1] Los excesos del Journal fueron muy criticados. Godkin, director y propietario del New York Evening Post escribió pocos días después del hundimiento del Maine: “Nada tan desgraciado como el comportamiento (...) de estos periódicos se ha conocido en la historia del periodismo norteamericano. Representación indebida de los hechos, invención deliberada de cuentos calculados para excitar al público y temeridad desenfrenada en la composición de titulares (...) Es una verguenza pública que los hombres puedan hacer tanto daño con el objeto de vender más periódicos” (The New York Evening Post, 19 de febrero de 1898)

[2] Orson Welles se había convertido en un niño prodigio en 1938 con su famosa emisión radiofónica de Tite War of tite Worlds de H. G. Wells que llegó a provocar el pánico de la población porque creyeron que el programa era una información periodística veraz. Esta notoriedad obtenida durante la emisión de su primer programa de radio hizo que dos años después firmase con la RKO el mejor contrato inicial que nadie había firmado con una compañía cinematográfica que consistía en cien mil dólares por una película cada año producida, escrita, dirigida e interpretada por él. Orson Welles tenía entonces veinticinco años. Comenzó así el rodaje de Citizen Kane que se basaba abiertamente en la vida del magnate de la prensa William Randolph Hearst. La película se nos presenta como un rompecabezas de flash back que no respetan en absoluto el orden cronológico. Sólo nueve secuencias de toda la película están situadas en 1898. Concretamente las secuencias 41 a 49, ambas inclusive, están situadas en ese año. En ellas la guerra es un trasfondo permanente aunque no tiene siempre presencia explícita. Es más, se produjeron modificaciones entre el guión y lo realmente rodado. Concretamente la secuencia 42 no existe en la película pues el código Hays no permitía la presentación de un burdel y en la  41 se modificaron los diálogos,. Y es que la preocupación de Leland por el belicismo abierto de Kane se reduce a una sola línea mientras que en el guión original tiene un tratamiento más amplio. También queda omitida en la película la referencia explícita de Kane a William Randolph Hearst, aunque se mantiene la referencia explícita a Richard Harding Davis en la secuencia 41 cuando Kane se vuelve a Leían y dice que acaban de dar el nombre del corresponsal a un cigarro por su buen trabajo en Cuba.

 

 

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Published by Mercedes Fuentes - en Interés general
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