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23 septiembre 2020 3 23 /09 /septiembre /2020 18:06
AUSENCIA DE GOBIERNO, ANARQUIA DE UN PUEBLO

Un país no puede avanzar cuando a sus habitantes les falta sentido común y la responsabilidad individual y social.

 

 

Un árbol seco que está en la acera enfrente de mi casa se inclina peligrosamente. Mi vivienda puede ser una de las afectadas en caso de que se caiga. El caso es que esto se ha convertido en un problema que debería resolver  la Alcaldía Libertador.

Recientemente una de mis vecinas se comunicó conmigo para que yo me encargase de resolver el problema llamando a unos hombres para  derribar el árbol.

La señora, por quien siento sincero aprecio, ya muy mayor, evidentemente no vislumbró lo irregular de su planteamiento. La situación presentaba varios problemas. Uno de ellos es que esas personas podían cobrar un dinero que yo no tenía, pero el otro era que en caso que se dañase la propiedad de uno de los vecinos durante el trabajo ¿quién era la persona a responder por esos daños? Sin duda la que encargó el trabajo.

Por otra parte, estas personas, que de forma individual vienen a realizar este tipo de trabajos, lo hacen sin las herramientas adecuadas. Y es que para realizar este tipo de tareas la alcaldía tiene que emitir unos permisos y los hombres responsables tienen a su disposición  un camión especial con escaleras.

Pero estos trabajadores que obran fuera de las regulaciones municipales, escalan con motosierra un árbol  de 14 metros sin ningún tipo de protección. Se cae del árbol el obrero y se mata: ¿quién es el responsable de esa muerte? La respuesta es la misma: el ciudadano que  encargó la tarea fuera de la legalidad. 

Pero la cierto es que el gobierno municipal actual parece no estar presente ni parece que los ciudadanos lo esperen. Ante su ausencia los vecinos buscan ellos mismos la solución sin darse cuenta de que incurren en una irregularidad grave.

Esto fue lo que hicieron mis vecinos. Llamaron a unos hombres para que realizasen el trabajo que le corresponde a la Alcaldía Libertador. Por supuesto, una de las casas resultó dañada: la mía.

Cuando reclamé, uno de los responsables de la contratación de los hombres que derribaron parte de las ramas del árbol, me dijo que eso me pasaba por ser poco “colaboradora” y además por ser “mala vecina”. No entiendo lo de poco “colaboradora. Supongo que se asume como poca “colaboración”  mi negativa a incurrir en una irregularidad.

Por otra parte, al decirme esto ¿está asumiendo que los hombres  ejecutaron el daño a mi propiedad a propósito porque no cedí ante la proposición que me realizaron? Sí es así, la situación es mucho más grave.

En el vecindario vive el familiar de un alto mando militar y una persona que fue concejal de la alcaldía. Adicionalmente en las cercanías tenemos también  un organismo de la Fuerzas Armadas que está custodiado por miembros de este cuerpo.  ¿No podrían ellos ayudar a los vecinos a que la situación se arreglase por la vía legal y no provocar que se  incurra en situaciones ilegales provocando daños a la propiedad de otros o una desgracia lamentable? ¿No es eso colaboración y deber cívico ciudadano?

El peligro del árbol no ha pasado. La situación del ahora tronco sin ramas es más peligrosa que antes. A esto hay que añadir que  las ramas han quedado en la vía pública,   entorpeciendo el paso peatonal y de vehículos. A nadie parece preocuparle este hecho.

¿Qué nos dice todo esto? Que a un país tan rico como Venezuela le falta un bien imprescindible sin el que no se puede avanzar: el sentido común y la responsabilidad individual y social. No hay civismo y algunos todavía creen que se pueden  llenar la boca con palabras como  “colaboración”. Muy grande les queda esa palabra. Y como no comprenden su significado, el resultado es que el país más rico de América Latina está sumido en la absoluta miseria. En Venezuela falta el recurso más importante: gente que tenga valores y que piense.

 

 

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