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Ante el disgusto que has expresado a mi representante por esos “correos” poco agradables que te he dirigido en el pasado, me pongo a escribirte esta carta pública para que no queden dudas de cuál es el estado de ánimo que me anima hacia tu persona. Y para que se juzgue públicamente mi buena o mala educación. Ya no será tu opinión la única esgrimida. Cada quien podrá  valorar.

Es de imaginar que cuando una cliente se dirige a ti para reclamarte la falta de una buena gestión del alquiler de su inmueble, te disguste. Por lo que me cuenta la persona que me representa, te disgustaste también cuando procedió, por orden mía, a reclamarte las llaves del inmueble: ¿qué esperabas tras tu deficiente actuación? Mi propiedad casi fue desvalijada de todos sus muebles y ¿qué quieres? ¿Las gracias?

Me imagino que tampoco esperaras que te de las gracias por las deudas que me dejaron los inquilinos en concepto de alquiler y las facturas de luz que tuve que pagar de mi bolsillo por consumos de los inquilinos.

No contento con estas deudas, desapareció la mesa del comedor con sus cuatro sillas, una cama, un colchón, una biblioteca de la sala…y según me cuenta mi representante ya estaban preparadas las sillas de mimbre cerca de la puerta de salida.Afortunadamente se apresuró a cambiar las llaves.

A todo esto hay que sumar los pagos que he hecho de luz cuando el piso “no estaba ocupado”. ¿No irás a pensar que te lo alquilo a tus espaldas?, me preguntaste. Pues sí Pablo, lo pensaba y lo pienso. Además, sabías que hablaba con mi vecina y deberías imaginar que me diría que había gente en mi inmueble cuando hablaba con ella.

O te pudiste imaginar que me lo dirían mis familiares que tenían llave. Sí Pablo, piensas bien si te imaginas que les facilité expresamente la llave, entre otras razones,  para que supieses que te tenía en la mira. Esa era la idea. Que supieras que se te estaban siguiendo los pasos. Para buenos entendedores pocas palabras. Pero ni con esas. No te diste por aludido. Y te confiaste y cada vez obrabas con más descaro.

También te disgustó que te preguntase si no te importaba lo que tus vecinos, en un pueblo tan pequeño, podían pensar de ti. Te inquirí sobre el hecho de que pareciera no preocuparte tu reputación en una población tan pequeña como Portosin, Noya o Porto do Son. Sí Pablo, portarse como un sinvergüenza tiene consecuencias en cualquier lugar, por muy grande o pequeño que sea, pero en una población pequeña más. No me imagino cómo se puede caminar por la calle sabiendo que la gente sabe lo que has hecho, cómo te has comportado...

Por supuesto, yo he hablado con gente que conozco en la zona y estoy al tanto de los rumores que corren por el pueblo: los muebles los estaba sacando tu empleada Olalla, coincidiendo con su reciente divorcio. Eso es lo que dicen. Que posiblemente necesitaba amueblar su casa.

Estos rumores confirman lo que ya yo sospechaba, porque: ¿cómo es posible que estuviesen desapareciendo los muebles y ustedes como gestores no hiciesen algo al respecto? ¿Cómo es posible que la desaparición paulatina del contenido del inmueble desapareciese coincidiendo con que el hecho de que el inmueble no tenía seguro, sabiendo que el seguro lo hacían ustedes? 

Y justo desapareció una de las camas pequeñas. Le vendría bien a Olalla para su hijo. Y la pregunta pública que te hago: ¿no tenías dinero para pagarle el sueldo y le pagaste con mis muebles? ¿Qué ocurre? ¿El negocio va mal y no lo cierras por amor propio y recurres a lo que sea para mantenerlo (por imagen) como, por ejemplo, pagar a tu empleada con los alquileres de tus clientes, con sus muebles? Son preguntas que uno se hace.

“Esta mujer”, tal como tú me llamas, ya te había reclamado que no le hacías llegar el dinero de los alquileres a tiempo (medio año pagando facturas de los servicios consumidos por los inquilinos sin que llegase ni el dinero de la fianza). Ni siquiera pagabas la comunidad del piso, cuya administración de la finca llevas. ¡Qué risa te debía dar! ¿Qué creías? ¿Qué estabas tratando con una idiota? ¿Te has encontrado muchas o muchos idiotas en tu camino que han alimentado tu confianza para obrar creyéndote impugne?

Y "esta mujer" te reclamaba que le faltaban muebles, que no le llegaban los alquileres y que sólo pagaba facturas... ¡Pobre de ti! ¡Qué inculta! ¡Qué mal educada! ¿No fue esto lo que le comentaste a mi representante? ¡A quien se le ocurre  reclamar que si te comprometes a gestionar el alquiler de una propiedad lo hagas bien! ¿Dónde se ha visto? ¿En qué mundo vivimos que “una cliente” se atreve a reclamar semejantes desatinos a la empresa que contrata?

Otra queja que esgrimiste fue que no me cobrabas la gestión del inmueble. ¡Pablo que somos adultos! Yo te pagaba lo que tú me cobrabas. Nada más. Por tanto, no entiendo tus quejas en ese sentido. ¿Querías cobrar más? ¿Eso no se negocia? Tú me lo decías, si estaba de acuerdo pagaba y si no no, y terminaba la relación contractual. Pero no se roba al cliente... ¡hombre, eso no...! ¡que es muy feo y luego te ganas fama de ladrón! 

Estoy al tanto de tus desplantes ante la persona que acudió para hablar contigo en mi representación. Ya sé cómo le tiraste el mando del garaje roto, ese que yo pagué con mi dinero. Ya sé que no le has entregado la llave del garage y que le diste una cualquiera para sacártelo de encima. ¡No son maneras Pablo! No hay excusa que justifique ese comportamiento.

Ya sé también que le expresaste tu disgusto por ser mi intermediario: ¡Y ahora te manda a ti! ¿Qué quiere “esa mujer”? ¡Me tiene harto!”... tú el hombre que se cree educado, que se considera el gestor correcto…¿con esas formas? ¡Pablo, Pablo...! ¡Que no eres un niño! ¡Que ya peinas canas!

Olvidas que “esta mujer” es una cliente que reclama y está insatisfecha. Olvidas que tú eres el dueño de un negocio que depende de personas como yo, “clientes” que depositan en tu buen hacer su confianza. Tú negocio se basa en la confianza. Si no hay confianza no hay clientes. Si no hay clientes no hay negocio. Y esta cliente evidentemente ha perdido la confianza en ti y en tu negocio y lo pregona con el objetivo de que tus clientes actuales y futuros se enteren de cómo la trataste.

No contento con gestionar mal el inmueble que te confié, te has dado el lujo de hablar mal de mi y mi familia. (Lo cual no habla muy bien de tu educación). Dices que dejábamos sucio el piso cuando nos íbamos, que éramos unos cochinos.

Sobre este punto recuerdo  cuando en una ocasión, después de dejar el piso, tu empleada Olalla Ronquete nos llamó para decir que iba a mandar a limpiar el piso. ¡Sorpresa total! Yo lo había dejado limpio. Pero bueno…lo dejamos así…puntos que sumamos los clientes descontentos.

En otra ocasión llegué y, supuestamente, el piso estaba limpio porque la inmobiliaria nos había pasado el cobro de la limpieza. Sin embargo, la misma tarde de mi llegada bajé las cortinas  y procedí a limpiar los armarios de la cocina porque la grasa se veía a simple vista nada más entrar. Lo de las cortinas me pegó a los ojos en la puerta. 

No  contento con eso cuando mi representante te reclamó, en mi nombre, con mi autorización, la falta de mobiliario le contestaste que pudo haber sido "sacado del piso por mi familia" sin siquiera tomar en cuenta que estabas acusando a personas que se encontraban a mil kilómetros de distancia, en el mejor de los casos, porque otros estaban ya más lejos. 

Realmente, perdiste las formas. Tú y tu empleada, pero a la postre, en descargo de ella, tú eres el que manda. Tú y ella olvidaron que yo era "la clienta", la que , junto con otros, da razón a la existencia de tu negocio. 

La inquietud que ahora tengo es que sigues siendo el administrador de la finca donde soy copropietaria y quiero que los otros copropietarios se enteren de este proceder porque Pablo, has demostrado ser una persona que no merece ningún crédito; no mereces que nadie deposite en ti su confianza y, por supuesto, eres indigno de llevar la administración de cualquier comunidad de vecinos o de gestionar la compra-venta alquiler de un inmueble.

Por ello, creo que es necesario que aquellos que aún confían en ti lo sepan y tomen cartas en el asunto. Si vas a obrar de la misma manera con otra persona, que no sea porque yo me he quedado callada.

Sin más a que hacer referencia, se despide de ti,

una clienta descontenta.

 

SEGUNDA PARTE DE CARTA ABIERTA A PABLO AGRASO CARLEOS 

 

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