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5 agosto 2009 3 05 /08 /agosto /2009 07:04

 

 

 

 

Los invisibles de la sociedad venezolana

 

 

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 Manifestaciones en Caracas de la oposición

 

Cuando llegué a Venezuela me reuní  con muchos amigos, todos ellos profesionales de la comunicación y la formación, ya por su trabajo como periodistas, escritores o profesores universitarios. Todos ellos, por supuesto, forman parte de esa oposición que enfrenta a Chávez, pero alejados, en su mayoría de esa oposición  encerrada en su cerrazón de visión unidimensional e histérica.  

Es gente que tiene una visión diferente y que, al mismo tiempo, mientras trabaja haciendo oposición a ciertas decisiones de Chávez, critica, sufre y padece a esa oposición ciega e inmersa en una ignorancia tan grave como la que atribuyen a los chavistas. Una de estas personas es Argelia. 

Argelia, periodista, de una familia adeca de toda la vida, decidió en su día ser seguidora del partido Movimiento al Socialismo (MAS) y para más señas, ferviente seguidora de José Vicente Rangel, su fundador. Fue su admiradora hasta que José Vicente le dio su apoyo a Chávez…

Argelia, sorprendida, a sus 55 años, se encuentra inmersa en una lucha que jamás imaginó; después de pasar su juventud participando en marchas por lograr una mayor igualdad social, de escribir y denunciar durante décadas, en la medida de sus posibilidades, lo que ella creía que era injusto, se encuentra nuevamente participando en marchas contra el gobierno actual de su país a pesar de que este se declara de izquierdas, la ideología que ha esgrimido toda su vida.

Pero Argelia está muy enfadada y su enfado no está sólo provocado por el gobierno de Chávez, a quien le reprocha muchísimas cosas entre las que están seguir los lineamientos de unos asesores que ignoran la caída del Muro de Berlin, los cambios producidos en la Unión Soviética, en la misma China y el fracaso de un modelo comunista que demostró que no funciona. Su enfado está provocado también por la oposición: su ceguera, su torpeza le asombran, le abruman  y le preocupan profundamente.

Argelia ve, como esta oposición aún hoy en día, sigue ciega ante esas necesidades del pueblo que ella tantas veces denunció y, sí creía que en el pasado el país había cometido errores, ahora ve que esos errores se  profundizan: para ella la oposición desconoce al pueblo y sus deseos, y como ella misma dice, “estos carajos nos van a condenar a soportar largamente a Chávez o, o lo que es peor, van a conseguir que el odio entre estas dos Venezuela, que ahora se ve claramente que existe, se enquiste y dure décadas y décadas como ha ocurrido en otros países”.

Comenta que la clase media y alta venezolana siguen ya no sólo desconociendo al 80% del país conformados por los desposeídos y marginales, los invisibles de la sociedad venezolana, que le han dado su apoyo a Chávez”.  Cuando le ha tocado hablar delante de un grupo de amigos sobre “una clase oculta”, término por ella escuchado por primera vez en una conferencia, a las que suele asistir para comprender mejor lo que pasa en el país, una de sus amigas cercanas ha saltado gritando: esa clase oculta son todos los extranjeros que ha traído Chávez a este país, dejando a Argelia con la boca abierta y haciendo que repita una y otra vez en sus comentarios esta experiencia. ¡Imagínense lo ciega que está nuestra oposición en Venezuela!  ¿Esta es nuestra oposición? ¿Esta gente es la que forma la oposición? ¿Esta cantidad de necios e ignorantes que son capaces de creerse las mentiras más inverosímiles con tal de no ver la realidad?  Su consternación y tristeza es inmensa. ¿A dónde vamos a ir por este camino? , se pregunta. ¡Al desastre seguro! 

 
A pesar de esto sigue participando en cuanta marcha se presenta de la oposición. Cuenta como en una ocasión participó en una que se iba a encontrar con otra del gobierno. La del gobierno siguió a sus anchas mientras la de la oposición fue dispersada con bombas lacrimógenas. Recordando cuando en su época de liceo sufría las mismas consecuencias, en las manifestaciones estudiantiles, Argelia, se salió de esta marcha, diciéndose, que ya no estaba para estos trotes.

 

De regreso vio como muchos compañeros de marcha hacían lo propio, mientras en el camino se veía un grupo de chavistas rezagados, sentados, hablando tranquilamente entre ellos. Y ahí fue cuando, nuevamente, Argelia sintió que la sangre se le agolpaba de rabia en la cara: el grupo de desertores de las bombas lacrimógenas de la marcha de la oposición daba un rodeo para evitar a este grupo de rezagados de la marcha pro gubernamental. ¡Son el colmo, pensó!

Ella siguió su camino, pasando al lado del grupo de rezagados de la marcha contraria, lo que hizo que éstos se animaran a preguntarle qué había pasado, cómo iban las marchas: nos están dispersando, le dijo ella. El grupo se sintió  con el deber de disculparse con Argelia: "perdone señora, nosotros sabíamos que estos iba a pasar y por eso nos quedamos rezagados, no queríamos enfrentamientos". "No, si no hay enfrentamiento entre las dos marchas", les aclaro Argelia; "la de ustedes sigue tranquilamente su camino, pero la de la oposición, la nuestra, es la que está siendo dispersada con   bombas lacrimógenas".

Nuevamente el grupo se sintió en la necesidad de disculparse o justificarse; entonces Argelia sintió la necesidad también de justificarse y explicarse: "tranquilos. Yo no los condeno por su posición. Ustedes tienen la libertad de estar en el bando que consideren. Eso fue lo que aprendí en la Venezuela que yo defiendo. Pero recuerden, a lo mejor dentro de unos años ni ustedes ni sus hijos van a tener esa libertad que yo tuve cuando era joven. ¡Ojalá me equivoque! Pero lo que está pasando hoy no dice eso. No olvidemos que lo que nos jugamos en esta actual Venezuela es mucho: ¡la libertad de cada venezolano de pensar lo que quiera y de posicionarse con las ideas  que considere! ".  

Con esto último Argelia se alejó, pensando, que, posiblemente, parecía ser la única que recordaba a esa Venezuela. La actitud de  sus compañeros de manifestación no parecían  tomar esta máxima en cuenta mientras condenaban a los que apoyaban al gobierno y, por su parte, el gobierno, al dispersar la manifestación de la oposición, tampoco.  Tantos años de esfuerzo para descubrir que la final parecían inútiles: todo se ha quedado en palabras; retórica pura. "¡Qué lástima!", piensa, mientras se aleja.

 

 

 

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Published by Mercedes Fuentes - en Situación venezolana
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