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21 mayo 2009 4 21 /05 /mayo /2009 23:26

 

 

LA CHICA QUE NO CONOCÍA EL MAR

 

 

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                     La costa venezolana se encuentra bañada por el mar Caribe y sus playas son muy hermosas.  

Vivía en Caracas compartiendo un apartamento con cuatro chicas, todas universitarias. Estábamos compartiendo piso a través de un anuncio y entre nosotras no nos conocíamos. Una de estas chicas era una licenciada en informática, muy sencilla, agradable, proveniente de Barquisimeto. Ella decía que venía de un  "barrio" que era como una ciudad "satélite" en Barquisimeto. (Para ella imaginarlo en la lejanía era hermoso)  

Confieso que entre mi ir y venir, de Venezuela a España y de España a Venezuela, tenía, y tengo, el significado de ciertos términos un tanto trastocados y me había quedado con la idea española de barrio, por tanto, no poseía ningún pre-juicio sobre esa palabra.  

Yo admiraba en esta chica su capacidad de empuje y lo humilde y callada que era. Llegamos a intimar y a hacernos muy amigas. Descubrimos, el resto, que nunca había estado en la playa y no conocía el mar. Así que organizamos un domingo de playa en el litoral central venezolano. Fuimos a unas de las tantas playas sin más. No recuerdo el nombre, sólo recuerdo a aquella chica emocionada frente al mar. Estábamos bien adentrados en la década de los 80 y para el resto de nosotras era como si viésemos a un extraterrestre contemplando por primera vez el líquido elemento. Nos resultaba increíble que una persona a esas alturas del siglo XX no pudiese conocer el mar. Pero así era.    

De repente se acercó a la playa un señor con una barquita. Parecía un pescador. Ella le hizo señas y lo llamó.Nos pusimos en pie alarmadas, pensando que se estaba comportando de forma imprudente y se iba a meter en un lío. Fuimos hacia ella deseando prevenirla. Pero no llegamos tiempo. Se estaba montando en la barquita y nosotras nos montamos con ella por puro espíritu de protección (Ella emocionada nos decía: móntense, móntense, que el señor nos da un paseo). Nos quedamos en la parte de popa y ella iba en la proa con el hombre. Nosotras no nos atrevíamos a decir nada, pero íbamos muertas de miedo.  

Fue todo el rato hablando con el señor, preguntándole por su actividad pesquera, por sus hijos, su mujer...hablándole de los maravilloso que le parecía dedicarse a la actividad de la pesca y estar siempre en medio del mar... Recuerdo que me llamaba mucho la atención el "color del traje de baño" del señor. Después de mirarlo durante un rato fijamente descubrí sorprendida que era un "calzoncillo blanco" que de tanta mugre estaba gris. Llegó el momento de regresar a tierra y hacia allí se dirigía la barca para nuestro descanso.  

En esos momentos, sin decir nada entre nosotras, íbamos pensando: ¡la clavada que nos va a dar este individuo por el viajecito! Y con esa preocupación nos acercábamos a la orilla. Nuevamente para nuestra gran sorpresa, escuchamos como nuestra compañera de piso le decía al barquero:  mire, usted nos va a perdonar si le ofendemos, pero nos tiene que aceptar un regalito para agradecerle el paseo tan grato que no ha dado! (No salíamos de nuestro asombro con la actuación de nuestra compañera) Pero el asombro fue mayor aún  cuando él se negó, rotundamente, a aceptar ningún tipo de pago. Parecía ofendido de pensar que pudiésemos ni siquiera imaginar semejante cosa.  

  Bajamos de la barca atónitas por lo que habíamos presenciado: aquel hombre había sido tratado con la mayor delicadeza y respeto por nuestra inocente compañera de piso, una joven de casi 30 años en cuya cabeza no cabían los malos pensamientos. Y el hombre había respondido con el mismo respeto y consideración. Y me llegué a preguntar si la gente no se comporta como ladrones, pillos o bandoleros  porque de entrada son tratados como tales. Ambos, no cabe duda, provenían de ambientes muy humildes de nuestro país.  

Con el tiempo esta chica me llegó a invitar a visitar su casa familiar. Cuando entrábamos en el barrio había una redada policial. Íbamos con su novio y yo le pregunté a mi amiga que pasaba porque había aquella redada. No sé, me contestó, aquí siempre están haciendo redadas. ¿Por qué?, pregunté extrañada ¡Porque es la "ciudad satélite" de Barquisimeto!, contestó con segundas su novio.  

Efectivamente, luego me enteré que era el peor barrio de Barquisimeto. Esta chica se había criado en un ranchito, con muy pocas comodidades, siendo la mayor de  cuatro hermanos. Los padres estaban muy orgullosos de su hija universitaria. Tenía novio y se casó (poco tiempo después lo hicieron sus padres pues siempre habían convivido y nunca se habían casado). Ella tenía 27 años.  

Me contó que cuando era pequeña sus padres le decían que  cogiese a sus hermanos  fuertemente de la mano y que fuese sin parar hasta el colegio. Comentaba que sus padres le decían que tuviese cuidado porque el trayecto era peligroso, pero ella no entendía  por qué pues ni a ella ni  a sus hermanos   les pasó nunca nada. No sabía por qué consideraban que el barrio era peligroso porque no había visto nunca  ni había conocido a nadie que cometiese delitos.  

Ella se compró una casita en el barrio, mejor que la de sus padres. La casita la llenaba de orgullo. Al lado del ranchito de sus padres su casita era toda una quinta. Y estaba muy ilusionada con ella. Consiguió trabajo en Barquisimeto (trabajaba en informática en CANTV en Caracas) y regresó a su ciudad para vivir con su marido. Desde entonces no he vuelto a saber de ella. Pero me dejó una lección imborrable: aquella chica me enseñó que pueden existir dos Venezuela; la que ven muchos, la Venezuela de la corrupción, la de los robos y crímenes y la Venezuela de ella. Ambas son reales. Pero en la de ella existe sobre todo el respeto a los otros, sin importar quiénes son. Desde entonces me he esforzado por ver la Venezuela de esta chica. Yo les aseguro que existe. Cada vez que visito el barrio donde hago cooperación la veo; veo a todas esas entrañables personas que luchan día  y tienen esperanza de un mañana mejor. Y en su limpias miradas veo el futuro del país, la Venezuela de esa chica que nunca había visto el mar.

 

 

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Published by Mercedes Fuentes - en Personal
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Comentarios

Julio Perez 02/18/2010 23:15


...hola Mercedes, estoy encantado por esa linda historia, la verdad es nuy conmevedora pero en el lfondo muestra la venezuela que tenemos y que vemos dia a dia... te felicito, me parece muy bien la
refleccion que has hecho.


10/01/2010 13:11



Gracias Julio. Yo también lo creo.



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